|
El Rincón de los Recuerdos
|
EL
MEDICO DE LA BARCA"PUIG"
|
 |
No fue poca suerte
la deparada a los deportados de la barca "Puig", cuando
el gobierno motinero de 1875 designó como médico del
mal rebautizado "Transporte de guerra nacional", al Dr.
José Campana.
Gracias a este nombramiento los ciudadanos en camino a La Habana,
llevaron consigo no sólo un facultativo capaz sino un hombre
honrado y comprensivo, de ideas liberales, que no tardó en
ser amigo de los presos políticos, convirtiéndose
- puede decirse - en el deportado Nº16.
Antes de que los forzados viajeros hubiesen podido descubrir a su
médico, mirado con desconfianza desde el primer día
de marcha, el Dr. Campana ya tenía mostrado su fondo moral
en una comunicación enviada al gobierno desde el puerto de
Maldonado el 1º de marzo, tres días después de
levantar anclas de Montevideo.
Bien se guardó el Ministro de Guerra, coronel Lorenzo Latorre,
de dar publicidad al oficio del Dr. Campana, considerado en la época
y con justa razón "como una de las piezas más
importantes del proceso criminal a que debe sujetarse un día
a los autores del grande atentado".
Porque, a raíz del motín de 1875, los ciudadanos honestos
abrigaban la esperanza de que la hora de la justicia llegaría
y que a la condenación sin levante de la historia tendrían
que unirse más tarde o más temprano las penas que
marca la ley a los que atentan contra la Constitución y las
libertades de la República.
Era lo que imaginó el Dr. Julio Herrera y Obes respecto al
dictador Latorre: aprehenderlo, ponerlo a disposición de
la justicia ordinaria y hacer cumplir derechamente la sentencia
de los jueces.Obedeció a tan saludable propósito -
y esto lo oí yo de boca del mismo ilustre ciudadano - el
haber seguido el hilo de los conspiradores del 11 de octubre.
Pero Latorre, desconfiadísimo como era, no se movió
de Buenos Aires, contra lo que esperaban sus compañeros de
complot.
La nota prealudida del Dr. Campana, que el ministerio mantuvo en
reserva, empezaba así: "En mi calidad de médico
de a bordo del buque nacional Puig que conduce a los deportados
políticos y piquete que les sirve de custodia, es de mi deber,
antes de tomar definitivamente el mar, hacer presente al Gobierno
a cuyo servicio estoy que, por lo que veo y experimento en los días
de navegación que llevamos hasta el punto, no me es posible
dejar de augurar una travesía expuesta a muy serios desagrados
y accidentes en las gentes que están bajo mi cuidado médico.......Me
refiero Sr. Ministro, a las condiciones de higiene en que la estrechez
y ninguna comodidad del buque coloca a sus habitantes, destinados
a realizar en insuficiente y malsano espacio una travesía
larga, durante la cual se han de cruzar latitudes más peligrosas,
propensas al desarrollo de enfermedades epidémicas y esporádicas,
peligrosas aún para buques que reúnen todas las condiciones
higiénicas necesarias, pero muy especialmente en casos como
este en que nos vemos colocados".
En el caso "poco improbable" de que se desarrollara cualquier
enfermedad contagiosa, las condiciones anteriores darían
al evento un carácter muy serio.
Los deportados mal acomodados, continuaba diciendo, al menos estaban
bajo techo y al abrigo en días y noches de malos tiempos
aunque no para un desdichado caso de enfermedades.
"Pero la tropa - transcribo al Dr.- viene en peores condiciones
y no es posible subsanar su situación. Esta gente está
condenada a pasar su vida a bordo arriba de cubierta o hacinados
en condiciones tales, llegado un caso de mal tiempo, que no trepido
en afirmarlo será de peligrosas consecuencias, no sólo
para las gentes como las que forman la tropa, sino por influencia
que cualquier enfermedad desenvuelta en ésta, tenga sobre
los demás tripulantes y pasajeros de este buque".
El Dr. Campana, que propugnaba con éstas palabras por las
comodidades y el bien generales,no tenía a bordo de la barca
Puig ni camarote ni techo alguno bajo el cual abrigarse.
Sus compatriotas y sus amigos admirábanse de la tranquilidad
no exenta de vaga satisfacción con que recibió la
órden de tomar sitio en la sucia barca del catalán
Juan Puig.
Emigrado al Río de la Plata después de la derrota
de Mentana, era el Dr. Campana el año 75 médico de
sanidad en la Capitanía de Puerto , y embarcó con
los deportados antes que por deber de su cargo por fuerza de su
temperamento íntimo.
De no mediar ésta última circunstancia no hubiera
carecido de amistades e influencias - era muy amigo del coronel
Gaudencio - para hacerse sustituír por otro facultativo auténtico
o titulado.
Hablando del médico que les deparó el destino, uno
de los deportados lo retrató en esta semblanza: "El
sello de su carácter es una impaciencia febril que tiende
a renovar, tanto como puede, los horizontes y las escenas en que
se desenvuelve su prodigiosa actividad.
"Su imaginación inquieta no se detiene mucho tiempo
en un objeto, pero bástale generalmente poco tiempo para
darse cuenta de lo que reclamaría estudio y meditación
a la generalidad de los hombres. Así nos explicamos su profesión
científica en la que ha acreditado idoneidad y competencia,
y a cuyos recursos han tenido que apelar casi todos los deportados,
el coronel Courtin y muchos de los individuos de la guarnición
y de la tripulación de la barca".
El viaje de la Puig le proporcionó ocación de correr
aventuras romancescas y al mismo tiempo hacer bien: Eso bastaba
al alturista médico garibaldino.
Los deportados demoraron en tratarlo una buena porción de
días.
Campana, refugiado en un estrecho compartimiento de popa, "parecía
un ave en su jaula".
Después de la comisión de Courtin le confió
en Cabadelho aparecieron recién sus estimables calidades
de hombre y de médico.
Juzgando por la constancia original que doy más abajo, copiada
de los papeles del Ministerio de Guerra (mes de marzo de 1875. Archivo
Gral de la Nación) el equipo sanitario del Dr. Campana debía
ser poco abundante.
"A.A.Demarchi Hnos. y Cía $146.50. importe del botiquín
de la corbeta oriental Puig, pedido por el cirujano mayor del Ejército
Dr. D.Carlos Querencio, el 24 del ppdo. febrero"
En calidad de practicante llevaba a sus órdenes a José
de la Rocha, andaluz con algunos estudios, que había prestado
servicios en la armada española, y por esa época empleado
en la sanidad portuaria.
Este José de la Rocha, hombre de excelente humor y guitarrero
es el practicante D.José amablemente aludido por Agustín
de Vedia en su clásico libro, aunque sin dar su apellido.
"Este importante funcionario tenía a su cargo -dice-
la desinfección del buque, la que se verificaba dos veces
a la semana. Armado de un balde de agua salada sobre la cual dejaba
caer unas gotas de ácido fénico, penetraba en la bodega,
y , sin respetar colchones ni almohadas, esparcía a manos
llenas su líquido bienhechor!".
De la Rocha, chancero como buen andaluz, colaboró con los
deportados en cierta broma a base de desinfectantes de que fue objeto
la mujer de Juan Puig, aquella malhumorada Dña Agustina,
que tanto había hecho por infernarles un poco más
el maldito viaje.
El Dr. Campana había nacido en Italia, en Sabioncello, población
del antiguo ducado de Ferrara, el 26 de julio de 1837, teniendo
entonces 38 años cuando se embarcó para La Habana.
En la Universidad de Ferrara obtuvo sucesivamente los títulos
de farmacéutico y médico. Alistado como voluntario
a las órdenes de Garibaldi, hizo la campaña libertadora
de los Cazadores de los Alpes, el año 1859.
En la expedición contra Rosina, trágicamente terminada
en Mentana, también sirvió a las órdenes del
Libertador, y distinguióse como oficial del 8º regimiento
en la sangrienta jornada de Monte Rotondo. Campana se contó
entre aquellos médicos y estudiantes de medicina que se negaban
a ser tales por no salir de las filas de fuego y tener que ir a
retaguardia a curar heridos, en lo más vigoroso del ataque,
encarnizados como perros en forzar las posiciones enemigas.
Por tales servicios de armas llegó a tener el grado de teniente
en el ejército de su país, y a ostentar en el pecho
las condecoraciones italianas de la Independencia, y la francesa
de la campaña de Italia. El año de 1869, el Dr. Campana
arribó al Río de la Plata, y habiendo ejercido la
carrera en Montevideo unos pocos meses, al año siguiente
se trasladó a Rosario argentino.
Sin embargo, la corta permanencia en nuestra capital tuvo sobre
su ánimo una influencia decisiva, y en 1872 retornó
a la República, dónde sus relaciones lo acogieron
de modo excelente, buscando que se pudiera arraigar en el país.
Obtuvo, merced a esos buenos oficios, un cargo de médico
en la Capitanía de Puerto.
Tres años más tarde hizo la aventurada travesía
de Montevideo a Charleston como médico de la barca Puig,
y regresó de Norteamérica el mismo año de 1875,
a tiempo para curar a los heridos gubernistas, destrozados por los
fusiles Remington que los deportados habían comprado en Estados
Unidos, y que emplearon luego en la Revolución Tricolor.
Se sabe el estrago que causó en las filas gubernistas la
bala del Remington. En el combate de Perseverano, dónde los
revolucionarios del bravo y caballeresco coronel Julio Arrué
derrotaron a los batallones del coronel Gaudencio, el campo de la
lucha- según un testigo presencial- quedó como arado.
La puntería un poco baja de los infantes de la Tricolor produjo
en las extremidades inferiores de los pobres soldados - a la fuerza
- del gobierno, impresionantes heridas, que aparejaban en notable
porción de casos, la amputación y la muerte.
Luego de rendir buenos servicios a la Sociedad Filantrópica
Masónica en días de epidemia, el Dr. Campana aparece
de nuevo en el vecino país, acompañado del coronel
Gaudencio en una etapa revolucionaria en Buenos Aires, en junio
de 1880.
Gaudencio, antiguo compañero de los "candomberos del
75", corrido por Latorre, andaba metido en política
en su provincia, pues como sabemos, Gaudencio era porteño.
Dueño un momento de cierta posición dominante, designó
al Dr. Campana médico de la Comandancia Militar de la Boca
del Riachuelo.............
Es la última y breve etapa del Dr. Campana movimentada de
la existencia de nuestro médico. En 1880 el gobierno del
Dr. Vidal extendió a su favor una patente de cónsul
del Uruguay en Génova.
Allí permaneció el Dr. Campana un cuarto de siglo,
casi día por día, viniendo a fallecer el 11 de marzo
de 1905- decano del cuerpo consular- en una villa de Querto, frente
a los gloriosos escollos de dónde había partido la
expediciòn de los Mil.
Su adhesión y su amor a esta tierra que había querido
como suya y dónde nació su único hijo, llamado
Américo, lo demostró el Dr. Campana en toda ocasión
en que fue preciso.
Inspirado por estos sentimientos, escribió un opúsculo
"L´Uruguay, Appunti e note", dónde rebatía
tendenciosas y equívocas afirmaciones hechas en Francia y
publicó reiterados artículos de propaganda nacional
en diarios y revistas.
Fue presidente de la Comisión Uruguaya de la Exposición
Internacional de Génova en 1892.
El gobierno del general Tajes, en 1890, en mérito a sus servicios
al país, designó al Dr. Campana teniente coronel honorario
del ejército nacional, en el arma de infantería, dándole
los correspondientes despachos.
José María Fernández Saldaña
Alvaro Kröger
|