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Manifiesto constitutivo
El
país vive momentos muy difíciles y el año próximo será año de
elecciones. En tales circunstancias los ciudadanos tenemos el
deber, y no sólo el derecho, de trabajar por lo que consideramos
mejor para la República. Por ello, los firmantes decidimos constituirnos
en la agrupación del Partido Colorado que se denominará "Batllismo
Abierto".
Para nosotros la prioridad
es hoy, como siempre, preservar y fortalecer las instituciones
democráticas. La amarga experiencia de la bomba y el atentado
primero, y la dictadura después, nos enseñó que la democracia no se
sostiene sin el concurso leal y activo de la ciudadanía y el
funcionamiento vigoroso de los partidos políticos. Todos estamos
llamados a colaborar para asegurar la convivencia en libertad,
legalidad y tolerancia. La puja entre los partidos políticos jamás
debe llegar a lesionar esos valores.
Para fortalecer la democracia, precisamente, urge detener y
revertir el proceso de debilitamiento y desintegración que está
sufriendo la sociedad uruguaya. La emigración, el empobrecimiento y
la exclusión social amenazan seriamente la calidad de la convivencia
y el futuro nacional. El Batllismo, que no puede olvidar los ideales
de solidaridad de su fundador sin perder su identidad, debe
replantearse el desafío de la integración social en la compleja
realidad de nuestra época.
Para luchar eficazmente contra la pobreza, la
marginalidad, el desempleo y la falta de oportunidades hay que
lograr que la economía crezca. El crecimiento no es un fin en sí
mismo, pero es indispensable para lograr el bienestar y dar sustento
a las políticas sociales. La prosperidad que anhelamos requiere un
aparato estatal eficiente y eficaz, una apertura económica
apropiada, seguridad jurídica, inversiones, innovación tecnológica y
competitividad global. Ningún voluntarismo puede sustituir estos
requisitos del desarrollo.
El Estado -en sentido amplio- sigue teniendo importantes
tareas que cumplir en el Uruguay, pero para cumplirlas bien debe
reformarse a fondo. En contraste con un sector privado de la
economía que ha debido ajustarse severamente para sobrevivir a la
crisis, en el sector público sigue habiendo gasto excesivo y mal
orientado, ineptitud, desidia, clientelismo y privilegios. Esta
situación, que se viene prolongando desde hace décadas, es injusta e
irritante. Hay que depurar al Estado, para que sirva eficazmente a
la sociedad.
Pero ni aún un Estado modelo puede generar por sí solo
prosperidad, cultura y calidad de vida. Son los particulares
-individuos, familias, empresas, sindicatos, asociaciones de toda
índole- los que lo hacen. Aunque el aparato estatal democrático, que
maneja ingentes recursos, no es neutro sino que puede promover o
impedir, ordenar o desordenar, amparar o abandonar, son en
definitiva los talentos y las virtudes de las personas, sus
actitudes ante la vida, los principios y valores que orientan su
conducta, los que hacen realmente la diferencia entre las sociedades
desarrolladas y las atrasadas. Estamos convencidos de que, en última
instancia, es el modo de pensar, sentir y actuar de un pueblo la
clave de su éxito o su fracaso. Por ello, debemos señalar que en la
sociedad uruguaya han arraigado actitudes y comportamientos
sumamente dañinos. El pesimismo sistemático, la falta de iniciativa,
la disposición a esperarlo todo del Estado, el consumismo sin
ideales, la benevolencia cómplice con los "vivos" que violan la ley
para obtener ventajas a expensas del interés general, son algunas de
las desviaciones alarmantes que urge
corregir.
Tenemos que recrear permanentemente, en nuestra
conciencia y en nuestra conducta, los valores que queremos ver
realizados en nuestra sociedad. En esta tarea el liderazgo político
tiene responsabilidades intransferibles. Los dirigentes deben dar el
ejemplo a la ciudadanía -como lo hizo en su momento el inolvidable
Enrique Tarigo-, pero es dolorosamente notorio que no siempre ocurre
así. Los partidos políticos siguen siendo indispensables para la
vida de la democracia, pero no funcionan bien. El Partido Colorado
ha suprimido de hecho el funcionamiento de sus órganos. En su seno
no hay debates ni votaciones; todo se resuelve en ámbitos cerrados,
que Batllismo Abierto pretende sustituir por las convenciones y
demás órganos partidarios, para que en "la historia de las
asambleas" siga haciéndose "la historia de la libertad". Así
evitaremos que el Partido se vacíe de participación popular, de
dinamismo y de entusiasmo; así recobraremos presencia y vigencia en
la sociedad y les daremos a los dirigentes intermedios y a los
militantes el apoyo que hoy les
falta.
Con este espíritu emprendemos la acción política.
Antes de proclamar ninguna candidatura, proclamamos principios y
convicciones. Anunciamos que participaremos con nuestras propias
listas en las próximas elecciones internas. El partido de Don José
Batlle y Ordóñez no debe resignarse a ser manejado por unos pocos.
Desde el llano, aspiramos a recuperarlo para todos. Sabemos que
nuestra aspiración es común a muchos colorados y batllistas de todo
el país. Se trata pues de darle forma y expresarla en los diecinueve
departamentos, para que en todos ellos se pueda votar, en las
próximas elecciones internas, por la redemocratización del Partido
Colorado. A ese esfuerzo nos comprometemos. A esa tarea
convocamos.
Setiembre de
2003.- |