Por: Martín Arostegui
Traducción T.B.
Si los planes referentes a un embargo petrolero
no prosperan, Chávez pudiera considerar compensar a los “aliados”
más radicales de Venezuela ayudando a los terroristas. Mientras Washington
prepara una movida militar de alto riesgo en el Golfo Pérsico, Irak,
Libia e Irán se preparan para darle un golpe bajo a los Estados Unidos. Cientos,
y posiblemente miles de agentes de las naciones árabes trabajan arduamente
para ayudar al Presidente Hugo Chávez de Venezuela a tomar control
de la industria más grande de Sur América y crear bases terroristas
afectas a al-Qaeda, a tan solo dos horas de vuelo de Miami.
Los asesores árabes están reforzando un contingente
considerable de cubanos con fines a reorganizar los servicios de seguridad
en Venezuela, para asimilar sus industrias en base a modelos totalitarios
y a reprimir cualquier movimiento popular de la oposición. “Lo
que suceda en Venezuela puede afectar la forma en que se pelee la
guerra en Irak”, según lo que aparentemente le dijo el General James
Hill del Comando del Sur a su colega en el Comando Central, General
Tommy Franks.
“Chávez está planificando coordinar una estrategia
antiestadounidense con países terroristas”, señala un antiguo embajador
de Venezuela en Libia, Julio Cesar Pineda, quien dio
a conocer correspondencia entre el presidente venezolano y el dictador
Muammar Qadaffi de Libia sobre la necesidad de “solidificar” los nexos
entre los movimientos de liberación en el Medio Oriente y América
Latina y utilizar el petróleo como un arma económica.
Al exhortar a sus compatriotas a regresar a
sus “raíces árabes”, Chávez ha realizado viajes presidenciales a Libia,
Irak e Irán y ha firmado una serie de tratados de cooperación mutua
con estos gobiernos cuyos operarios están viajando masivamente hacia
Venezuela, donde se podrán mezclar con una comunidad de cerca de medio
millón de árabes que viven en el país.
El pasado 10 de enero, 18 técnicos libios que
viajaban desde Trípoli via Frankfurt, Alemania, fueron recibidos en
el aeropuerto de Caracas por Ali Ahmed, jefe de la “Comisión” de Libia
en Venezuela. Estuvo acompañado por una diputada
del Movimiento Venezolano Revolucionario (MVR), Cilia Flores. Nicolás Maduro y Juan Barreto,
otros dos jefes de las milicias del partido MVR (los Círculos Bolivarianos)
quienes realizaron un largo viaje a Trípoli en el año 2000, también
estaban presentes para facilitar el ingreso de los libios que desembarcaban
del vuelo 534 de Luftansa.
Los agentes Libios fueron identificados como: Alsudik Alghariy, Elmabruk Najjar,
Koaled Adun, Ezquerra Adel, Sherif Nagib, Abubaker Benelgh, Nabiel
Bentahir, Abdulfat Envía, Waldi Majrab, Amhamed Elkum, Abdulgha Nashnush,
Mohamed Romia, Abdurao Shwich, Abdulnass Elghanud, Ezzedin Barhmi,
Abdulssa Seleni, Hassan Gwile y Mhemmed Besha.
El alto nivel de seguridad ofrecido a los libios
a su llegada al país fue con el fin de evitar el rebullicio que se
originara en días anteriores tras la entrada de grupos iraquíes e
iraníes. En
cuanto se supo de la llegada de 20 iraníes al Aeropuerto Internacional
Simón Bolívar el 8
de enero, innumerables pasajeros enfurecidos comenzaron a golpear
los mesones y ceniceros de pie, a la vez que vociferaban “¡Fuera!
¡Fuera!” en protesta por lo que muchos venezolanos consideran una
interferencia extranjera en los asuntos internos de su país.
El alboroto fue tal que una delegación tuvo
que ser desviada hacia la rampa presidencial para evitar el chequeo
de inmigración y aduana, según lo manifestado a Insight por
fuentes del departamento de inteligencia militar, DIM, en Venezuela. Algunos de los iraníes, que actualmente
están escondidos en un hotel caraqueño, están dudosos sobre el cumplimiento
de su misión de reactivar las instalaciones de PDVSA, la empresa petrolera
estatal de Venezuela.
Mientras tanto, los VIP iraquíes, que se desplazaban
bajo la protección de la policía secreta de Chávez –DISIP- fueron
detectados por las fuerzas militares cuando agentes del gobierno trataron
de utilizar aviones de la fuerza aérea para transportar a cinco agentes
de Saddam Hussein hacia el interior del país. Los
pilotos militares solicitaron autorizaciones concretas antes de permitir
que los iraquíes abordaran los aviones C-130.
Dichas fuentes militares también reportan que
el grupo recién llegado de libios se encuentra en el Hotel Macuto
Sheraton de La Guaira, que comparten con comandos cubanos que han
estado realizando operativos rompehuelgas en los puertos petroleros
del país.
Las unidades locales de la Guardia
Nacional, la rama de las fuerzas armadas venezolanas encargada de
la seguridad interna, se dice que se han rehusado a acatar ordenes
del gobierno de reprimir a los huelguistas.
Según el Capitán
José
Ballabes del sindicato de la Marina Mercante, los cubanos improvisaron
campos flotantes de concentración abordo de los tanqueros, amenazando
a los oficiales y tripulación para obligarlos a mover sus buques fondeados.
Cuando los venezolanos se resistieron,
entonces “métodos tales como impedimento del sueño, al igual se hace
contra los disidentes políticos en Cuba, son los que se están empleando
en forma sistemática contra nuestra gente”, manifiesta Ballabes.
Las fuentes de la Marina Mercante en Venezuela
identifican a dos de los agentes cubanos a bordo de los tanqueros
como Arturo Escobar y Carlos Valdez, quienes fueron presentados como
“asesores presidenciales” que operan junto con la DISIP.
La organización de seguridad interna
ahora está bajo el control de una célula de comando de oficiales del
servicio secreto de inteligencia militar de Fidel Castro.
Las fuentes venezolanas señalan
que los operarios cubanos también dirigen un cuarto de guerra computarizado
dentro del palacio presidencial de Miraflores.
Es en este cuarto de guerra que
se han planificado las políticas de represión que ahora afligen al
país, según oficiales al servicio de la armada, ejército y guardia
nacional que fueron consultados por Insight.
Los libios, al igual que los cubanos, son especialistas
en inteligencia militar y seguridad, pero se les señala como especialistas
en computación traídos por el gobierno para operar y reprogramar los
sistemas de las refinerías que se han caído, según fuentes de la industria.
“El hemisferio occidental ha de esperar que
las relaciones entre Venezuela y los países islámicos sean más fuertes”,
señala el profesor Elie Habalian, un especialista en economía petrolera
y consultor de PDVSA a las órdenes de su Presidente Ali Rodríguez
Araque, quien es identificado por fuentes militares venezolanas como
un jefe guerrillero comunista de antaño. Con
la ayuda de la inteligencia cubana y los obreros islámicos, el gobierno
ha logrado recuperar hasta 34 por ciento de
la producción, lo suficiente para cubrir las necesidades locales. “Es
una guerra entre dos modelos”, continúa Habalian, “una que busca el
control total de la política petrolera y otra que refleja la política
liberal internacional que representaba la administración anterior
de PDVSA” y que ha sido efectivamente eliminada por el gobierno, el
cual ha ordenado el despido masivo de 7.000 empleados petroleros.
La interfase entre la industria petrolera y
los sistemas radicales del estado también facilitan los planes para
un posible embargo petrolero contra los Estados Unidos en el caso
que se prolongue un asalto militar a Irak. Mientras que los expertos petroleros
internacionales no consideran como probable ese escenario debido a
que Venezuela desesperadamente necesita los ingresos por exportación,
los líderes de la oposición temen que Chávez pudiera aprovecharse
de la conflagración en el golfo para consolidar su dictadura con el
apoyo de los agentes cubanos y árabes ya en sitio.
“Chávez ha violado la constitución en 34 oportunidades
y está procediendo hacia la nacionalización de la banca”, señala un
importante empresario venezolano. “Ha
colocado sus propios jueces en los tribunales, ha neutralizado a las
fuerzas armadas y tiene el dominio de la asamblea. Lo
que le falta es cerrar los medios de comunicación independientes y
decapitar a la oposición”. Según esta fuente, es probable
que Chávez se decida a actuar cuando la atención mundial esté centrada
sobre Irak.
Si la huelga le ha impedido utilizar el petróleo
como arma, Chávez puede compensar a sus aliados árabes apoyando los
ataques terroristas contra los Estados Unidos. Ante los alegatos del
ex-piloto presidencial, Mayor Juan Diaz Castillo, sobre la contribución
de $1 millón que hiciera Chávez a al-Qaeda, fuentes policiales en
Caracas le señalan a Insight que ya
se encuentra una célula de activistas islámicos fanáticos operando
desde un complejo deportivo en un área del centro de la capital protegida
por unidades armadas de los Círculos Bolivarianos.
Agentes secretos de la policía señalan que
el grupo tiene nexos con una red financiera de Hezbollah que opera
desde la isla de Margarita bajo las ordenes de Mohamed al Din, quien
apoya a Chávez y es amigo intimo del diputado Adel el Zabaya Samara,
un nexo clave entre el Islam y la izquierda radical en Latino América.
La célula venezolana se encarga de reclutar
árabes venezolanos para ser indoctrinados sobre el terrorismo y para
recibir entrenamiento militar en campos aislados en el interior del
país y en la isla fuera de la costa, según los oficiales de inteligencia
que alegan que los miembros de Al Qaeda se esconden en Margarita.
Dicen que los miembros incluyen
a Diab Fattah, quien fuera expulsado de los Estados Unidos por estar
probablemente ligado a los secuestradores de los aviones del 11 de
septiembre. Cuatro oficiales venezolanos que
investigan actividades terroristas en la isla fueron asesinados en
2001 cuando Chavez pasó a disolver la Sección 11 de la DISIP, por
haber investigado a árabes radicales.
Un terreno de 40 hectáreas en la península
de La Guajira cerca de la frontera con Colombia es otro sitio donde
se sospecha existe un campo de entrenamiento para terroristas islámicos. Equipado con sistemas de comunicación
altamente modernos, incluyendo antenas parabólicas y satelitales,
el complejo pertenece a una empresa árabe denominada Jihad, la cual
está registrada como una distribuidora de equipos línea blanca para
el hogar.
Los planes internacionales de Chávez han podido
sufrir un revés recientemente cuando no le fue posible incluir a ninguno
de sus aliados dentro del “Grupo de Amigos de Venezuela”. Quería que Cuba, Argelia y China
formaran parte de un comité supervisor de gobiernos respaldado por
los Estados Unidos diseñado para apoyar los esfuerzos de la OEA para
garantizar libertades democráticas y elecciones futuras. Pero
en la medida que la guerra en el golfo absorbe la atención de los
Estados Unidos, el grupo pudiera ceder ante la influencia decisiva
de Brazil. Mientras que el presidente electo
de ese país, Luiz Inacio “Lula” da Silva, pareciera haberse colocado
en el centro-izquierda y de haber alineado sus políticas con las del
Occidente, muchos de sus asesores claves se oponen.
El principal entre esos es Marco Aurelio Garcia,
un marxista duro con nexos estrechos con Cuba y las organizaciones
narcoguerrilleras de Colombia, y quien está destinado a ocupar un
alto cargo en el ministerio de relaciones exteriores.
Ya ha utilizado su influencia para
asegurar la entrega de más de 500.000 barriles de petróleo a Venezuela
para ayudar a Chávez a sobrevivir los momentos más críticos de la
huelga. Uno
de los contactos más cercanos de Aurelio Garcia es Mohamed Latifi,
una figura poderosa en los círculos del gobierno de Teherán, quien
propone un boicot internacional de petróleo a los Estados Unidos y
quien está relacionado con las redes terroristas.