|
EUROPA
SE DERRITE
por Graciela
Vera
El
dicho dice que cuando las barbas de tu vecino veas cortar,
las tuyas pongas a remojar. Pena que no siempre captemos a
tiempo los significados porque si la ola de calor sofocante,
estresante, acongojante, mortífero, catastrófico y cuántos
adjetivos de igual naturaleza podamos agregarle se traslada
al sur del Ecuador, al sur del planeta le aguarda una tórrida
Navidad.
Adquirir
en Europa un equipo de aire acondicionado o un simple y común,
ventilador, de pie, de mesa o de techo se ha tornado difícil,
desde que la demanda ha superado largamente a la oferta y
ya no decimos: “quiero tal marca y tal modelo” sino que suplicamos
casi de rodillas: “déme lo que le quede, no importa si al
ventilador le falta un aspa o el equipo de aire es de esos
que nadie quería en el pasado porque al conectarlo, el ruido
despertaba no dejaba pegar ojo a nadie en la familia, incluidos
los vecinos de los apartamentos contiguos.
Y
es cuando nos encontramos ante estos inconvenientes, cuando
nos damos cuenta de lo venturosos que son aquellos de quienes
nos reímos porque en lugar de esperar a que los precios de
los dichosos aparatos de ventilación bajaran, se lanzaron
a comprar en el momento que creímos (¿cómo podemos equivocarnos
tantas veces?) que eran marcados con el máximo.
Aquí
estamos en el hemisferio norte e Inglaterra, que como todos
saben, está también ubicada por estas latitudes, vive el tercer
verano más caluroso desde 1659. Lo cierto es que las temperaturas,
en toda Europa se aproximan a records históricos.

Ténganlo
en cuenta, allá por el sur, donde los fríos invernales mantienen
la cabeza despejada, porque hay que ver lo difícil que es
pensar cuando el termómetro hace semanas que superó los 35
y a las tres de la mañana ha de estar hoy por los 28 o 29.
Fijarse,
queridos amigos, como ya soy experta en calcular. Así como
hay quién puede calcular la hora con solo mirar el sol, yo
puedo decir cuánto calor hace sumando los litros de agua bebidos
en las últimas dos horas, a los vasos de fresco gazpacho ingeridos
en el día, multiplicándolos por el coeficiente de los gramos
de transpiración perdida en la última media hora, dividido
por las veces que miré hacia el ventilador pensando que se
había apagado, porque lo cierto es que aunque funcionan al
máximo, ningún electrodoméstico parece tener las agallas suficientes
para desterrar el infierno en que se está convirtiendo esta
mitad del planeta.
Y
eso de infierno es muy cierto porque las llamas están anunciando
las bocas del averno en buena parte del continente.
Tragedia
lo uno y lo otro. Muertes por un motivo y por otro.
Estamos
hablando del llamado primer mundo, con sus tecnologías de
punta que poco han podido hacer para prevenir y detener la
catástrofe. Sólo reconstruir para lo cual no tienen los mismos
trágicos problemas que asolan los países del sur en cada catástrofe.
Sus economías y socios de ese mundo de privilegio, les permiten
hacer frente a las decenas de millones de euros de pérdidas.
Las
temperaturas que ha debido soportar la mitad meridional de
España, rondando los 45º y las nada bajas del resto del país,
se han cobrado hasta hoy veinticuatro vidas. Además que en
nada han contribuido para detener el avance de los incendios
que azotan sin cesar distintas comunidades.
Sin
embargo es Portugal el país que atrae las miradas. Allí, en
15 de sus 18 distritos han sido devastadas más de 162.000
hectáreas con pérdidas valoradas en más de 900 millones de
euros.
En
Portugal no había equipos de última generación para luchar
contra los incendios forestales. Algo para tener en cuenta
en países como Uruguay donde todos los años se queman algunos
centenares de hectáreas de montes.
Paradójicamente,
el mes de julio fue uno de los más fríos de los pasados años
en Portugal y los 40º de agosto tomaron desprevenidos a sus
habitantes que deben luchar por igual contra el fuego y el
calor.
Eso
también sucede en Italia donde los incendios de Toscana en
el centro y Liguria en el noroeste avanzan hacia el sur ayudados
por un tórrido viento sahariano que también se ocupa de avivar
los fuegos de la isla de Elba.
Pero como las desgracias no vienen solas, para soportar
los más de 30º que se registraron en todas las grandes ciudades,
los italianos dispararon el consumo de energía eléctrica y
ésto viene originando numerosos apagones.
Aquí
encontramos otro deber para realizar por las latitudes del
sur cuando la próxima primavera de un respiro entre el consumo
de calefacción y el de aire acondicionado: prevenir los colapsos.
¿Creen
que el resto de Europa vive normalmente? En Francia una sequía
que dura ya seis meses ha obligado a restringir el consumo
de agua en 56 departamentos y la ola de calor que soporta
ha elevado a más de medio centenar el número de personas fallecidas.
Las
personas y animales necesitan agua pero también los bomberos
para combatir los enormes incendios que están convirtiendo
gran parte del sur galo en cenizas. Y ni siquiera nos ponemos
a pensar en las consecuencias futuras que pueden generarse,
ya que el calor y el bajo nivel fluvial, una cosa que ataca
y la otra que resulta imprescindible para enfriar las centrales
nucleares, han obligado a la Autoridad de Seguridad Nuclear
a autorizar el vertido directo del agua caliente de la refrigeración
de los reactores de algunas de éstas, a los ríos.
¿Quién
ha visto a Londres con 34º, Birmingham y Manchester ahogándose
con sus 33º o los 24 de Belfast y los 26 de Glasgow? Cifras
que realmente causan estupor por los sitios donde se han registrado.
Más
de 40º en Alemania donde el asunto se ha tomado con cierto
humor pidiéndosele al canciller Schroeder ‘que haga algo contra
la canícula’, aduciendo a la actuación casi heroica del gobernante
durante las inundaciones de hace un año.
¿Saben
porqué los Belgas tienen la piel tan clara? Porque en los
países fríos, donde hay pocas oportunidades de exponerse al
sol, las personas son más... bueno, digamos que más blancas,
pero ¿pueden decirme a que viene todo ésto si lo que importa
aquí es que Bélgica no se ha salvado del sofoco y aunque no
se ha alcanzado el récord de 38.8º de 1947, los 37º de Kleine-Brogel
y los 34,4º de Bruselas hacen que, en una población poco acostumbrada,
la sensación sea de ‘estar hirviendo’?
El
calor también parece haberse llevado el agua del Danubio.
El río más caudaloso de Europa apenas transporta 12.000 litros
por segundo, el caudal mas bajo en los últimos 160 años y
su Delta, en Rumania, sufre de una sequía que ha sido propicia
para que también allí el diablo haya metido la cola y 900
hectáreas hayan sido pasta de la llamas.
Ni
siquiera Croacia está a salvo de la ola de calor y de los
incendios que se extienden por la costa balcánica del Adriático.
Pero no crean que todas las caras están tristes ni que
en todos hay preocupación. Preguntarle a los hoteleros de
cualquiera de las ciudades que dan sobre el mar en la Europa
occidental, las que están a rebosar de visitantes. Preguntarle
también como les va en esta temporada a los fabricantes de
helados y bebidas.
A
eso que están pensando por el Cono Sur se le llama viveza
criolla pero ¿realmente creen que si la mitad de la población
se pone a fabricar bebidas y helados habrá suficientes compradores?....
Chicos, prevenir no significa eso.... con un ventilador por
habitación es suficiente.... no, en las escaleras del edificio
no es necesario que haya aire acondicionado....
Almería
agosto 2003
|