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El
avance de la sociedad de la información es sólo
para unos pocos
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| Por
Alfredo López Períes |
La información
desborda en forma permanente a Internet, un sistema de comunicación
y documentación que nació en los Estados Unidos
en 1962 con fines defensivos, pero que tuvo una expansión
impresionante en tiempos muy recientes en los más diferentes
ámbitos de la actividad humana.
El volumen
de datos generado el año pasado en la denominada «red
de redes» equivalió a medio millón de
nuevas bibliotecas, cada una del tamaño de la que funciona
en el Congreso norteamericano, en Washington.
Los más
diversos tópicos están aquí presentes
muchos de los cuales nada tienen que ver con el objetivo de
contar con un mecanismo idóneo para el conocimiento
entre los pueblos, la educación, la investigación
y el entretenimiento.
Un experto
indicó días atrás que «la telaraña
de la información se hace cada vez más tupida»,
pero como en el caso de tantos otros adelantos de la humanidad
Internet llega a una mínima parte de la población
humana.
Millones de
personas que nunca han realizado una comunicación telefónica,
que son analfabetos, que mueren muy jóvenes (o la nacer)
por enfermedades evitables y que, si pudieran elegir, preferirían
disponer de un tanque con agua potable, un plato de comida
o un medicamento para curar a sus hijos antes que incursionar
en la explosión de las comunicaciones.
El desarrollo
tecnológico tiene una relación estrecha con
la evolución de Internet y recientes estudios indican
que la nueva información almacenada en soportes como
papel, películas, medios ópticos y magnéticos
alcanzó a cinco exabytes, que representan cinco millones
de terabytes, algo difícil de representar en términos
físicos.
Aunque el 92%
de la información se almacenó en soportes magnéticos,
sobre todo en discos duros, el uso del papel creció
en un 36% en el último trienio. La mitad de todo este
papel (que algunos agoreros pronosticaron que desaparecería
por la irrupción de la computación) en utiliza
en fotocopiadoras e impresoras. En 2002, la difusión
de información pro cualquiera de los medios habituales,
es decir telefonía, televisión, radio e Internet,
multiplicó su volumen por 3,5 respecto de la que se
encontraba almacenada en cualquier soporte.
Pero el desarrollo
tecnológico también tiene en cuenta a accesorios
tan comunes en una vivienda como los enchufes que conectan
a la red de electricidad. Miguel Fernando Bataller, profesor
de Comunicaciones de la Universidad Politécnica de
Valencia, pronosticó que en poco tiempo más
se podrá acceder a Internet a través de esas
conexiones, una experiencia que ya resulto exitosa en España
y Alemania.
La geografía
de Internet
En la actualidad,
cerca de 600 millones de personas tienen acceso a Internet
es decir que los privilegiados, que pueden consultar miles
de páginas, son una minoría en el mundo.
El destacado
pensador argentino Mario Bunge, doctor en ciencias físico-matemáticas,
quien expulsado por la dictadura militar instaurada en 1966
vive en Canadá, calcula que sólo una séptima
parte de la humanidad tiene acceso a las nuevas tecnologías
de la información.
«La cantidad
de información accesible es mucho mayor y la velocidad
con que se la puede conseguir ha aumentado enormemente»,
reflexionó Bunge en una entrevista, pero advirtió
que «necesitamos más tiempo para reflexionar
y menos para buscar información».
Respecto de
la denominada «sociedad de las imágenes»,
Bunge fue muy crítico en cuanto a quienes sostienen
que, principalmente la televisión, cubre las necesidades
de la gente en materia noticiosa y formativa.
«La imagen,
demasiado rápida, reemplaza al pensamiento, y aunque
se dice que una imagen vale por mil palabras, queda muy poco
de ella, se la olvida con facilidad. La imagen no tiene contenido
conceptual», apuntó.
«La mayor
parte del mundo está oculta a la vista, hay que conseguirla,
hay que imaginarla, hay que conjeturarla. Y la imagen nos
restringe las apariencias. La palabra (en cambio) puede trasmitir
conceptos, algo que la imagen no puede.
Y solamente
con conceptos se accede a la invisible, que es la mayor parte
del universo».
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