" Haz de Internet una gran plataforma de comunicación, no la conviertas en una cloaca de maldad" preHacker.Hacker Digital.
Año I - Nº 49 - Uruguay, 24 de octubre del 2003

Amor
Octubre en Flor
El hombre del Ecuador bajo la Torre Eifel
Tristeza. Una Historia
No hay mejor defensa que un ataque
¿Desintegración de la Democracia Latinoamericana?
El Interior también importa
Nelson "Pindingo" Pereyra
Autismo
Los últimos charrúas
Ojos Uruguayos en el Brasil
Sin Respuestas
Hurgando en la Web
Visitando Balestrino
Recuerdos del Ayer
Sucedió en España
El Interior También Existe
Rincón de Sentimientos
Olvidémonos de las Pálidas
Correo de Lectores
El Marinero
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Érase una vez una historia en la que se encontraba la Srta. Melancolía en medio de un recinto en el cual se musicalizaba con el Sr. Piano y el Sr. Violín.

Lugar que estaba lleno de ojos invitados para aquella fiesta donde se le rendía homenaje a la tristeza.

Sitio muy alumbrado por lámparas que a su vez adornaban con su belleza. Eran lámparas majestuosas, grandes y finas que expedían luz para que aquel lugar quedara lleno de brillo.
Salón amplio y adecuado para bailar. Con losetas que reflejaban la luz de las lámparas colgantes, desde un techo alto y con finos brillantes que daban la impresión de ser estrellas regaladas por el Creador.

La Srta. Melancolía se fue al baile, pero dudaba que su tristeza pudiera darle permiso para bailar.

Era tanta su pena, era tanto su dolor, que salió de su refugio para ver por lo menos ese momento en que llegara el Sr. Aceptación, quien fue descrito por sus amigas como el hombre más tierno y gentil de aquel poblado.

La Srta. Melancolía guardaba una pena de amor.
Sabía que había sido creada para amar y para danzar.
Sola en su casa se vestía con trajes de seda, y daba vueltas en su aposento, porque pareja no tenía.
Era un anhelo el suyo, mas la tristeza le susurraba que jamás sería amada y tratada por ser melancólica.
Tristeza se reía suavemente y entre gemidos le cantaba a su penar.

Melancolía en esta ocasión no le hizo caso a la tristeza, y se vistió y asistió a la fiesta, pues era más su interés en ver de lejos al Sr. Aceptación y no resistió la dulce tentación de solicitar entrada al baile.

Muchos ojos se alegraron al verla, pero sólo porque se le rendía homenaje a la tristeza y ella era parte de la misma, otros con indiferencia le siguieron los pasos, y en el balcón del recinto, se refugió nuestra amiga.

Llegó la hora en que el Sr. Aceptación se acercaba al salón de baile, pues se escuchó el murmullo de la gente al ver cómo brillaban sus ojos con ternura, con dulzura y su sonrisa era coqueta, seguro estaba de sí mismo, no le temía a nada, sólo a Dios, y entendía que éste siendo su amigo le había ofrecido una relación de amor incondicional.

Caminaba por aquel recinto alto. Sus piernas seguras atravesaban en búsqueda de pareja para bailar. Ese era su baile y él deseaba toda la noche danzar.

Por lo que buscó esa alma gemela que desea todo buen corazón. Se fijó que el traje de Melancolía era de un verde muy especial, parecido a la esperanza y acompañado de la menta.
Se dio cuenta del hermoso brillo de expectativa que había en los ojos de Melancolía. "¿Me concedes esta pieza, por favor?", le preguntó el Sr. Aceptación.
Confundida y esperanzada a la vez, pero con un temor de ser muy negativa, Melancolía miró a su alrededor, pero no había nadie más, sólo ella, que se había refugiado en el balcón más lejano del salón de baile, por lo que volvió a mirar al Sr. Aceptación.
"¿A mí?", preguntó toda temblorosa.
"Sí, tienes los ojos más hermosos de este recinto, tienes ojos de alma blanca, que aunque un poco melancólicos, me retan a mirar esa brillantez que sólo un ser tierno y lleno de amores puede tener. ¿Aceptas mi invitación? De hacerlo siempre estaré a tus pies".

Melancolía le dio sus temblorosos dedos y al mismo medio del recinto la llevó él a danzar.
Ese baile fue un regalo para Melancolía. Bailó y se llevó su danzar por todo el salón.
Bailó y sedujo con sus ojos al Sr. Aceptación.
Este no le quitaba los ojos de encima a la muchacha, porque no quería perder detalle de cómo se combinaban sus ojos, el brillo, la melancolía y el danzar.

Fueron por todo el lugar. Dejando a su paso un aroma de amor. La Srta. Melancolía no podía creer que este caballero le diera, le ofreciera y le regalara un reto.
Eso no lo podía dejar pasar. Por lo que fue lentamente soltando su temor, se fue el miedo y dejó de ser ella, para seguir danzando y con ojos como estrellas, fue dejando su tristeza atrás. Pieza de música ejecutada por pianos y violines, por palmadas y por vítores... Sala que ahora tiembla porque el amor pudo más que la tristeza.
Bailaron toda la noche, no se repitió ni una sola nota de aquel piano, y de aquel violín.
Fue música ejecutada para que destilara amor, pasión, entrega y aceptación.
Daban vueltas y más vueltas. "La Melancolía danzó", susurraban los observadores.
Es un momento único e irrepetible que jamás verá el sol.
Baila, danza, suenan tus zapatillas de cristal.

El Sr. Aceptación fue lleno de alegría, se le reunió la complacencia y tuvo que detener un poco al Sr. Orgullo, al notar cómo Melancolía retaba al mundo con su danzar.

"¡Eso es, muchachita mía! ¡Danza y reta al viento con tu cabello, con tu esencia y con tu brillar! Mueve tus días, danza con la canción que hay en tu corazón. Estaré siempre a tus pies y allí tendré el gusto de admirarte, de regalarte ternura, de llenarte de música entonada por un piano y un violín. Deja tus sueños de niña herida y vive lo que te trae la Vida".

Se movieron uno junto al otro, hubo carcajadas, hubo risas y hubo amor.

La pasión se pegó a los ojos de la Srta. Melancolía y el Sr. Aceptación la recibió con placer.

Se escuchó el aplauso de los observadores, los que creían que jamás verían a Melancolía bailar, pues como una beata siempre vivía y le temía al "qué dirán". Melancolía y Aceptación se quedaron danzando en un salón lleno de estrellas titilantes que enmudecieron a los incrédulos...

Pues una cosa si te aseguro... La Vida con tristeza se puede superar. Sólo acepta que es tu tiempo de bailar, luego de haber vivido un momento que te rompió el Corazón.

Si, la Vida duele a veces, pero te reta a seguir hacia un futuro, hacia un danzante mañana, lleno de desafíos, de sorpresas, de clarines que despiertan al Alma por un ratito más de amor, de pasión, de alegrías, de dulzuras y de saber que aceptando lo que llegó, puedes lidiar con la alternativa de hacerlo mejor, de sacudir a la tristeza y seguir danzando hasta con el viento de ser posible.
Brisa que refresca al ser.
Vientecillo que te acaricia mientras las paredes de tu salón de baile se mueven a favor de tu danzar con la Vida.

Y cuando aceptas que la Vida tiene altas y bajas, momentos, sucesos, acontecimientos que son parte de lágrimas, de retos, de alegrías y de tristezas, siempre tendrás la Vida a tus pies.

Danza, baila con la aceptación.
Haz pareja con el "sí".
Deja que el "no" se quede en el balcón del rechazo y vive para contar tu propia danza de amor con la aceptación de que en la Vida jamás las cosas son, ni serán fáciles...

Es tu reto...

Es tu baile...

Es tu danza...

Es tu recinto lleno de ojos... Es tu lugar de hacerte parte de un sí y de un amén. De un ahora que te reta a seguir en el baile que la Vida te regala.

En una palabra que el Amor , solo el amor divino se apodere de ti.

Que tu tristeza se vaya para siempre y entre la Alegría en tu Corazón.

anonimo

con cariño

rosalie