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Perspectiva Financiera: El atraso cambiario en Uruguay y la crisis global
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| por Lobo Gris de Lothlórien |
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¿Hay atraso cambiario? Mi respuesta es que no existe tal cosa como el atraso cambiario, al menos si denominamos así a una causa, y no a un síntoma de algo. Y es precisamente como causa que se maneja el concepto de atraso cambiario: como causa de la pérdida de competitividad de las empresas exportadoras. Y por eso hay que atacarla: interviniendo para hacer subir el precio del dólar.
Esa es la visión mayoritaria. Y el problema con esta visión, es que no considera las causas del atraso cambiario, y al hacerlo así, tampoco considera las consecuencias de atacar el síntoma, en lugar de las causas, y defienden entonces las acciones del gobierno para devaluar la moneda local.
Y es que este es el caso típico en el que los defensores del intervencionismo se fundamentan para justificarlo, sin percatarse que el problema no es la ausencia de intervencionismo, sino la presencia de una intervención previa que condujo al problema.
En mi artículo del 12 de enero del 2007, Economía de la devaluación, expliqué algunos de los problemas asociados a la devaluación de la moneda local. Aquí entonces voy a explicar otros problemas asociados a la crisis global, el origen de la devaluación del dólar, y cómo reducir su impacto sobre la economía local.
La devaluación del dólar tiene su origen en el exceso de oferta de dólares a nivel mundial, como consecuencia de una fuerte expansión de crédito en esta moneda. Es suficiente con indicar que en los últimos 8 meses, la Reserva Federal redujo sus tasas de interés en varias ocasiones, sumando 3 puntos de ajuste, hasta alcanzar 2.25%.
En cambio, la tasa de interés de referencia del Banco Central del Uruguay (BCU) se ha mantenido inmóvil en 7.25%. Es más, el último cambio fue a la suba y no a la baja. En un artículo anterior (Perspectiva Financiera del 19 de noviembre pasado), defendí esto como positivo, incluso en un debate que se originó en el mismo. Si bien hay que admitir que las autoridades del BCU no sostienen su tasa de interés con este propósito, sino con el sólo fin de contener la inflación.
Pero quiero dar argumentos adicionales en este sentido. La manipulación de las tasas de interés falsea la relación entre bienes futuros disponibles (capital) y bienes presentes disponibles. Cuando las tasas son excesivamente bajas, es decir, cuando hay expansión de crédito, se genera la ilusión de que de hecho existe capital disponible para invertir en mayor volumen. Esta situación genera en la realidad, un consumo del capital real. Hay más demanda de productos y servicios en el mercado, es decir, más oferta de dinero. Esto no se puede sostener en el tiempo, y a una expansión de crédito le sigue la depresión y contracción subsecuente. Los precios aumentan constantemente y van mostrando la realidad.
Y la inflación por tanto es un síntoma, no una causa que haya que contener con control de precios. Y es un síntoma que permite el ajuste de los precios en el mercado a la situación real de oferta y demanda. En caso contrario, se sigue consumiendo más capital aceleradamente, y la crisis resultante es aún peor.
La devaluación del dólar, en las economías que la permiten (por ejemplo, Uruguay), cumple entonces un papel fundamental: evitar que la economía uruguaya se suba excesivamente al tren de la expansión de crédito, con lo cual las consecuencias de la contracción futura tendrán menos efectos sobre ella.
Se podrá argumentar que el crédito barato en dólares determina que se genere una expansión de crédito en dólares. Lo cual de hecho sucede. Y por algo el dólar se devalúa tanto en relación al peso. Pero es precisamente esta devaluación la que frena sus efectos. Pues cuanto menos valor tenga el dólar, menos poder adquisitivo tiene, y los efectos dañinos del crédito artificialmente barato se ven neutralizados por esta situación.
Los efectos sobre el área exportadora son también beneficiosos, al contrario de lo que se sostiene. Puesto que un dólar barato evita que las exportaciones sigan el ritmo expansivo artificial del mercado en el que venden. Y por lo tanto, no va a sufrir las consecuencias de la depresión posterior. Puede que los exportadores se vean privados de los beneficios explosivos durante la etapa expansiva. Pero al mismo tiempo se permite el desarrollo natural de otros sectores económicos, y los consumidores, que no verán sus insumos incrementados en precio como consecuencia de una mayor demanda del sector exportador. De la misma manera, al evitar una excesiva expansión autoimplosiva hacia el exterior, se permite una gradual pero sana expansión hacia el mercado local.
Cuando se produzca la contracción de crédito como consecuencia de la expansión artificial, que se tendrá que producir más temprano que tarde, como siempre lo hace, el dólar se va a volver a revaluar en relación al peso.
Mientras tanto, parte del sector exportador sufre pérdidas, ciertamente. En particular aquellos que no se ven favorecidos por una suba de los precios internacionales de los commodities. Por ejemplo, la exportación de software, área en la cual se desempeña quien les escribe.
Pero es que en realidad estamos viviendo por anticipado, y más gradualmente, la crisis de dicha expansión. Peor sería que frente a un dólar alto las expectativas de los inversores fueran excesivas y cuando llegara la crisis se verían frente al dilema de reducir el personal y el capital invertidos excesivamente como consecuencia de dichas expectativas sobrevaluadas. De esta manera al menos se permite que estos recursos se estén dirigiendo a otras áreas más estables. A la larga, el desarrollo real, gradual y sustentable es mucho más beneficioso que el desarrollo artificial y explosivo que a largo plazo sólo provoca consumo de capital y por lo tanto el atraso económico en lugar del desarrollo.
Pero existen soluciones que pueden mejorar la situación. El gobierno puede hacer muchísimo. Pero no interviniendo, sino al contrario, quitándose de en medio. Reduciendo el excesivo nivel de impuestos que tenemos que soportar. Y permitiendo un mayor ingreso de importaciones. Al menos podría empezar por aquellas que no protegen a ninguna industria nacional, que hay muchas, sobre todo del área tecnológica. Esto permitiría darle un uso mucho más provechoso al dólar devaluado, y al mismo tiempo facilitar la salida hacia afuera de esta moneda. Si hay que vender más barato hacia afuera como consecuencia de la devaluación del dólar, ¿acaso no sería beneficioso y justo poder comprar también más barato?
Lamentablemente, habrá que dejar de lado esta posibilidad. Ni este gobierno ni cualquier otro sería capaz de abandonar su rol de intervenir sin otro sentido que el de intentar corregir los problemas causados por intervenciones previas (de hecho el actual está planteando la posibilidad de bajar las tasas de interés).
Esta es la gran tragedia del intervencionismo. Que se crea necesario para corregir los problemas que surgen de la imperfección del mercado, cuando en realidad lo único que hace es intentar corregir los problemas causados por otras intervenciones, pero al costo de provocar más problemas por otro lado.
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