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Año V Nro. 306 - Uruguay,  03 de octubre del 2008   
 

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La inflación aumenta la brecha entre ricos y pobres
Ser pobre sale muy caro en el Uruguay “progresista”
por Laura Martínez

 
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         Otra vez los más afectados son los pobres. Desde marzo de 2005 a agosto de 2008 no sólo se ha incrementado la inflación, sino que lo ha hecho, sobre todo, a partir del alto costo de los alimentos. “(…) hasta 2008 el motor han sido los alimentos, que tienen un peso muy fuerte sobre todo en sectores bajos de la población. El fenómeno de la suba de alimentos es mundial, el gobierno lo recibió de afuera, pero las medidas que ha tomado no han sido las ideales”, dice el Ec. Diego Labat.

         En la misma línea van los comentarios del Ec. Washington Ribeiro: “el actual gobierno ha castigado a toda la población, pero principalmente a los hogares de menores ingresos con la política económica que ha llevado adelante. (…) los alimentos, los alquileres, el costo de las mutualistas es lo que más variación ha tenido”, afirma.

         Tanto es así, que según explica Ribeiro, el índice de la canasta de consumo de hogares de menores ingresos que elabora la Facultad de Ciencias Sociales, “ha evolucionado por encima de la inflación. Es un dato relevante a la hora de medir el impacto que la inflación y la variación de precios ha tenido sobre los hogares más pobres”, señala.

         La inflación se disparó impulsada por los alimentos y la vivienda. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), el IPC (Índice de Precios al Consumo) aumentó 1,02% en agosto de 2008; la variación anual acumulada fue de 6,98% y en los últimos doce meses de 7,26%. Lo previsto por el gobierno para el 2008, había sido del 7%.

         Detrás de estos números, los rubros con mayor incidencia en la variación del nivel general fueron los alimentos y bebidas, vivienda, transporte y comunicaciones, enseñanza. Los más afectados por el incremento de precios: los más pobres.

         “La intención se le fue de las manos al gobierno, de alguna manera está por encima de lo que el gobierno pretendía. A excepción de 2005, hasta 2008 el motor han sido los alimentos, que tienen un peso muy fuerte sobre todo en sectores bajos de la población. Por eso es un tema preocupante”, dice el Ec. Diego Labat.

         En el mismo sentido se expresa un informe de la CEPAL referido en los últimos días a América Latina. “(…) la inflación afecta en forma desproporcionada a la población de menores ingresos, en especial cuando esas alzas son más pronunciadas en bienes de alta participación en su presupuesto: alimentos y servicios de transporte.” (www.eclac.cl)

         Según el Ec. Washington Ribeiro “el actual gobierno ha castigado a toda la población, pero principalmente a los hogares de menores ingresos con la política económica que ha llevado adelante. Dentro del indicador del IPC, los alimentos, los alquileres, el costo de las mutualistas es lo que más variación ha tenido”, dice.

         Ribeiro explica que el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales lleva un indicador paralelo que consiste en una canasta de consumo que tiene en cuenta exclusivamente los bienes que los hogares de menores ingresos consumen. Y “la variación en el índice de precios de esta canasta de consumo ha evolucionado por encima de la inflación. Es un dato relevante a la hora de medir el impacto que la inflación y la variación de precios ha tenido sobre los hogares más pobres”, señala.

         Según Labat, la inflación termina siempre pegando al que tiene menos margen de maniobra. Y en este caso particular de los alimentos es más claro aún, ya que el decil más bajo de la población consume de su canasta el 26 % en bienes que están a tasa mínima del IVA, al 10%. Esto básicamente es azúcar, arroz, aceite. En cambio el decil más rico consume el 11% de esos bienes. “Si se hiciera una exoneración, aunque fuera parcial, por un tiempo de la tasa del IVA mínimo (10%) a esos alimentos, claramente quienes se beneficiarían son los sectores bajos de la población”, dice.

         Labat explica que la ponderación de los alimentos y bebidas en la canasta tienen un 28,47% en promedio, pero “el problema es ése, que esto es un promedio, y hay gente para la cual los alimentos son el 100%. Pensando en un obrero, ya no en el indigente, que su salario aumenta por IPC, si lo único que gasta de su sueldo es para comer, hoy ya tuvo que bajar un 15 % su canasta”, concluye.

El gobierno es responsable

         Para el Ec. Ribeiro, si bien el país ha crecido a una tasa muy superior a la esperada, “se esperaba una tasa de crecimiento promedio anual del 4 % para estos últimos años, y la verificada fue superior al 7%. Y los salarios reales crecieron en función de lo esperado, en el entorno de un 12% en términos reales, el mayor crecimiento de la economía y los principales efectos de la bonanza externa que han repercutido en la economía uruguaya no han ido a parar a los trabajadores, y mucho menos a las clases más bajas”.

         En su opinión, la brecha entre el 10 y el 20% de la población con mayores ingresos en relación al 10% y 20% de menores ingresos se ha incrementado en estos últimos años, con lo cual la brecha entre ricos y pobres se ha aumentado. Buena parte de la explicación de ello es el aumento de la inflación, y aún así los planes sociales que el gobierno ha implementado, Plan de Emergencia en principio, Plan de Equidad hoy, no han tenido los efectos sobre el abatimiento de la pobreza. Se ha reducido en apenas 2 o 3 puntos porcentuales en la población en función del aumento del precio de la canasta básica de consumo, y principalmente del precio de los alimentos.

         Por otra parte, el incremento de precios de los alimentos se consolidó con el actual gobierno en una línea ascendente. El índice general de precios subió un 28,51%, y el índice de alimentos y bebidas subió un 45%. Todos los rubros de alimentos, los más importantes, suben muy por encima del promedio.

         Entre marzo de 2005 y agosto de 2008, los diez mayores aumentos fueron: cebollas 328,39%; zapallitos 274,74%; uvas 168,35%; zapallo 163,21%; morrones 148,66%; tomates 120,16%; manzanas 111,48%; melón 101,58%; queso semiduro 93,93%; peras 92,47%.

         Para el mismo período le siguieron, entre otros, los siguientes rubros: panes y cereales 56,47%; carnes y derivados 40,13%; lácteos y huevos 42,85%; aceites y grasas 56,66%; verduras, legumbres y tubérculos 83,35%; frutas 66,11%; azúcar, café, té, yerba y cacao 20,90%; bebidas no alcohólicas 22,60%; comidas elaboradas 44,78%; comidas fuera del hogar 44,99%.

         Si observamos el período marzo - agosto de 2008, la situación lejos de mejorar, empeora.

         Entre otros, se registran aumentos de los siguientes productos masivos: pan flauta 65,43%, arroz blanco 48,00%, fideos 44,28%, aguja 37,30%, pollo 27,67%, leche entera 30,00%, huevos 39,06%, tomates 120,16%, azúcar blanca 7,22 %, yerba mate 36,41%.

         Según el Ec. Labat el gobierno a lo único que apuntó fue a fijar administrativamente algunos precios, “logró bajar el índice pero no la realidad. Por ejemplo, fija administrativamente el precio de la leche y no lo sube a lo que debería estar, pero en realidad lo único que ha logrado es que no haya leche en los supermercados, que cueste encontrar leche. No ha sido lo ideal. Yo creo que el gobierno con el margen fiscal que tiene y que tuvo podía haber buscado alguna exoneración fiscal sobre los alimentos, sobre todo los de la canasta básica”.

         Los errores del actual gobierno tienen que ver según Ribeiro con haber partido de la base de que la bonanza externa, el aumento de los precios internacionales y la baja de las tasas de interés iban a ser para siempre. “En función de ello llevó adelante una política fiscal extremadamente expansiva, ha aumentado el gasto en el mismo nivel que el producto y esto ha impedido que baje la presión tributaria por un lado, y por otro lado ha generado una presión de demanda, que acompañado de los mayores precios internacionales explican el proceso inflacionario”.

         En su opinión el gobierno al inicio del período debió haber aprovechado la bonanza externa, o el exceso de recaudación; “una recaudación extraordinaria para lo que es la historia del país”, a los efectos de desarrollar una política fiscal mucho más austera, mucho más equilibrada. “Convengamos que aún persiste déficit fiscal en el Uruguay”, dice.

         Y explica que de haber hecho esto se podía haber aliviado tributariamente a las empresas y a los trabajadores del país, y de esa forma haber frenado el proceso de incremento de precios, neutralizando los efectos que le vienen dado del exterior.

Cambia la coyuntura externa y el equipo económico

         Los cambios que se avecinan según Ribeiro, contribuyen a que el enfoque del gobierno sea más complejo. El equipo que asume responde al Partido Socialista, y tiene una visión muy distinta a la del Cr. Astori. En términos generales tienen la visión de un Estado grande, con lo cual es muy improbable que lleve adelante una política de restricción presupuestaria. “Además es muy poco lo que puede hacer en función de que ya está aprobada la Ley de Presupuesto y la última rendición de cuentas“.

         “En cuanto al combate de la inflación, al gobierno le quedan dos caminos, uno es seguir con el voluntarismo de acuerdos a nivel de empresas, buscando la buena voluntad de los empresarios para reducir los precios lo cual no es sustentable. El otro camino que no es para nada deseable ni recomendable, que sería el de topear los precios administrativamente, cosa que no es en lo más mínimo lo deseable o recomendable.

         Lo que probablemente el cambio de la coyuntura externa implique también es una reducción de los precios internacionales de los alimentos, y eso de alguna manera va a tender a reducir la inflación. No por mérito del gobierno sino por una circunstancia que viene dada de los mercados internacionales”, explicó Ribeiro.

         El otro problema que deberá enfrentar el gobierno es el alza del precio del dólar.

         En opinión de Ribeiro, de reafirmarse la tendencia, en una economía como la uruguaya altamente dolarizada, tendría un impacto al alza en la inflación. “Aún cuando el Banco Central ha actuado en el mercado cambiario y probablemente lo siga haciendo para que el dólar no suba lo que naturalmente debiera subir”, enfatizó.

         En cuanto a la crisis financiera internacional, explicó Ribeiro que para una economía tan pequeña como la uruguaya es muy difícil de frenar los efectos, de ésta o de cualquier otra crisis financiera y menos de esta magnitud, por mejor posicionados que nos encuentren.

         De todas formas en su opinión, hoy el nivel de reservas es muy alto, el sistema financiero tiene una solidez importante y venimos con niveles de crecimiento muy alto, por lo cual el impacto no sería inmediato. Y seguramente no será de la gravedad de lo que ocurrió en el año 2002 o en los años previos a 2002.

         “Pero evidentemente de profundizarse la crisis y de amplificarse en el tiempo, los niveles de crecimiento de nuestro país se van a ver sustancialmente reducidos, con lo cual se le genera al gobierno un fuerte desafío en términos de financiamiento del sector público, considerando que gastó bajo la premisa de que la bonanza externa iba a durar toda la vida.

         De todas formas a este gobierno le queda sólo un año, un ejercicio, y seguramente a los impactos más duros tenga que hacer frente a ellos el próximo gobierno”, expresó.

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