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en la Web
El Uruguay que no conocemos
Aparicio
Saravia
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Nacido
en 1856 y fallecido en 1904, Aparicio Saravia
fue criado y educado en el campo. A la muerte
de su padre, los hermanos Saravia heredaron una
vasta extensión de campo, designada como
la “Estancia El Cordobés”, situada en el
Departamento de Cerro Largo, fronterizo con el
Estado brasileño de Río Grande do
Sul.
Eran
tiempos en que la frontera política entre
el Brasil y el norte uruguayo era casi puramente
formal, y ni siquiera estaba fijada con certeza.
Las relaciones económicas, sociales, y
aún políticas, desdibujaban las
separaciones territorias de los Estados; de manera
que los hermanos Saravia tenían vínculos
muy estrechos con Río Grande del Sur.
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A
partir del establecimiento en Río de Janeiro del
Imperio del Brasil, bajo la corona de Emperador Don Pedro
I, el 1º de diciembre de 1822 - cuando siendo Regente
de la corona portuguesa, requerido a regresar a Lisboa
luego de la derrota napoleónica, pronunció
su célebre declaración “Eu fico” (Yo me
quedo) - en ese Estado, habían surgido movimientos
separatistas, que pretendían convertir a Río
Grande del Sur en un Estado independiente del Imperio,
la República de Piratiní. Entre ellos, los
revolucionarios conocidos como los “farroupilhos” con
los cuales tuvo estrechas relaciones el Gral. Fructuoso
Rivera; especialmente en los comienzos de la vida independiente,
cuando se enfrentaba con su sucesor en la Presidencia
de la República, el General Manuel Oribe.
También
los hermanos Saravia tuvieron intensa vinculación
con los movimientos revolucionarios riograndenses. Gurmercindo
Saravia, acompañado de su hermano Aparicio, tuvo
una importante participación en la revolución
federalista riograndense de 1893. Aparicio Saravia, junto
a su hermano Gumercindo, se destacó en las fuerzas
revolucionarias riograndenses; lo que determinó
que habiendo fallecido su hermano en 1894, Aparicio fuera
designado General de dichas fuerzas revolucionarias.
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En
1895, Aparicio Saravia retornó a El Cordobés.
Le estaba reservado un papel de gran trascendencia
en la historia política del país;
que lo convertiría en el principal personaje
histórico el Partido Nacional.
En
el comienzo de la vida independiente de la República,
las contiendas civiles se habían desenvuelto
reiteradamente; desde la segunda Presidencia de
la República, ejercida por Oribe entre
1835 y 1838. En esa época, si bien Oribe
había sido electo como segundo Presidente
de la República, su antecesor, Fructuoso
Rivera continuó ejerciendo un importante
poder político y militar desde el cargo
de Comandante General de la Campaña.
A
finales de 1835, se produjo una ruptura entre
ambos caudillos, cuando Oribe, destituyó
a Rivera de la Comandancia General
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Campaña,
asumiéndolo el mismo. Rivera se retiró entonces
a su estancia de El Durazno; pero luego Oribe designó
Comandante de la Campaña a su hermano Ignacio,
lo que determinó que el 18 de julio de 1836 Rivera
se alzara en armas contra el Gobierno, iniciándose
la guerra civil.
Las
estrechas relaciones que ambos caudillos tenían
con las fuerzas políticas del Gobierno de Buenos
Aires de Juan Manuel de Rosas, con sus rivales en las
Provincias del litoral y la mesopotamia argentina, y asimismo
con los revolucionarios de Río Grande del Sur -
así como las intervenciones de Inglaterra, Francia
y el Imperio del Brasil - determinaron que este conflicto
fuera extendiéndose y prolongándose en el
tiempo, hasta desembocar en la Guerra grande.
Los
bandos políticos surgidos de esa contienda entre
Rivera y Oribe, fueron conocidos como los “blancos” y
los “colorados”; desde que en la Batalla de Carpintería,
el 19 de setiembre de 1836, el bando de Oribe usara para
identificarse una vincha blanca que decía “Defensores
de las Leyes”, y las fuerzas de Rivera se distinguieran
por usar los ponchos mostrando sus forros de color rojo.
Ellos se institucionalizaron como partidos políticos,
cuando en 1872 se organizó formalmente el Partido
Nacional como continuador histórico del “partido
blanco”; y en enero de 1881 se constituyó el Partido
Colorado reuniendo en su seno, a su vez, a los seguidores
y los líderes “colorados”.
| Las
contiendas civiles entre ambas corrientes políticas,
jalonaron las primeras décadas de la vida
política uruguaya; abundando los levantamientos
armados contra los gobiernos de los sucesivos Presidentes
de la República. Hasta que, finalmente, el
6 de abril de 1872, como culminación de la
Revolución de 1870 encabezada por el Gral.
Timoteo Aparicio |
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Aparicio
Saravia en la ciudad de Minas en 1904
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contra
el Gobierno del Presidente Gral. Lorenzo Batlle, se realizó
el acuerdo denominado “La Paz de Abril”; en la cual se
estableció por primera vez el concepto de la coparticipación
entre los partidos blanco y colorado en el gobierno, asignándose
al Partido Nacional las “Jefaturas Políticas” de
cuatro Departamentos, que constitucionalmente designaba
el Presidente de la República.
Durante
la Presidencia de Julio Herrera y Obes (1890 - 1894),
de filiación colorada, las tensiones entre los
blancos y los colorados se habían incrementado;
debido a que solamente otorgó a los blancos tres
Jefaturas Políticas, lo que fue considerado una
violación la Paz de Abril, así como de un
posterior acuerdo confirmatorio extendido el 19 de febrero
de 1875 entre el Gral. Timoteo Aparicio y el Presidente
Pedro Varela.
Finalizada
a principios de 1894 la Presidencia de Herrera y Obes,
la elección de un sucesor para el período
de 1894 a 1898, mediante votación en el Senado
- como establecía el procedimiento constitucional
- había sido sumamente difícil. Finalmente,
resultó electo Juan Idiarte Borda, contra la opinión
de los blancos, que se sintieron excluídos del
Gobierno, y que consideraron que nuevamente los gobernantes
colorados habían violado el pacto de la Paz de
Abril de 1872.
El
Partido Nacional - que en 1891 había constituído
una fuerza militar propia - venía considerando
que la revolución armada era la única forma
de hacer que los colorados cumplieran los compromisos
de coparticipación política. En noviembre
de 1896, mientras se realizaban las elecciones para integrar
el Senado que debería elegir sucesor a Idiarte
Borda, Aparicio Saravia promovió un movimiento
revolucionario; pero cuando el Presidente Idiarte Borda
movilizó las fuerzas gubernamentales, los revolucionarios
optaron por dispersarse.
Pero
en marzo de 1897, importantes fuerzas compuestas por revolucionarios
blancos provenientes de la Argentina, invadieron el territorio
por las costas del Departamento de Colonia, al mando del
Cnel. Diego Lamas, que había sido designado Jefe
de Estado Mayor de las fuerzas militares del Partido Nacional;
en un ataque coordinado con otro contigente blanco al
mando de José Núñez, que ingresaron
por Conchillas. Simultáneamente, Aparicio Saravia
tomó el mando de otro contingente revolucionario,
que penetró desde el Brasil por la frontera de
Aceguá.
Las
fuerzas revolucionarias blancas comandadas por Lamas y
Nuñez, consiguieron un importante triunfo militar
contra el ejército gubernamental, en el combate
de Tres Árboles. Pero días después
los revolucionarios al mando de Aparicio Saravia fueron
derrotados en el combate que tuvo lugar en Cerro Largo,
en la cuchilla de Arbolito. En este último combate,
murió el hermano menor de Aparicio, Antonio, llamado
el “chiquito Saravia”.
El
25 de agosto de 1897, el Presidente Idiarte Borda fue
asesinado a la salida de un oficio religioso en la Iglesia
Catedral de Montevideo; lo que determinó que fuera
sucedido por el entonces Presidente del Senado Juan Lindolfo
Cuestas.
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Cuestas
emprendió rapidamente una acción conciliatoria
con el Partido Nacional, que culminó el 18
de setiembre de 1897, en el llamado Pacto de La
Cruz, por el cual finalizó la revolución
y se reconoció al Partido Nacional la coparticipación
en el gobierno. Además, se comprometió
la aprobación de diversas leyes electorales;
especialmente la que creó el Registro Cívico
Nacional, dirigida a dar autenticidad a las elecciones,
que fue votada el 24 de abril de 1898. El 24 de
octubre fue aprobada otra ley, que reconocía
la representación de las minorías
en diversos cuerpos del gobierno de los Departamentos
y en los órganos de control de las elecciones.
El
10 de febrero de 1898 Cuestas sustituyó las
Cámaras por un Consejo de Estado, y el 1º
de marzo de 1898 se hizo eligir Presidente de la
República. Pero de hecho, Aparicio Saravia
ejercía un gobierno paralelo desde El Cordobés,
y dirigía su propio ejército; lo que
se prolongó durante toda la presidencia de
Cuestas, hasta 1903.
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Aparicio
Saravia en Rivera
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El
1º de marzo de 1903 fue electo Presidente de la República,
por primera vez, José Batlle y Ordóñez;
luego de una etapa de negociaciones políticas,
en que el Partido Nacional, procuró pactar para
dar sus votos al Dr. Juan Carlos Blanco, que era el candidato
de una fracción colorada, con el compromiso de
que se mantuvieran las condiciones del Pacto de La Cruz.
Pero una fracción de los blancos, encabezada por
Eduardo Acevedo Díaz, en definitiva apoyó
a Batlle, quien resultó electo por el Senado, con
55 votos contra 33.
Cuando
Batlle y Ordóñez designó las Jefaturas
políticas, Aparicio Saravia consideró que
Batlle había incumplido el Pacto de La Cruz; según
en cual corresponderían que las Jefaturas Políticas
de los Departamentos Rivera, Cerro Largo, Treinta y Tres,
Maldonado, Flores y San José fueran provistas con
ciudadanos de filiación blanca, de común
acuerdo entre el Gobierno y el Partido Nacional.
Como
consecuencia, Saravia convocó nuevamente a la revolución
de los blancos, cuyas fuerzas se movilizaron en esos Departamentos.
La guerra civil fue evitada, sin embargo, por una misión
que viajó a entrevistarse con Saravia, y el 22
de marzo de 1903 logró con él un nuevo pacto,
en la localidad de Nico Pérez, por el cual se estableció
que las Jefaturas políticas de esos Departamentos
serían asignadas a ciudadanos blancos designados
en consulta con el Directorio del Partido Nacional.
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Sin
embargo, a principios de 1904, el Gobierno resolvió
enviar fuerzas militares al Departamento de Rivera
- a solicitud del Jefe político (que era
blanco) - por temerse una incursión brasileña,
a causa de la detención efectuada por la
Policía de Rivera, y siguiente |
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Aparicio
Saravia desfilando en 1904
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fuga hacia
el Brasil, del hermano del Prefecto de Livramento. Aparicio
Saravia proclamó entonces que ese envío
de tropas violaba el pacto de los blancos con el Gobierno,
e inició la guerra civil.
A
partir de mediados de enero de 1904, se sucedieron varios
combates entre fuerzas gubernistas y saravistas; los combates
de Mansavillagra (14 de enero), Illescas (15 de enero)
y especialmente la batalla de Tupambaé, el 24 de
junio. La batalla decisiva se libró en la frontera
con el Brasil, en Masoller, el 1º de setiembre de
1904, en el lugar de confluencia de los límites
de los Departamentos de Rivera, Artigas y Salto.
En
esa batalla Aparicio Saravia fue gravemente herido, de
resultas de lo cual le sobrevino la muerte, ocurrida en
el Brasil, el 10 de setiembre de 1904.
Los
historiadores consideran la muerte de Aparicio Saravia
como el final de la era de los caudillos políticos
de estampa gauchesca. Aparicio Saravia fue, sin duda,
un personaje caracterizado por la adhesión que
como un verdadero ídolo suscitaba en grandes masas
de gente de campo su imagen de guerrero ecuestre; que
recorría los campos de batalla al galope, vistiendo
el clásico poncho de color blanco con que es representado.
Su
muerte puso fin a la guerra civil, que se cerró
con la Paz de Aceguá de 24 de setiembre de 1904;
tras la cual se abrió en el país un muy
extenso período de paz civil; y de renovación
regular de las autoridades de Gobierno, conforme a las
normas de la Constitución, mediante un sistema
de elecciones que ha alcanzado un reconocido prestigio
por su corrección.
¿Quién
mató a Aparicio Saravia?
por Tabaré
Petronio
"La
bala que te pegó,
a todos nos mató un poco...".
(Julián Murguía)
La
tardecita se entronaba en los campos de Masoller en aquel
mes de setiembre de 1904, las tropas del gobierno comenzaban
a sentir que su parque de municiones disminuía
vertiginosamente.
Los
Blancos de Aparicio Saravia sustituyeron el choque frontal
por la guerra de desgaste y se preparaban para el alba
venidera a dar la estocada con la tropas de refresco.
Con
esa acción "los colorados" del gobierno
estarían perdidos.
Fue
en esa caída del sol, cuando Aparicio Saravia comenzó
a recorrer la línea de fuego alentando , como era
su costumbre, a sus tropas,..."Vamos, muchachos,
firmes!, mientras su sombrero y poncho blanco de destacaban
en el horizonte. No iba solo, unos metros más atrás
le seguían sus abanderado Germán Ponce de
León, su hijo Mauro de 16 años y un soldado
brasileño.
Pasaba
revista a la División 9 cuyo jefe era su hermano
Nepomuceno, cuando comenzó la balacera sobre el
General y su equino, la tercera bala lo alcanzó
en la cintura, traspasándole el vientre de izquierda
a derecha.
En
ese momento comenzó a diluirse la Revolución
y el último caudillo rural, comenzaba su marcha
hacia la muerte, que aconteció el l0 de setiembre.
Después
aparecen las dudas. ¿Quién disparó
contra Saravia?.
| Escribe
el profesor Mena Segarra...." No fue una bala
perdida la que lo hirió..." Varias versiones
florecieron, algunos se vanagloriaron de aquel tiro
certero, corrió el rumor de que habían
sido campeones de tiro argentinos contratados por
el gobierno para realizar " misiones especiales"
otros opinan que fueron "espías"
colorados |
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Aparicio
Saravia en su lecho de muerte
|
infiltrados
en filas revolucionarias y otros opinan que fue algún
"calepino" que no quería que se concretara
un tratado de paz que dejara a Saravia como triunfador.
Antes
de Masoller , "el cabo viejo" había expresado
que el gobierno ..."nos ofrece partir la naranja
por el medio..." por eso se iba a concentrar en Rivera,
porque...." si falla el asunto, continuaremos la
guerra hasta que el Presidente ( José Batlle y
Ordoñez) quiera...".
Las
interrogantes sobrevuelan todavía sobre los hechos
de 1904 y sobre la muerte de Saravia. Muchas acusaciones,
muchas de ellas silenciadas para no perjudicar la unidad
del Partido Nacional se sucedieron desde aquel 10 de setiembre,
sin otro cometido que dificultar el conocimiento exacto
de lo ocurrido.
Es
evidente que en algunos casos no se buscó la verdad
ni las consecuencias que trajo aparejada la muerte de
Aparicio Saravia para el país y para el Partido
Nacional.
Se
conformó un mito, se levantaron monumentos y homenajes
y detrás de ellos se esconden aún los asesinos
de Saravia.