¿Tiene
futuro la prensa?
Por Juan
José R. Calaza
La
Voz de Galicia (11/05/04, 07.23
horas)
Al
calor de la difusión de las Tecnologías
de la Información y Comunicación ha germinado
un debate sobre el futuro de la prensa generalista
que trasciende los ámbitos de la profesión.
Pero,
quizás por la dificultad técnica que entraña
la conceptualización solvente de la información,
existe en la calle una notable confusión al
respecto, entre otras razones porque la característica
profesional del editor de prensa no es, como
a veces se cree, imprimir periódicos sino organizar
una redacción.
Analíticamente
la información se asimila a un bien colectivo
(o público) caracterizado por dos principios,
que, dicho sea de paso, se expresan con sendos
horribles barbarismos: no-rivalidad
del consumo y no-exclusión.
Sirva
como referencia que un faro situado en la costa
es un bien colectivo puro --se puede consumir
la luz del faro sin que el consumo por un barco
reduzca la cantidad de luz que puede consumir
otro barco que también pasa por allí (principio
de no-rivalidad), al tiempo que, si el faro
funciona, el Estado no puede excluir a ningún
barco de su consumo ni tampoco un barco a otro
barco (principio de no-exclusión)--.
Y dado que la información comparte estas características
de los bienes públicos hay quien ha llegado
a aventurar que las salas de redacción están
condenadas a desaparecer pues Internet suministra
sobradamente los inputs informativos.
Gran
error: la información aun teniendo las características
intrínsecas de los bienes colectivos presenta
un carácter estratégico que influye en su valor.
Si
el principio de no-exclusión estipula que no
se puede impedir a un individuo consumir la
información disponible en la red, el principio
de no-rivalidad impone, por su parte, que una
información pueda ser consumida por un lector
cualquiera sin que se destruya, como sucedería
con una manzana.
Ello
implica que cabe reutilizar la misma información
sin que pierda su valor, e independientemente
del uso que le dé el agente que la procese,
verbigracia, siete personas pueden leer el mismo
ejemplar impreso de La Voz o cincuenta mil consultar
simultáneamente su página en la red sin que
en ninguno de ambos casos la información se
volatilice.
Ahora
bien, aquí se impone una consideración crucial:
la no-rivalidad de consumo de ciertas informaciones
es discutible pues las que tienen un carácter
«estratégico» son susceptibles de devaluarse
a medida que el número de individuos que las
reciben, que las consumen, aumenta.
En
consecuencia, quien posea información estratégica
no la soltará públicamente si está capacitado
para negociarla. De ahí que sólo empresas editoras
dotadas de capacidad financiera y tradición
organizativa muy rodada puedan acceder a la
información estratégica, o semiestratégica,
que no se encuentra en la red (comprándola a
agencias o a redactores especializados) al tiempo
que la procesan y transforman en compacta y
clara con el fin de hacérsela asimilable al
lector.
Esto
es ni más ni menos el trabajo de los profesionales
de la prensa hoy y lo será mañana: cualquiera
tiene acceso en tiempo real a los resultados
de los partidos de fútbol pero sólo encontrará
un análisis razonado de los mismos gracias a
la información estratégica que posee el redactor
(su cultura profesional), y que verterá en el
periódico.
En
mi opinión si bien el soporte actual en papel
desaparecerá en un plazo que no me atrevo a
predecir pero cuyo horizonte alcanzo a vislumbrar,
el modelo actual de prensa, en tanto que vector
de información ordenada y sistematizada, terminará
el siglo en curso gozando de la mala salud de
hierro de la que disfruta ahora.
Es
decir, las rotativas pararán su runrún mucho
antes que la restricción impuesta por la reproducción
forestal lo imponga, pero las salas de redacción
seguirán más activas, numerosas y bulliciosas
que nunca.
Pero
que en el futuro la prensa suministre los flujos
de información al lector por medio de Internet,
y a qué precio, o en un disco que podrá comprar
en el kiosco para evitar los virus, como hoy
compra La Voz impresa en papel, es
asunto a considerar aparte.
|