" Haz de Internet una gran plataforma de comunicación, no la conviertas en una cloaca de maldad" preHacker.Hacker Digital.
Año I - Nº 35 - Uruguay, 18 de julio del 2003

Desde las Islas
Voto Consular - Justo o Injusto
Aduanas en la Frontera
Dicen que cuando el río suena....
Ojos Uruguayos en el Brasil
Las Hogueras de Alicante
Invasión al País de los Hombres
Recuerdos del Ayer
Las Neuronas de los Recuerdos
El Interior También Existe
Rincón de Sentimientos
Olvidémonos de las Pálidas
Correo de Lectores
El Marinero
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

LAS HOGUERAS DE ALICANTE

El fuego fue uno de los hallazgos que impulsó a la humanidad hacia adelante en su búsqueda constante por mejorar sus condiciones de vida. Hoy el ritual del fuego ha cobrado en las sociedades occidentales una importancia simbólica, sobre todo en ciertas regiones. Con el fuego se queman las "las malas ondas". Festejar San Juan -por ejemplo- es una oportunidad para los españoles que no pasa desapercibida para el extranjero, sobre todo si se encuentra en la ciudad de Alicante.

Durante todo un año se desarrolla la tarea de organizar por barrios -más de 80- la actividad que a diferencia del resto de España tendrá su climax el mismo 24 de junio, y no en las llamadas vísperas de San Juan, cuando el resto de España festeja ese santo, quemando muebles y trastos viejos. En Alicante se ha convertido la fiesta de las Fogueres en algo que trasciende fronteras y atrae cada vez más a turistas de dentro y fuera de España.

La otra intensa y estruendosa característica de esta larga fiesta es el uso indiscriminado de petardos en las calles y plazas. No hay rincón donde no estalle un chino, los petardos más populares, o aún otros más fuertes que hacen vibrar los vidrios de las ventanas.
Niños de todas las edades se diviertan haciendo estallar todo tipo de explosivos, con la anuencia y apoyo de sus padres. Así puede verse a un papá o a un abuelo alcanzarle al chico de tres o cuatro años lo que me imagino sería el primer petardo para que lo lance, y se sume a la gran orgía de explosiones. La cifra de quemados por estos petardos es muy alta, según comenta la gente, pero las autoridades parecen no mosquearse porque los chicos se quemen las manos, pierdan un ojo o se achicharren el pelo por culpa de la pólvora.La prensa tampoco paece interesada. Nunca pude leer o escuchar en los medios alguna cifra que revelara la dimensión del problema.

Si en cualquier otro lugar los perros paralizarían de miedo por lo fuerte del estallido de la pólvora, en Alicante parecen divertirse y no reaccionan escondiéndose en el último rincón del planeta. Nunca vi perros más indiferentes a las explosiones, ni siquiera ladran, lo que habla por sí mismo de lo asumida que tienen la cultura de la pólvora.

La gran plamera blanca
La gran fiesta se inicia formalmente una semana antes del 24 de junio con una gran palmera de fuegos artificiales sobre la fortaleza de Santa Bárbara, en el cerro de Benacantil, que domina toda la ciudad. Luego seguirán las explosiones todas las tardes en los barrios, las llamadas mascletás, donde los artificieros llenan una calle o una plaza con poderosos petardos, a los que hacen estallar en forma ordenada y controlada. Según los responsables de esta orgía de explosiones, hay que escuchar con atención las variaciones y ritmos para reconocer la habilidad de los autores del polvoroso concierto.

Al mismo tiempo comienzan esos 80 barrios organizados en activas asociaciones o racós a montar la fiesta y sus llamados monumentos, que no son otra cosa que figuras y piezas de cartón y madera, que serán quemados la noche del 24. En Alicante no se queman los trastos y muebles viejos, sino que se queman esos enormes monumentos con los temas más diversos y fantasiosos que puedan imaginarse, y cuya altura puede alcanzar hasta el techo de un edificio de cinco pisos. Cada barrio contrata a un artista que pone todo su empeño e imaginación para construir un grupo de figuras y símbolos que representan o bien figuras abstractas o simbólicas, o bien personajes de la literatura, el cine o el teatro, mezclados irónicamente con los personajes de la vida política, deportiva, de la industria del entretenimiento de la ciudad o nacionales. A las figuras acompañan textos en español o valenciano, donde en forma de verso se explica la intención o el porqué de esa escena donde las figuras cobran vida. Los niños también tienen al costado del monumento de los adultos, su propio escenario de figuras. Nadie escapa a la magia de las fogueres.

La fiesta del barrio
Los racós organizan al mismo tiempo la fiesta del barrio, y tres días antes de San Juan, se ocupa una calle con mesas, sillas, un bar y un escenario donde una orquesta o grupo musical animará la noche, mientras grupos de amigos, vecinos y familias engullen los sabrosos platos preparados, y beben cerveza o vino u otras bebidas más espirituosas. Estas barracas, como se las llama aquí, son exclusivas para los miembros de la asociación, y todas están cercados prolijamente para que los participantes estén obligados a entrar por la única puerta que tiene la barraca, y así ser reconocidos. Claro que los miembros pueden invitar a gente de otro lugar, pero esto también se hace de forma controlada.

Y mientras en los barrios la actividad es febril preparando toda esa infraestructura, desfilan practicamente todas la noches las bellezas y la reina de las Hogueras por las principales calles de la ciudad. Otro procedimiento que lleva semanas porque son cientos de chicas que se presentan con la ilusión de ser elegidas. En carrozas preparadas especialmente para esta ocasión, la reina y su séquito saludan desde las alturas al admirado público que ve pasar tanta joven bella, con la mueca de una sonrisa que ya hace rato a dejado de ser natural. Y no es para menos, porque vestidas con bellos y largos trajes típicos regionales, cargados de lentejuelas y otros adornos, estas chicas se desplazan durante todo el día a ceremonias oficiales oraganizadas por el Ayuntamineto y su alcalde, el cual pasea su enorme panza por plazas y edificios públicos estrechando manos a diestra y siniestra, acompañado por las acaloradas bellezas, que soportan estoicamente los 30 o más grados de calor que acostumbran a hacer en la ciudad en esa época.

Por la noche acompañarán el desfile de los barrios, cuyos participantes se disfrazan con distintos trajes que pueden ir desde un ejército de piratas hasta una corte faraónica, por nombrar sólo dos ejemplos. Decenas de estos disfrazados -también de todas las edades- integran las representaciones de los barrios, cuyos miembros también han diseñado y cocido cada traje en esa red de vecinos que año a año disponen de una enorme cantidad de horas para llevar a puerto el proyecto, y competir por los jugosos premios que la alcaldía y organizaciones privadas reparten entre los participantes.

Cada noche de esa semana es cerrada por unos 30 minutos de fuegos artificiales que se lanzan desde la playa, iluminando de colores y explosiones poderosas el cielo alicantino, agregando una nueva carga de pólvora al ambiente, por si alguien no se había enterado de que la ciudad estaba de fiesta.

La despertá y la quemá
La fiesta de las barracas acostumbra prolongarse hasta altas horas de la noche o mejor dicho hasta la madrugada. Es raro conseguir durante esos días tener la tranquilidad necesaria para descansar si es que uno no participa de ellas. Pero la jaranga no termina con la retirada del último de los juerguistas, sino que apenas iniciado el día, se inicia la despertá, lanzándose al aire varios cohetes que explosionan con fuerza sobre los edificios y casas, al mismo tiempo que la orquesta del barrio entona distintas marchas tradicionales, recorriendo las calles del barrio en distintas direcciones, al mismo tiempo que se siguen lanzando cohetes al aire para que nadie inore que la fiesta continúa.

En estos días mucha gente cierra sus negocios y da vacaciones a sus empleados. Los que trabajan lo hacen a desgano, ya que no pueden evitar participar de una u otra manera de la fiesta. Incluso los desinteresados de la misma no pueden mantenerse sordos ante tanta bulla. Por fin llega el 24 como una bendición y la hora de la quemá se hace realidad. Controlada por los bomberos se quema el primer monumento, el ganador que este año recibió la friolera de 80 000 euros de premio. Una suma que en realidad cubre más o menos los gastos del material y el trabajo del artista. Las llamas devoran el monumento poco a poco, mientras los bomberos lanzan con sus mangueras gruesos chorros de agua a las paredes de los edificios cercanos para evitar los incendios. La gente reunida en las cercanías les reclama a gritos que los mojen y refresquen, a lo que acceden de buena gana, dirigiendo los chorros de agua hacia la multitud agradecida y acalorada. Por último el orgulloso monumento se desmorona y sólo quedan cenizas que son cubiertas con arena por los bomberos, que rápidamente son recogidas por camiones especiales.
- Es este realamente el último día de fiesta?, le pregunto aliviado a un vecino mientras juntos vemos apagarse las últimas llamas de la hoguera.
- Qué vá, ahora festejaremos San Pedro! responde con una sonrisa mientras levanta su espumeante copa de cava.

Alberico Lecchini
2003-07-10


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