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El trabajo devuelve la dignidad
al ser humano.
por Helena Arce
Tratemos hoy otros aspectos
del trabajo. Hemos visto las facetas puramente económicas,
que hacen de éste una buena medida para la economía
en su conjunto Existen otros motivos que hacen a la calidad del
ser humano como tal, sin embargo aún en estos casos no deja
de resultar un beneficio para la economía en su conjunto,
y para la tranquilidad de la vida de la sociedad como tal.
Los problemas para el Ministerio
del Interior son muy graves, sin embargo contamos con
un Ministro respetado por propios y ajenos, por partidarios y contrarios.
Alguien a quien ser el titular de esa cartera por tantos años
y abarcando más de dos gobiernos, no le ha hecho perder
su imagen de persona de bien. Alguien que puede darse,
aún en estos momentos tan difíciles, el lujo,
¿dije el lujo?, de seguir corriendo por la rambla.
Bien, pero pensemos en
la dificultad más graves que enfrenta hoy el
Ministerio del Interior, las cárceles. Hay hacinamiento,
falta de comida, enfermedades, etc. Todos ellos reconocidos por
el titular de la cartera. Producto, sin duda, de la falta
de recursos. Por la situación que vive el país y el
crecimiento de la delincuencia, que no son lo mismo, pero
crecen juntos, la pobreza y la delincuencia.
Cada cientos de reclusos que
ingresan al sistema carcelario, egresan cuatro o cinco, según
los números brindados en el informativo, por el Ministerio.
Siempre dije, y lo sostengo, que la pobreza no
implica delincuencia. Eso sería insultar a los pobres.
Pero el crecer, generación tras generación,
sin educación, en una familia sin hábitos de trabajo,
no ayuda. Por otra parte, tenemos aquello de las circunstancias,
y no estoy hablando de atenuantes o agravantes, solo hablo de las
circunstancias de la vida; y de como éstas nos agarran
parados.
Antes podía ocurrir,
me acuerdo de mi amiga, no daremos su nombre, ¿para qué?
Nació en una familia de "esas", en los "cantegriles"
de Aparicio Saravia. Eran 12 o 13 hermanos, ya no recuerdo. Su padre
vivía de lo que le pagaban en el seguro de desempleo de la
construcción. Cuando se le estaba por terminar, conseguía
trabajo, pero luego otra vez tomaba, y eso le despertaba no recuerdo
que enfermedad. Lo mandaban al seguro otra vez, y se quedaba en
su casa tranquilo bebiendo, hasta que un día
se murió. Su madre pedía limosna, puerta a puerta,
así conoció a la mía, y empezó
a limpiar en casa. Su hija, mi amiga, por mucho tiempo
vino con ella. Y cuando nos íbamos de veraneo, venía
a ayudar, pero además a jugar conmigo, tenía un año
más que yo.
Al principio le costó,
no estaba acostumbrada a dormir en una cama sólo para ella.
Me enseñó la posición más cómoda,
aprendida de su padre, de dormir en un banquito. Otra cosa muy importante,
también recomendada por su padre, era no comer nunca más
de una vez al día. No había que mal acostumbrar al
estómago. Ella, sin embargo, mi amiga, era de las hermanas
mayores, tenía memoria de cuando en la habitación
de lata, eran pocos. Y un día pasó, se enamoró
de un muchacho de bien, un policía. Era del interior. Se
casaron y tuvieron tres hijo, ni loca uno más. Vivían
en una casa, era su palacio, siempre limpio, siempre alegre.
Ella cosía y ayudaba a su marido. No, no se hicieron millonarios.
La casa era humilde. Tampoco pudo sacar a toda su familia
de la pobreza. Esto es un hecho de la vida real, no es una historia
de hadas. Pero sus hijos fueron a la escuela, y aprendieron
un oficio del cual vivir.
No todos los hermanos, tuvieron
el mismo destino. Una se casó con un "punguista",
y su cuñado era una gran preocupación para mi
amiga, por la mala influencia para sus hermanos.
Las más chicas, repetían
la historia o la empeoraban. Se llenaban de hijos, la mayoría
de padres distintos, padres a los que ni siquiera volvían
a ver. Una de ellas, fue la protagonista de uno de esos incendios
donde murieron sus hijos chiquitos, encerrados en el rancho de lata.
¿Ahora, que puede
ocurrir?. Asusta pensar. ¿Los hijos de mi amiga, tendrán
trabajo?. Hace tanto que no la veo. Ellos que venían
de una familia "de esas", pudieron romper la cadena
de repetición, gracias al esfuerzo de sus padres, mi amiga
y su marido.
Hoy, como sabemos, está,
ocurriendo al revés, familias que tenían donde vivir
ya no tienen, y deben emigrar "con suerte" a un rancho
de lata. Para darle de comer a sus hijos, aunque sea. Estamos engrosando,
el cinturón de pobreza, aquel, del que sentí hablar
técnicamente por primera vez, cuando ingresé
a facultad. Hace tantos años que ya ni los cuento.
Familias que emigraban del campo a las ciudades, por la falta de
oportunidades. Se detectaba el problema y debía analizarse
como solucionarlo, creando un desarrollo sostenido en todo el país.
Claro en esos momentos, yo recordaba a mi amiga, a su padre, a la
falta de hábitos de trabajo, al tener tantos
hijos para contar con la asignación familiar.
Pero hoy, hoy no hay trabajo,
entonces el problema es mayor, porque aunque quieran, ¿cómo
cortar el círculo? ¿Cómo escapar del
círculo vicioso? Si aquellos que tienen un oficio,
no tienen trabajo. Los que no lo adquirieron, ¿cómo
hacen para vivir, para educar a sus hijos, para ampararlos de los
malos hábitos?
La mayoría termina delinquiendo,
y al pasar a convivir con otros más "preparados"
aprenden a ser más delincuentes. La droga y sus consecuencias.
Delincuentes más feroces, más violentos. Crecen y
van a las cárceles, y allí en el mismo ruedo,
todos hacinados.
Estamos viendo esfuerzos, grandes
esfuerzos con pocos recursos. De mostrarles otra vida, de devolverles
la dignidad de ser "seres humanos", de crear con
sus manos muebles, comida, juguetes para los pequeños,
de pertenecer a un grupo de teatro donde despertar su espíritu.
Esfuerzos que hace el ministerio, esfuerzos que hacen organizaciones
civiles. Pero, ¿y luego? Cuando recuperen la libertad,
¿qué podrán hacer? ¿Dónde
irán a trabajar? Hoy no hay trabajo para aquellos que
nunca delinquieron, donde encontrarán trabajo quienes ya
lo hicieron.
El trabajo posibilita
que la gente pueda tener ingresos, que pueda hacer frente a su subsistencia,
que pueda criar a sus hijos, que aunque sea de doce uno se salve.
¿No vale la pena?
El trabajo posibilita que la
gente tenga ingresos. Que si delinquió y vio otra forma de
vivir, pueda intentar no volver a hacerlo, ganándose su subsistencia
en forma honrada. ¿No vale la pena?
Cada un ser humano que sale
de la rueda de miseria, cada ser humano que sale de la rueda de
la delincuencia, ¿cuántos seres humanos se salvan?
Además, ¿cuantos problemas menos existirán
para la sociedad en su conjunto? ¿Cuántos recursos
económicos menos habrá que destinar a ayuda
social?
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