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Dos
modelos de país
DANIEL OLESKER
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Hoy, a fin
del peor año de la historia reciente de la economía
uruguaya, es un buen momento para reflexionar sobre el largo
plazo.
Sí,
aunque parezca paradójico, aunque haya quienes digan
que hay que discutir y acordar como enfrentar el hambre, y
más allá que, desde el punto de vista político,
esas acciones sobre la emergencia son imprescindibles, los
intelectuales tenemos la obligación de levantar la
mira para el largo plazo y debatir con la sociedad qué
modelo de desarrollo queremos para el largo plazo.
Más
aún si, como yo, estamos convencidos de que la crisis
actual y la emergencia en la que vivimos no vino de la nada,
ni fue sólo el resultado de un shock externo, sino
que fue el resultado inevitable de un modelo de crecimiento
excluyente que se impuso en la región a través
del llamado Consenso de Washington en los años 90.
Y por ello no queremos para el país salir de esta crisis
con un nuevo modelo excluyente que beneficie a unos pocos
y de una ficticia y transitoria mejora a la gente.
Y la teoría
tiene una larga tradición de debate sobre si el crecimiento
y la distribución deben ser simultáneas o primero
crecer para después distribuir.
En el Uruguay
desde el tristemente famoso discurso el entonces ministro
de Economía (1976) Valentín Arismendi ante el
Consejo de Estado donde justificó la política
de reducción salarial en la necesidad de concentrar
el ingreso para que los más ricos dispongan de dinero
para invertir, la idea de que la torta crezca para después
repartirla es la dominante. ¿Como nos dicen los liberales
que opera esta fórmula mágica?
Concentrar
el ingreso lleva a que los ricos dispongan de más dinero
y éstos ahorran más que los pobres. Ese ahorro
luego se transforma en inversión que genera empleo
y mejora la productividad y esta mejora se transforma en mayores
salarios para los trabajadores. Y por ende el crecimiento
inicial basado en la concentración del ingreso se transforma
luego en mayores empleos y más altos salarios y comienza
la redistribución de la riqueza.
2) La experiencia
uruguaya
Un reciente libro del profesor Luis Bértola, actual
decano de la Facultad de Ciencias Sociales, nos ilustra sobre
el largo plazo de la historia económica y social de
Uruguay. La evolución del producto refleja el crecimiento
económico, mientras que un país cuyas tres cuartas
partes de la fuerza de trabajo son asalariadas, la evolución
del salario real es un buen indicador de la distribución.
Podemos señalar
dos períodos:
a) Un período en que la economía uruguaya empezó
a crecer en el año 1943 en el marco del modelo de industrialización
sustitutiva de importaciones o mirado desde el ángulo
político el período del neobatllismo.
b) Un segundo período (previa transición del
estancamiento en los 60) que se inicia a comienzos de los
70 y que también se caracteriza tendencialmente por
el crecimiento económico.
En el primer
período la economía crecía y distribuía
al mismo tiempo. Es claro que la evolución de producto
y salarios es muy pareja durante todo el tiempo e incluso
en ciertos momentos corren los salarios por encima del producto.
En cambio en
el segundo período la brecha entre crecimiento y distribución
es apabullante. Ello con un primer período que es al
que hacíamos referencia en el discurso del ministro
de la época, en que el crecimiento fue a costa de la
reducción sustantiva de salarios y el porvenir de más
empleos y mejores salarios no sólo no vino, sino que
terminado el crecimiento en 1981 sobrevino la recesión
de 1982 que llevó el salario a su nivel más
bajo de la historia moderna y el desempleo llegó a
un récord sólo superado por la crisis actual.
O sea que allí la historia de crecer y después
distribuir fue eso: una historia.
Y luego un
segundo subperíodo donde hay crecimiento económico
muy por encima del de los salarios.
Y además
siempre es bueno recordar que lo recuperado en democracia,
pone al salario real al nivel de 1982, es decir sólo
se recupera lo perdido en la crisis del 82, pero lo perdido
durante la dictadura pasó al olvido o mejor dicho a
la acumulación de capital.
Por lo tanto
en la democracia y en particular en los 90 tampoco operó
la ley de "crecer primero para distribuir después"
Y eso que el discurso del ministro Arismendi se lo escuchamos
luego a los ministros Zerbino, Davrieux, De Posadas, Mosca
y Bensión.
Pero la realidad
es más fuerte que los discursos y crecer primero para
distribuir después de transformó en un CUENTO.
3) ¿Qué
expresaba cada modelo de país?
La historia de la segunda mitad del siglo XX en el país
nos muestra entonces dos modelos de país: por un lado
un modelo que crece y distribuye al mismo tiempo y otro que,
a cuento de distribuir después, crece concentrando
la riqueza.
Y he aquí
la diferencia entre ambos modelos:
El primero se caracterizaba por:
* Un Estado fuertemente regulador de la actividad productiva,
de los precios y de los mercados
* Una determinación negociada de los salarios a través
de los Consejos de Salarios creados en 1943
* Un conjunto de ingresos adicionales a los trabajadores como
asignaciones familiares (verdaderas no yutas como las de ahora)
creadas por ley en ese mismo período
* Una protección del Estado a la producción
nacional.
* Empresas públicas potenciadas que al mismo tiempo
que desarrollaban producciones estratégicas universalizaban
los servicios públicos.
* Todo lo anterior potenciaba el mercado interno y permitía
un desarrollo social equilibrado.
El segundo,
el de los 70 para acá que hemos llamado en nuestros
trabajos modelo LACE (liberal, aperturista, concentrador y
excluyente):
se ha caracterizado por
* Un Estado que ha desregulado la actividad productiva, liberalizado
los mercados y permitido un mayor dominio de los oligopolios
nacionales e internacionales
* Una desregulación laboral creciente sin convocatoria
a Consejos de Salarios y con tolerancia a la represión
sindical.
* Una pérdida de valor real para los beneficios sociales
creados en aquella época a través de la reducción
sustantiva del salario mínimo nacional respecto al
cual se fijan dichos beneficios.
* Empresas públicas que se las debilita y se las pretende
privatizar de hecho o de derecho.
Por todo ello
es que el debate de hoy no es reactivación sí
o no, sino cómo reactivamos. El gobierno en la soledad
de sus ideas en el foro organizado por ACDE, nos habló
de profundizar el modelo de los 90, pues nos planteó
más desregulaciones y más contracción
del mercado interno en un marco de un modelo de crecimiento
cuya única tabla de salvación son las exportaciones
que crecerán a costa de bajar más los salarios.
En cambio desde
el movimiento sindical y más allá de las propuestas
de emergencia que hemos planteado, proponemos un modelo en
donde EL CRECIMIENTO Y LA DISTRIBUCIÓN se den simultáneamente,
donde EL MERCADO INTERNO Y EL EXTERNO SE COMPLEMENTEN Y DONDE
EL ESTADO ASUMA EL ROL ESTRATEGICO DE ARTICULACION ECONOMICA
Y DE FACTOR DE REDISTRIBUCION DE LA RIQUEZA.
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