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Carta de Juan
Salvador Gaviota bajo la pluma de Jorge Alberto
Hola Amigos,
Continuo con la narración:
De modo que esto es el cielo, pensé,y sonreí.
No era muy respetuoso analizar el cielo justo en el momento
en que uno está a punto de entrar en él.
Al venir de la Tierra por encima de las nubes y en formación
cerrada con mis dos resplandecientes compañeras, vi que
mi propio cuerpo se hacia tan resplandeciente como el de ellas.
En verdad, allí estaba el mismo y joven Juan Gaviota,
el que siempre había existido detrás de mis ojos
dorados, pero mi forma exterior había cambiado.
Mi cuerpo sentía como gaviota, pero ya volaba mucho mejor
que con el anterior.
¡¡¡Vaya, pero si con la mitad del esfuerzo,
obtengo el doble de velocidad, de rendimiento, que en mis mejores
días en la tierra!!!
Mis plumas brillaban, ahora en un blanco resplandeciente, y
mis alas eran lisas y perfectas como láminas de plata
pulida. Empecé gozoso a familiarizarme con ellas, a imprimir
potencia en estas nuevas alas.
A trescientos cincuenta kilómetros por hora, estaba logrando
mi máxima velocidad en vuelo horizontal.
A cuatrocientos diez, pensé que estaba volando a tope
de mi capacidad, y me sentí ligeramente desilusionado.
Había un límite a lo que podía hacer con
mi nuevo cuerpo, y aunque iba mucho más rápido
que en mi antigua marca de vuelo horizontal, era sin embargo
un límite que me costaría mucho esfuerzo mejorar.
En el cielo no debería haber limitaciones.
De pronto se separaron las nubes y mis compañeros gritaron:
"¡¡¡Feliz aterrizaje, Juan!!!" y
desaparecieron sin dejar rastro.
Volaba encima de un mar, hacia un mellado litoral. Una que otra
gaviota se afanaba en los remolinos entre los acantilados. Lejos,
hacia el Norte, en el horizonte mismo, volaban unas cuantas
más. Nuevos horizontes, nuevos pensamientos, nuevas preguntas.
¿ Por qué tan pocas gaviotas? ¡¡¡El
Paraíso debería estar lleno de gaviotas!!! ¿
Y porque estoy tan cansado de pronto ? Era de suponer que las
gaviotas en el cielo no deberían cansarse, ni dormir.
¿Donde había oído eso ? El recuerdo de
mi vida en la tierra se me hacia borroso. La tierra había
sido un lugar donde había aprendido mucho. pero los detalles
se me hacían nebulosos; recordaba algo de la lucha por
la comida, y de haber sido un Exilado. La docena de gaviotas
que estaban cerca de la playa vinieron a saludarme sin que una
dijera una palabra. Solo Sentí que me daban la bienvenida
y que era mi casa Había sido un gran día, cuyo
amanecer ya no recordaba.
Giré para aterrizar en la playa, batiendo mis alas hasta
pararme un instante en el aire, y luego descendí ligeramente
sobre la arena. Las otras gaviotas aterrizaron también,
pero ninguna movió ni una pluma. Volaron contra el viento,
extendidas sus brillantes alas, sin que supiera él como.
cambiaron la curvatura de sus plumas hasta detenerse en el mismo
instante en que sus pies tocaron tierra. Había sido una
hermosa muestra de control, pero estaba cansado para yo intentarlo.
Durante los próximos días vi que había
tanto que aprender sobre el vuelo como en la vida que había
dejado. Pero con una diferencia. Aquí había gaviotas
que pensaban como yo. Ya que para cada una de ellas lo más
importante en sus vidas era alcanzar y palpar la perfección
de lo que más amábamos hacer: volar.
Eramos pájaros magníficos, todos, y pasábamos
hora tras hora cada día ejercitándonos en volar,
ensayando aeronáutica avanzada.
Durante mucho tiempo, me olvide del mundo de donde ´había
venido, ese lugar donde la Bandada vivía con los ojos
bien cerrados al gozo de volar, empleando sus alas como medios
para encontrar y luchar por la comida. Pero de cuando en cuando,
sólo por un momento lo recordaba.
Una mañana, mientras descansábamos, Rafael, mi
instructor, y yo en la playa, pregunte: ¿ Dónde
están los demás ? ¿ Porque no hay más
de nosotros aquí ? De donde vengo había miles
y miles de gaviotas.
Lo sé movió su cabeza Rafael afirmativamente.
La única respuesta que puedo dar Juan, es que tú
eres una gaviota en un millón. La mayoría de nosotros,
progresamos con mucha lentitud. pasamos de un mundo a otro casi
exactamente igual, olvidando en seguida de dónde habíamos
venido, sin preocuparnos hacia donde íbamos, viviendo
solo el momento presente. ¿ Tienes idea de cuántas
vidas debimos cruzar antes de que lográramos la primera
idea de que hay más en la vida que comer, luchar o alcanzar
poder en la Bandada ? ¡¡¡Mil vidas, Juan,
Diez mil!!! Y luego cien vidas más hasta que empezamos
a aprender que hay algo llamado perfección, y otra cien
para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfección
y reflejarla. La misma norma se aplica ahora si nosotros, por
supuesto: elegimos nuestro mundo venidero mediante lo que hemos
aprendido de éste. No aprendas nada, y el próximo
mundo será igual que éste, con las mismas limitaciones
y pesos de plomo que superar.
Hasta el proximo encuentro .
Jorge Alberto
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