MARACANÁ

Todos
los años, desde aquel memorable 16 de julio del 1950,
los uruguayos nos levantamos por la mañana, estemos
donde estemos, miramos el cielo y buscamos el celeste de la
gloriosa camiseta uruguaya que dio el golpe más grande
en la historia del fútbol.
Son dos minutos de reflexión, de conmoción,
de esperanza en el futuro.
Aquel 2 a 1 nos llena de orgullo, nos ilumina en el camino,
nos ayuda a salir del anonimato.
Si
alguien pregunta dónde queda Uruguay, podemos explicárselo
mil veces, y no lo entenderán, pero basta decirle:
fuimos campeones del mundo en el 50, en Maracaná
contra el Brasil, y hasta el más ignorante sabe
de qué país estamos hablando.
Este es el Uruguay que fue, el Uruguay que supo enmudecer
200 mil almas en una tardecita de invierno sudamericano.
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Hoy
ese Uruguay no existe más, queda solo el recuerdo de
Obdulio y los suyos, hemos dejado por el camino todo el esfuerzo
y las ganas de ganar, nos hemos quedado con Maracaná
en la sangre y no nos damos cuenta que todo eso ya fue, ya
pasó.
En cada discusión, en cada asado, en cada partido de
cartas, sale siempre a relucir el tema del 50, y cada vez
que esto ocurre, me doy más cuenta que la mentalidad
uruguaya es una de las más extrañas del mundo,
seguimos creyendo ser los mejores del mundo porque ganamos
en el 50 y no nos damos cuenta que el mundo sigue girando,
sigue dando vueltas mientras nosotros seguimos soñando
Maracaná.
| El
día que los uruguayos entendamos definitivamente
que Maracaná es parte de la historia, que hay que
empezar de nuevo, con paciencia, dedicación, a
levantar nuestro país, a poner ladrillo sobre ladrillo,
a darle una patada a aquellos que nos siguen metiendo
Maracaná por delante para que no veamos que las
cosas no son como las cuentan, ese día, el Uruguay
y los |
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uruguayos
empezará a cambiar, a crecer, a preparar un nuevo Maracaná.
Tenemos que pensar al futuro, al presente, dejar de lado el
16 de Julio del 50, tenemos que dedicarle esos dos minutos
que se merece, esa memoria, esa lágrima que derramamos
con orgullo, y arremangarnos para seguir luchando, esforzándonos
para poder cambiar un país que no existe más,
un sueño que quedó en aquel frío domingo
de hace 53 años.
Fernando Manzoni
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