|
Hurgando
en la Web
El Uruguay que no conocemos
LOS
CHARRÚAS Y SUS COSTUMBRES
 |
Poco
se conoce de las costumbres de los Charrúas antes
del 1500 y como de costumbre tenemos que recurrir a crónicas
de la época, muchas de ellas escritas según
el interés de quien hacía el relato. Por
eso se encuentran aspectos contradictorios sobre ellos,
por ejemplo hay quienes dicen que eran amistosos, otros
feroces, honestos o ladrones, sucios o aseados, etc. Lo
que es evidente es que los Charrúas al no tener
escritura no pudieron hablar de sí mismos, y quienes
lo hicieron, en general, tenían o el interés
de quedarse con sus tierras, sus mujeres y sus alimentos,
o usarlos como fuerza combatiente según el caso,
o por el lado religioso, cumplir con el mandato de convertirlos
a la fe católica. Si los Charrúas no aceptaban
estas imposiciones, entonces los juicios de valor sobre
ellos serían desfavorables. |
No olvidemos que
en 1513 se redactó en España el llamado Requerimiento
que debía leérsele a todos los indios a medida
que el imperio español se expandía; en este Requerimiento
se les indicaba que ellos debían acatar las prédicas
de la fe Cristiana, y reconocer a la Iglesia por señora
y superiora del universo, y al sumo Pontífice y en su
nombre al Rey o a la Reina Doña Juana como señores
y superiores de estas tierras. Si no acatasen estos mandatos,
decían los
| españoles:
...." certificamos que con la ayuda de Dios nosotros
entraremos poderosamente contra vosotros y os haremos
guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos,
y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y
de sus Altezas y tomaremos vuestras personas y las de
vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos y como
a tales venderemos y dispondremos de ellos como Sus Altezas
mandaren, y os tomaremos vuestros bienes y os haremos
todos los daños y males que pudiéremos,
como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su
Señor y le resisten y contradicen; y protestamos
que las muertes y daños que de ello se recrecieren
sea vuestra culpa, y no de Sus Altezas, ni nuestra, |
 |
ni de estos caballeros
que con nosotros vienen; "...
(Esto nos parece
increíble en nuestros días, pero así
se justificó la usurpación , crueldad y crímenes
empleadas contra los pobladores indios de América).
También
hay un antecedente y es que hasta 1531 se consideraba a los
indios "animales con forma humana", y por lo tanto
el anterior Requerimiento además de no respetar derecho
alguno tenía una contradicción enorme: era leída
a los indios a sabiendas de que no lo entenderían ya
que recién en 1531 el Papa Paulo III declara a los
indios hombres verdaderos, con alma y posibilidades de comprender
el credo cristiano.
De todos modos
es gracioso consignar que algunos indios que entendieron lo
que los españoles querían, manifestaron que
el Papa debía estar borracho y que el Rey que pedía
debía ser algún loco al pedir lo que sabía
que no era de él.
|
También
es conocido entre los Charrúas que cuando los
predicadores les decían que Dios conocía
todo lo que hacían y pensaban los hombres, los
indios les respondieron: "no nos gusta ese Dios
que sabe todo lo que hacemos, mejor nos vamos a los
montes para vivir tranquilos sin que nadie sepa lo que
pensamos y hacemos", y sonreían irónicamente.
Dice
el padre Cattaneo "que algunos misioneros intentaron
hablarle de religión a los charrúas y
éstos respondieron fríamente que ellos
ya tenían padres y no podían abandonarles.
En otra
oportunidad un Charrúa ante la amenaza de que
si no se convertía iría al fuego eterno
después de su muerte, dicen que contestó
que quizás fuera mejor, así estaría
más cerca del calor y no del frío de la
tierra que cubriría su cadáver.
|
 |
Estas apreciaciones
de los charrúas nos están indicando por un lado
su lógica contundente ante las insinuaciones teñidas
de irracionalidad de los sacerdotes, y por otro lado el sentido
del humor y de la ironía expresada con cierta fineza,
sin caer en la irrespetuosidad.
Eran observadas
las automutilaciones dactilares o digitales tanto en hombres
como en mujeres, por duelo de parientes directos. Esta costumbre
fué modificándose con el tiempo, en la medida
que se requería cada vez más el correcto uso
de las armas para defensa de sus pueblos, haciéndose
vigente estas mutilaciones solo para las mujeres. Los hombres
se atravesaban con varas afiladas los muslos o los brazos,
clavándolas lo más cerca del hueso, pero las
hijas o hermanas del fallecido solían efectuarlo cuatro
y hasta seis de esas varas quedando enteramente postradas.
En 1842 una
china, criada del estanciero Manuel Arias relataba que: "
Las mujeres se cortan los dedos cuando se muere el marido.
De modo que son tantos los dedos cortados cuantos son los
maridos que ha perdido. El luto de los parientes es atravesarse
el cutis y ponerse plumas de avestruz en todo el cuerpo. Al
día siguiente se van a gritar a una cuchilla y arrancarse
las plumas de avestruz".
Es dable apreciar
que los Charrúas tenían un sentido de su realidad
que no era fácil cambiar por un sistema de fe que no
podían entender, y que poseían la inteligencia
y el sentido del humor suficiente como para dar ese tipo de
contestaciones.
CARACTERÍSTICAS
DE LA VIVIENDA CHARRÚA
Antes de la
colonización los Charrúas ubicaban su vivienda
cerca de ríos y arroyos y en lugares que les asegurara
una abundante alimentación natural.
En general
la vivienda consistía en una estructura simple de 4
palos clavados en la tierra sobre los cuales colocaban travesaños
horizontales. A los costados ataban esteras de juncos o totoras
para protegerse del viento, y en épocas de frío
y lluvia agregaban otras para formar un techo más bien
plano.
Eran fáciles
de armar y trasladar, dado que no tenían "paradero
fijo", como dice uno de los descendientes que conozco
y que ha vivido como Charrúa, y recuerda la tradición
de sus abuelos lejanos. Cuando escaseaba la alimentación
se mudaban a otro lugar más adecuado, por eso que la
vivienda estaba de acuerdo a su tipo de vida trashumante.
Ya a partir
del siglo XVIII, y con el aporte del ganado vacuno y caballar
aparecieron las llamadas tolderías, en que se remplazaba
las esteras por cueros, pero siempre mantuvieron alguna parte
de su vivienda compuesta por juncos.
Con ramas arqueadas
y cubiertas con cueros de buen tamaño, construían
techos de toldos como bóvedas, alargados o redondeados.
D’Orbigny en
1829, que observó a Charrúas incorporados al
ejército, dijo: ... "sus hábitos se parecen
mucho a los indios Pampas, continuamente ambulantes; como
éstos, son vagabundos y solo construyen tiendas de
cuero en los parajes donde se detienen".
Según
José Figueira los toldos se semejaban a los de los
Patagones, y las dimensiones eran de 180cm de largo, 60 a
90cm de ancho, y otro tanto de altura. En los mismos dormían
las familias, niños y adultos y hasta perros y evidentemente
tendrían que estar en contacto físico durante
el sueño. En el suelo de las tolderías también
colocaban cueros, tanto de caballo, vaca, jaguar o ciervo,
y solo lo utilizaban para dormir, no haciendo fuego nunca
en su interior. Las tolderías las levantaban a cierta
distancia unas de otras para facilitar la obtención
de alimentos y pasturas para sus caballadas, y muchas veces
las ubicaban sobre lomas o cerros, principalmente cuando era
necesario mantenerse vigilantes ante posibles ataques.
Dormían
siempre sobre la espalda, como casi todos los indios y en
la toldería no habían bancos ni mesas, y prácticamente
ningún mueble.
El grupo de
Charrúas que vivían con el cacique Sepé,
en 1857, cerca de Tacuarembó, había establecido
una toldería al estilo primitivo de los Charrúas:
con sus ranchitos de rama arqueada como toldos de carreta,
la correspondiente zanjita alrededor, hecha a cuchillo para
que corriera el agua, y su lecho de hojas o pajas que renovaban
cuando estaban húmedos.
UTENSILIOS
Los utensilios
que usaban eran pocos y sencillos: armas para la cacería,
y armas de guerra y pequeñas piezas de cerámica
propias de los pueblos que son cazadores y recolectores nómadas.
En la época
prehispánica tenían cuchillos de piedra, arcos
y flechas, azagayas (lanzas pequeñas o dardos arrojadizos),
rompecabezas ( que eran piedras con puntas talladas que sobresalían
algo más de dos centímetros de su forma esférica,
y que iban atadas a una rama o tira de cuero de unos 40cm
de largo para su manejo). Los arcos de los Charrúas
eran simples, que fueron disminuyendo de tamaño con
el paso del tiempo.
En el museo
del indio de Tacuarembó y en el Museum of the American
Indian de Nuva York, se exhiben arcos considerados Charrúas,
el primero mide 1,75mt, 3.5 cm de diámetro en su centro
y pesa 1.5 kg; el segundo 1.55mt, 2.5 cm de diámetro,
y pesa 616 gr. Estos son de los primeros arcos ya que pertenecen
al tipo de arcos largos. Las flechas eran cortas, de unos
60 cm hechas de palo de sándalo negro o rojo. Las puntas
de piedra ( trabajadas por mujeres o niños a veces,
en rocas duras como el sílex, cuarzo, ágata,
o calcedonia),eran incrustadas en incisiones que hacían
en un extremo a la madera o cañas tacuaras y las sujetaban
con fibras vegetales; en el otro extremo de la flecha colocaban
plumas de lechuza (ñacurutú), cuervo o águila.

La honda fue
utilizada en la caza y como arma agresiva en la lucha, manejándola
con gran destreza, arrojando piedras que podían matar
un pájaro en vuelo y derribar animales corpulentos.
Esta arma fue utilizada hasta 1830 aproximadamente, según
la versión del sargento mayor Benito Silva que convivió
con ellos: " perseguidos unos 60 Charrúas por
300 brasileros en las costas del Mataojo, empezaron a dispararles
piedras con las hondas, y fueron estas tan bien dirigidas
que los brasileros fueron corridos y dejaron toda la caballería
a los Charrúas a los cuales se la habían tomado.
Por eso todo Charrúa lleva generalmente 6 o 7 hondas
colgando en el pecho. Están hechas con hilos con que
fabrican los quillapis (ponchitos) . Por un extremo termina
en un nudo que sirve para asegurarla en la mano, y por el
otro remata en un asa de tres ramales, en donde se pone la
piedra". La honda fue un a arma de poco bulto, liviana
y certera.
Otra de sus
armas arrojadizas eral las boleadoras, empleada en la caza
y en la guerra en sus dos tipos: de dos o tres bolas.
Hechas de piedras
duras y de grano fino, para obtener un buen pulido, sus diámetros
y sus formas variadas, de 4 a 8 cm, ovoides, redondas, elipsoides,
apuntadas, acilindradas, con forma de peras. Les tallaban
un surco circundante o doble ranura para ceñirles un
tiento retorcido de un metro o un metro y medio.
En la de dos
bolas, las piedras eran similares, pero cuando eran de tres,
una de ellas era más chica, las unían radicalmente,
las dos grandes con ramales de igual longitud y la chica con
un ramal más largo, servía de manija.
La bola perdida,
también conocida como " bola pampa o Charrúa"
tenía afinidad con la boleadora, consistía en
una bola sujeta a un solo ramal. Algunos cronistas han considerado
a la bola perdida como un arma de mucha precisión y
que llegaban a arrojarla a 100 mts, pero cayó en desuso
al ser sustituida por la honda.
Azara ha dejado
una espléndida descripción de las boleadoras
y de su manejo: " Las hay de dos clases: la primera compuesta
de tres piedras redondas, gruesas como un puño, recubiertas
de piel de vaca o caballo y amarradas a un centro común
con cuerdas de cuero del grueso de un dedo y tres pies de
largo. Cogen con la mano la más pequeña de las
tres, y después de haber hecho dar vueltas con violencia
a las otras por encima de la cabeza, las lanzan hasta la distancia
de 50 pasos, y se enredan de tal modo alrededor de las piernas,
el cuello o el cuerpo de un animal u hombre que es imposible
escaparse.
La otra clase
de bola se reduce a una sola piedra y la llaman bola perdida.
Es del mismo grueso que las otras, y unida a una correa que
cogen por el extremo para hacer dar vueltas a la bola como
una honda, y cuando la suelta da un golpe terrible a cien
pasos o más lejos porque la lanzan cuando el caballo
corre a rienda suelta. Si el objeto está cerca, dan
el golpe sin soltar la bola."
" Al tiempo
de la conquista ( escribe el P. Lozano), que no sabían
manejar el caballo, eran tan sueltos y ligeros en la carrera,
que daban el alcance a los ligeros gamos; ni le hacían
ventaja los avestruces, para cuya caza usaban las bolas de
piedra, no sólo para enredarlos y detenerlos, arrojándoselas
atadas en una cuerda a los pies, sino para herirlos en la
cabeza, en que eran tan certeros, que poniéndose a
competente distancia no erraban tiro; y la misma destreza
tenían en la flecha, haciendo certísima puntería
a 100 pasos de distancia. Hoy son menos ágiles en la
carrera, pero muy diestro en el manejo de los caballos, que
abundan en su país".
Poseían
una incipiente alfarería, que con barro amasado y secado
al sol, hacían sus recipientes tanto para cocinar o
para beber (vasos). Los Charrúas utilizaban en la fabricación
de sus vasijas, tierras negras y arcillosas de las barrancas,
y el limo finísimo de los ríos, a éstos
mezclaban en proporcion calculada arena cuarzosa, para que
la mezcla adquiriera dureza. Aún se encuentran esporádicamente
restos de las mismas. Con el contacto con el blanco se introdujeron
nuevos elementos deshechándose la alfarería
primitiva.

INDUMENTARIA
Cuando llegan
los colonizadores se les encontraban desnudos en el verano,
en los tiempos fríos se vestían con una especie
de poncho que armaban con pieles de animales silvestres o
salvajes, principalmente de venados, prenda que fué
llamada Quillapì o Kiyapí, voz que en guaraní
significa cuero de nutria. López de Sousa dice haberlos
visto desnudos pero adornados con penachos y pintados con
variados colores. A los Chaná-beguáes cubiertos
de pieles y algunos con adornos nasales de cobre. Un soldado
alemán, Ulrico Schimdl dijo que cuando llega Pedro
de Mendoza, los hombres estaban desnudos, y las mujeres cubiertas
desde el ombligo hasta las rodillas, con un trapo que él
supuso que era de algodón. Otro observador (hacia el
1658), que se llamaba Acarette du Biscay, dice que vestían
un Quillapí desde el cuello hasta los talones, y se
calzaban con un pedazo de cuero bajo los pies, atados con
tiras a los tobillos. Las mujeres con la cintura cubierta
(como se dijo) y también la cabeza con juncos de variados
colores, semejantes a un sombrerito.
Por último,
volviendo a los Charrúas que habitaban cerca de Tacuarembó
en 1857, ( en la estancia de Nadal Paz, ó Paz Nadal),
ya usaban ropa de bayeta u otra tela ordinaria, como un pollerín,
que llegaba hasta la mitad del muslo a los hombres y hasta
la rodilla a las mujeres. Se contentaban con ese abrigo, y
si les ofrecían más, lo rechazaban.
El atuendo
de los Minuanes, ( primos hermanos de los Charrúas),en
1764, según Pernetty, también era formado por
un quillapí que colocaban sobre el hombro derecho o
sobre el izquierdo, con el pelo hacia afuera o hacia adentro,
según el estado del tiempo. La parte del cuero pelado
tenía pintado cuadrados, rombos, o triángulos,
de colores rojo o azul.
En 1787, se
les vió a los Minuanes con una camisa, unos calzones
de estopa, y un poncho que les había sido regalado
a un Cacique, y su mujer, también vestía un
poncho de lienzo de los que se tejían en las Misiones
Jesuíticas, una camisa ancha, y calzones de lienzo
grueso, el pelo suelto y caido por la cara y una gargantilla
al cuello.
Otros indios
traían un cuero de venado sobre sus espaldas, un taparrabo
de lienzo y un poncho de algodón, también confeccionado
en las Misiones.
En general
no hubo grandes diferencias entre la vestimenta de los Charrúas
o los Minuanes.
En cuanto a
los adornos, López de Sousa menciona (en 1531), que
algunos de los Chaná-beguaes se horadaban las narices
y se introducían en esos orificios " pedazos de
cobre muy brillantes". El Gral Antonio Díaz no
vió ningún Charrúa con "barbote"
( a diferencia de otros grupos étnicos Charrúas
que si lo tenían), que se lo colocaban debajo del labio
inferior, cerca de la mitad del mentón; tampoco se
ha encontrado ninguna prueba documental de que este adorno
lo usaran los Charrúas que habitaban la Banda Oriental.
Hombres y mujeres
Charrúas usaban generalmente un vincha blanca (Benito
Silva, 1825). Las mujeres completaban el atuendo con collares
de cuentas o de valvas de moluscos de agua dulce y con zarcillos
hechos con pedazos de plata o con cuentas unidas por un hilo.
También llevaban plumas de ñandú en la
cabeza.
Según
Acevedo Díaz: ..."la vincha y las plumas las usaban
atadas con un tiento, con el que se ataban el cabello, siendo
las plumas de garzas o de avestruz".
Cuando las
mujeres llegaban a la pubertad y tenían la primer menstruaciación
se les pintaba en la frente tres rayas azules que caían
verticalmente desde el nacimiento del pelo hasta el nacimiento
de la nariz y les trazaban otras dos que les cruzaban las
mejillas, transversalmente hacia ambos lados de la nariz.
Esa costumbre fué abandonada en los últimos
tiempos, lo mismo que los tatuajes corporales.
Sobre su higiene,
a pesar de opiniones de Pernetty, de Azara, etc,sobre que
nunca se lavaban y sus cuerpos despedian un olor desagradable,
se acepta que solían bañarse y con mucha frecuencia
en verano, tomándolo como un ejercicio placentero.(
Es evidente que traían la costumbre de sus ancestros
que vivían al lado del mar, eran pescadores y habilísimos
nadadores, es muy probable entonces que sintieran la necesidad
de tomar contacto con el agua frecuentemente).
CREENCIAS
No tenían
una religión semejante al Cristianismo, centrada en
un Ser supremo, creador del universo, pero aunque algunos
cronistas de la época informaron que no tenían
religión, sus ceremoniales fúnebres revelan
que tenían creencias del más allá, aunque
de éstas es muy poco lo que se ha sabido.
Según
el Gral. Díaz, creían en la existencia de un
espíritu del mal, que llamaban "gualiche"
(voz Araucana utilizada por los Pampas y que significa espíritu
maligno, al que le atribuían todas sus desgracias y
sus males, esto ha sido confirmado por J.H.Figueiras.
Sin embargo,
Modesto Polanco manifestó que los Charrúas no
conocían el gualiche, significando por tal una especie
de brujería por la cual sobrevenía la desgracia
y la muerte de alguien de la tribu.
Creemos en
la primera versión, ya que por lógica es más
probable que algo exista, si alguien lo afirma que ese algo
no exista si alguien lo niega, porque es posible que lo desconozca.
Es de hacer
notar que tanto a sus muertos como a sus perros cimarrones
, los enterraban en tumbas en las cimas de los cerros, en
los "bichaderos", los que a veces fueron considerados
erróneamente solo como lugares de vigilancia del enemigo.
Los enterramientos
eran de poca profundidad, cubriendo el cuerpo con tierra,
ramas, o piedras. Muchas veces ponían las boleadoras
encima clavando la lanza del fallecido a un lado de la sepultura,
y del otro lado dejaban el caballo atado a una estaca, porque
suponían que el difunto emprendería un viaje,
aunque sin explicitar a donde.
Había
un rito funerario consistente en encerrarse en un lugar cercado
por piedras (que también se le denominó "Bichadero");
allí se infligían heridas en su cuerpo y pasaban
sin alimentarse hasta que aparecía en su mente algún
ser viviente al cual invocaban como a un ángel de la
guarda.
Se han localizado
varios bichaderos en los cerros, por ejemplo el Itapabó,
El Pentágono, Bugres, De las Ánimas, Tupambay,
Sopas, Tangurapá, etc.,.
Lo cierto que
sufrían bastante y lloraban mucho al muerto, siendo
a veces su duelo bastante cruel. En las primeras épocas,
si el muerto era un adulto, las hijas, hermanas y esposas,
podían llegar a cortarse alguna de las falanges de
los dedos, comenzando por el meñique, y siguiendo con
otros dedos si continuaban muriendo sus familiares. A veces
pasaban dos lunas encerrados en sus chozas o tolderías,
donde no hacían más que llorar y tomar muy poco
alimento. También a veces se clavaban el cuchillo o
la lanza del difunto atravesándose los brazos,los costados
del cuerpo, etc.
En cambio los
maridos no hacían duelo por la muerte de su mujer,
ni el padre por la de sus hijos, pero sí por la de
sus padres varones, ocasión en que se ocultan dos días
completamente desnudos sin alimentarse, más que con
carne o huevos de perdiz. Después por la noche le piden
a otro indio que le atraviesen el brazo con un pedazo de caña,
de modo que los extremos salen por los dos lados, a veces
en varias partes desde el puño hasta el hombro. Con
este aspecto salía el que estaba de duelo yéndose
solo y desnudo a cualqueir parte sin temer a ningún
animal feroz. Lleva en su mano un palo con punta de hierro
, con el que hace un hoyo donde se mete hasta la altura del
pecho, pasando una noche dentro del mismo. Al otro día
se quita las cañas y vuelve a una especie de cabaña
para esos ritos, donde por diez o doce días apenas
bebe y come (agua y algunos huevos de perdices). Estos alimentos
los dejan a su alcance los niños y se retiran corriendo
sin decir una palabra. Al cabo, el deudo se va a reunir con
los demás de la tribu. Si bien nadie está obligado
a realizar estas ceremonias dolorosas, la mayoría las
lleva a cabo, porque piensa que podría ser considerado
como débil si no lo hiciera, en el concepto de los
demás, aunque nadie le recrimina si no lo hace.
Con relación
a la parcialidad de los Minuanes, Azara informa que el duelo
de los hombres es como el de los Charrúas, pero más
corto, y en lugar de clavarse cañas, se atraviesan
gruesas espinas de pescado en piernas, muslos, y antebrazo.
Con el tiempo
se fueron suavizando estos ceremoniales, principalmente el
de cortarse las falanges, ya que les perjudicaba su carencia
principalmente en tiempos de guerra.
La medicina
de los curanderos, brujos o chamanes, según Azara,
consistía en tres operaciones: 1- Un remedio general
era chupar con mucha fuerza el estómago del paciente
para extraer el mal, a veces el curandero se colocaba espinas
o gusanos bajo la lengua para hacer creer al enfermo que las
extraía de su cuerpo, y así curaba su enfermedad,
2- Otro era la aplicación de ceniza caliente directamente
al cuerpo del enfermo, 3- La frotación, después
de engrasarle el cuerpo, con gran fuerza con un pedazo de
cuero por el lado del pelo.
ENTRETENIMIENTOS
El Gral. Díaz,
que frecuentó a los Charrúas en su campamento
del arroyo Arias, dice que: "aunque de índole
feroz, eran por lo común de genio alegre y estaban
contínuamente riéndose". El P. Larrañaga
dice que las mujeres minuanas tienen " su semblante triste
al contrario de los hombres que me parecieron muy joviales".
De sus maanifestaciones
musicales y cánticos hay muy poco para decir, según
Centenera, para animar el combate empleaban trompas, bocinas
y tambores. Las trompas y bocinas podían haber procedido
de grandes caparazones de caracol marino, y los tambores de
troncos livianos y ahuecados, golpeados con bastones de madera.
De los cánticos
hay una versión, de Díaz y Silva, que dice que
cuando se acercaba el enemigo hacían una llamada con
una guampa y daban vueltas en hilera unos detrás de
otros, mientras las mujeres se ponían a gritar ( o
cantar) de un modo tan lúgubre que hacía enternecer.
Ha quedado
registrado algunas pantomimas de los Charrúas en 1784,
donde imitaron un combate con los Guaycurúes, burlándose
de ellos, Azara lo describió: " iban montados
en pelo solo vestidos con un pequeño taparrabo, el
pelo suelto, laa cara pintada de blanco, armados con lanzas
o flechas cortas, cuyas plumas sobresalían formando
un arco de varios colores y apaariencia verdaderamente hermosa.
Su figura y talla arrogante y bella, sin comparación
mejor que la de los Guaraníes (...) Aquí vi
todo lo que es capaz de hacer un hombre a caballo en pelo
y con un gran lanzón. Disparaban los caballos a la
furia, los sentaban derepente y revolvían con agilidad
indecible; en lo más violento de la carrera saltaban
en tierra, y otra vez a caballo con la ligereza de un halcón,
apoyándose en la lanza; a veces se echaban a un lado
ocultándose de tal forma tras el cuello y cuerpo del
caballo, que parecía que este corría solo".
Por el año
1830, en Montevideo, los Charrúas intervenían
en cabalgatas o caballadas con características teatrales
similares.
Sus diversiones
juveniles comprendían las prácticas de cacerías,
la simulación de esgrima con mazas, tiros de honda,
de boleadoras, de flechas, y el manejo de lanza a pie y a
caballo. Todas las prácticas citadas anteriormente
los preparaban para la caza y la guerra.
A medida que
se aculturaban incorporaron los juegos de los blancos y criollos,
como el juego del pato, las carreras a caballo, el tiro de
boleadora (en el cual ganaban siempre, y consistía
en arrojar una boleadora de dos ramales para enredarla en
una estaca a unos treinta pasos), el juego de naipes, y el
Pero que jugaban con una canilla de vaca.
LA
NAVEGACIÓN
Las primeras
crónicas los consideraros exelentes canoeros, aunque
probablemente los confundieran con los Chaná-beguas
, que vivían en el paraje del Arroyo Solís y
en el Delta entrerriano. Hay distintas versiones en cuanto
si los Charrúas fueron o no canoeros, pero si lo hubieran
sido sería como resultado de acercamiento e intercambios
posiblemente con los guaraníes, porque no hay ninguna
evidencia de que hayan construido embarcaciones, ya que nuestra
flora no cuenta con árboles de suficiente espesor a
tales efectos.
Por lo tanto
deberíamos concluir que los Charrúas vivieron
siempre como nómades, recolectores, cazadores y pescadores,
y solo una de sus parcialidades, los Chanaes, fueron expertos
en la navegación.
|