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El
PAIS REAL.
LOS MITOS y EL CAMBIO POSIBLE.
Ing. Pedro
Hernández / Agosto 2003
Mas allá de las exquisiteces dialécticas el
país tiene un modelo de Economía desintegrada.
Economía
desintegrada quiere decir que todos los actores no interactuan
en un pié de equilibrio, no se contemplan las distintas
especificidades y hay sectores rehenes.
Por definición la economía uruguaya es históricamente
un modelo "desintegrado". Una economía
en la que la "vida" de muchas empresas depende muchas
veces de que a otras, las más rehenes, no les vaya
bien.
Una economía
desintegrada es el campo propicio para mantener o encubrir
todo tipo de ineficiencias, ya que estas se pueden trasmitir
a los sectores rehenes. Sí a ello agregamos las propias
de estos sectores, el resultado país es negativo. Una
economía desintegrada es la sumatoria de desigualdades
e iniquidades como las que se constatan en el tratamiento
de los distintos sectores en nuestro país. Todo lo
que se proyecta sin asumir la desintegración, amplifica
las desigualdades y termina generalmente en fracaso.
Pero hay
un factor que a hecho, y hace, el mayor daño: es el
manejo de la cosa pública desde la óptica del
interés político partidario, vehiculizado a
través del 3 y 2 -clientelismo- El manejo del 3 y 2
es, en los hechos, el manejo de un partido "único".
En esta visión, una economía desintegrada
es funcional al mismo. Una manera de reafirmar que la conducción
del 3 y 2 es la de un partido "único", es
que la política económica es la misma en los
últimos cuarenta años y fundamentalmente a partir
de comienzos de la década del setenta. Una economía
desintegrada se mantiene sobre la base de la falta de transparencia
y de información calificada. Todo transcurre en función
de los intereses corporativos que apoyan el modelo.
Ya lo hemos
escrito: la complicidad de los grandes medios de comunicación
con el modelo, a partir del recorte del acceso a la libre
expresión, es de todos conocida. Así se controla
la crítica y se recorta la transparencia y la cristalinidad
imprescindible para el desarrollo de una economía sostenible
y sustentable. En ese recorte de la igualdad de oportunidades
en la libre expresión se funda la permanencia del manejo
político - 3 y 2 - del país desde hace más
de setenta años. A partir de ahí se nos han
vendido varios mitos: "la Suiza de América",
"la democracia impoluta", "todos son iguales
ante la ley", etc, etc. Ninguno jamás fue cierto.
El de la democracia impoluta quizás sea la más
grave falta a la verdad, hemos tenido tres golpes de estado
en 40 años, 1933-1973. Pero siempre nos gustó
presumir de que lo que pasaba en el resto de nuestra Hispanoamérica
acá no podía pasar. Pero nos pasó.
Cuando en
eufóricos discursos se nos quiere comparar con Nueva
Zelandia, no se dice lo más relevante y es que allí
no hubo y no hay "club político". El club
político se utilizó en forma avasalladora en
la década del 50 y el 60. Nada "caminaba"
sin pasar por la red tejida por ese manejo. Ahí
está la causa central de nuestra inercia empresarial
y la devaluación etico-moral de la conducta política
y ciudadana. El país sometido así a una
"dictadura" política muy disfrazada, pero
omnipresente en todos los movimientos de la vida pública
y privada. Cualquier ciudadano puede aportar datos de la "necesidad"
de contactos políticos para "mover" expedientes
jubilatorios, un puesto de trabajo público, un préstamo,
refinanciar deudas, lograr franquicias tributarias, etc, etc.
Así se fue instalando la cultura del no cumplimiento
de los contratos y así entran en la misma bolsa los
buenos y los malos pagadores. Así se ha perdido la
credibilidad y la moral pública. En ese juego el 3
y 2 dilapidó los fondos de la seguridad social en la
década del 60, cuyas consecuencias siguen pesando hoy.
El crédito, herramienta fundamental para el
desarrollo, depende de la cristalinidad para una correcta
aplicación. El manejo político partidario del
mismo ha sido una constante, así como el mal manejo
de las consecuencias, endeudamiento y sobreendeudamiento,
al no reconocer las verdaderas causas.
Ha habido
de todo, menos cristalinidad en el uso de ésta herramienta
en el marco del 3 y 2.
Basta recordar
en cada crisis la magnitud de los problemas económico-financieros.
Otro aspecto no menos relevante para el buen desempeño
de la economía es la seguridad de los contratos. Estos
han sido devaluados por prácticas nocivas desde
el "poder". El manejo clientelístico electoral
ha dejado "correr" la evasión fiscal, siempre
aparece una amnistía tributaria preelectoral. A la
desintegración se le suma de ésta manera
un nuevo factor desequilibrante. Así hemos estado autodestruyendonos
y consumiendo los recursos productivos y por lo tanto hemos
acudido al endeudamiento externo para seguir viviendo. Endeudamiento
externo del cual también son responsables y "cómplices"
los organismos Internacionales, que nos hablan de transparencia
y dan préstamos en un marco donde no la hay, hipotecando
el bienestar de los países. Hoy por un lado nos aplauden
y por el otro nos piden más ajustes y privatizaciones
de las empresas públicas y el agua. El endeudamiento
no productivo es un escalón más en el sometimiento
y en eso estamos desde 1959. Sometimos la inversión
productiva al consumo. El endeudamiento nos fué restringiendo
el siempre débil poder de decisión como país,
del cual hoy carecemos. Estas son las grandes causas de nuestros
problemas. Sólo nosotros somos los grandes responsables
y lo seguimos siendo. Creo que los malos gobernantes son fruto
de equivocadas o sobornadas decisiones de una ciudadanía
"domesticada" por el manejo del 3 y 2.
En este
modelo económico desintegrado el sector agropecuario
es el rehén más relevante.
Es a pesar de ello el gran movilizador de la economía
ya que concurre, via agrotransformación, al 25% del
PBI. Sus crisis, por tanto, repercuten en forma sustantiva
sobre la misma. En el modelo de economía desintegrada
los distintos sectores acuden al enfrentamiento en procura
de hacerse cada uno del mayor porcentaje de los recursos para
su supervivencia. Ahí está la debilidad del
modelo.
En una
visión País integrado, los distintos sectores
no pueden y no deben estar enfrentados.
Los antagonismo o enfrentamientos son muchas veces "alentados"
desde el poder para ocultar los problemas de fondo. Ningún
sector tiene vida propia en sí mismo.
¿ Cómo funcionarían los "servicios"
sin los cereales, sin la carne, sin los productos de la granja?.
Lo mismo ocurre para otros sectores de la economía.
El país no se conoce en su diversidad fruto de una
gran desinformación, funcional al manejo clientelístico.
Los procesos
productivos en el agro son de mediano y largo plazo de ahí
que su condición de rehén amplía sus
inestabilidades.
El agro
tiene varias e importantes condicionantes - a nivel productivo
- que amplifican su condición de rehén que nunca
han sido contempladas: Es rehén del clima, causa principal
de los vaivenes productivos.
Rehén de los suelos donde esté instalado. Rehén
de los sistemas productivos que no se pueden detener por sus
condicionantes biológicas. Las vacas demoran nueve
meses en parir y así, más allá de los
vaivenes de la economía y las opiniones de los tecnócratas,
se suma un ternero a la riqueza del país. En el tambo
las vacas deben ordeñarse todos los días y así
la leche sigue llegando sin que importe la realidad del productor.
Estos ejemplos, entre varios similares del agro, nos muestran
la gran paradoja que nos ha permitido vivir hasta ahora. Rehén
de los mercados. Rehén de las políticas fiscales
históricamente "alejadas" de la realidad
productiva.
Cuando hay
sectores rehenes los más fuertes dentro de los mismos
tratan de esquivar los momentos adversos haciendo la "plancha"para
sobrevivir. Hacer la "plancha" significa, en momentos
de incertidumbre, entre otras cosas no invertir, bajar los
niveles de adopción de tecnologías y por ende
de productividad. En definitiva evitar mayores riesgos. Ello
repercute en la caída de la producción, empleo
etc. Aquí se ve también como los más
débiles por sobrevivir siguen favoreciendo al país.
Esto también es un problema importante de la economía
a resolver.
La década
de los noventa es un ejemplo clarísimo donde los que
contribuyeron al gran salto productivo en el campo en particular
y en el país en general terminaron siendo los más
perjudicados. Los que apostaron al aumento de la producción
aumentando la productividad fueron en su mayoría los
pequeños y medianos productores rurales y empresarios
urbanos. Corrieron los riesgos alentados por el discurso productivista
y fueron los grandes perdedores. Lo gobernantes y los técnicos
que impulsaron el modelo económico no tuvieron en cuenta
ese esfuerzo a la hora de los problemas, vieja y reiterada
historia del país discursivo. Se asistió pasivamente
a que el "mercado" resolviera los problemas.
Los resultados hoy golpean a todo el país. Eso contribuye
al desaliento, la perdida de credibilidad y al aumento de
la incertidumbre a la hora de tomar decisiones.
En una economía
integrada eso no debe suceder y la prevención
es un tema permanente, no cuando estalla el "incendio".
Gobernar es prever.
El manejo
político partidario del país - 3 y 2 - y la
economía desintegrada son las condicionantes fundamentales
a la hora de definir las causas de las crisis y el estancamiento
del país desde 1930.
¿Por qué las "soluciones" a cada crisis,
casi cíclicas de los últimos cuarenta años
nos han conducido a la siguiente? Porque se proyectan sin
tener en cuenta el marco en que se mueve la economía
del país y la conducción política del
partido único.
Los problemas
estructurales denunciados en la década del cincuenta
se han agravado.
"El sector terciario tiene en Uruguay una magnitud
semejante o superior a la de muchos países desarrollados.
Somos un país de intermediarios. En los meandros del
aparato comercial y del bancario o del Estado, en cuanto es
burocracia infecunda y papelera, queda la mayor parte de los
valores producidos. Somos un país con predominio de
los estamentos parasitarios. Con los actuales tipos de interés
bancario, por ejemplo, ninguna actividad legítima puede
prosperar". Esto escribía el Dr. Carlos Quijano
en Marcha el 14 de octubre de 1966.
Estamos
cristalizados en el tiempo, escuchando a los "mismos"
el "mismo" discurso.
La economía
uruguaya, decimos una vez más, está fundada
a partir de la "confiscación" de recursos
al sector rehen - el agro -. Esta es la constante histórica
de los últimos 70 años. Estos recursos se obtuvieron
primero a través de las "diferencias de cambios"
y luego las "detracciones".
Este modelo
"facilongo" se agotó.
Es importante
resaltar que ni con la materia prima rehen la industria del
país ha logrado apuntalar una economía estable.
Esto es una muestra de que las ineficiencias no se pueden
corregir en un modelo desintegrado, donde no hay necesidad
de competir.
Cuando
decimos confiscación, es porque los recursos se obtienen
sin importar la suerte productiva del productor y sin contemplar
que es la empresa que corre más riesgos en el país.
Históricamente el productor rural fué y es en
su inmensa mayoría un "marginado" socio-
económico. Estamos hablando del orden del 80% de los
mismos. La paradoja es que el "marginado" produce
riqueza para el país de la cual muy poco o nada le
llega a él. Esta marginación se puede visualizar
a través de los siguientes aspectos - entre otros -
con sus similares urbanos; obreros, empleados, pequeños
y medianos empresarios.
1 -
No tiene acceso al mismo confort - vivienda, energía,
vida social, etc.
2 - Tiene salarios más bajos, fijados administrativamente.
3 - No tiene el mismo acceso a los distintos niveles educativos
que el país ofrece y a cuyo sostén colabora.
Esta
marginación es otra forma de subsidio, al resto de
la economía.
Vamos a
aclarar para los de buena fe, los otros no nos preocupan,
no ignoramos que hay otros sectores de la sociedad también
marginados. Pero en esta etapa queremos visualizar a grandes
trazos como discurre la economía del país y
como se nos ha "vendido" una imagen que nada tiene
que ver con la realidad.
El productor
es tomador de precios. Este es un aspecto relevante cuando
se habla de economía "abierta" y de "libre"
mercado. Esto hace que el resto de la economía no tenga
que preocuparse por la rentabilidad del productor. El productor
la mayor parte del tiempo recibe precios fijados por la referencia
internacional, que no siempre generan rentabilidad. Todos
los eslabones de la cadena agroindustrial obtienen su ganancia,
el eslabón primario recoge un valor que la mayoría
de las veces no tiene relación con sus costos, podríamos
decir que recoge un valor "residual". Así
al resto de la economía fluye un producto que da ganancias
y al productor no pocas veces pérdidas. Popularmente
se dice que el productor es el último "orejón"
del tarro. Basta observar los sucesivos reclamos por mejores
precios para las materias primas.
¿Cuál
es la contestación de los gobernantes, técnicos
y tecnócratas de esta economía desintegrada?
Que los productores sean más eficientes, "salteándose"
todos los riesgos que estos deben correr. Esto es en gran
medida, la explicación de los problemas permanentes
que soporta la agropecuaria en particular y el país
en general en los últimos cincuenta años.
Estos problemas; endeudamiento, pérdida de rentabilidad,
pobreza y dificultades financieras en el agro repercuten al
final sobre la economía del país dada la relevancia
del sector en la misma, el 80% de las exportaciones tienen
origen agropecuario. El principal sector de la economía,
el agro, tiene más del 40% de los productores por debajo
de la línea de pobreza.
Hoy el
País tiene un deterioro socioeconómico sin precedentes.
Despoblación de la campaña, menos del 50% de
la población que había en 1954. Destrucción
del esfuerzo y la inversión realizada en los últimos
15 años y venta de la misma a precio de mercadería
"robada". Envejecimiento y estancamiento poblacional
del país por la emigración que no cesa. Marginación
de amplios sectores de la población y cantegrilización
creciente. Casi el 30% de la población por debajo de
la línea de pobreza. Casi el 50% de los niños
nace en hogares pobres. Tenemos una inmoral política
tributaria, donde paga más el que menos tiene, pese
al "reconocimiento" de la misma en cada campaña
electoral. Tenemos una concentración de la riqueza
cada vez mayor.
Por
el lado que se observe al modelo, la desintegración
es indiscutible y las asimetrías se multiplican.
En definitiva este es el modelo de economía "facilongo",
beneficioso para unos pocos, que el país viene recorriendo
desde 1930. El discurso de ciertos sectores y de la mayoría
de los dirigentes del 3 y 2 contra el estado - que ellos han
promovido -, responzabilizandolo de todos los males, no es
más que un lamentable y mediocre discurso de quienes
se han servido del mismo y hoy quieren disimular su responsabilidad
atacándolo. Ni con los escandalosos bajos salarios
de la enseñanza y la salud entre otros, los sucesivos
gobiernos del 3 y 2 han logrado estabilizar este modelo del
ajuste permanente.
Lo financiero
ha sido siempre lo prioritario, los frutos están a
la vista más allá de las "pomposas"
afirmaciones discursivas. Hoy por encima de los "cadáveres"
de los productores y con un campo taperizado, llegan alentados
por el "mercado" los "inversores" que
en cada crisis están al acecho, cual aves de rapiña,
a adueñarse de la tierra. Algo similar le sucede a
la industria. El país con su crisis de endeudamiento
paga buena parte de estas "inversiones", compra
de bienes con títulos de deuda pública a 50%
de su valor y precios de ruina . Esto muestra claramente la
necesidad de un modelo uruguayo de economía integrada
sin sectores rehenes, como manera de lograr un crecimiento
sostenido y sustentable.
ECONOMIA
INTEGRADA.
Economía integrada es aquella en la que interactuan
en un pié de igualdad todos los sectores, teniendo
en cuenta sus especificidades, sin sectores rehenes. Economía
integrada es la que planifica la asignación de los
recursos, máxime cuando estos son escasos. El marco
político para integrarnos no puede ser el del manejo
del 3 y 2. La integración implica cristalinidad, transparencia
en todos los niveles, tanto privados como públicos.
Cada sector debe saber quien es quien en el país.
La integración
se construye y perfecciona todos los días, es un trabajo
permanente.
Debemos comenzar la tarea, que debería estar instalada
en el país desde hace más de cincuenta años,
cuando los hoy países desarrollados iniciaron sus reformas
estructurales.
Una economía integrada no tiene desventajas,
salvo para los intereses sectoriales e históricamente
dominantes que verán limitado el lucro "fácil".
Por algo subsidian a la agropecuaria las economías
integradas de los países desarrollados. En realidad
están apuntando a la estabilidad de las agro industrias
y de los agro servicios y por ende del conjunto de la economía.
¿Cuánto millones de dólares ha dilapidado
el país sólo en las ineficiencias de las cadenas
agroindustriales que todos conocemos y hemos pagado?. El país
debe crear su propio proyecto adaptado a su realidad y sus
condicionantes. Pero lo que no se debe hacer es lo que se
ha hecho hasta ahora, favorecer a unos sectores a costa del
deterioro o pérdida de otros.
Pero
lo relevante a tener muy claro es que el país no ha
logrado tener un desarrollo sostenido y sustentable, ni a
costa de un proveedor- relevante - de materias primas rehén.
En mi opinión
esto es así porque hay un acostumbramiento a
un estado "socializador" de las "pérdidas"
empresariales. Es que el rehenismo facilita y habilita la
ineficiencia de la economía en su conjunto.
No hay necesidad de correr riesgos para sobrevivir.
El resultado es el estancamiento de los últimos setenta
años.
La integración reiteramos, implica saber quién
es quién en la economía como manera de minimizar
las asimetrías y las dominancias, apoyadas en las condiciones
de rehén de muchos sectores.
Integrarse para evitar y controlar las ineficiencias que políticas
direccionadas muchas veces por "grupos" de presión
puedan provocar. Todos los sectores son importantes a la hora
de un esfuerzo País. Es como el cuerpo humano en el
que todas las células colaboran a su estabilidad y
bienestar.
El modelo
de economía integrada tiene como meta sumar esfuerzos,
evitar la destrucción de sectores atrapados por condiciones
- externas o internas - adversas, no atribuibles al desempeño
empresarial. Corregir estancamiento o retroceso de sectores,
mediante políticas cristalinas en la asignación
de los escasos recursos. No las que se han practicado hasta
hoy fruto del clientelismo político vía 3 y
2.
Hay que
salir del "reclamismo" permanente fruto de una política
de "parches" en la coyuntura.
Hay que
recrear una cultura empresarial sin ataduras político
partidarias para sacar al país de las crisis casi cíclicas
y del ajuste permanente.
El país ha aceptado como un fatalismo la inmoralidad
del clientelismo político.
La historia del Uruguay desde 1930 a hoy es un claro ejemplo
de que con una economía desintegrada y este manejo
político no hay crecimiento sostenido, ni desarrollo.
El Agro
debe estabilizar los sistemas productivos en el camino hacia
una Economía Integrada. La primera integración
se debe realizar dentro de cada sector, para integrarse al
resto.
En los últimos
50 años el país no logró estabilizar
los sistemas productivos en el agro. Ni siquiera los que nacieron
con el país como fueron, primero la ganadería
y luego los ovinos, favorecidos por condiciones naturales.
No se cuidó el recurso tierra, no renovable. Se lleva
adelante un manejo del mismo, muchas veces para "sobrevivir",
sin tenerlo en cuenta.
Cada uno en el campo ha hecho lo que ha querido y podido al
margen de políticas país, que no hay.
Por tanto el manejo de suelos y pasturas no ha contemplado
muchas veces las condiciones agrológicas.
En
el camino hacia una economía integrada el agro debe
ir a una regionalización de cultivos en función
de las condiciones agronómicas. Hay que salir del
cortoplacismo nefasto.
Esto es
fundamental a la hora de definir los riesgos y componer los
equilibrios.
El territorio es un gran mosaico de variedades de suelos y
pasturas. Cuanto más rigor pongamos en la correcta
utilización de los mismos estaremos contribuyendo a
un mejor desempeño de la economía del productor
y del país.
De esta manera todos los instrumentos productivos se podrán
aplicar con mayor rigor, en especial el crédito en
un marco de tantos riesgos.
Podríamos
decir sin lugar a dudas, que en el marco de esta economía
desintegrada los créditos al agro han sido mal dados
en su inmensa mayoría. No se han contemplado sus especificidades,
algunas de las cuales suponen riesgos inevitables como el
clima. Las sucesivas crisis de endeudamiento y licuación
de productores en los últimos cuarenta años
lo avalan.
El conceder
créditos a un sector relevante de la economía
sujeto a tantas inestabilidades que no se tienen en cuenta,
pesa al final sobre el mismo y sobre el país. Los hechos
son contundentes.
No es posible
desarrollar una economía integrada en el marco del
manejo de partido único, el del 3 y 2.
La transparencia es fundamental y esto no se tiene en el marco
de un manejo clientelístico bajo el cual se conduce
el país desde hace más de setenta años.
Para corregir
ineficiencias debe haber transparencia y cristalinidad en
la conducción pública y privada.
Hoy el país transita por la tercera crisis económica
de los últimos cuarenta años y los mismos técnicos
y tecnócratas que dirigieron la economía hasta
hoy son los encargados de buscar la salida.
Este es el síntoma más preocupante ya que muestra
la incapacidad del país para procesar cambios.
Pero más preocupante es ver que esto sucede de la mano
de la impunidad del 3 y 2.
No hay economía estable y con crecimiento sostenido,
sin transparencia y reglas de juego claramente definidas.
Son
los elementos indispensables para motivar a la inversión
y al mercado de capitales no especulativos. No es casual la
baja inversión en el país en los últimos
setenta años.
La historia
- reciente - del incipiente mercado de capitales terminó
en graves problemas por la falta de cristalinidad de las empresas
y del marco económico en que fueron proyectadas.
Las empresas creadas a la sombra del tráfico de influencias
y manejos partidarios siempre termina mal, ya que los empresarios
están pensando sólo en lucrar, los riesgos serán
cubiertos por el estado, todos nosotros.
Hoy los
entes del estado cuestionados a la hora del empuje privatizador,
como si lo privado en el Uruguay tuviera "diploma"
de eficiencia. Es muy claro que el manejo político
partidario - clientelismo - es el gran responsable de la ineficiencia
y la falta de reformas en los mismos. Esta ha sido y es la
historia del Uruguay real. Los empresarios que no cuenten
con influencias en el entorno del 3 y 2 corren con todas las
desventajas. No olvidemos los rescates de empresas por la
CND, el tema de los Bancos. Un claro ejemplo de que se puede
apostar a una empresa sin riesgo a perder. Al respecto el
Dr.Carlos Quijano escribía en Marcha el 10 de julio
de 1953:
"
El país ha adquirido la paradójica mentalidad
de un jugador que para cubrirse contra eventuales e inevitables
pérdidas, contratara un seguro.
Los agricultores plantan trigo. Esperan obtener fabulosas
ganancias, a corto tiempo y con menguado esfuerzo. Se lanzan
a la "aventura"; pero confían en que si producen
caro y mal, el Estado vendrá a salvarlos con subsidios
y créditos.
X, ó Z ó Y deciden hacerse industriales.También
le mojan la oreja a la suerte; pero con la seguridad, asimismo,
de que el estado al solo influjo de la palabra mágica
- industria - impedirá la importación del similar
extranjero, acordará cambios preferenciales, concederá
subsidios y hasta comprará los productos si fuere necesario.
Es un pleno, con la garantía de que no se perderá
la apuesta. Y poco importa, pues se trata de un juego que
prescinde como es natural de la lógica y el conocimiento,
que la apuesta sea disparatada.
Otra prueba
de que nada a cambiado más allá de las formas
Ninguna
crisis se ha resuelto atendiendo a las verdaderas causas.
Siempre ha sido a través de ajustes de la economía
cuyo mayor costo recae sobre los sectores más rehenes
como son; los asalariados, los pequeños y medianos
productores, los pequeños y medianos empresarios -
comerciales e industriales -, los jubilados, la salud pública
y la enseñanza. Pasamos de una crisis a la otra de
la mano de los "mismos".
La integración
interna es fundamental para poder realizar y potenciar integraciones
regionales que sean realmente efectivas para el país.
La integración implica profundizar la democracia y
ampliar la libertad de expresión acotada en el acceso
a los medios de comunicación. Implica además
la más amplia información "calificada"
hoy sólo disponible para una minoría cercana
al poder. Así nos hemos despertado en los últimos
tiempos cuando la "tormenta" se desató.
Pero hay
otros aspectos negativos de un modelo de economía desintegrada.
Liquida la solidaridad, que no pasa de lo retórico
y discursivo en cada crisis.
Cada sector se abroquela, no piensa en las interrelaciones
y menos en la visión país.
La solidaridad
no es solo un bien social, sino también económico.
Una economía
integrada con la visión país es el desafío
nunca encarado.
Quizás el último recurso posible que le queda
al país por recorrer.
En el se juega el futuro.
phr@internet.com.uy
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