¿Pero
cómo? ¿Había que pagar?
por
Germán
Queirolo Tarino
-Buenos
días, ¿El Sr. Fulanetti? –
-Si,
él habla. ¿Quién es? -
-Le
llamamos de "La casa del electrodoméstico"
Sr. Fulanetti, nuestros registros indican que usted
ha olvidado pagar las 3 últimas cuotas de un
artículo adquirido en nuestra empresa y nosotr...
-
-¿Pero
cómo? ¿Había que pagar?-
-¿Perdón
Señor?- La muchacha, acostumbrada por su trabajo
a explicaciones inverosímiles, queda absolutamente
desconcertada con lo que la pregunta.
-Señorita,
¿Está usted insinuando que tendría
que haber pagado? ¿No le parece un tanto excesivo
llamarme a mi domicilio para molestarme por semejante
nimiedad? – Fulanetti se enreda el cable del teléfono
alrededor del dedo índice. El rostro se le
ha transfigurado de indignación.
-¿Perdón
Señor? Disculpe, no le entiendo.- Francamente
desconcertada la empleada.
-Entiéndame
Señorita, yo compré ese equipo de audio
- que entre paréntesis no anda muy bien- efectivamente
en sus oficinas, pero en ningún momento nadie
me dijo que había que pagarlo. No me parece
correcto que ahora me venga con esas sorpresas-
-¡Señor,
eso obvio que hay que pagarlo!-
-No,
me venga con obviedades. ¿Dónde está
escrito que tengo que pagar algo?.-
La
telefonista no salía de su asombro, pero de
todos modos atinó a contestar:
-Señor,
si usted se fija en la copia del contrato que ha firmado
con nosotros, verá. que......-
-¡Peeeero
mija! Nooo, yo soy dirigente de fútbol. Los
contratos no los firmamos para cumplirlos sino para
cumplir con las formalidades. ¿Cuánto
sería que lo que tendría que pagar?-
-Bueno
Señor, en estos momentos usted debe tres cuotas
de dos mil ochocientos, más los recargos por
mora serían algo así como.....-
-¡Pero
yo no puedo pagar eso! ¿No sabe acaso que las
cosas marchan horrible?-
-Señor,
usted debió pensar eso antes de comprometerse
a pagarlo!-
-Es
que yo lo pensé, y me dije "Dios proveerá"
¿Qué clase de irresponsable se piensa
que soy? Además si le hubiera dicho que mi
situación económica no era, digamos
la óptima me hubiera privado de tener el equipo
de audio!.-
-Y
si Señor, por supuesto, uno tiene que pagar
por lo que compra o resignarse a no tenerlo.-
La
bronca del Sr. Fulanetti ascendió a las nubes.
Indignado
respondió:
-La
verdad es que su postura la veo radical e inaudita,
Señorita, Realmente estoy considerando seriamente
la posibilidad de realizar una denuncia pública
contra ustedes. Incluso es posible que presente una
demanda.-
-Señor,
¿Está hablando en serio? No paga y encima
quiere ponerse en denunciante?- La pobre telefonista
definitivamente anonadada, buscaba en su cartera algo
para los nervios.
-Pero
por supuesto Señorita, fíjese usted
que con su actitud está comprometiendo la tranquilidad
de mi familia, llamando a mi casa para reclamar cosas
absurdas. Además: ¿Acaso cuando ustedes
revisaron mi recibo de sueldo no les resultó
obvio que ganando cuatro mil no iba a poder pagar
dos mil ochocientos? ¿Con qué dinero
espera que coma y pague los demás gastos? ¡Piense
Señorita, piense!–
-Pero
Señor Fulanetti, nosotros hicimos confianza
en usted ¿Por qué firmó entonces?-
-¿Y
si no hubiera firmado, ustedes me habrían entregado
el equipo de audio? Además ¿En qué
mundo viven ustedes que me salen con eso de la “confianza”?
¿No le enseñaron que los Reyes Magos
son los padres? –
-¡No,
por supuesto que no se lo hubiéramos entregado!
¿Qué se piensa?-
-Me
pienso que ustedes quieren desprenderse de esos electrodomésticos,
¿O acaso los tienen para coleccionarlos? Si
nosotros los consumidores, no se los compráramos,
se perderían muchas fuentes de trabajo. ¿No
se percata de eso? ¡Debería estarme agradecida!
Evidentemente usted es una ingrata.-
-¿Agradecida
de qué Señor? ¡Si usted no paga
da lo mismo tener trabajo o no. Es con sus cuotas
que a nosotros nos pagan el salario!-
-¡Ustedes
son todos iguales! ¡Jamás están
satisfechos! ¡Con razón este país
está como está!
-Pero
Señor, fíjese qué entonces lo
vamos a tener que mandar al Clearing...-
-¿Amenazas
también? Ni una palabra más, a partir
de este momento, queda cortado el diálogo.-
Furioso
Fulanetti cuelga el teléfono.
Al
otro lado de línea, la empleada, sin salir
aún del desconcierto, decide tomarse dos Mejorales.
Un fuerte dolor de cabeza comenzaba a insinuarse en
el horizonte. Está tan confusa, que le tiemblan
un poco los dedos mientras le pasa al Clearing los
datos de Fulanetti.