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SIMPLEMENTE
UNA HISTORIA DE EMIGRANTES
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por
Graciela Vera
Periodista independiente
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La
noticia importa porque por alertar nunca nos quedaremos
callados.
Perú,
al igual que Chile tiene un Tratado con España plenamente
vigente y aceptado por el gobierno español. No obstante
esto no resulta tan sencillo a los peruanos ni a los chilenos
conseguir su status de emigrante legal. Ni lo será para
los uruguayos, como pueden creer quienes piensan que con
lograr el pleno reconocimiento por parte las autoridades
españolas del Tratado de 1870 firmado entre Uruguay y
este país y que el de 1992 no hace otra cosa que consolidar,
quedarán automáticamente abiertas las puertas de España
para todos los uruguayos que hagan las valijas y pretendan
desembarcar en Barajas.
Tengamos
presente que los peruanos siguen necesitando “la oferta
o contrato de trabajo” y de este requisito se aprovechan
ciertas mafias para los que un emigrante representa solamente
un instrumento para ganar dinero fácil.
La
noticia en cuestión fue publicada el 16 de este mes en
el diario local El Ideal y dice textualmente:
En Almería han pasado a disposición judicial cuatro
personas detenidas por elaborar ofertas falsas de trabajo
para venderlas a inmigrantes en Perú. Se trata de un empresario
almeriense de 38 años y tres ciudadanos peruanos afincados
legalmente en la provincia
A
los detenidos se les imputaron delitos de falsificación,
estafa y, contra el derecho de los trabajadores y ciudadanos
extranjeros en España.
Sin
lugar a dudas los emigrantes peruanos legales, o sea con
sus permisos en regla según las disposiciones de
la Dirección de Extranjería, habían
encontrado una fuente de ingresos más redituable
que un puesto de trabajo que generalmente este colectivo
encuentra en la venta ferial o en la agricultura.
Las
ofertas de trabajo firmadas por el empresario ahora entre
rejas junto a sus compinches, eran vendidas por éstos
a compatriotas suyos por sumas que oscilaban entre los
1.500 y los 2.000 euros que, ante la posibilidad que se
les presentaba, las víctimas conseguían
a cualquier costa, incluso endeudándose de forma
que, el resultado de la aventura ha llevado a la ruina
económica a sus familias.
Las
declaraciones de algunos de los damnificados nos permiten
recrear la desesperante experiencia que les ha tocado
vivir.
Generalmente
pertenecen a familias de escasos recursos que ven en la
emigración de uno de sus integrantes, una futura
fuente de ingresos que les permita escapar de la pobreza,
por algo los peruanos en el extranjero enviaron a sus
familiares el año pasado remesas por valor de cuatrocientos
veintiocho millones de dólares. La certeza de que
cuando éstos lleguen a Europa tendrán un
trabajo que, por baja categoría que tenga será
mejor remunerado que cualquiera a los que de tener mucha
suerte pudiera acceder en su país, derrumba cualquier
duda y entonces no se duda y se solicitan los préstamos.
A
esos que también en Uruguay se recurre muchas veces
para que el que viaja pueda pagar pasajes y tener tiempo
razonable de estadía aseguradas.
Lo
cierto es que salvo algunos puntos concretos, las historias
pueden llegar a ser tan similares que nos cuesta diferenciar
la procedencia… peruanos ahora… ¿tal vez muy pronto
uruguayos?
Con
el dinero para pagar el contrato de trabajo y el pasaje
y un trabajo esperándolos en destino, poco más
se piensa que se va a necesitar.
Se
embarcan en un vuelo que llega a Madrid y allí
están los contactos aguardándolos para acompañarlos
hasta Almería.
Hasta
aquí todos son proyectos y expectativas. Sueños
a cumplirse. Seguramente a esta altura las víctimas
de este fraude habrán oído hablar de la
mano de obra que se requiere para trabajar en los invernaderos
de la provincia y se imaginan ya, enviando la primera
remesa a su familia.
En
Almería los compatriotas y supuestos amigos se
esfuman y los escasos recursos que los emigrantes han
traído se agotan en muy pocos días. Para
ello contribuyen también, antes de desaparecer,
los supuestos contactos.
El
dinero se ha agotado. Es invierno y de una pensión
de baja categoría pasan a dormir en los bancos
de una plaza y ya no quedan ni céntimos para comprar
una barra de pan.
A
pesar de existir un convenio, para obtener el permiso
de residencia necesitan una oferta de trabajo.
Al
empresario, supuesto contratante, no han llegado a conocerlo
y de arribar con la seguridad de tener un trabajo pasan
a engrosar la fila de desocupados que diariamente aumenta
frente a las oficinas de Extranjería.
Quizás
tengan suerte. Ser peruanos es una ventaja frente a otros
emigrantes. Si consiguen el dichoso contrato se les dará
un trato especial basado en los convenios entre su país
y España.
Almería
(en el sur del norte) 22 enero 2004.