CADA
VEZ MÁS SOMOS IMITADORES
¿Dónde habrá quedado nuestra idiosincrasia
y nuestra personalidad que otrora nos destacara?
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Escribe:
Ernesto Martínez Battaglino
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Lamentablemente, los uruguayos vamos perdiendo
nuestra identidad bien ganada de ser diferentes del resto
de los pueblos latinoamericanos. Decimos esto, no pretendiendo
ponernos en mejores o en peores que nuestros hermanos del Continente,
sino simplemente en lo que se expresa, de ser "diferentes".
Supimos mantener una época de oro -hoy perdiéndose-
en el cuidado de nuestro léxico, donde el tuteo bien nos
diferenciaba del decir más arrabalero del argentino, o
mejor dicho del bonaerense, donde el checheo campeaba y lo sigue
haciendo, tanto en el decir como en su escritura. En otro orden,
nosotros cuando hablamos, nos olvidamos que la "ll"
existe y la transformamos en "y", no importándonos
si la estamos leyendo, pues igualmente, a ningún uruguayo
se le ocurriría pronunciar como la Real Academia Española
lo manda: "Llegó fulano", pues todos,
aunque lo escribamos correctamente como sin duda lo hacemos, diremos:
"Yegó fulano", ahí sí, diferenciándonos
ahora de casi todo el resto de los países americanos de
habla hispana -fuera de Argentina dado que en eso coincidimos-
pues aquellos otros son pueblos donde aún se mantiene el
idioma en una forma más castiza, aunque con tonos y modismos
diametralmente también distintos a los nuestros.
Lo dicho, pretendió ser solo una pincelada sobre como fuimos
y como ahora somos en cuanto al hablar y expresarnos. Pero ahora,
además, en estos momentos cambiantes que nos acucian, nos
estamos convirtiendo en seres mucho más proclives a copiar
todo lo que nos llega primordialmente de la vecina orilla, donde
la televisión juega un papel fundamental con su masiva
programación aporteñada que nos invade. Esta nos
va influyendo y minando intelectual y socialmente, al recibir
en forma machacona la sordidez de los temas que allí gustan
y tratan, así como la forma de encararlos con sus acostumbradas
expresiones, cambiándonos nuestro decir y nuestra habitual
forma de valorar al prójimo, e incluso, de valorarnos a
nosotros mismos.
Pensar que la mesura y la ponderación estaban en el trato
común uruguayo, como forma primordial de respetar los derechos
y las intimidades de todos, considerando las ideas de los otros
y sus libertades individuales, como sagradas, así considerándolas
no solo por ser lo correcto, sino por ser la mejor forma de dar
pié a que también se respeten nuestras libertades
y nuestras ideas.
Y así pasamos a copiar los arrebatos, copamientos y el
patoterismo más cerril jamás visto como los que
aparecen en las canchas de fútbol, donde desde esa misma
televisión que los relata y los filma a diario y sin perder
detalles como si fuera una película de largo metraje pasándola
una y otra vez, no sea cosa que alguien pueda quedar sin haberla
visto y no "aprender". Pero también nos
ha ayudado a conocer y a copiar toda práctica de protestas
contra medidas del gobierno o de las patronales que a determinadas
personas no gusten, por lo que ahora aprendimos quienes son y
cuales son las prácticas de los "piqueteros",
o una "sentada en el pavimento", o el "encadenarse
en algún lugar estratégico", o el realizar
un " caceroleo", o una "huelga de hambre",
o el de instalarse en una "carpa en un lugar público",
como el de rodearse de todo tipo de "cartelería
con pedidos y eslóganes", tanto en pancartas como
en muros, los que sin duda la gran mayoría suscribiría
aunque estuvieran en las antípodas ideológicas,
por lo obvias, mientras otras, asimismo, serían desechables
por cualquier ser consciente, por lo absurdas.
Pensar que esa es la forma habitual de esgrimir "contundentes"
razones de descontento, que todos nosotros gustosamente también
hacemos propias, donde incluso, si se le preguntara a muchos de
los participantes que explicaran en que consisten sus pedidos
y cual la posibilidad de llevarlos a cabo, sin duda no tendrían
ni noción del camino a tomar para la solución de
lo que piden, ni siquiera sabrían bien el alcance de lo
que piden.
Pero si con lo antedicho no alcanzara como para escandalizarse
que se gastara tanto esfuerzo en forma inútil y destructiva
para alcanzar metas que se supone que aunque por caminos equivocados,
por lo menos la población sana, los gremios genuinos y
conocedores del quehacer laboral y comercial de su trabajo y producción,
y los partidos políticos que siempre están detrás
de esas movilizaciones, muchas veces solo seudo gremiales o seudo
reivindicativas, lo hicieran igualmente convencidos de que ese
es el único camino de alcanzar algo que creen realmente
justo y noble, cae por su propio peso negativo y antidemocrático
por otra de las prácticas de "protesta" que
ahora se ha puesto lamentablemente en boga: "LOS ESCRACHES".
Si hay una actitud realmente reprochable e indigna de un pueblo
civilizado y que se vanagloria de ser defensor de los derechos
humanos y de las libertades públicas, justamente es esa
pretendida forma de ejercer justicia por mano propia, que no llega
a los lamentables extremos a los que alcanzara el K.K.K. hasta
principios del Siglo XX en los Estados Unidos de Norte América,
pero que lleva implícita esa misma nefasta filosofía
intolerante, gestora de la injusticia más cruel, donde
se demuestra por sobre todas las cosas, la cobardía patoteril
de su manifestación y práctica.
Así y todo, no hay que perder de vista que hay legisladores
y partidos políticos que hoy mismo se están negando
a dar su voto a leyes que están a estudio del Parlamento,
que pretenden ser más drásticas con relación
a las prácticas de los "escraches". Pero peor
aún, es que también hay jueces que inventan argumentos
e interpretaciones a leyes que sacan de la galera, al mejor estilo
merlinesco, justificando "el derecho" y "la
libertad de manifestación" -como ley de mayor
rango- que tienen para expresarse los que, en patota, se juntan
ante el domicilio del que pretenden denostar, expresándose
con insultos, cánticos con expresiones soeces y hasta con
proyectiles dañando la propiedad privada, donde incluso,
reside la familia del abucheado.
Confiamos que aún y a pesar de todo el bombardeo negativo
que recibimos, la gran mayoría del pueblo uruguayo sea
consciente y mantenga intactos sus principios inculcados con patriotismo,
justicia y honorabilidad que desde siempre nos enseñaron
nuestros mayores, y llegado el momento, sepamos discernir cual
es el camino a tomar para que el país no se nos vaya totalmente
de las manos y se pierda "nuestro habitual sistema de
vida", ese que es el que debemos preservar por sobre
todas las cosas, ya que lo otro, lo mediato y que sin duda también
nos apremia y que a veces anteponemos pensando que es lo primordial,
como es el mal momento económico que el país y el
pueblo está pasando, debemos de darnos cuenta que tal situación
es cíclica y no es la primera vez que en el país
y en muchos otros esto se ha dado, y que de él vamos a
salir airosos otra vez, dado que ya se están viendo los
primeros índices positivos de recuperación, afirmados
por perspectivas auspiciosas en proyectos internos por un lado
y por las buenas perspectivas internacionales y en los buenos
precios de nuestros productos, por otro.
Entonces, a no perder el rumbo y confiar en un futuro mejor en
cuanto a nuestro porvenir económico, pero también
tener mucho cuidado en no perder el del respeto que debemos mantener
hacia el que piensa distinto o que permitamos que las "libertades"
tengan flechamientos, o nombres propios. La recuperación
de esa nefasta práctica va a costar mucho más y
hasta con el peligro de transitar nuevamente por caminos que no
quisiéramos para nosotros, ni para nadie.
En un momento determinado de nuestro quehacer ciudadano, un gran
hombre de nuestro país que hizo historia y que marcó
contundentes y positivos rumbos al país y a su gente, hizo
un llamado a la mesura y al buen raciocinio, que muy bien cabe
ahora poner en el tapete, cuando el país prontamente se
prepara a iniciar sus campañas preelectorales del año
2004. Para que nuestra ciudadanía tenga en cuenta, y no
actúe a impulsos irrazonables y sí empleando su
cordura habitual, es bueno el recordar su célebre advertencia: