Hurgando
en la Web
El Uruguay que no conocemos
Presbítero
Dámaso Antonio Larrañaga.
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Nacido
en Montevideo el 9 de diciembre de 1771 y fallecido
el 16 de febrero de 1848, se orientó a
la carrera eclesiástica, luego de haber
cursado estudios primarios en el mismo convento
de los Padres Franciscanos en que lo hicieron
otros destacados montevideanos de la época
colonial; allí estudió latín
y filosofía. Continuó su formación
en Buenos Aires, en el Real Colegio San Carlos,
y luego fue alumno de la antigua Universidad de
Córdoba. Para culminar sus estudios eclesiásticos,
viajó a Río de Janeiro donde se
ordenó sacerdote en 1799.
Su
actuación que lo llevó a ocupar
importantes posiciones en la historia del proceso
libertador del Uruguay, comenzó en 1804
como Teniente Cura en la Iglesia Matriz de Montevideo
y capellán de las milicias, lo
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que lo vinculó
con el ambiente militar donde actuaba Artigas y otros
oficiales que luego participaron en la revolución.
Al organizarse en 1806 la fuerza expedicionaria que tuvo
como objetivo la reconquista de la ciudad de Buenos Aires
de manos de los invasores ingleses, Larrañaga también
fue capellán de dicho Ejército; lo cual
ha de haber contribuído a que se hiciera conocido
por los dirigentes de aquella ciudad.
En
1808, integró el Cabildo Abierto del 21 de setiembre,
que creó la Junta de Gobierno independiente del
Virrey de Buenos Aires; episodio que inició el
llamado “Movimiento Juntista“ americano, a raíz
de la invasión napoleónica de la península
ibórica; preludiando la revolución de la
independencia. Larrañaga fue designado como uno
de los integrantes de esa Junta de Gobierno.
Su
claro alineamiento con los patriotas sublevados en la
Banda Oriental, determinó que fuera expulsado de
Montevideo por el Virrey Elío, en el mes de mayo
del año 1811. Habiendo participado en el Congreso
de Abril de 1813, en la zona de las Tres Cruces, fue uno
de los diputados enviados a la Asamblea General Constituyente
de las Provincias Unidas del Río de la Plata, para
la cual Artigas expidiera las conocidas Instrucciones
del Año XIII.
En
Buenos Aires permaneció durante dos años,
cumpliendo funciones de sub-Director de la Biblioteca
Nacional de esa ciudad; lo que seguramente le inspiró
la idea de propiciar la fundación de una institución
similar en Montevideo. Cuando a principios de 1815 retornó
a Montevideo para desempeñarse interinamente como
cura de la Iglesia Matriz, se integró al gobierno
artiguista de la Provincia Oriental y de inmediato propuso
al Cabildo la fundación de la Biblioteca Nacional,
de la que fue Director y que inauguró el 26 de
mayo de 1816.
Se
desempeñó durante este período como
colaborador muy cercano de Artigas; siendo probable que
muchos de los documentos más importantes que éste
produjera en su actividad política fueran redactados
con su estrecha participación. Larrañaga
fue siempre una persona intelectualmente muy inquieta,
interesándose por diversas ramas del conocimiento.
Larrañaga,
de acuerdo con las instrucciones recibidas, trató
de que las autoridades de Buenos Aires reconocieran a
los orientales el derecho de elejir sus representantes
sin que intervinieran extorsiones indebidas; pero en las
conferencias preliminares, pudo convenserse de que los
dirigentes porteños estaban decididos a negar esa
facultad a quienes seguían las tendencias federalistas.
Estudioso
de las ciencias naturales fue atento observador de la
flora y fauna autóctona y asiduo corresponsal de
destacados sabios naturalistas de su tiempo, como Bonpland
y Sainte Hilaire; llegando a ser admitido como miembro
de la Sociedad de Historia Natural de París. Entre
otras 16 especies de árboles que importó
al país desde Francia, se cuentan las acacias,
y las moreras que utilizó para experimentar con
la crianza de gusanos de seda, con la que llegó
a obtener algunos tejidos. Frecuentemente, logró
conciliar sus actividades vinculadas a su actuación
en las fuerzas o el gobierno revolucionario, con su interés
por la ciencia; como cuando durante su viaje al campamento
artiguista de Hervidero, aprovecó para reunir gran
cantidad de plantas medicinales. Al retornar de su viaje
a Río de Janeiro, en 1818, trajo consigo ejemplares
de ostras que sembró en las costas de Maldonado.
Escritor asiduo, elaboró entre 1813 y 1824 un “Diario
de Historia Natural” y entre 1818 y 1823 un “Diario de
la Chácara” relativo a su vida en su chacra sobre
el Arroyo Miguelete, próximo a Montevideo. También
publicó un libro de Botánica y otro de Zoología
así como numerosos escritos literarios, históricos,
científicos, políticos y religiosos; por
lo cual se le ha considerado “el primer sabio oriental”.
También se dedicó intensamente al estudio
de la astronomía mediante el uso del telescopio;
y utilizó el microscopio hasta el punto de padecer
una grave afección en su vista y quedar ciego.
La
magnitud de su obra científica - especialmente
considerando su época y sus otras actividades -
queda de manifiesto al señalar que en sus libros
de Botánica analizó 200 especies de vegetales;
escribió en latín un tratado de los mamíferos
de la Banda Oriental; en su Zoología estudió
216 especies de insectos incluyendo 19 variedades de hormigas,
clasificando un total de 504 especies autóctonas
de nuestros territorios. Él mismo comentó
en uno de sus libros, haber realizado más de mil
clasificaciones de especies animales y vegetales, siguiendo
las reglas de Linneo.
Su
actividad en Montevideo se extendió durante la
dominación luso-brasileña, en que se aplicó
a cumplir acciones caritativas, fundando en 1818 una Casa-cuna
para asilar huérfanos; y se dedicó a la
labor educativa aplicando en la enseñanza el llamado
“método lancasteriano” en una “Sociedad Lancasteriana”
que fundara en 1821 y en cuya escuela se educaron muchos
destacados líderes.
En
1824 se le asignó la jerarquía eclesiástica
de primer Vicario Apostólico en nuestro país.
Ingresó en 1830, ya ciego, al primer Senado de
la República, hasta 1834; destacándose como
legislador por el carácter de los proyectos de
ley que presentó, entre ellos uno para la abolición
de la pena de muerte y otro para la fundación de
cátedras universitarias que, sancionado como Ley
en 1834, es el primer antecedente de creación de
instituciones universitarias en el Uruguay.
Larrañaga
vivió sus últimos años retirado en
su quinta del Arroyo Miguelete, período en que
tuvo lugar el sitio de Montevideo que se desarrolló
entre 1843 y 1851 con motivo de las contiendas civiles
entre los bandos de los partidos blanco y colorado; aunque
ambas fuerzas evidenciaron su prestigio al rendirle altos
honores cuando se produjo su fallecimiento.