BIENVENIDO
2004
Por Helena
Arce
Bien
aquí estamos agradeciendo a la vida que llegamos
a estrenar este nuevo año. Hemos pasado dos años
realmente difíciles. Y sin duda todos miramos este
2004 con esperanzas.
Estos días en Maldonado, trabajando bastante por
suerte, miraba a mí alrededor la expresión
de los demás. Estos años allí, los
índices de la crisis han marcado sus topes, desocupación,
aumento de las personas atendidas en salud pública,
hurgadores, delincuencia, emigración, etc. Como
en todo el país, sin duda, pero lamentablemente
en mayor medida, y ello a su vez repercute también
en el resto del país.
Estos años íbamos viendo como transcurriendo
los días, esas caras pasaban de la preocupación,
al miedo, del miedo a la crispación y luego a la
tristeza.
Viví en Maldonado desde 1991, pasamos allí
épocas muy buenas y también malas, recuerdo
el paro de la construcción de 1993. Sin embargo
ni eso se asemeja a lo vivido estos años. Daba
pena recorrer en plena temporada las calles de Punta del
Este, de la Barra, vacías, y con ellas vacías
las billeteras de los trabajadores del lugar, y cada vez
peores las posibilidades para estas personas, de solventar
su vida diaria. Porque quienes viven en Maldonado son
personas, como todas, que viven de su trabajo. Como también
lo son, quienes viven en el resto del país y van
a Maldonado a trabajar en al temporada, ya sea porque
estudian o trabajan en otro lugar durante el resto del
año, y van a allí a trabajar en verano.
Este año, ya desde los primeros días de
diciembre esas calles vuelven a estar concurridas, y lentamente,
los ojos de las personas comienzan a recuperar ese brillo
tan especial de la esperanza. Esperanza de poder pensar
en tener para comer todos los días, en pagar la
luz, el agua y tal vez volver a pensar en tener un futuro.
En el departamento de Maldonado la mayoría de sus
habitantes son trabajadores de la órbita privada,
y en una gran proporción independientes. O sea
dependientes del fruto exclusivo de su trabajo para hacer
frente a la vida, la propia y la de sus familias. Y quienes
han puesto una empresa, deben además velar por
poder remunerar a sus empleados para que estos a su vez
puedan hacer frente a su vida y a la de sus familias.
Todo ese lujo que vemos como en una vidriera, a los que
los uruguayos no somos afectos, que en el fondo incluso
un poco despreciamos, debemos entender que permite a una
gran parte de nuestro país subsistir, es un producto
que vendemos a los turistas, y ellos pagan por él.
Pues los habitantes de Maldonado consumen en el país,
incluso al salir de vacaciones, una vez terminada la temporada
de verano, lo hacen en su inmensa mayoría dentro
de fronteras. También recibe Maldonado habitantes
de todo el país que van a trabajar allí
en el verano y ese dinero luego lo "gastan"
en sus lugares de residencia. Ese dinero que los turistas
pagan por consumir, luego comienza a girar en la rueda
de la economía uruguaya por medio del consumo interno,
y genera posibilidades de trabajo para todos.
Por ello es importante recordar el significado de contar
con una gran concurrencia de turistas estos días
allí, que paseando, disfrutando, están gastando
dinero, dinero que luego por distintas vías disfrutaremos
todos los habitantes de este país.
Y esto es aplicable también, para todas las localidades
donde se explota la temporada turística veraniega.
Si bien he querido detenerme, hoy al estar recibiendo
a este tan anhelado 2004, en la realidad de Maldonado,
hago votos para que nuestro Uruguay pueda, gracias al
fruto del esfuerzo y sacrificio de sus habitantes, salir
al fin a flote. Este maravilloso país donde hemos
tenido el orgullo de nacer, posee sin ninguna duda lo
más importante para reponerse de sus heridas, a
nosotros: los uruguayos. Quienes sin pataleos, mirando
la realidad, asumiendo nuestros errores, poniendo sin
asperezas los puntos sobre las íes, y por sobre
todo sin aflojar, lo sacaremos adelante.