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Carta de Juan
Salvador Gaviota bajo la pluma de Jorge Alberto
Jorge Alberto gracias por darme
la oportunidad de compartir mis experiencias y anécdotas
a todas las hermanas gaviotas de nuestra Playa.
Continuo con la narración: Después de que la Gaviota
de la Providencia me sonrió en esta ocasión y
de no salir nadie muerto.
Cuando al fin apunte mi pico hacia el cielo, aún zumbaba
a doscientos cuarenta kilómetros por hora, al reducir
a treinta y extender mis alas otra vez, el pesquero era una
miga en el mar a mil metros mas abajo.
Soló pensé en el triunfo. !!!La velocidad máxima!!!
¡¡¡Una gaviota a trescientos veinte kilómetros
por hora!!! Todo un descubrimiento. el momento más grande
y singular en la historia de la Bandada, y en ese momento se
abrió un nueva época para mí. Volé
hasta una solitaria área de prácticas y doblando
mis alas para un picado desde tres mil metros, me puse a trabajar
en seguida para descubrir la forma de girar.
Me di cuenta de que al mover una sola pluma del extremo de mi
ala una fracción de centímetro, causaba una curva
suave y extensa a tremenda velocidad. Antes de haberlo aprendido,
vi que cuando movía mas de una pluma a esa velocidad,
giraba como una bala de rifle... y así fui la primera
gaviota de este mundo en realizar acrobacias aéreas.
No perdí tiempo ese día en charlar con las otras
gaviotas, sino que seguí volando hasta después
de la puesta del Sol. Descubrí el rizo, el balance lento,
el balance en punta, la barrena invertida y el medio rizo invertido.
Cuando volví a la Bandada ya en la playa. era totalmente
de noche. Estaba mareado y rendido, no obstante, y no sin satisfacción,
hice un rizo para aterrizar y un tonel rápido justo antes
de tocar tierra.
Cuando sepan, lo del Descubrimiento se pondrán locos
de alegría. ¡¡¡Cuanto mayor sentido
tiene ahora la vida!!! En lugar de nuestro lento y pesado ir
y venir a los pesqueros, ¡¡¡Hay una razón
para vivir!!! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos
descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia
y habilidad. ¡¡¡Podremos ser libres!!! ¡¡¡Podremos
aprender a volar!!!
Los años venideros susurraban y resplandecían
de promesas, pensé.
Sin embargo cuando tome tierra, las gaviotas se hallaban en
Sesión de Consejo, y parecía que habían
estado así reunidas durante algún tiempo. Estaban
efectivamente, esperando.
La Gaviota Mayor me llamo con Voz Solemne propia de las altas
ceremonias "
¡¡¡Juan Salvador Gaviota!!! ¡¡¡Ponte
al centro!!!".
Ponerse al centro sólo significaba gran vergüenza
o gran honor, era la forma en que se señalaba a los jefes
mas destacados entre las gaviotas.
Por supuesto, pensé, ¡¡¡la Bandada
de la Comida ... esta mañana: vieron el Descubrimiento!!!,
pero yo no quiero honores. No tengo ningún deseo de ser
líder. Solo quiero compartir lo que he encontrado, y
mostrar esos nuevos horizontes que nos están esperando.
Y di un paso al frente.
La Gaviota Mayor dijo: "Juan Salvador Gaviota ¡Ponte
al Centro para tu Vergüenza ante la mirada de tus semejantes!"
Sentí como si me hubieran golpeado con un madero, mis
rodillas empezaron a temblar, mis plumas se combaron, y me zumbaban
los oídos,
¿Al Centro para deshonrarme? ¡Imposible! ¡El
Descubrimiento! ¡No entienden! ¡Están equivocados!.
La Gaviota Mayor entono con voz solemne "... por su irresponsabilidad
temeraria, al violar la dignidad y la tradición de la
Familia de las Gaviotas..."
Ser centrado por deshonor significaba que me expulsarían
de la sociedad de las gaviotas, desterrado a una vida solitaria
allá en los Lejanos Acantilados.
"...Algún día, Juan Salvador Gaviota, aprenderás
que la irresponsabilidad se paga. La vida es lo desconocido
y lo irreconocible, salvo que hemos nacido para comer y vivir
el mayor tiempo posible." Sentencio la Gaviota Mayor.
Una gaviota nunca replica al Consejo de la Bandada, sin embargo
me hice oír, grite:
¿ Irresponsabilidad? ¡Hermanos míos!, ¿Quien
es más responsable que una gaviota que encuentra y persigue
un significado, un fin más alto para la vida?
Durante mil años hemos luchado por las cabezas de los
peces, pero ahora tenemos una razón para vivir; para
aprender; para descubrir; ¡¡¡para ser libres!!!
Dadme una oportunidad, dejadme que os muestre lo que he encontrado...
La Bandada parecía de piedra.
" Se ha roto la Hermandad" entonaron juntas las gaviotas,
y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus oídos y
me dieron la espalda.
Pasé el resto de mis días solo, pero volé
mucho más allá de los Lejanos Acantilados.
Mi único pesar no era mi soledad, sino que las otras
gaviotas se negasen a creer en la gloria que les esperaba al
volar; que se negasen a abrir los ojos y ver.
Aprendí que un picado aerodinámico a alta velocidad
podía ayudarme a encontrar aquel pez raro y sabroso que
habitaba a tres metros bajo la superficie del océano,
ya no me hicieron falta pesqueros ni pan duro para sobrevivir.
Aprendí a dormir en el aire fijando una ruta durante
la noche a través del viento de la costa, atravesando
ciento cincuenta kilómetros de sol a sol. Con el mismo
control interior, volé a través de espesas nieblas
marinas y subí sobre ellas hasta cielos claro y deslumbradores...
mientras las otras gaviotas yacían en tierra, sin ver
mas que niebla y lluvia. Aprendí a cabalgar los altos
vientos tierra adentro, para regalarme allí con los más
sabrosos insectos.
Lo que antes había esperado conseguir para toda la Bandada,
lo obtuve para mí mismo; aprendí a volar y no
me arrepentí del precio que había pagado, descubrí
que el aburrimiento, el miedo y la ira, son las razones por
las que la vida de una gaviota es tan corta, y al desaparecer
aquéllas de mi pensamiento, tuve por cierto una vida
larga y buena.
Vinieron entonces al anochecer,encontrándome planeando,
pacífico y solitario en mi querido cielo, dos gaviotas
que aparecieron junto a mis alas, eran puras como luz de estrellas,
y mi resplandor era suave y amistoso en el alto cielo nocturno.
Pero lo más hermoso de todo era la habilidad con la que
volaban; los extremos de sus alas avanzando a un preciso y constante
centímetro de las mías.
Sin decir palabras, les puse una prueba, que ninguna gaviota
había superado jamás.Torcí mis alas y reduje
mi velocidad a un solo kilómetro por hora, casi parándome.
Aquellas dos radiantes aves redujeron también la suya,
en formación cerrada. Sabían lo que era volar
lento.
Doble mis alas, giré y caí en picado a doscientos
kilómetros por hora. Se dejaron caer junto conmigo, precipitándose
hacia abajo en formación impecable.
Por fin volé con igual velocidad hacia arriba en un giro
lento y vertical. Giraron junto conmigo, sonriendo.
Recuperé el vuelo horizontal y me quede callado un tiempo
antes de decir:
- Muy bien ¿Quienes sois?
- Somo de tu Bandada Juan. Somos tus hermanos.- las palabras
fueron firmes y serenas-. Hemos venido a llevarte más
arriba, a llevarte a casa.
- ¡¡¡Casa no tengo!!! Bandada tampoco. Soy
un Exilado.
Y ahora volamos a la vanguardia del Viento de la Gran Montaña.
Unos cientos de metros más, y no podré levantar
mi viejo cuerpo. Comente.
Ellas contestaron: - Sí que puedes, Juan. Porque has
aprendido. Una etapa ha terminado, y ha llegado el momento de
que empiece otra.
Tal como me había iluminado toda mi vida, también
en ese instante, el entendimiento ilumino mi existencia. Tenían
razón. Era capaz de volar más alto, y ya era hora
de irme a casa.
Eche una larga y ultima mirada al cielo, a esa magnifica tierra
de plata donde tanto había aprendido.
- Estoy listo - dije al fin. Y me elevé con las dos radiantes
gaviotas para desaparecer en un perfecto y oscuro cielo.
Juan Salvador Gaviota
Fuente: El libro de "Juan Salvador Gaviota" de Richard
Bach.
Bajo la atenta pluma de
Jorge Alberto Novoa
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