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Recalentamiento global
por Dr. Jorge T. Bartesaghi
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Debiera ser un titular vinculado al efecto que causará la creciente emisión de gases de carbono. No es así. Licencia lingüística mediante, nos ha parecido término apropiado para definir el ambiente político (o su sensación térmica) luego de las desafortunadas actuaciones del Presidente de la República al frente de sus Consejos de Ministros (aquellos que funcionaron a la intemperie).
En nuestro editorial del 28 de marzo pasado, luego del Consejo de Ministros celebrado en Paso de los Toros, nos referimos al punto calificándolo de gruesa violación constitucional por el hecho de haberse constituido en un acto político partidario, expresamente vedado por la Carta. Considerando que la imputación aludida es la más grave que puede hacerse a un primer mandatario, adoptamos el máximo cuidado en su calificación. También el mayor de los énfasis en poner de manifiesto la gravedad del hecho y su incidencia en el deterioro de nuestro sistema democrático republicano.
Días pasados el presidente repite el episodio, esta vez en la ciudad de Rosario, rodeándolo de algunas características especiales que logran, fuera de toda duda, el “recalentamiento global” de todo el ambiente político.
Por una parte incurre en reiteración de flagrante violación constitucional, que es lo esencial, lo ontológicamente grave. Por otra, lisa y llanamente se burla de la gente asumiendo posturas y estilos que no condicen con su investidura. Se burla de la oposición, medio país, y se burla también de parte de quienes lo votaron que, seguramente, no les satisface ver un presidente itinerando sobre un tablado, con gesticulaciones, frases y giros impropios de la temática que trata.
El doctor Vázquez ha subido la apuesta del juego que iniciare en Paso de los Toros. No le gustó la fundada imputación de violación de la Constitución, que no sabemos cuánto valora, y menos le gustó la crítica a su acción histriónica. Fiel a su personalidad decidió embestir, duplicar, mostrarle a sus presuntos detractores que no se doblega, que su poder le permite reírse de todo. No quieren sopa, entonces dos platos.
Lució distendido, cómodo en su papel “evangelizador”, provocador y hasta burlón con quienes discrepan o critican su gestión. ¿Por qué? Pues simplemente porque dice tener los pantalones bien puestos, como si ello fuere una razón válida y que, además, dicha razón pudiere interesarle a alguien.
No menos impactante era el “telón de fondo”. El Consejo de Ministros en pleno, sentados con escolar disciplina y austeridad republicana, con el cometido de asentir con pausados gestos o sonrisas cómplices, las afirmaciones y actitudes socarronas del señor presidente. Patético. Nos recordó la “barra agradecida” del “Leguizamo solo” cuando requeridos por el Mago contestaban al unísono : “Muuy bieen”.
El doctor Vázquez se siente con derecho a encaramarse al bronce, más allá del bien y del mal, y desde esa situación hacer caso omiso de costumbres y comportamientos ortodoxos que los orientales aceptamos, desde siempre, como valores incorporados a nuestro ser nacional.
Cómo no admitir entonces que esas actitudes provoquen una abrupta subida de temperatura en el ambiente político, al punto que por su nivel y generalidad puedan calificarse de “recalentamiento global”.
El doctor Vázquez debe entender que, además de ser el Jefe de Gobierno por méritos electorales, es Jefe de Estado, y como tal nos representa a todos. A quienes lo votaron y a quienes no. No puede asumir representación de unos para enfrentar a otros. No puede ni debe hacer comparaciones partidarias, y menos aún, imputar responsabilidades a quienes no comulgan con sus acciones de gobierno.
Debe usar la reflexión abandonando el enfrentamiento. Debe practicar el respeto a los otros poderes del estado y no la soberbia intimidatoria.
Debe ser la mayor y primera de las garantías en velar porque el ejercicio de la función pública se desarrolle en el marco de la normativa constitucional, y por sobre todas las cosas, asegurar la preservación y el equilibrio de nuestro sistema político.
Y debiera entender también que abusar de las mayorías legislativas como instrumento para preservar sus frágiles acuerdos domésticos, implica renunciar al enriquecimiento que provee el debate parlamentario, y con ello, privar al país de mejores soluciones.
Señor presidente, del bronce se encargará la historia. Preocúpese Ud. de terminar su periodo de gobierno promoviendo la unión entre orientales, renunciando a toda teatralidad y recordando que cada uno de sus actos debe reafirmar nuestro sistema democrático republicano representativo.
Para el bien de todos es imprescindible que nuestro sistema político vuelva a operar con “temperatura normal”.
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