TESTIMONIO
DE LOS MOAIS
Por: Walter
Amaro - Sydney/Australia
Muchos de nuestros
hermanos que arribaron a estas tierras llegaron en momentos muy
particulares. Australia necesitaba poblar su territorio y, para
nuestra suerte, su póliza de migraciones coincidía
con una serie de condiciones ampliamente favorables para los sudamericanos.
Luego las cosas irían cambiando paulatinamente, o mejor
dicho, la política migratoria tuvo un giro insospechado
y, hoy por hoy, solamente un milagro obraría el poder de
abrir las puertas al flujo migratorio de nuestro país.
El porqué es ya un poquito más difícil de
explicar.
De todas formas
los gobiernos que se alternaron en el poder esgrimieron las mismas
teorías. Al decir popular, "siempre fue el mismo perro
con diferente collar".
Por los años '70 inclusive se subvencionaba la llegada
de emigrantes: pasaje, acomodación en albergues temporarios
que incluían alimentación, servicio de salud gratuito,
pago por desempleo, enseñanza del idioma inglés,
servicio de traductores, etc.

Por aquellos
tiempos, y con unas pocas chirolas en el bolsillo, nos lanzábamos
a la aventura. Un avión de Aerolíneas Argentinas
partía con algunos temerosos uruguayos que cruzamos el
Plata con la intención navegar por más de 10.000
kilómetros al encuentro de una nueva vida y un nuevo continente.
Hacíamos adiós a las luces montevideanas preguntándonos
si algún otro día volveríamos a reencontrarnos
con ese cachito de tierra con el cuál nos tratamos de ché
vos con suma frecuencia. De Argentina a Chile, cambio de avión,
y un viejo Boeing 737 fue el nuevo mensajero qué, cuando
levantó su nariz buscando la Cordillera de los Andes, nos
indicó claramente que ya no había arrepentimiento,
los dados habían comenzado a rodar.
En la actualidad,
simplemente el hecho de tratar de llegar como turista se convierte
en toda una odisea. Especialmente si se viene de países
como el nuestro, afectados por una severa crisis económica.
Los planes de reunión familiar y tantos otros, que nos
permitían acercar a nuestros familiares más directos
sufrieron cambios radicales.
Quizás valga la expresión en este punto, recordar
que los glotones, luego de haber saciado su gula, comienzan a
separar en el plato lo que menos le gusta. Hoy hace falta hablar
correcto inglés, por supuesto gozar de buena salud, tener
una ocupación estratégica necesaria, etc. etc. Lo
más descabellado del caso es que se fijan mucho en una
buena situación económica. También influye
si se tiene una familia numerosa, si somos jóvenes, si
tenemos familiares en este país y bla bla bla. El puntaje
requerido para ser aceptado como residente es tanto o más
difícil que llegar a nado a estas costas.

Por suerte,
nosotros habíamos superado todos los trámites. Resultó
bastante molesto pasar por tantas entrevistas, papeleos y todo
lo demás, pero nada fue tan degradante como la revisación
médica de rutina, donde se debe tolerar que lo examinen
hasta en las partes más íntimas. Eso había
quedado atrás. Ante nosostros se descubría un puntito
en el Pacífico qué, a medida que nos acercamos,
resultó ser la Isla de Pascua (o Rapa Nui). Destino inmediato
de Nueva Zelanda, desde donde luego llegaríamos a Australia.
La Isla de Pascua
está situada en el océano Pacífico y es la
más oriental de las islas polinesias siendo anexionada
a Chile en 1888. Se encuentra a unos 3.791 kilómetros del
continente americano y constituye una provincia de Vª Región
(Valparaíso). La isla es de origen volcánico y una
de las particularidades más características son
justamente sus volcanes y sus enigmáticos moais.
Lo que más llama la atención en Isla de Pascua son
los cientos de estatuas (moais) enormes diseminadas a lo largo
de la geografía de la isla e incluso el cómo decenas
de ellas han quedado sin terminar. Se dice que teóricamente
la antigua sociedad rapa nui desarrolló complejas y variadas
metodologías para la fabricación, transporte y colocación
de los moais: grandes bloques de piedra volcánica que semejan
a una cabeza y torso humano, con un promedio de 10 toneladas de
peso, aunque la más grande, nombrada " El Gigante
" tiene una altura de 21,60 metros y pesa aproximadamente
145 toneladas.
En aquel entonces
no pudimos disfrutar de todo esto. Cada vez estábamos más
lejos y más asustados y, sobre todo, estos colosos de piedra
nos acercaban más a lo infinito, haciéndonos dudar
entre lo real o lo irreal. Estar allí es como estar en
contacto con civilizaciones desaparecidas imaginando voces y tratando
de descubrir los tremendos misterios de la humanidad. Fue necesaria
otra visita para dimensionar el encanto de aquella cultura.
Pero a todo esto nos apasionamos de tal forma que olvidamos nuestro
objetivo.
Les decía
que esto de los refugiados no es el único problema. El
Ministro de Migraciones Philip Ruddock no es una figura muy popular
a los ojos de la población y sus encuentros en el senado
traen frecuentemente aparejado consigo, temas de discusión.
A todo esto la política del gobierno de John Howard ha
discriminado consecuentemente, a cuanto refugiado ha tratado de
llegar a territorio continental por mar. Como se recordará,
el incidente de los náufragos rescatados por el carguero
"Tampa" ocupó la portada de los tabloides del
mundo entero. Y, a todo esto, nuestro ministro de migraciones
ni fu ni fa. Lo que se dice, tiene cara de madera. Por lo menos
no se le ha visto sonreír desde que asumió la cartera.
Inclusive se esgrimieron falsas fotografías de refugiados
lanzándose al océano con sus hijos, haciéndonos
creer que intentaban suicidarse si no se les permitía la
entrada a territorio australiano. Con este acto, pintando de villanos
a los refugiados, se logró confundir a la ciudadanía
y les posibilitó ser reelectos por un nuevo período
electoral.
Las tácticas
y teorías aplicadas en cuanto a los refugiados son muy
discutibles. Mientras los ilegales que llegan a nuestras costas
son detenidos y hacinados en verdaderos campos de concentración
a la espera de una resolución, los defensores de los derechos
humanos ha recurrido incluso a la violencia para tratar de agilizar
una salida al problema. Se cometió inclusive la imprudencia
de liberar a los refugiados por asalto, ignorando las leyes federales,
cosa que honestamente tampoco compartimos. Por otra parte se permite
el ingreso de refugiados que no reúnen los más básicos
requisitos, amparados en acuerdos que en la mayoría lleva
un claro tinte comercial.
Esta semana
el Parlamento vuelve a debatir el tema de los refugiados y la
tremenda injusticia de tener detenidos a los niños junto
con sus padres. Los menores están en centros de detención
ubicados en casos en pleno desierto australiano, donde las altas
temperaturas sobrepasan frecuentemente los 45 grados. Otros refugiados
detenidos en aguas internacionales, han sido trasladados a islas
de la Polinesia, en una estrategia diseñada por el gobierno
para no reconocer su llegada a territorio continental y cambiar
el estatus de los refugiados.
Que triste,
¿no cree? emplear las islas para fines tan perversos cuando
todo allí respira pureza. Los moais, con los que todo el
mundo posa en sus fotos turísticas cuando viaja hasta ese
rinconcito del Pacífico, están un poco más
alejado de estas otras, pero son parte de esta arquitectura monumental
religiosa con la que los polinesios rindieron culto a sus ancestros.
Cuando los primeros europeos llegaron a la isla (en 1772), los
moais estaban en pie. Cincuenta años más tarde,
estaban todos desmoronados. Seguimos tropezando con la misma piedra,
¿no le parece?