La
tele de Osama
por John Müller*
La llaman "la CNN de Osama bin
Laden" y trae de cabeza a los expertos norteamericanos. Del
mismo modo que la Guerra del Golfo supuso la consagración
de la CNN -la primera televisión global-, la "nueva
guerra" que EE.UU. ha comenzado en Afganistán amenaza
con lanzar a una nueva estrella al firmamento televisivo: la cadena
Al-Jazeera, de Qatar.
Al-Jazeera es la única estación
de televisión a la que se le ha permitido mantener un periodista
en Kabul y transmitir imágenes, una exclusiva que ya tuvo
CNN en la Guerra del Golfo con el veterano Peter Arnett, con una
importante diferencia: en Bagdad permaneció al menos otro
periodista occidental, aunque de prensa escrita: Alfonso Rojo,
del diario El Mundo de Madrid. Sus crónicas nos permitían
contar con un contrapunto europeo a la visión de los efectos
especiales de CNN.
Tras la salida de la periodista británica
Ivonne Ridley, quien fue detenida y acusada de espionaje por los
talibán, en Kabul no queda nadie más que el hombre
de Al-Jazeera.
Durante el primer ataque registrado
el domingo, Al-Jazeera monopolizó las imágenes ensombreciendo
la cobertura de la propia CNN. Tenía, además, una
exclusiva mundial: el video grabado por Osama Bin Laden para cuando
estallara la guerra. Este materia, según el relato del
colaborador de Al-Jazeera en Kabul, fue entregada después
del primer ataque por un mensajero que le arrojó la cinta
y salió huyendo.
La predilección de Osama Bin
Laden y los talibán por Al-Jazeera no es
nueva. La televisión de Qatar fue la única que tuvo
imágenes de la
destrucción de los budas de Bamiyán, y también
recibió el primer fax del saudita tras los atentados del
11 de septiembre.
Al-Jazeera es un asombroso experimento
televisivo que nació en 1996 de la mano de Hamad Bin Califa,
emir de Qatar. En muy poco tiempo obtuvo una gran credibilidad
y se convirtió en la estación más vista de
Oriente Medio, con 40 millones de espectadores.
En el entorno autoritario de las
monarquías retrógradas del Golfo Pérsico,
Al-Jazeera emergió como una isla de libertad. La mayoría
de las televisiones árabes están absolutamente controladas
por el poder político, y su programación se limita
a shows y chismes sobre la vida de los cantantes y estrellas locales.
Cuando Al-Jazeera comenzó
a mostrar crudamente el drama de los palestinos y a acoger puntos
de vista disidentes, algunos francamente revolucionarios, la población
de televidentes se volcó en su favor gracias a programas
de periodismo puro y duro como Extremadamente Secreto, de Yosry
Fuda, o Más allá de las limitaciones, de Ahmad Mansour.
No es ningún secreto que Colin
Powell, el secretario de Estado norteamericano, le pidió
al emir de Qatar en una entrevista reciente que Al-Jazeera moderara
sus puntos de vista antinorteamericanos. El emir lo escuchó
con atención -"como escuchamos a todos nuestros amigos",
dijo-, pero insistió en que su país está
decidido a garantizar la existencia de medios de comunicación
"libres y con credibilidad".
Los deseos del emir parecen una extravagancia
en una región donde reyes y emires (muchos de ellos descendientes
de las viejas familias de piratas del Golfo enriquecidas por el
petróleo) se aferran al autoritarismo más duro,
sin ninguna concesión democrática. Algunos de los
emiratos vecinos de Qatar han llegado a provocar "apagones"
en todo el país para evitar que su población pudiera
presenciar algún programa de Al-Jazeera que les resultaba
especialmente molesto.
El refrán dice que "si
no puedes vencerlos, únete a ellos". Abandonando su
característica arrogancia global, CNN tuvo que rendirse
a la evidencia y el sábado pasado, sólo 24 horas
antes del primer ataque de EE.UU., cerró un acuerdo de
exclusividad con Al-Jazeera para poder contar con sus imágenes
durante las primeras seis horas de emisión. Así
se lo comunicó el director ejecutivo de la estación
árabe, Mohamed Jasim Al-Ali a las principales cadenas norteamericanas
mediante un fax que recibieron el mismo sábado. La
decisión se vio precipitada por un error de bulto de CNN:
hasta el 30 de septiembre contaba con la ayuda de un colaborador,
Steve Harrigan, en Afganistán. Pero Harrigan, quien cubrió
la caída de Gorbachov y la guerra de Chechenia para la
CNN, seguía siendo un colaborador mal pagado cuyas continuas
quejas no eran atendidas por los directivos de la televisión
de Atlanta. La cadena Fox se enteró de la situación
y le hizo una oferta mejor a Harrigan, quien dejó a la
CNN huérfana de información de primera mano.
Todo indica que Al-Jazeera dará
el palo al gato en esta guerra. Su
privilegiada relación con los talibán sólo
es comparable a la que Peter
Arnett mantuvo con Sadam Husein. CNN nunca reconoció que
con Husein se habían manipulado mutuamente. Al-Jazeera
tampoco lo hace, pero no lo disimula. Y ha condenado así
a la cadena de Ted Turner a un papel al que no está acostumbrado:
repetir como loro un material informativo controlado por otras
manos.
(*) John Miller es periodista y director de
El Mundo Radio (España)