En el cumpleaños de
su Majestad
España... Palacio Real. Cena de celebración del
cumpleaños de S.M. el Rey. Asisten a la cena personalidades
de la realeza y de la política... Mientras que los invitados
se sientan a la mesa, deslumbrados por el lujo de la mesa, Ana
Botella (la Sra. de Aznar) le dice a su marido:
"¡Ay, JoseMari, mira qué cubiertos más
monos, de oro puro con brillantes y esmeraldas incrustados.
¡Anda, por fa, llévate uno de recuerdo. Yo tengo
que tener uno de esos en mi casa."
"Pero, Ana, por favor..."
"¡Ni por favor, ni nada! Tú te vuelas un cubierto
ahora mismo."
"Bueno, bueno, no te pongas así..."
Entonces, el presidente, disimuladamente, toma un cuchillo y
se lo guarda en en la bolsa del pantalón. Justo enfrente
del matrimonio Aznar, se encontraban al otro lado Jorge Batlle
y su esposa, quienes vieron la faena. Martita, envidiosa, le
dice a su marido:
"Anda, Jorgito, cariño, vuélate tú
uno para mí."
"Pero, Martita, por Dios, ¿cómo voy a hacer
eso?"
"Que yo quiero uno; si la Botella va a tener uno, yo también.
Y no me discutas."
"Bueno, lo que tú digas..."
Así que con el mismo disimulo que Aznar, Batlle se dispone
a coger el cuchillo pero su mano se atonta y el temblor lo traiciona
con tan mala suerte que el cuchillo golpea varias veces una
copa... clin, clin, clin...
Se hace un silencio, y Batlle, azorado, se levanta, y para salir
del paso alza la copa y dice:
"Brindemos por su Majestad, el Rey Don Juan Carlos, porque
cumpla muchos años más."
Todos brindan y Batlle se sienta, aliviado.
"De verdad, Jorge, qué torpe eres. Pero yo no me
quedo sin mi cuchillo, así que ya te lo vas guardando
a ver en dónde."
Así que, otra vez, se dispone a coger el cuchillo, pero
nuevamente su mano le traiciona y vuelve a golpear una copa....
clin, clin, clin...
Una vez más, se hace un silencio sepulcral, por lo que
Batlle tiene que ponerse de nuevo en pie y dice:
"Un brindis por su Majestad, la Reina Doña Sofía.
¡Por ser tan buena anfitriona y estar tan guapa!"
Todos brindan y Jorgito se siente de nuevo aliviado.
"¡Eres un inútil! ¡No eres capaz de
robarte ni un miserable cuchillo para mí!"
"Pero es que..."
"¡Ni es que, ni nada, quiero mi cuchillo y lo quiero
¡HOY! ¡HOY! ¡HOY!"
Así que Jorge Batlle, ante la furia de su mujer, decide
volver a intentarlo, pero... clin, clin, clin...
Silencio total, sudores fríos recorren su frente. Se
pone en pie, y viendo la cara de sargento mal pagado de su esposa
dice:
"Permítanme que les haga un truco de magia. ¿Ven
este cuchillo que tengo en mi mano? Pues lo voy a desaparecer.
Lo introduzco en mi chaqueta, doy unos pases mágicos
y... ¡flus, flis, flas! ¡A ver Aznar, chécate
la bolsa de tu pantalón!"