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Las
Fuerzas Armadas
en
la encrucijada
* Alvaro Kröger
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INTRODUCCION
Que los
ejércitos se han visto involucrados en la historia
y la vida política de las naciones, para nadie constituye
una novedad; sin embargo, si miramos el tema en perspectiva
histórica se advierte una tendencia clara; las fuerzas
armadas reconocen una subordinación al poder civil
casi sin excepciones.
Un aspecto
siempre problemático han sido las transiciones desde
gobiernos autoritarios o dictatoriales a sistemas democráticos,
muchas veces en medio de situaciones de confusión y
violencia.
Por otro
lado es un error muy común suponer que los dictadores
son grandes favorecedores y modernizadores de sus fuerzas
armadas.
Otros países
pasaron por transiciones tanto o más duras que lo que
puede ser la de Cuba y en todos los casos, sus fuerzas armadas
se integran hoy dentro de la vida democrática.
Hemos querido
tomar ejemplos bien diversos para nuestro análisis,
países que como Chile, España, Argentina, la
República Popular China o Polonia partieron de muy
diversas realidades políticas, sociales y económicas,
de muy diversas geografías, de muy diversas situaciones
en el mundo. Sin embargo todas estas experiencias, aún
la de la República Popular China, en pleno desarrollo,
tienen una característica común, son exitosas,
no solamente para las fuerzas armadas que las llevan a cabo
directamente sino para sus propios países.
Otra experiencia
que nos resulta de analizar estos casos es que no existen
"recetas" universalmente válidas, cada país
va encontrando su propio camino, con aciertos y errores. Un
ejemplo es el tema de las "salvaguardas" que algunas
fuerzas armadas establecieron frente a los nuevos gobiernos
civiles en medio de las transiciones; en el caso chileno,
estas salvaguardas se incluyeron en la legislación,
tuvieron aprobación parlamentaria y funcionaron eficazmente;
hoy la sociedad toda entiende que ya no son necesarias y con
la anuencia de las fuerzas armadas, se van dejando de lado,
en la medida en que el desarrollo político y económico
del país lo va haciendo innecesario.
Lo mismo
sucede con la participación de las fuerzas armadas
en el desarrollo tecnológico y económico del
país; en el caso español la intervención
de las Fuerzas Armadas en la economía es extremadamente
limitada, lo mismo sucede en Argentina; sin embargo en Chile
es bastante elevada y en la República Popular China
han creado un modelo que bien puede calificarse de único.
Otro rasgo
destacable es que todos los cambios han repercutido en un
aumento de la profesionalidad, el prestigio y la tecnología
disponible para ellas.
Las transiciones
siempre traen inevitables incertidumbres, es imposible decir
con precisión milimétrica como van a desarrollarse,
sin embargo, hay otro común denominador en los casos
que estudiamos, las fuerzas armadas no interfieren en los
procesos políticos colocándose en contra de
la mayoría de la población, esto de por sí,
da a estas un perfil profesional, evita que sean vistas por
el pueblo como antagónicas al tiempo que evita inútiles
derramamientos de sangre que dejan heridas que luego tardarán
generaciones en cerrar.
CHILE:
DE PINOCHET A LA DEMOCRACIA
Este caso
es particularmente ilustrativo, por cuanto Chile pasa de un
intento de gobierno socialista/marxista (Salvador Allende)
que intenta sin éxito una tarea de adoctrinamiento
de la sociedad, a un golpe militar de derecha (Augusto Pinochet),
que establece una dictadura que se extendió entre 1973
y 1990.
Tanto en
el golpe de estado cuanto en el gobierno posterior participan
las tres fuerzas armadas, de manera tal que por su profundidad
y por su extensión en el tiempo es válido decir
que el llamado "pinochetismo" marcó a las
fuerzas armadas de Chile.
Dos consideraciones
más: primera, la gestión de Pinochet es económicamente
exitosa y sienta las bases para el actual despegue de Chile;
la falta de libertad política se veía atenuada
por este desarrollo y modernización de la economía.
Segunda, Pinochet confiaba en las fuerzas armadas que le eran
leales por lo que profesionalmente tanto el equipo como el
entrenamiento fueron una de las prioridades de su gestión.
La reacción
de la sociedad chilena frente a su gobierno fue primordialmente
emocional, lo que se evidencia al producirse el plebiscito
donde la opción era dar o no por concluido el mandato
del general. El voto popular le es desfavorable, pero Pinochet
obtiene que un 40% del electorado vote a su favor.
Este plebiscito
posibilitó una transición no traumática
de la dictadura a un sistema democrático y pluripartidista.
Sin embargo, era innegable que Augusto Pinochet había
contado con el apoyo de las fuerzas armadas durante su gobierno
por lo que muchos se interrogaban respecto de qué es
lo que sucedería al efectuarse el retorno a la institucionalidad.
Después
de largos períodos de regímenes autoritarios,
parecía que el principal problema que afrontarían
las nuevas democracias, desde mediados de los 80, sería
el deseo de los militares de retornar al poder, con lo que
el tema del control civil efectivo era imprescindible para
que el gobierno electo pudiera no solamente definir objetivos
políticos sino generar una política de defensa.
Dos problemas
serios se le presentaban al primer gobierno democrático;
primero, el alto nivel de prerrogativas militares consagradas
en la Constitución de 1980, que limitaban y aún
limitan lo que el poder político puede resolver respecto
de las fuerzas armadas. En segundo término, el hecho
que las fuerzas armadas mantuvieran el poder tantos años
llevó a que los partidos políticos se desentendieran
de los temas que hacen a la seguridad y la defensa por cuanto
los uniformados interpretaban que estos eran de su exclusiva
competencia, lo que condujo a la inexistencia de cuadros civiles
formados en estas temáticas, cosa que muy lentamente
fue cambiando.
Pero un
dato muy positivo que es imprescindible considerar fue la
existencia de un consenso en la sociedad civil y en los partidos
políticos que incluían y no marginaban a las
fuerzas armadas.
El sistema
político chileno es de un fuerte presidencialismo y
esto incide en la conformación del marco en el que
van a insertarse las fuerzas armadas, y que es de clara y
directa subordinación de las mismas a la figura del
presidente, lo que entronca con la historia de Chile desde
su independencia y que no varió ni aún durante
el gobierno militar, más bien al contrario, Pinochet
dejó siempre muy clara su voluntad de ejercer comando
directo sobre las fuerzas armadas.
Puede hablarse
hoy de una segunda etapa en la relación cívica-militar,
donde la misma es de integración, no de conflicto,
con lo que además, la política de defensa no
es vista como algo de "los militares", sino como
un tema en el que participa la sociedad civil activamente.
Esto llevó
a que Chile publicara en 1994 el primer Libro Blanco de la
Defensa Nacional, que consagró objetivamente el hecho
que eran las autoridades civiles las que diseñaban
las políticas de defensa. Es relevante señalar
que tanto en esta versión (1994) como en la más
reciente (2002), no solamente participa el ejecutivo y las
fuerzas armadas, sino que lo hace el Parlamento, las universidades,
centros de estudios y partidos políticos, con lo que
el diálogo pudo ampliarse y se logró la generación
de una etapa de confianza mutua.
Otro elemento
para el análisis es que desde el Ministerio de Defensa
se viene llevando adelante un proceso de modernización,
tanto de las propias estructuras del ministerio, cuanto de
estructuras, planes de estudio, planes de entrenamiento e
incorporación de equipos y simultáneamente se
avanza hacia un servicio militar voluntario.
En cuanto
a la formulación de una "política de defensa",
Chile dejó de lado la doctrina defensivo-disuasiva
para lograr una mayor integración regional y global,
participando activamente en los esfuerzos internacionales.
Todo ello
se refleja no solamente en una integración político
social de las fuerzas armadas, sino en un muy importante incremento
de su calidad profesional, al tiempo que consolida su papel
institucional y las independiza de los vaivenes de la política.
ESPAÑA:
FUERON 36 AÑOS DE DICTADURA
Entre 1936
y 1939 España se vio sumida en una enconada guerra
civil que no solamente costó miles de muertos sino
que, como toda guerra civil dejó rencores y odios profundos
entre los mismos españoles.
El llamado
"bando nacional" dirigido por Francisco Franco triunfa
militarmente sobre los "republicanos" con lo que
se va a instaurar un gobierno autoritario que se conocerá
como "Franquismo" y que se articula políticamente
en lo que se denomina "el movimiento".
El gobierno
de Franco se extenderá entre 1939 y 1975, un período
de 36 años de gobierno autoritario que si bien pasó
por diversas etapas marcaría a España en forma
imborrable.
Los primeros
años de la dictadura, "El Caudillo",como
se lo conocía a Franco, va a apoyarse en las fuerzas
armadas, triunfantes en la guerra civil, como así también
en las fuerzas de seguridad, principalmente en la Guardia
Civil, especie de policía militarizada que se convierte
en una herramienta de control de la sociedad.
La dictadura
de Franco aísla casi por completo a España no
solamente del resto de Europa, pero del mundo en general,
mantendrá lazos cordiales con otros gobiernos autoritarios
(una abierta simpatía hacia las potencias "del
eje" durante la segunda guerra mundial) pero en un marco
global de aislamiento.
A partir
de los años 60 la relación de Franco con las
Fuerzas Armadas comienza a deteriorarse, "el movimiento"
controlaba las promociones y los cargos, al tiempo que el
aislamiento internacional hacía que las fuerzas entraran
en un lento pero constante proceso de obsolescencia. Había
pues un problema político y uno técnico.
Con la muerte
de Francisco Franco (noviembre de 1975) la transición
podía parecer fácil, pero en realidad no lo
era. El fantasma de la guerra civil parecía agitarse
aún ante un país en el que existían grupos
radicales de extrema izquierda y donde tampoco faltaban grupos
franquistas de extrema derecha que contaban con un apoyo considerable
dentro del ejército. Si llegaba a producirse una situación
política incontrolable, cualquier chispa sería
iniciar un temible proceso de acción-reacción.
La muerte
del general Franco convirtió en protagonista político
a Don Juan Carlos de Borbón. Hasta noviembre de 1975
el príncipe se había mantenido en un discreto
segundo plano siguiendo las pautas marcadas por Franco. Pero
la desaparición del general iba a poner en evidencia
que Don Juan Carlos tenía un proyecto político,
la implantación de un sistema político democrático
en el país.
Don Juan
Carlos inició su reinado sin salirse de los cauces
de la legalidad franquista. Así, juró fidelidad
a los Principios del Movimiento, tomó posesión
de la corona ante las Cortes franquistas y respetó
la Ley Orgánica del Estado para el nombramiento de
su primer jefe de gobierno.
Será
el Rey quien elija a Adolfo Suárez como presidente
de gobierno porque reunía las condiciones necesarias
para realizar una operación política de evidente
dificultad: convencer a los políticos del sistema franquista
instalados en las Cortes para que desmantelaran dicho sistema.
De esta manera se respetaba formalmente la legalidad franquista
y se orillaba, en lo posible, el peligro de una intervención
del ejército en el proceso de transición.
Para dar
credibilidad a su proyecto, Suárez fue adoptando una
serie de medidas políticas. En1976 hubo una amnistía
política parcial que se convirtió en total en
mayo del mismo año. En marzo de 1977 se legalizó
el derecho de huelga y en abril del mismo año se decretó
la libertad sindical. También en marzo de 1977 se promulgó
una Ley Electoral que cumplía las condiciones necesarias
para ser homologada con las de los países que tenían
un sistema de democracia liberal parlamentaria.
Suárez
había iniciado sus contactos políticos con la
oposición entrevistándose con Felipe González,
secretario general del PSOE, en agosto de 1976. La actitud
posibilista del líder socialista dio alas a Suárez
para llevar adelante su proyecto político, pero todo
el mundo percibía claramente que el gran problema para
la normalización política del país iba
a ser la legalización del Partido Comunista. Éste
constituía, en aquel momento, el grupo político
más organizado y con mayor número de militantes
de la oposición, pero, en una entrevista que tuvo Suárez
con los mandos más destacados del ejército (septiembre
de 1976), éstos le manifestaron claramente su oposición
frontal a la legalización del PCE.
Adolfo Suárez
conocía bien que dentro del ejercito el llamado "búnker"
el grupo de los "duros" del franquismo, ejercía
una evidente influencia sobre importantes sectores militares.
Estas fuerzas podían constituir un obstáculo
insalvable si lograban poner al ejército en contra
de la reforma política.
Para salvar
ésta dificultad, Suárez intentó apoyarse
en el grupo de militares más liberales a los que buscó
colocar de los puestos de mayor responsabilidad. La personalidad
más destacada de esta tendencia dentro del ejército
fue general Manuel Gutiérrez Mellado quien actuaría
con habilidad para promocionar a los oficiales partidarios
de la reforma política y para sustituir a los mandos
de las fuerzas de seguridad (Policía Armada y Guardia
Civil) que parecían más partidarios de conservar
el régimen franquista.
En realidad
Suárez quería demostrar al ejército que
la normalización política del país no
implicaba ni la anarquía ni la revolución y
mucho menos la disolución de las fuerzas armadas para
la creación de milicias populares. Para ello tenía
la colaboración de Santiago Carrillo, el líder
histórico del Partido Comunista Español; pero
no pudo contar en absoluto con la colaboración de los
grupos terroristas.
Para las
elecciones generales de 1982 el Partido Socialista Obrero
Español (PSOE) dirigido en esos años por Felipe
Gonzáles se había cargo del gobierno, lo que
significaba un enorme cambio para las fuerzas armadas.
En este
proceso son varios los elementos a tomar en consideración,
como ya comentamos, los últimos años del franquismo
no habían sido profesionalmente buenos para las instituciones
armadas; el aislamiento y la retórica franquista no
caían bien en los jóvenes profesionales que
buscaban que las fuerzas armadas lo fueran de España
y no de un partido político.
Además
existe un consenso político entre todas las fuerzas
de España (consenso en el que también participa
el Partido Comunista Español) respecto de contar con
fuerzas armadas que, al igual que el propio partido comunista,
se integren en el pluripartidismo y la propuesta política.
Finalmente
la integración de España en la OTAN fue el paso
definitivo que llevó a sus fuerzas armadas a ser Españolas
y Europeas de derecho pleno contando hoy, no solamente con
un sólido marco constitucional, sino con una elevada
calidad profesional y con el moderno equipamiento que es ya
un estándar en el tratado Atlántico.
ARGENTINA,
UNA TRANSICIÓN ACCIDENTADA
A finales
de 2001, Fernando de la Rua, presidente constitucional de
Argentina, renunció después de disturbios callejeros
de gran envergadura que causaron casi 30 muertos; en medio
del caos que llevó a grupos organizados a irrumpir
en el Congreso e intentar prenderle fuego, más de uno
se preguntó dónde estaban las fuerzas armadas.
La respuesta de ellas a los pedidos de restauración
del orden fue: sólo si el Congreso votara una ley que
nos ordenara hacerlo así.
Es el final
de una evolución que comenzó en los años
70 y acaba de concluir. Argentina pasó de un ejército
con aspiraciones políticas a una fuerza armada profesional
que deja la política en manos de los civiles.
Argentina
en esos años fue un verdadero campo de batalla; 1973
estuvo marcado por la vuelta a un gobierno constitucional
(peronista) que se inauguró con una amnistía
para aquellos que conformaron las organizaciones terroristas.
El retorno de Juan D.Perón al país y la continuidad
de los ataques terroristas acompañaron los últimos
días del viejo caudillo (Perón muere el 1°
de Julio de 1974), su esposa, en ese momento Vicepresidente,
pasó a ser la primera mujer Presidente de la Argentina.
El 24 de
marzo de 1976 un golpe militar concluyó con su débil
mandato Personal militar pasó a controlar casi todos
los aspectos del gobierno, al tiempo que la actividad política
era suprimida.
Lo que seguiría
después sería una guerra civil larvada y no
declarada que dejó muerte, amargura y odio en las relaciones
entre civiles y militares. Es una visión mesiánica
de su propia misión lo que lleva a la conducción
militar a lanzarse al conflicto del Atlántico Sur (1982),
pensando que es posible derrotar a Gran Bretaña y a
la OTAN, incluyendo a los Estados Unidos.
Como era
de preverse y a pesar de los heroísmos individuales
la guerra concluyó en desastre (14 de junio de 1982).
Para septiembre
de 1982 la actividad política será restaurada
y los militares comenzaron a retirarse de los puestos de gobierno.
La tarea
de recomponer la sociedad civil y sus mecanismos no sería
simple; finalmente las elecciones generales de 1983 llevan
al poder a Raúl Alfonsín, candidato de la Unión
Cívica Radical (UCR) uno de los partidos tradicionales
del país.
Desde el
primer momento fue visible que el presidente tendría
que encontrar algún equilibrio entre quienes querían
llevar a juicio y purgar a las fuerzas armadas indiscriminadamente
y las propias fuerzas, que no parecían dispuestas a
asumir ninguna responsabilidad. Alfonsín venía
a cerrar un ciclo de casi 50 años en el que las fuerzas
armadas se habían comportado de manera cuasi autónoma
respecto del resto de la sociedad.
La primera
tarea del presidente fue, apoyándose en la Constitución,
recuperar el mando efectivo de las fuerzas, lo que implicaba
además que el Ministro de Defensa -un civil- fuera
quien ejerciera autoridad sobre promociones y destinos. Por
otra parte, las fuerzas armadas bajo el sistema de tres "comandantes
en jefe" se comportaron en forma totalmente autónoma
una de otra y ninguna prestaba atención al Estado Mayor
Conjunto, a pesar que se suponía que este era el canal
de comando del Ministro de Defensa.
Pero el
tema más delicado que aguardaba al primer gobierno
civil era qué hacer con las acusaciones contra miembros
de las fuerzas armadas por violaciones a los derechos humanos
durante el gobierno militar. Según los organismos de
derechos humanos unas 30.000 personas habían desaparecido
durante la "guerra sucia" (si bien hoy el número
fue reducido a unos 6.000) y los jefes y oficiales involucrados
debían ser llevados a juicio.
1985 y 1986
fueron los años de más dura confrontación
entre el gobierno civil y los militares que se sentían
condenados sólo por cumplir con su deber, perseguidos
por su gobierno, con salarios muy bajos, despreciados por
la sociedad y sin posibilidad de reponer el equipo perdido
en el Atlántico Sur. En 1987 se producen dos movimientos
militares que, si bien no son golpes de estado, dejan a la
vista que resultaba necesario encontrar una solución
política a tan difícil tema. El presidente envía
al Congreso la llamada "Ley de Obediencia Debida",
que exculpaba a los oficiales de bajo rango por el cumplimiento
de órdenes impartidas por sus superiores (mayo 1987).
Carlos Menem
(justicialista) triunfó en las elecciones generales
y debió adelantar su llegada a la presidencia por renuncia
anticipada de Raúl Alfonsín.
Menem que
recibe un país en ruinas sabe que la confrontación
con las fuerzas armadas sólo habrá de perjudicarle.
Un amplio perdón presidencial alcanzó tanto
a ex guerrilleros cuanto a militares acusados de violaciones
a los derechos humanos.
Puede afirmarse
que desde la restauración de la democracia, Menem será
el primer presidente en condiciones de ejercer en plenitud
el cargo que la Constitución le otorga de Comandante
en Jefe de las fuerzas armadas.
Durante
su segundo período presidencial (1995-99) pudo concluir
con el sistema de conscripción dando inicio a la conformación
de un ejército profesional. Se editó además
el primer Libro Blanco de la Defensa, que transparentó
la situación de la misma.
Lo más
importante a resaltar de estos años es el cambio en
el papel y la actitud de las fuerzas armadas que se auto asignaban
funciones que las ponían en pie de igualdad (cuanto
no de superioridad) con el poder civil. En la actualidad son
un instrumento profesional que está subordinado al
poder civil.
Después
de la salida de Fernando de la Rua a la que aludíamos
al principio, las elecciones presidenciales determinaron la
llegada al poder de Néstor Kirchner, un hombre del
peronismo, pero afín al ala izquierda de su partido.
Su actitud es franca y abiertamente hostil hacia las fuerzas
armadas y sus políticas reabrieron temas que el grueso
de los ciudadanos daban por concluidos; sin embargo, a pesar
de la opinión negativa que estas políticas despiertan
en las fuerzas, las mismas continúan cumpliendo sus
tareas y misiones con pleno acatamiento al poder constitucional.
CHINA
Y EL EJÉRCITO POPULAR DE LIBERACIÓN: UNA SOLUCIÓN
ORIGINALPARA UNA TRANSICIÓN DELICADA
Dentro de
la estructura del gobierno de la República Popular
China, el Ejército Popular de Liberación, EPL,
nombre con el que se conoce genéricamente a todas las
ramas de las fuerzas armadas, mantiene una existencia semi-autónoma.
El EPL no
reporta al Consejo de Estado de la República Popular
China sino a dos "Comisiones Militares Centrales",
(CMC) una que pertenece al Estado y la otra al Partido. En
la práctica no hay conflicto en este arreglo por cuanto
los miembros de una y otra son los mismos.
La "Comisión
Militar Central" del Partido está subordinada
al secretario del PC Chino, mientras que la "Comisión
Militar Central del Estado" está subordinada nominalmente
al "Congreso del Pueblo" que en la práctica
tiene casi nulo control sobre la CMC.
A diferencia
de lo que sucede en otras naciones el Ministerio de Defensa
no es la cabeza de las fuerzas armadas.
El Ejército
Popular de Liberación se encuentra en estos momentos
en medio de un período de concreción de las
importantes reformas comenzadas en 1990, cuyo objetivo es
convertir a la fuerza en una profesionalmente capaz.
Las circunstancias
que rodean a este proceso hacen que su éxito sea altamente
probable: China cuenta con fronteras seguras, desde mediados
de los años 80 que la región se encuentra en
paz; China atraviesa por un intenso período de prosperidad
donde ideología y pragmatismo se reconciliaron dando
un marco de estabilidad política; China está
además realizando activas políticas de integración
a un mundo que se globaliza y además las fuerzas armadas
van siendo reconocidas tanto por su capacidad técnica
cuanto por su competencia profesional.
Desde los
años 50 cuando el Ejército Popular de Liberación
(EPL) era un "ejército campesino" a la fuerza
militar profesional actual, diversas transformaciones han
tenido lugar en el tiempo. Las más importantes comenzaron
a partir de 1978, e incluyeron métodos modernos de
reclutamiento, nuevas estrategias y nuevos sistemas de entrenamiento.
El modelo
de transición del EPL es tan peculiar como lo es la
transición en China; recordemos que el EPL es el primer
ejército moderno que va a crear, comenzando a fines
de los 50 principios de los 60, una red de empresas comerciales.
El concepto
se basó en la idea del "estado socialista"
y en la búsqueda de la auto-suficiencia; así
el EPL estableció una red de granjas, casas de huéspedes
y fábricas, cuyo objetivo inicial era ayudar a financiar
los gastos del EPL y muchas de estas empresas fueron exitosas
produciendo importantes beneficios, lo que a su vez redujo
las necesidades presupuestarias del EPL, que gerenció
proyectos como el Beijing Palace Hotel o Great Wall Telecom.
Las complicaciones
ligadas a esta política se hicieron cada vez más
evidentes a partir de 1998; la presencia de oficiales en servicio
activo unido a problemas de contrabando y mercado negro, llevaron
al presidente Jiang Zemin a expandir el control del aparato
del partido sobre el ministerio de defensa y la producción
de armamentos.
Pero por
otro lado los beneficios comerciales resultaban muy importantes
y suplementaban los salarios militares generando fondos para
la construcción de nuevos cuarteles, vehículos
y otros privilegios que mejoraban visiblemente el nivel de
vida de las fuerzas armadas.
En su momento
de máxima expansión, se calculaba que unos 15.000
negocios/empresas estaban en manos de las fuerzas armadas,
con una facturación del orden de los 1.800 millones
de dólares.
La otra
cara de la moneda fue que según el propio Jiang, el
contrabando en puertos y bases militares le costaba al Estado
chino 1.200 millones de dólares en tarifas no percibidas.
Se producían
además casos curiosos como la competencia entre "China
Great Wall Telecom.", controlada por las fuerzas armadas
y "China Telecom", bajo control del Ministerio de
Informaciones, ambas compitiendo por brindar un servicio de
telefonía celular.
Hacia mitad
de los 90 el Comité Central del Partido Comunista Chino
resolvió que el EPL debería desprenderse de
todas aquellas compañías cuyos objetivos nada
tenían que ver con la defensa, particularmente los
negocios inmobiliarios, farmacéuticos, textiles y transportes.
El argumento fue que este involucramiento en los negocios
resquebrajaban la disciplina y tenían un efecto negativo
en la capacidad de combate de las fuerzas armadas.
Sin embargo,
esta determinación no resultaría simple de implementar,
particularmente porque el EPL deseaba alguna forma de compensación
por los más de 1.500 millones de dólares que
dejaría de percibir.
Para el
año 2000, la reducción de la presencia militar
en la vida empresaria está en pleno desarrollo. Como
el concepto político fue no perjudicar al EPL y a la
vez aprovechar la experiencia adquirida por un management
exitoso, se optó por una solución inteligente;
todo el personal militar en las empresas mantuvo sus cargos,
sólo que debió dejar el servicio activo pasando
a la reserva.
De esta
manera, mientras el Estado chino continúa con su proceso
de apertura internacional, el EPL se profesionaliza, incrementa
visiblemente su capacidad tecnológica interactuando
con la empresa privada y a la vez retiene a su personal más
experimentado y valioso, generando un modelo de integración.
POLONIA
UN MODELO PARA EUROPA CENTRAL
Pocas naciones
en el planeta muestran una historia mas accidentada que Polonia.
Situada en el "medio geográfico" de Europa,
siempre fue punto de tránsito de invasores y defensores
en todas las guerras europeas; objeto de repartos y divisiones,
siempre fue el sujeto pasivo de negociaciones internacionales.
Puede hablarse
de una Polonia verdaderamente independientes como nación
recién a partir de 1918. La denominada Segunda República
sobrevivirá hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial
cuando la Unión soviética y la Alemania nazi
invadieron y se dividieron el país (septiembre 1939)
a pesar de la resistencia de un heroico pero técnicamente
vetusto ejército polaco.
Concluida
la guerra con la derrota de Alemania, Polonia será
ocupada por la URSS. Esto implicó que en 1948 comenzara
un sistema stalinista de gobierno reflejado en la proclamación
de la "República Popular de Polonia" y en
el estacionamiento permanente de tropas soviéticas.
Al mismo tiempo se iniciaba la reconstrucción de las
fuerzas armadas polacas, literalmente destruidas por la segunda
guerra, pero en base a un modelo que garantizara un alto grado
de fidelidad a la URSS; esta relación quedaría
formalizada en los tratados con la firma por parte de Polonia
de su adhesión al Pacto de Varsovia (1955).
El pueblo
polaco nunca aceptó completamente la dominación
de la URSS, y a partir de 1956 muy lentamente, alguna de las
libertades personales se fueron recuperando, si bien en su
política externa el país debía seguir
alineado con los planteamientos de Moscú.
Será
recién a partir de 1980, con la aparición del
movimiento "Solidaridad" que se gestaría
un gremialismo independiente que reivindica el derecho a la
huelga en los grandes astilleros y fábricas metalúrgicas
polacas, con lo que la aspiración a una mayor apertura
política se hace algo muy evidente.
Las fuerzas
armadas por su parte supieron mantenerse al margen de toda
esta agitación; salvo unos pocos oficiales superiores,
el resto de los mandos, así como los soldados, veía
y era visto con desconfianza por los soviéticos; esto
se hace más visible cuando se analiza la relación
militar de la URSS con las fuerzas armadas de la entonces
"República Democrática Alemana" que,
recibía, dentro del pacto de Varsovia, los equipos
y tecnologías más modernos por cuanto su "confiabilidad"
era para Moscú mucho más elevada que la de Polonia.
El gran
cambio político se produce en 1989 cuando el Partido
Comunista Polaco pierde en elecciones libres la mayoría
parlamentaria y el candidato de Solidaridad, Lech Walesa gana
la presidencia.
Nuevamente
en este punto la actitud de las fuerzas armadas de atenerse
al resultado de la votación resulta capital en la transición
que de esta manera será incruenta; Polonia inicia de
inmediato una serie de vigorosas reformas económicas
que permitieron que aflorara toda la iniciativa y el espíritu
de empresa del pueblo polaco, por lo que su economía
no tardó en transformarse en una de las más
robustas de la Europa Central.
Diez años
después (1999) Polonia solicitaba y obtenía
su ingreso a la OTAN lo que implicaría enormes cambios
para sus fuerzas armadas.
El principal
objetivo para su seguridad nacional es la preservación
de su territorio y de sus instituciones y para ello encara
la modernización y reorganización de sus fuerzas
armadas, y se integra al mando unificado de la OTAN buscando
de esta forma lograr los más altos niveles de entrenamiento
y equipos.
Polonia
por su determinación mantiene una importante estructura
militar hasta el día de hoy; con 175.000 hombres, de
los cuales casi 100.000 integran el ejército; 39.000
las fuerzas de defensa aérea y unos 16.000 la armada;
si bien es cierto que para el año 2006 se planean algunas
reducciones de personal (llevando el total de los efectivos
a 150.000 hombres) un acelerado plan de modernización
esta mejorando visiblemente sus equipos; además la
posibilidad real de entrenar junto con otros efectivos de
la OTAN mejora la calidad operativa de todo el personal.
La integración
de Polonia a la Alianza Atlántica le posibilitó
también participar en misiones de mantenimiento de
paz bajo bandera de las Naciones Unidas, lo que resulta en
importantes experiencias prácticas.
Posiblemente
el caso de Polonia sea aquel donde la transición resultó
no sólo más simple sino también más
exitosa y esto tiene que ver con varios factores de entre
los cuales vale la pena destacar dos: Las fuerzas armadas
no buscaron interferir o impedir los cambios políticos
que la población deseaba y que se pusieron en movimiento
a partir de 1989. Segundo, la calidad del material humano
y su capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias
fue el otro factor relevante que además posibilitó
que la transición se llevara a cabo sin purgas ni retiros
masivos del personal militar que ahora se encuentra integrando
una fuerza armada 100% profesional en acelerado proceso de
modernización.
CONCLUSIONES
El deseo
de libertad es algo que está en el alma humana y no
hay "revolución socialista" que lo haga desaparecer,
puede reprimirse, puede controlarse, pero siempre por períodos
acotados de tiempo.
Este es
el problema que enfrenta la Cuba de Fidel Castro, no importa
si Fidel es o no sucedido por Raúl, lo que importan
son las corrientes profundas de la historia.
En 1979,
cuando la URSS lanza su máquina bélica sobre
Afganistán, parecía que el triunfo del marxismo
era "inevitable"; Granada se convirtió en
una isla Marxista; las fuerzas armadas Cubanas establecieron
regimenes socialistas en África; los sandinistas se
instalaron en Nicaragua mientras conflictos armados se sucedían
en El Salvador, Guatemala y Colombia. Una década después
(1989) lo impensable había sucedido, el llamado imperio
soviético implosionó sin disparar un tiro, Afganistán
vive en un sistema pluralista, los sandinistas perdieron Nicaragua,
los Marxistas fueron expulsados del poder en Granada y toda
América Latina vive en democracia.
Analizamos
en este breve trabajo cinco casos muy diversos de transiciones
desde regímenes autoritarios a sistemas democráticos,
sin embargo si se los piensa desde la perspectiva de las fuerzas
armadas, en todos ellos se logró una inserción
no traumática de las mismas en el nuevo esquema.
Es más,
tanto en el caso español cuanto en Chile, puede afirmarse
que las fuerzas armadas respectivas están "mejor"
hoy que durante los gobiernos autoritarios; en el caso argentino
podría decirse lo mismo si dejamos de lado la crisis
económica por la que aún hoy atraviesa el país,
China va camino a convertirse en una superpotencia y Polonia
es un ejemplo de transición para Europa Oriental.
En todos
los casos además, las fuerzas Armadas tienen aseguradas
su continuidad y esta queda consagrada en la Constitución
y en las propias políticas de defensa que fijan los
ministerios respectivos.
En el caso
cubano el momento llegará para los miembros de las
fuerzas en que tendrán que enfrentar la opción;
el partido y la elite de la revolución o mirar al futuro
con confianza.
Cuba y
los cubanos necesitan construir consensos para lograr una
transición pacífica hacia la libertad y el pluralismo;
en esa transición el papel de las fuerzas armadas puede
ser de enorme importancia si en el momento clave las mismas
toman para sí el monopolio de la fuerza y lo ejercen
de tal modo de evitar la violencia, se estarán garantizando
su propio futuro y un lugar relevante en el de la isla.