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COSAS
DEL PASADO
LA CRUZ DE SAL
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| Desde
Chuy por Julio Dornel |
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Se recuerdan todavía
algunas manifestaciones religiosas del siglo pasado que estaban
relacionadas con hábitos y costumbres de generaciones
anteriores, como así también con rituales y cultos
africanos.
Por ese motivo algunas costumbres conservadoras se mantuvieron
en las primeras décadas del siglo pasado como actitudes
y comportamientos que nuestros abuelos se resistían a
cambiar. Entre muchas cosas, era común que se tuviera
un cuidado especial con los recién nacidos, durante 30
días, en algunos hogares se le prendían velas
al santo del que eran devotos los padres, hasta que el niño
fuera bautizado. En otros hogares se acostumbraba a prender
una lámpara de aceite en el cuarto de las parturientas
para ahuyentar los malos espíritus. Sin embargo en aquellos
años nadie se hubiera atrevido a solucionar los problemas
de los vecinos, por medio de la magia, haciéndose tirar
las cartas o visitando los videntes.
En la actualidad en cambio son muchas las personas que recurren
con
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frecuencia
a la magia, a la astrología o al tarot con la esperanza
de ver solucionados los problemas económicos o
de salud. Los adivinos, las brujas, los videntes y los
astrólogos están a la orden del día,
actuando en representación de otras culturas, para
curar determinadas enfermedades o simplemente para "cambiar
la onda" del paciente, leer la mente o predecir algunos
acontecimientos.
En algunos establecimientos de campo, donde era común
la visita de amigos o familiares que se alojaban en el
cuarto |
destinado a los
huéspedes, siempre había una palangana con agua
tibia para que los recién llegados se lavaran los pies,
una costumbre que ha quedado en el mejor recuerdo de aquellos
años.
Como el invento de Benjamín Franklin no había
llegado a la frontera, durante los días de tormenta "eléctrica"
los vecinos se refugiaban en sus casas por miedo al relámpago
que surcaba el cielo acompañado del trueno ensordecedor,
que simulando un cañonazo llegaba a la tierra. Eran tiempos
de supersticiones y nada mejor que "cortar" la tormenta
con una bendición o con la cruz de sal que en algunos
casos asustaba más que los propios truenos.
Esa
cruz de sal sobre la tabla de picar carne, era el anuncio
de alguna tormenta acompañada por rayos y centellas,
con el ruido infernal del trueno que era en realidad lo
que más asustaba. Este era el cuadro de muchos
hogares fronterizos cuando alguna tormenta asomaba por
el horizonte, haciendo la noche en pleno día.
Si la cruz no era suficiente o faltaba sal se recurría
al hacha para cortar la |
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tormenta haciendo
ademanes en dirección a los nubarrones, mientras se pronunciaba
una oración inaudible con invocaciones a los Dioses de
la meteorología.
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Tampoco
faltaba la ristra de ajos colgada de algún clavo
o del tirante (todos los ranchos tenían tirantes)
para amortiguar el temporal y fundamentalmente para ahuyentar
la tormenta "eléctrica".
Bastaba que el cielo se nublara para que las abuelas comenzaran
a esconder las tijeras, cubrir los espejos con sábanas
y "apagar" la radio por temor a que algún
rayo la quemara o terminara matando al locutor.
Como por aquellos años tampoco teníamos
una información muy precisa sobre metereología,
lo más seguro era guarecerse en |
algún lugar
donde ya hubiera caído algún rayo, puesto que
las estadísticas de nuestros antepasados señalaban
que los rayos no caen dos veces en el mismo lugar. Pero que
difícil resultaba encontrar lugares donde ya hubiera
caído alguno.
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