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Hola Amigos ,
Continuo con la narración:
Estaba maravillado y me olvide de preguntar por el cielo.
¿Como le haces? ¿Que se siente al hacerlo?¿
A que distancia puedes llegar? le pregunte
-Puedes ir al lugar y al tiempo que desees- dijo el Mayor-.
Yo he ido donde y cuándo he querido -miró hacia
el mar-. Es extraño. Las gaviotas que desprecian la perfección
por el gusto de viajar, no llegan a ninguna parte, y lo hacen
lentamente. Las que se olvidan de viajar por alcanzar la perfección
llegan a todas partes, y al instante. Recuerda, Juan, el cielo
no es un lugar ni un tiempo, porque el lugar y el tiempo poco
significan. El cielo es...
¿Me puedes enseñar a volar así? le pregunte,
temblando ante la conquista de otro desafío.
- Por supuesto, si es que quieres aprender.
-Quiero. ¿Cuando podemos empezar?
-Podríamos empezar ahora, si lo deseas.
-Quiero aprender a volar de esta manera; dije y una luz brillo
en mis ojos; dime que hay que hacer.
Chiang me habló con lentitud, observándome muy
cuidadosamente.
-Para volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier
sitio que exista, debes empezar por saber que has llegado, me
dijo.
El secreto según Chiang, consistía en que yo dejase
de verme a mi mismo como prisionero de un cuerpo limitado, con
una envergadura de ciento cuatro centímetros y un rendimiento
susceptible de programación. El Secreto era saber que
mi verdadera naturaleza vivía, con la perfección
de un número no escrito, simultáneamente en cualquier
lugar del espacio y del tiempo.
Me dedique a ello con ferocidad, día tras día,
desde el amanecer hasta el anochecer. Y a pesar de todo mi esfuerzo
no logré moverme ni un milímetro del sitio donde
me encontraba.
-¡¡Olvidate de la fe!!- me decía Chiang una
y otra vez. Tu no necesitaste fe para volar , lo que necesitaste
fue comprender lo que era el vuelo. Esto es lo mismo. Intentalo
otra vez...
Así un día, de pie en la playa, cerrados los ojos,
concentrado, como un relámpago comprendí de pronto
lo que Chiang estaba diciendo.
¡¡Pero si es verdad!! ¡¡Soy una gaviota
perfecta y sin limitaciones!! y me estremecí de alegría.
-¡¡Bien- me dijo Chiang, y hubo un tono de triunfo
en su voz.
Abrí mis ojos y quedé solo con el Mayor en una
playa completamente distinta; los árboles llegaban hasta
el borde mismo del agua, dos soles gemelos y amarillos giraban
en lo alto.
-Por fin has captado la idea- dijo Chiang, pero tu control necesita
algo más de trabajo...
-¿Donde estamos? pregunté.
En absoluto impresionado por el paraje, el Mayor ignoró
la pregunta.
Juan Salvador Gaviota
Fuente: El libro de "Juan Salvador Gaviota" de Richard
Bach.
Jorge Alberto
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