UN
BUEN REMEDIO
Por: Walter
Amaro - Sydney/Australia
A veces la memoria
suele recordarnos cosas con increíble nitidez. Justamente,
y a raíz de un comentario que leímos recientemente,
acudió a nuestro presente un pasaje de la obra teatral
"Sacco y Vanzetti". Esta excelente representación
a la cual hacemos mención, tuvo lugar en Montevideo allá
por los 60, por el recordado grupo de "Teatro Universal",
dirigido en forma brillante por Federico Wolff. En una de las
escenas más emotivas, cuando el fiscal, tratando de involucrar
aún más en la injusticia a los célebres obreros
anarquistas señalaba: "...un italiano que vive en
América, sigue siendo de por vida un italiano que vive
en América; no se convierte jamás en un ciudadano
americano".
No sé
si fue la fuerza del personaje interpretado magistralmente por
Dumas Lerena, o la paz y tranquilidad en los rostros de los acusados,
representados por Roberto Scarone y Humbolt Rivero, los que dimensionaron
trágicamente esa escena en mis recuerdos. Pienso que tal
vez fue la impotencia ante la injusticia, o la típica canallada
del sistema, lo que de alguna forma incentivó mis convicciones,
y estimularon de alguna forma mi desarrollo intelectual futuro.

¿Cómo
dejar de ser lo que se es? ¿De qué forma uno se
puede quitar del orillo el sello de uruguayo o "uruguayo
for export" como en mi caso, y jugar a lo que quieren que
seamos, divorciando educación, patriotismo, ideología
y sentimientos de nuestra personalidad. Sé que hay gente
que sale del país y si te he visto no me acuerdo; son muy
pocos. Hay en cambio quien lejos del entorno materno no pierde
oportunidad de destacar lo malo que allí ocurre; tal vez
tratando de justificarse, digo yo, en una pobre actitud. Sin embargo
están los otros, los mismos que alguna vez debieron de
abandonar la patria por diferentes motivos y anidan en su interior
el irrenunciable deseo de volver. ¿Cuál es el fenómeno
en estos casos?
Podemos esgrimir
mil diferentes razones o motivos por los cuales emigramos, pero
solidariamente seguimos compartiendo cada momento en el desarrollo
de nuestro país. Nuestro modismo no nos abandona, nuestro
folklore, sus inquietudes y nuestras pasiones siguen siendo las
mismas y, por sobre todas las cosas, seguimos siendo uruguayos
que viven en el exterior. No nos convertimos jamás en ciudadanos
de otras naciones, valga la metáfora, aunque hallamos adoptado
la nacionalidad por razones obvias. ¿O acaso alguno renuncia
a su propia nacionalidad por convicciones cuando adopta la del
país en que vive?
Estimo que no
falta oportunidad en que le digamos al interlocutor de turno acerca
de las bondades de "nuestro país". La comparación
es prácticamente inevitable aunque llevemos casi siempre
la peor parte. Nada es más querido que "aquello",
con sus defectos o virtudes porque, inexcusablemente, es producto
nuestro. Y si hay faltas, estimo que no siempre es oportuno tratar
de culpar a los demás.
La historia
se ha repetido una y otra vez. La falta de oportunidades, la carencia
de fuentes de trabajo y la imposibilidad de desarrollarse en casos,
han activado la válvula de escape que permite una sangría
interminable de jóvenes con diferentes destinos migratorios.
"Uruguayos for export" nuevamente. Ayer fueron destinos
europeos, luego sudamericanos, después Oceanía fue
el puerto de ilusiones y hoy por hoy Canadá se proyecta
una vez más como nueva esperanza de la juventud uruguaya.
Ya le comentamos
en una oportunidad que el flujo migratorio a Oceanía alcanzaba
a casi un 20% en una población que apenas supera los 30
millones de habitantes. Europa, mientras tanto, es el continente
que alberga el mayor número de inmigrantes con un 7,7%
de la población global, o el equivalente a 56,1 millones
de almas.
Estados Unidos y Canadá han recibido a 41 millones de inmigrantes,
en tanto Latinoamérica y el Caribe por el contrario, constituyen
la región con menor proporción de inmigrantes: 6
millones que suponen sólo el 1,1% de una población
de 519 millones. Lo doloroso del caso, es que la Organización
Internacional para las Migraciones ha revelado que 1 de cada 10
emigrantes ha nacido en Latinoamérica o el Caribe. ¿Que
me cuenta?
Pero todo no
es tan malo créame; por lo menos en este país. Recientes
estudios determinaron que la población australiana tiene
una mayoría obesa. Aunque no lo crea, 4 de cada 10 niños
estarán excedidos de peso en los próximos 10 años,
por lo que se teme una epidemia raramente conocida en lugares
como África y Latinoamérica: gordos, si se me permite
el término, por excesos alimenticios.
Los adultos no le van en zaga, según el informe el 58%
de los varones y el 42% de las ninfas, pasará serios apuros
cuando despunte el verano.
Lo bueno del caso es que ya apareció un iluminado, doctor
el hombre que, para colmo de males, ejerce una función
pública con una medida salvadora. Sus apunten tendientes
a la reducción de este poderoso enemigo: la gula, son infalibles.
El galeno propuso un impuesto significativo a los alimentos grasos.
estimando que hasta la carne picada pagaría las consecuencias
de atreverse a portar colesterol y engordar a nuestros semejantes.
¿Se imagina
cuantos estarán en este mundo tratando de parar la olla
y alguno por acá le sale con esas pavadas? A veces -sin
maldad, se entiende- a uno le gustaría que les tocara ser
una ama de casa uruguaya aunque sea por unas horas para saber
lo que se siente y ver como se las arreglan. Pero bueno, uno no
puede cambiar el mundo. Por eso mi amigo, el que ve las cosas
desde el lado positivo; el mismo que les conté una vez
que nadie puede sacarle al uruguayo de adentro, me dijo: "Mirá,
tengo un buen remedio para todo esto. Será cuestión
de llevarnos unos australianos para el "paisito", a
lo mejor allá se contagian de gordura y se pasa la malaria.
Estaríamos salvados, los jóvenes no tendrían
que emigrar y capaz que se nos dá y hasta podríamos
volver nosotros; negocio redondo, ¿no te parece?"
Nos encontramos en siete días si así usted lo dispone.