por Devinder Sharma
Como
era de esperar los Estados Unidos y la Unión Europea han
llegado a un nuevo acuerdo justo antes de la quinta conferencia
ministerial de la OMC que va a tener lugar en Cancún [el
autor publica este texto el 2 de septiembre, N. del T.],
y que en la letra y en el espíritu traza un plan de ruta
para lo que podríamos llamar la segunda fase del Gran Golpe.
El
nuevo marco de acción -más un "ideal común" que un plan
detallado- alberga el propósito de proseguir destruyendo
cualesquiera restos queden de los vigorosos fundamentos
que garantizaban la autosuficiencia alimentaria en algunos
de los países en vías desarrollo y que se han venido marchitando
gracias al impacto combinado del Acuerdo sobre la Agricultura.
Para los pequeños agricultores y las gigantes agroalimentarias
en Norte América, Europa y el Pacífico, no resultará más
que en un mayor negocio como viene siendo habitual. Los
países ricos procuran asistencia a las agroalimentarias
permitiéndolas comprar muy barato, para que luego el gobierno
compense algunas de las diferencias con pagos directos a
los granjeros.
Tanto
es así que los beneficiarios de las subvenciones agrícolas
en el 2001 incluyeron también a Ted Turner y David Rockefeller
-no sorprende, pues, que la CNN continúe sofocando la voz
de los campesinos en los países en vías de desarrollo-.
El hombre más rico del Reino Unido, el Duque de Westminster,
que es dueño de alrededor 55.000 hectáreas de terreno agrícola,
recibe una media en subvenciones de 300.000 libras esterlinas
en pagos directos y por añadidura 350.000 libras más al
año por las 1.200 vacas lecheras que le pertenecen.
Ciertamente
vivimos en un mundo desigual, pero quizá de todas las desigualdades
que existen, la más degradante y humillante es la manera
en que se consiente a la ganadería en los países ricos a
expensas de varios centenares de millones de granjeros en
el mundo en desarrollo. Cuando comparé por primera vez la
vida de una vaca occidental con la vida de un campesino
del Tercer Mundo no sabía que eso heriría la sensibilidad
de economistas y políticos. Ahora ya se sabe que por cada
vaca la UE concede un subsidio diario de 2,7 dólares y que
el Japón da tres veces más, 8 dólares, mientras que la mitad
de los 1.000 millones de personas que hay en la India viven
con menos de 2 dólares al día.
Sin
importarles estas desigualdades insalvables, el nuevo acuerdo
levanta un muro protector todavía más infranqueable en torno
a los productores nacionales en el bloque negociador más
rico -la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos
(OCDE)-. Inconscientes de las consecuencias negativas infligidas
con impunidad, los salteadores de caminos se están poniendo
a punto una vez más. Cancún presenta el marco perfecto para
torcer el brazo de los países en vías de desarrollo.
Pero
primero, echemos un vistazo a la magnitud de la explotación
que la OMC ya ha causado en los pobres y vulnerables -durante
la primera fase del golpe- desde que la Carta Magna para
el hambre, la inseguridad alimentaria y el desamparo fue
promulgada en enero de 1995. En Filipinas, se esperaba que
las ganancias por exportaciones agrícolas iban a incrementarse
en miles de millones de pesos a partir de 1994, generando
500.000 puestos de trabajo adicionales al año. En su lugar,
las exportaciones tradicionales como el coco, el abacá [Fibras
del banano de Filipinas que se utilizan en cordelería. También
se le conoce como el "cáñamo de Manila"; al parecer más
ligero y resistente que el cáñamo ordinario, N. del T.]
y el azúcar han perdido mercados. La producción de maíz
sufrió una significativa pérdida entre 1994 y 2000, en parte
debido a la existencia de grano subvencionado más barato.
Con los ingresos de capa caída, se calcula que el sector
agrícola perdió unos 710.000 puestos de trabajo y otros
2 millones en el año 2000.
La
liberalización comercial ya ha expuesto a los campesinos
de los países en vías de desarrollo a una competición ruinosa,
arrastrando los precios a la baja, destruyendo los salarios
en el campo y exacerbando el desempleo. En Filipinas, la
apertura del mercado de maíz en 1997 redujo los precios
en un tercio. En aquel momento los cultivadores de maíz
en los EE.UU. estaban recibiendo como media 20.000 dólares
al año en ayudas, mientras que los granjeros filipinos de
Mindanao tenían una media de ingresos de 365 dólares. Entre
1993 y 2000, las importaciones de maíz barato desde los
EE.UU. a México se incrementaron dieciocho veces, lo que
condujo a una migración acelerada desde zonas rurales a
centros urbanos.
En
Centroamérica -Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala,
Honduras y Nicaragua- el precio del grano de café ha caído
hasta tan sólo el 25 por ciento del precio que tenía en
1960 y se calcula que en 2001 la región perdió 713 millones
de dólares en ingresos del café. En estos países, tradicionalmente
dependientes de las exportaciones de café, se han perdido
alrededor de 170.000 puestos de trabajo en el mismo año
con la disminución de salarios, que se calcula en 140 millones
de dólares. El impacto negativo también se dejó sentir en
el África subsahariana, donde Etiopía y Uganda registraron
enormes pérdidas en ingresos de la exportación. Entre 2000
y 2001, Uganda exportó a penas el mismo volumen, pero el
país sólo ganó 110 millones de dólares, un gran bajón si
se compara con los 433 millones que había ingresado cinco
años antes entre 1994 y 1995. Etiopía registró una caída
en los ingresos de las exportaciones desde 257 millones
a 149 millones entre 1999 y 2000. Irónicamente, en enero
de 2002, la UE y el USAID advirtieron del aumento de la
pobreza y la inseguridad alimentaria en Etiopía sin percatarse
que gran parte de la culpa reside en sus propias políticas.
En
la provincia vietnamita de Dak Lak, los granjeros que dependían
únicamente del café ahora se encuentran al borde del hambre.
En la India, en las provincias sureñas de Karnataka y Tamil
Nadu, las plantaciones de café han despedido a más del 25
por ciento de los trabajadores. En Brasil, los escasos beneficios
que reporta el café han resultado en un aumento del desempleo
y del hambre. En Honduras, el impacto ha sido tan terrible
que en marzo de 2002 el Programa Mundial de Alimentos anunció
que la crisis del café, a lo que acompañó una sequía generalizada,
había dejado a alrededor de 30.000 campesinos al borde del
hambre, con miles de niños tan desnutridos que necesitaban
ser hospitalizados.
En
2001, los 25.000 productores estadounidenses de algodón
recibieron aproximadamente 3.900 millones de dólares en
ayudas, para producir una variedad de algodón que sólo valía
3.000 millones en el mercado mundial. (Un productor de algodón
en Arkansas recibió 6 millones de dólares, lo que equivale
a las ganancias anuales de 25.000 cultivadores de algodón
en Malí). También es más que el Producto Nacional Bruto
de varios países africanos y tres veces más la cantidad
que los EE.UU. gastan en ayuda para 500 millones de africanos
que viven en la pobreza. En 2002, la asistencia económica
directa de un gran número de países exportadores, incluyendo
China, la Unión Europea y los EE.UU., que abarcan hasta
el 73 por ciento de la producción de algodón mundial, destruyó
los medios de subsistencia de millones de personas en los
países del África occidental (Benin, Burkina Faso, Malí
y el Chad). También la India y Pakistán se han visto forzados
a rebajar sus aranceles aduaneros para la importación, permitiendo
un incremento súbito de importaciones de algodón y por lo
tanto forzando a los agricultores locales fuera del mercado.
En
el sector lechero, la UE ha subvencionado exportaciones
que han dañado a la industria lechera de Brasil, Jamaica
y la India. Mientras los productores de leche de Jamaica
han repartido en muchas ocasiones leche en la calle, los
productores lecheros de la India también se quejan de dumping
[El dumping es una práctica comercial prohibida que consiste
en inundar el mercado con productos muy por debajo de los
costes de producción para llevar a la quiebra a los competidores,
N. del T.] por culpa de la exportación (es decir, la importación
de leche más barata, subvencionada por la UE, a estos países(.
Entre 1999 y 2000 la India importó más de 130.000 toneladas
de leche desnatada en polvo altamente subvencionada. Esto
fue el resultado de 5 millones de euros en subsidios para
la exportación, aproximadamente 10.000 veces el ingreso
anual de un productor lechero a pequeña escala. Las ayudas
para la exportación de mantequilla se han incrementado en
un equivalente del 60 por ciento del precio del mercado
en la UE. Consecuentemente, el aceite de mantequilla importado
a la India ha crecido a una media de un 7,7 por ciento anual.
Esta tendencia ya ha tenido como consecuencia el hundimiento
de los precios de ghee [mantequilla de leche de vaca clarificada
a la que no se añade sal ni ningún otro aditivo, N. del
T.] en el mercado interno. Irónicamente, India es el mayor
productor de leche del mundo y no concede ninguna ayuda
al sector lechero.
Antes
de que la OMC fuera creada, Indonesia se contaba entre los
diez mayores exportadores de arroz. Tres años más tarde,
en 1998, Indonesia destacó como la mayor importadora de
arroz en el mundo. En la India, el mayor productor mundial
de hortalizas, la importación se ha duplicado en tan sólo
un año: desde los 92,8 millones de rupias entre 2001 y 2002
hasta los 171 millones de rupias entre 2002 y 2003. Muy
lejos de allí, en el Perú, las importaciones de alimentos
se incrementaron dramáticamente tan pronto se produjo la
liberalización. Las importaciones alimentarias ahora representan
el 40 por ciento del consumo total de alimentos interno.
Las importaciones de trigo se han doblado en la década de
los 90, las importaciones de maíz superaron la producción
interna y las importaciones de leche se incrementaron tres
veces en la primera mitad de la anterior década, causando
estragos entre los granjeros peruanos.
Pueda
parecer chocante, pero esto no es más que un vistazo a la
magnitud de la destrucción forzada por los "desacuerdos"
en agricultura. Cada día, miles de agricultores y gente
del campo en la mayor parte del mundo -sin tierra ni medios
de sustento adecuados- están contribuyendo al acopio de
frustración y desafección, mientras deambulan penosamente
por las ciudades con su pobreza abyecta que contrasta vívidamente
con la riqueza en los centros urbanos. Éstas son las víctimas
-de hecho la primera generación de afectados- del gran golpe
comercial. Estos son los pobres desdichados que están siendo
alimentados con una dosis diaria de promesas: el aumento
de la pobreza a corto plazo es un precio que hay que pagar
para lograr un crecimiento económico a largo plazo.
El
impacto total en vidas humanas -mujeres y niños en particular-
y la correspondiente pérdida de los medios de subsistencia
y a partir de ahí la marcha acelerada hacia el hambre y
el desamparo no son fáciles de cuantificar. Las importaciones
de alimentos han dañado seriamente los ingresos agrícolas
y han tenido consecuencias muy severas sobre el empleo en
muchos países en desarrollo. Incapaces de competir con importaciones
de comida barata y a falta de cualquier medida protectora
adecuada, la pérdida de ingresos y de medios de subsistencia
ha perjudicado seriamente a mujeres y granjeros pobres,
en su mayoría.
Los
campesinos del mundo en desarrollo se han convertido de
pronto en hijos de un dios menor. Son los nuevos pobres.
Mediante
una variedad de instrumentos, los países ricos se han asegurado
un proteccionismo completo. Por consiguiente, se han mantenido
unas políticas comerciales especialmente discriminatorias
contra los campesinos de los países en desarrollo. El alcance
de la protección ha sido tal, que la benevolencia que la
OCDE exhibe a través de la ayuda al desarrollo a todos los
países -un total de 52.000 millones de dólares- queda empequeñecida
ante las monumentales ayudas a la agricultura de 311.000
millones que esos países concedieron a su propio sector
agrícola en 2001. En realidad, ni siquiera hace falta dar
con una mano y quitar con la otra. Los países ricos usan
la ayuda al desarrollo para convencer al público de su generosidad
ante el sufrimiento humano, en esencia utilizando la ayuda
como una cara humana de lo que en realidad es una ambiciosa
operación comercial unilateral: desde la OCDE al resto del
mundo.
Las
coloridas bandas de las cajas -la caja verde, la azul y
la ámbar- [En la terminología de la OMC las subvenciones
son catalogadas como cajas a las que se atribuye un color
de semáforo. Verde, permitido, ámbar significa que tiene
que reducirse y rojo, prohibido. En el Acuerdo sobre la
Agricultura no hay caja roja, pero hay en cambio caja azul
que son las ayudas vinculadas a un programa de producción
limitada, N. del T.] han venido muy a mano a los países
ricos para proteger sus subvenciones a la agricultura y
al mismo tiempo lanzar los excedentes por todo el mundo.
Considerando que los precios de los bienes de consumo están
lejos de ser los adecuados en ninguna parte para proveer
con un medio de vida, estas subvenciones son en realidad
la causa de una oferta excesiva en los mercados mundiales,
lo que resulta en mercados a la baja generalizados. Aún
más, a los EE.UU. se le permite de acuerdo con el Acuerdo
sobre la Agricultura, que conceda 363 millones en subvenciones
a la exportación de trigo y harina de trigo y la UE puede
limitarla a 1.400 millones al año. Al mismo tiempo, los
EE.UU. tienen acceso a 478 millones de ayuda anualmente,
como estipula su Programa de Apoyo a la Exportación (Export
Enhancement Programme (EEP)( que no está sujeto a ningún
compromiso de reducción.
Con
la disponibilidad de todos esos subsidios, a las compañías
agroalimentarias les resulta más fácil y barato exportar.
Los créditos a la exportación, usados principalmente por
los EE.UU., y que no cuentan como subvenciones a la exportación,
se duplicaron en tan sólo un año para alcanzar los 5.900
millones en 1998. Las ayudas a la exportación y los créditos
son por lo tanto acaparados por las compañías exportadoras
de alimentos. En los EE.UU., por ejemplo, más del 80 por
ciento de las exportaciones de maíz fueron monopolizadas
por estas tres firmas: Cargill, ADM y Zen Noh. El grado
de dumping alcanzado sólo por los EE.UU., oscila alrededor
del 40 por ciento en trigo, el 30 por ciento en soja, del
25 al 30 por ciento en maíz y el 57 por ciento en algodón.
Es más, cada tonelada de trigo y azúcar que el Reino Unido
vende en el mercado internacional está etiquetado con un
precio del 40 al 60 por ciento inferior al coste de producción.
Los
chocantes niveles de dumping de alimentos y su poco comprendido
pero terrible impacto en el sector agrícola en los países
en desarrollo es el resultado de las hábiles manipulaciones
en la OMC. Los EE.UU. y la UE han tenido éxito al asegurarse
de que algunas subvenciones -incluidos los pagos directos-
tuvieran poco o ningún impacto en los niveles de producción
como tampoco en el comercio. Utilizando sofisticados modelos
y aprovechándose de la falta de preparación de los negociadores
de los países en vías de desarrollo, han diseñado un complicado
juego de normas llamadas ayudas de la "caja ámbar" que son
las que "distorsionan el comercio" y que es necesario que
sean reducidas. Como finalmente resultó, estos eran los
tipos de subsidios que los pobres estaban utilizando también.
Por
otro lado, las subvenciones de la "caja verde" y la "caja
azul" coinciden con el apoyo a la agricultura que solamente
los países ricos está procurando y que los países pobres
no están en condiciones de poder ofrecer. Posteriormente,
en julio de 2002, los EE.UU. propusieron cortes significativos
de las medidas de apoyo internas "distorsionadoras del comercio"
para todos los productos y los socios comerciales, con un
techo del cinco por ciento del valor de la producción agrícola
para los países industriales y del 10 por ciento para los
países en desarrollo. Esto empero no significa que los EE.UU.
vayan a realizar ningún corte significativo en las ayudas
a la agricultura, dado que la ley de seguridad agrícola
y para la inversiones rurales (US Farm Security and Rural
Investment( de 2002, provee con 180.000 millones de dólares
en subvenciones a la agricultura para los próximos diez
años, con más de un tercio devengable en los primeros tres
años.
Las
nuevas propuestas de reforma de la Política Común Agraria
de la UE que han sido anunciadas para la conferencia ministerial
de la OMC en Cancún tampoco intentado realizar ningún cambio
radical para la reducción de los compromisos. Moviéndose
en la misma órbita que los EE.UU., ha cambiado de sitio
subsidios de la "caja azul" a la "caja verde". El sector
agrícola europeo seguirá siendo subvencionado hasta con
43.000 millones de euros durante otra década, y esa cantidad
se incrementará aún más cuando nuevos miembros entren en
la unión. Como si fueran trileros, tanto los EE.UU. como
la UE se las han arreglado para pasar las ayudas a la agricultura
de una caja a la otra sin realizar ningún compromiso a cambio.
El truco de magia está ahora siendo utilizado para crear
la ilusión de sinceridad de los ricos en lo que respecta
al mercado "libre", utilizándola como cebo para conseguir
más acceso a los mercados de los países pobres.
Como
si las ayudas masivas no fueran suficientes, los países
desarrollados han utilizado sus altas tarifas para bloquear
con éxito las importaciones de los países en desarrollo.
Han utilizado salvaguardas especiales (SSG, en inglés(,
empleadas únicamente por 38 países ricos hasta el momento,
para restringir las importaciones provenientes de los países
en vías de desarrollo. Los países desarrollados han sacado
ventaja de esta flexibilidad reservándose el derecho de
utilizar las SSG para un gran número de productos: Canadá
se reserva el derecho de usar las SSG para 150 líneas de
tarifas, la UE para 539 líneas de tarifas, Japón para 121
líneas de tarifas, los EE.UU. para 189 líneas de tarifas
y Suiza para 961 líneas de tarifas. Por otra parte, solamente
22 países en desarrollo pueden utilizar las SSG. A los miembros
más vulnerables de la OMC, cuyos intercambios comerciales
de productos agrícolas tienen lugar conforme a un régimen
de tarifas solamente, se les ha negado el acceso a estos
instrumentos.
Al
mismo tiempo, estos países se las han arreglado para satisfacer
los requerimientos técnicos para los recortes de tarifas,
en cumplimiento del Acuerdo sobre la Agricultura, sin tener
que acometer ningún recorte significativo. Aunque los EE.UU.,
la UE, Japón y Canadá mantienen picos tarifarios del 350
al 900 por ciento en productos alimenticios tales como el
azúcar, el arroz, los productos lácteos, la carne, las frutas,
las hortalizas y el pescado, el grueso de las actuales negociaciones
siguen versando sobre la penetración en los mercados de
los países en desarrollo de más exportaciones subvencionadas.
Teniendo
en mente los intereses económicos de los países desarrollados,
el presidente de las negociaciones sobre agricultura, Stuart
Harbinson, ha propuesto una fórmula de compromiso que sugiere
la creación de dos nuevos instrumentos: los "productos especiales"
y los "mecanismos especiales de salvaguarda". Para los cultivos
que son cruciales para satisfacer las necesidades de alimentación,
la propuesta es ponerlas en la categoría de productos especiales
para la cual la reducción tarifaria debería ser de un promedio
del 10 por ciento con una reducción mínima por línea de
tarifa del cinco por ciento. Para los productos restantes,
la reducción tarifaria debería ser entre el 25 y el 40 por
ciento. La propuesta euroestadounidense sin embargo, no
menciona los productos especiales. El sentimiento generalizado
es que los países en vías de desarrollo necesitan medidas
de salvaguarda especial, pero éstas funcionan como una protección
parcial antes que desempeñar un papel más permanente que
les permita sacar partido de los "productos especiales".
En
la práctica, el concepto de "productos estratégicos" o "productos
especiales" es simplemente un circunloquio para llegar a
la "caja para el desarrollo", una propuesta que tarde o
temprano resultará ser más dañina si finalmente se pone
en funcionamiento. Además, las negociaciones se van a centrar
en el número de "productos especiales" que cada país puede
reclamar. En otras palabras, el debate será convenientemente
desviado para evitar tratar lo verdaderamente controvertido
que es lo relativo a las ayudas a la agricultura en los
países occidentales. El Acuerdo sobre la Agricultura no
se da cuenta de que la producción de cultivos y sus importaciones
a los países en vías de desarrollo no puede ser equiparado
con la producción industrial. Lo que los países en desarrollo
necesitan es un sistema de intercambios que reconozca sus
necesidades específicas de seguridad alimentaria y desarrollo
rural basadas en los principios de producción por las masas
antes que la producción para las masas.
De
la hipocresía de los países desarrollados se ha hecho eco
el economista principal del Banco Mundial Nicholas Stern,
mientras viajaba recientemente por la India, cuando denunció
los pagos de los países ricos a sus agricultores como "un
pecado... a muy gran escala", pero advirtió a la India de
cualquier intentó de resistirse a abrir sus mercados. "Los
países en desarrollo deben abrir sus barreras comerciales
independientemente de lo que ocurra en los países desarrollados".
No es de extrañar que mientras la negociación continúa y
a los países en desarrollo se les mantiene ocupados con
tácticas de distracción como los "productos especiales",
las exportaciones agrícolas desde los países de la OCDE
continúen yendo a más. Entre 1970 y 2000, la participación
de la UE en las exportaciones agrícolas se han incrementado
desde un 28,7 por ciento a un 42,7 por ciento. Francia ha
incrementado su participación desde un 5,7 por ciento a
un 8,1 por ciento, Alemania desde un 2,6 por ciento a un
5,9 por ciento y el Reino Unido desde un 2,7 a un 4,1 por
ciento.
Los
países en vías de desarrollo no pueden permitirse ser un
espectador silencioso. Si los países ricos e industrializados
pueden proteger su agricultura, los países en desarrollo
no deberían guardarse de hacer lo mismo. En lugar de sucumbir
ante tácticas de presión que vienen con una rama de olivo
de "caja para el desarrollo" o "productos especiales", que
ayudan parcialmente a proteger a la agricultura, todo el
esfuerzo debería concentrarse en exigir la abolición de
las ayudas a la agricultura en los países de la OCDE. Una
plataforma colectiva basada en los tres siguientes puntos
es el único modo de avanzar para que los países en vías
de desarrollo puedan proteger su agricultura, que es el
pilar de sus economías:
-
"Tolerancia
cero" respecto de las subvenciones agrícolas: Los países
en vías de desarrollo tendrían que dejar categóricamente
muy claro que las negociaciones podrán seguir adelante
solamente cuando las subvenciones (en todas las "cajas")
sean eliminadas. El Acuerdo sobre la Agricultura debería
esperar hasta que las subvenciones en los países occidentales
sean eliminadas. Cualquier acuerdo sin que las subvenciones
hayan sido eliminadas causará estragos en el sector
agrícola de los países en vías de desarrollo.
-
Reestablecimiento
de las Restricciones Cuantitativas: Los países en desarrollo
deberían exigir la reinstauración de las restricciones
cuantitativas (y de medidas de salvaguarda especiales
para aquellos países que no elijan la opción de las
RC). De hecho, la eliminación de las subvenciones debería
ir vinculada a la eliminación de las restricciones cuantitativas.
Ello bastará para procurar la necesaria protección de
cara a la seguridad alimentaria y en la agricultura
en los países en desarrollo.
-
Acuerdo
Multilateral contra el Hambre: Entre los nuevos elementos
para ser introducidos en Cancún, los países en vías
de desarrollo necesitan esforzarse para incluir un Acuerdo
Multilateral Contra el Hambre. Ello debería estar basado
en el derecho a la alimentación como principio rector
y tendría que ser el punto de partida de futuras negociaciones.
Semejante acuerdo multilateral debería asegurarse de
que los países tendrán el derecho a tomar la medidas
protectoras adecuadas si sus obligaciones para con la
OMC conducen a más hambre y pobreza.
Devinder
Sharma es un experto en temas de política alimentaria y
comercial. Entre sus trabajos más recientes se pueden incluir
dos libros: "Del GATT a la OMC: las semillas de la desesperación"
y "La trampa del hambre". También preside el "Forum for
Biotechnology & Food Security" (Foro para la seguridad
biotecnológica y alimentaria) con sede en Nueva Delhi y
que es una organización para la seguridad alimentaria y
en contra de los transgénicos y de las biotecnológicas.
Dirección de correo electrónica: dsharma@ndf.vsnl.net.in
Material
extraído de: http://www.zmag.org/spanish/index.htm