URUGUAY SIN DIVAGUES
por Graciela Vera
Cada
vez que nos encontrábamos pagar la Contribución
Inmobiliaria en la Intendencia Municipal de Montevideo,
un número considerable de sufridos contribuyentes
insistíamos en que Uruguay ha de ser uno de los pocos
países en los que la gente hace colas interminables,
pasa frío en invierno, sufre los rigores del sol
del verano y cuando llueve sencillamente se moja para pagar....
abonar... contribuir... aportar...; los sinónimos
podrían ser muchos pero nunca tantos como las incomodidades.
Sin
embargo la IMM no se lleva el galardón en la larga
lista de toda suerte de inconvenientes, demoras y hasta
despropósitos en la atención al usuario por
parte de oficinas públicas. Han visto esas enormes
colas en la Unión Recaudadora y Fiscalizadora del
Estado.
¿Que
qué es eso? Pues sencillamente nuestra querida UREFI
¿Alguien se ha encontrado alguna vez perdido en alguna
de sus tres plantas, subiendo y bajando y subiendo y clamando,
ya exhausto porque nadie sabe informarle donde debe empezar
un sencillo trámite de registro?
Claro
que alcanzar éxito en la empresa significará
que debemos comenzar a integrarnos a las colas para pagar...
¿cree que no le ha llegado el momento porque aún
no ha comenzado a instalar su empresa?
Ya
me reí lo suficiente de su credulidad. Cuando las
arcas estatales están algo exhaustas y la inteligencia
de los gobernantes en concordancia, los beneficios para
la productibilidad parecen limitarse, al extremo de que
antes de comenzar a trabajar, un empresario (pequeño
empresario, de esos que se levantan a las seis de la mañana
para abrir su comercio y a las diez de la noche aún
están tratando de mejorar la caja, o gran empresario,
de esos de ponen un gerente que es el que recibe las bofetadas)
debe valorar si no le resulta más rentable comprar
un paquete de semillas e ir a darle comida a las palomas
de la plaza Ingeniero Fabini.
¿Tampoco
la ubica?, seguro que usted ha pasado cientos de veces junto
al monumento central. Si, esa misma, la que tiene el Entrevero
pero no es del Entrevero.
Entrevero
es lo que tenemos al fin de la jornada en nuestro cerebro
los sufridos contribuyentes (y contribuyentes somos todos,
porque en definitiva siempre algo estamos pagando). Vencimientos,
tasas ¿conoce la diferencia entre una tasa y una
taza?, en definitiva no hay mucha porque cuando usted está
calculando el importe de la tasa que vence mañana
está también pensando en lo bien que le vendría
tomarse una taza de café.
¡Y
la facturas que llegan a domicilio!, yo pienso que la idea
de enviar las facturas a domicilio la tuvo alguien muy vengativo.
¿Que porqué?, pues porque desde que dejamos
de recibir cartas de nuestros amigos (que ahora se usa el
e-mail), nuestra correspondencia se compone casi exclusivamente
de facturas, avisos de vencimientos y más facturas
y, el hasta hace pocas décadas idealizado cartero,
se ha convertido en nuestro 'temido y odiado' cartero.
Pero
¿de qué estábamos hablando cuando iniciamos
esta conversación?... no lo recuerdo pero una de
las ventajas, ¿alguna había que encontrar?,
de las ciber-charlas es que podemos llevar el cursor al
inicio y dar una lecturita para 'desentreverarnos'.
Yo
solo digo ¡qué ganas de complicar que tienen
algunos gobernantes!, fíjense si no es más
fácil recibir en nuestro domicilio, y antes de los
comicios electorales, una carta de la Junta Electoral en
la que nos envíen nuestros datos censales para que
sepamos como estamos inscriptos en el registro y, de haber
algún error lo hagamos saber y enmendar por la misma
vía (correo ¡cáspita!), que sufrir las
peripecias de renovar una credencial en ese 'lúgubre'
edificio de la Ciudad Vieja, que tampoco es lo mismo que
vieja ciudad o, simplemente como se hace por España,
votar presentando el documento de identidad y si olvidamos
éste la libreta de conducir y ¡listo, ya hemos
cumplido con el deber cívico!
Recuerdo
que viviendo aún en Montevideo tuve que renovar mi
credencial porque había extraviado el documento que
después, dicho sea de paso, apareció, cuando
ya no lo necesitaba paro ese trámite... bueno, pensándolo
me dio la oportunidad de dormir una siesta, sentada en una
silla, no muy cómoda pero no es para andar exigiendo
demasiado. Entré a realizar el trámite a la
una de la tarde y me atendieron a las cuatro y cuarenta
y cinco. Y todavía después tenemos que soportar
las chanzas de nuestra amistades cuando logran ver (porque
es seguro que nos hemos esforzado en ocultarla) la foto
que aparece en ese documento. ¿Porqué nadie
queda conforme con la imagen que nos obligan a mostrar en
ese documento? Por suerte no se eligen autoridades todos
los días.
Que
si se hiciera, pocas (autoridades) permanecerían
en sus cargos más de 48 horas, pero esa no fue la
única experiencia poco agradable con la Corte Electoral
montevideana, la 'burrocracia' tan común en algunas
oficinas del Estado, no escapa a ese ámbito.
Recuerdo
que en cierta oportunidad yo no pude votar en un plebiscito
de voto obligatorio; ¿recuerdan cuando gobernaba
Lacalle y cada vez que estornudaba se juntaban firmas para
plebiscitar contra cualquier cosa que hubiera decidió
el señor Presidente?, ¿qué?, pues cualquier
cosa, lo importante era 'estar en contra'.
Lo
cierto es que en aquella oportunidad al mediodía
del día de la votación yo estaba en la Jefatura
de Policía de Mendoza (Argentina), a muchos kilómetros
de la mesa electoral donde me hubiera correspondido hacer
uso de mi derecho cívico, tratando de disculpar ante
el oficial de turno, que en un día domingo solicitara
un comprobante; trámite que generalmente realizaban
durante los días hábiles y por lo cual las
máquinas de escribir estaban guardadas en otra habitación.
¿Sería temor a que las robaran? Tuvieron que
ir a buscarlas, bien, eso fue lo de menos; yo regresé
a Montevideo algunos días después con un documento
en el que la policía mendocina atestiguaba que yo
había estado a las doce de la mañana del domingo
en cuestión en sus dependencias.
¿Creen
que eso bastó para justificar que no estaba en el
país en la fecha del plebiscito y por ende mi imposibilidad
de votar? Eso pensaría cualquier persona con un mínimo
de raciocinio pero no un funcionario para el cual lo único
que valía era que en una orden interna se establecía
que se podía justificar el haber estado fuera del
país en la fecha de marras presentando los pasajes
de salida y regreso. ¡Tontería!, un pasaje
se consigue en la Terminal de Ómnibus de Tres Cruces.
Alguno de los viajeros internacionales puede acceder a 'obsequianos'
los suyos, ya usados y por ello inútiles. Pero como
el documento no detallaba otras opciones todo quedaba reducido
a lo estrictamente señalado en el papel.
Yo
estaba convencida de que era más idóneo aquel
documento con sello y firmas oficiales pero......... se
me están crispando los dedos sobre el teclado, así
que omito esta referencia. Por suerte una semana después
las autoridades electorales dieron por válida mi
prueba. Digo por suerte para la Corte, porque ya tenía
pensado un artículo periodístico de esos demoledores.
Voto
más, voto menos, nuestra estoica paciencia es lo
que 'ofrendamos' en tiempos electorales con la única
esperanza de que quienes sean 'ungidos' con la banda presidencial
y los escaños parlamentarios, nos faciliten el diario
vivir. ¡Ilusos de nosotros!, queremos trabajar, producir
para el país y solo encontramos trabas.
¿Intentó
el lector instalar una pequeña empresa en el Uruguay?
resulta tan complicado y costoso como insólito resultan
los motivos de las erogaciones, como la de tener que pagar
a un escribano (notario) para que certifique que nuestra
firma es nuestra cuando el mismo funcionario que recibe
los documentos podría hacerlo porque después
de todo nosotros estamos prestos a firmar delante suyo ¿Pero
cómo se le daría trabajo y ganancia a tanto
egresado universitario en un país de menos de tres
millones de habitantes? Entonces llega el momento que sin
un escribano a su lado para dar fe, usted llega a dudar
de su propio nombre.
Y
cuando pasen los años y se crea con derecho a disfrutar
de una bien ganada jubilación. Yo pienso que los
psiquiatras tienen asegurado su pan mientras los trámites
sean... bueno, como son. ¿No tiene una 'cuñita'
para que el expediente no duerma el sueño de los
justos.
Por suerte ahora se puede cobrar la jubilación directamente
en nuestra cuenta bancaria, porque recordar las largas colas
al sol, viento y bajo agua y ante la mirada penetrante y
al acecho de 'los cacos', a los que todos conocían
pero nadie hacía nada por alejarlos de allí;
pero quedan los trámites... ¡ay, los engorrosos
y demoledores trámites!. Sería hora de que
aparecieran las máquinas esas donde identifican al
usuario por la huella digital y sin más el propio
interesado puede teclear para actualizar su tarjeta, ver
su ficha... en fin, y cuando tiene que hacer una gestión
hay muchas mesas de atención que permiten que su
turno llegue rápidamente.
¿Y que me cuenta si su salud fuera atendida por la
asistencia pública (léase gratuita) con presteza,
seriedad y eficacia y cuando pide hora para ser atendido
por un médico especialista la demora no sea superior
a veinte días y si en ese tiempo hay algún
cambio de planes de día y hora, usted recibe una
llamada telefónica en su casa para evitarle el chasco
de un viaje en balde y confirmarle la nueva fecha?
Y
ya que estamos... ¿sería mucho pedir una sonrisa
en el rostro de quienes están del otro lado del mostrador?,
nosotros alejaríamos el rictus de impotencia que
termina confundiéndose con el de ira y capaz que
hasta sonreímos mientras pagamos nuestros impuestos.
¿Usted
cree que estoy divagando?... si fuera así no lloraría
por mi Uruguay.
Almería
27 de julio de 2003