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YA
NO DA CRIOLLOS EL TIEMPO
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Desde
Chuy por Julio Dornel
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"NO
QUEREMOS SER MEJORES QUE NADIE, PERO QUEREMOS TENER DERECHO
A SER LO QUE SOMOS."
No podemos negar
que los "gaúchos" brasileños y los gauchos
orientales fueron negados en muchas oportunidades, existiendo
viejos documentos donde son tratados en forma peyorativa. No
faltaron tampoco los escritores que trataron a los gauchos de
vagabundos, haraganes y pendencieros. Las modalidades propias
del trabajo rural, permitía por aquellos años
que un elevado número de gauchos estuviera dispuesta
a colocarse en el sombrero alguna divisa que lo identificara
con los caudillos durante las guerras.
En las grandes estancias se podía observar siempre un
elevado número de “agregados” que no ganaba salario,
pero que estaban vinculados al patrón por lealtad partidaria.
Como siempre estaban a la orden participaban en las yerras,
domas, esquilas y otras actividades rurales, donde en algunas
oportunidades eran remunerados.
Por lo general no trabajaban la tierra, salvo en circunstancias
extremas y obligados por la necesidad. Como la carne era abundante
y gratuita estando al alcance de todos era fácil mantener
la condición de “agregado” durante todo el año.
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En
algunas oportunidades los gauchos se transformaban en
cazadores de reses salvajes, alternando el beneficio material
con la inclinación natural que sentían por
los ejercicios violentos, poniendo en evidencia su destreza
física.
Por esos años surgen las boleadoras, un utensilio
heredado de los indios y que al margen de ser una herramienta
de trabajo era utilizada como arma de combate.
El boleador era un personaje especial, rodeado de cierto
misterio por su habilidad y coraje, lo que le daba cierto
prestigio en el medio rural.
Este personaje debía estar actualizado y conocer
el pago de sus acciones con sus intrigas y resentimientos
para manejarlos en su provecho. |
Siempre estaba
listo para participar en toda convocatoria del caudillo o simplemente
para viajar varias leguas en persecución de alguna hacienda
cimarrona.
Solían internarse en regiones desconocidas y peligrosas
que ponían a prueba su valor, lo que servía para
acrecentar su prestigio.
Todos ellos ofrecían una destreza extraordinaria en el
manejo de las armas y el caballo, como así también
una gran resistencia para cabalgar durante muchas horas.
Con
el paso de los años estos hombres rudos se transformaron
en el material deseado para las guerras civiles que ellos
tomaban como una vaquería gigante donde el peligro
no contaba.
Estaban tan endurecidos por el medio que la guerra se
convertía en una fiesta donde tenían que
poner de manifiesto el valor y el amor a la divisa del
caudillo.
Sin embargo aquellos gauchos no estaban sujetos a la disciplina
militar, aunque marchaban a la guerra con el mismo entusiasmo
que iban a una festividad campera.
Sin embargo en la actualidad no podemos negar que el desarrollo
alcanzado por los medios de comunicación esta determinando
un proceso natural de mutación que pasa por sus
usos y costumbres, hasta su manera de ser y de expresarse.
Los nuevos tiempos han ido cambiando la vestimenta y hasta
la comida del gaucho, donde el tradicional churrasco diario
a pasado a ser semanal o mensual.
Junto al asado a las brazas también ha ido |
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desapareciendo
el lenguaje de los gauchos y salvo en algún desfile,
vemos pocos gauchos en la vía pública con sus
bombachas, botas, espuelas, pañuelo al cuello y el tradicional
“chambergo ladeao”. A todo esto deberíamos agregarle
el chiripá y las boleadoras para tener un personaje casi
en extinción.
Hace algunos días pudimos comprobar en una yerra, algunos
gauchos en motonetas, utilizando celular y con una vestimenta
que pasaba por el gorro característico de una conocida
figura del básquetbol americano, camisa con propaganda
de una multinacional y tenis usados por los famosos del deporte
mundial.
No decimos que esto está mal, señalamos simplemente
que también los cambios están llegando a nuestra
campaña, aunque algunos digan que “ya no da más
criollos el tiempo”. Resulta muy difícil que en la actualidad
podamos observar por las calles fronterizas la presencia de
los gauchos como sucedía antiguamente.
Aún reconociendo que el hombre de la campaña visita
en forma reiterada la ciudad, será muy difícil
que podamos identificarlo por su vestimenta y objetos de uso
personal que lo acompañaban permanentemente en el pasado.
Resulta muy raro encontrar un gaucho haciendo gala de algunas
prendas que fueron símbolos tradicionales y que pasaban
por las bombachas, botas de cuero, el poncho, cuchillo a la
cintura y hasta el inseparable cimarrón. Todos estos
utensilios estuvieron siempre muy ligados a la historia del
gaucho que las consideraba como piezas de estimación.
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El
cuchillo fue siempre una de sus herramientas inseparables,
tanto en la guerra como en la paz, y tenían además
un gran valor artesanal puesto que sus empuñaduras
eran talladas en guampa, madera o de plata y oro con las
iniciales de sus dueños, y hojas de acero utilizando
para ello alguna bayoneta. |
Por otro lado
y cruzando la línea divisoria, señalan los historiadores
brasileños que le ha correspondido a los gauchos riograndenses
una destacada participación en la conquista de la independencia
norteña, pero que también los cambios que vive
el mundo en la actualidad, ha llegado al hombre de campo.
Fueron los “gauchos” riograndenses los que un día le
dijeron basta al centralismo y proclamaron a los 4 vientos que
no querían seguir sometidos y que estaban dispuestos
a jugarse la vida para conquistar su autonomía.
Fueron estos gauchos de Río Grande los depositarios de
muchas ilusiones de un pueblo dolorido y explotado. Hace muchos
años, allá por 1985 el presidente de la Asamblea
Renan Kurt, preguntaba durante un memorable discurso como se
comportarían los gauchos farroupilhas al pedir “con el
sombrero en la mano que les devolvieran lo que les habían
usurpado, pidiendo limosna al poder central, permitiendo y aceptando
que los gauchos continuaran siendo explotados por el sistema
financiero.”“No queremos ser mejores que nadie, pero queremos
tener derecho a ser lo que somos” expreso finalmente el presidente
de la Asamblea. Los gauchos que poblaron estas tierras fueron
los que ayudaron a construir la historia de Río Grande
do Sur. Es posible que estemos galopando demasiado fuerte y
por eso vamos perdiendo la perspectiva de nuestros gauchos a
favor de nuevas costumbres. Mientras van desapareciendo lentamente
los gauchos con su tradición, también el caballo
que fuera principal protagonista y compañero inseparable
en memorables jornadas tiende a desaparecer. Esta imagen viene
del fondo de la historia si tenemos en cuenta que fue Don Pedro
I en las márgenes de Ipiranga que pronuncio el grito
histórico desde su caballo. Ese amigo inseparable del
gaucho tenia que haber estado junto a Marechal Deodoro, cuando
aquel 15 de noviembre le grito al Brasil entero “VIVA LA REPUBLICA”.La
grandeza de los gauchos estuvo siempre permanente entre quienes
integraron la Revolución Farroupilha, con sus dramas
y sus amores suspendidos durante 10 años de cruentas
batallas. El siglo pasado fue marcado a fuego por los gauchos
de Río Grande que escribieron con su sangre una de las
páginas más hermosas de la prolongada lucha contra
el Imperio. Para entender mejor el espíritu de los gauchos
de la Revolución Farroupilha debemos decir que también
ellos tenían una visión distinta de la civilización
que se les querían imponer, lo que le otorgaba un carácter
casi romántico a la patriada. Entre muchas voluntades
en discordia se destacaba la presencia de Bento Goncalves, Canabarro,
Fontoura y muchos otros revolucionarios que han generado grandes
discusiones históricas. Sin embargo no se puede discutir
la personalidad humana y gauchesca que afirmaba su lealtad a
los principios revolucionarios, aunque tuvieron una visión
distinta sobre la Republica de Piratini.
Fueron gauchos riograndenses los que escribieron las páginas
de la “Sorpresa de Porongos”, el Tratado de Poncho Verde, de
Río Pardo o de Seival. Sin embargo no todo ha desaparecido
, quedan todavía algunos gauchos apegados a las tradiciones
y con capacidad para continuar con las tareas camperas y demostrar
que “sigue dando criollos el tiempo.”
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