
| La
revolución de 1904 cien años después |
(Segunda
Parte) | | Gesta
política, epopeya del sentimiento Prof. Lic.
Margarita Saavedra | La
elección de J. Batlle y Ordóñez Desde
febrero de 1901, la prédica de Batlle desde su diario El Día queda
bien definida: "La política de contemplación con el Partido
Blanco ha para con ese partido no podrán repetirse cuando no se recibe
de él más que agresiones injustificadas. La consecuencia del triunfo
de ese principio será la reconquista de los departamentos, la cesación
de ese estado anormal que de día en día, a pesar de las tolerancias
y complacencias del Partido Colorado, ha ido agravándose y divide a la
República en dos fracciones distintas, casi en dos países distintos,
uno blanco y otro colorado".
Eduardo
Acevedo Díaz había votado la elevación a la presidencia de
J. Batlle y Ordóñez. Así, apenas llegado a la primera magistratura,
Batlle y Ordóñez quiso retribuir al grupo parlamentario de Acevedo
Díaz con dos de las seis Jefaturas que el Pacto de la Cruz (18 de setiembre
de 1897) había conseguido para el Partido Nacional. "Ese hombre
está contra mí y dentro de muy poco estará contra nuestro
partido". Proféticas palabras de Saravia, hablando de Acevedo Díaz
con el jefe político de Cerro Largo. Pronóstico acertado. Acevedo
enfrentó a su partido y le dio, con su voto y el de sus amigos, el poder
a Batlle, haciendo caso omiso al caudillo. Y el Partido Nacional expulsó
al grupo de Acevedo Díaz de sus filas partidarias, puesto que sintió
que se violaba el Pacto al disminuir su área geográfica y su política
de poder.
| | Así,
el 16 de marzo de 1903, Aparicio Saravia se alzó en armas. El Partido Nacional
no estaba dispuesto a seguir aceptando su continua marginación del gobierno.
Sin embargo, recién instalado, el gobierno no quiso un enfrentamiento.
Los mediadores J.P. Ramírez y A. Lamas sellaron el 22 de marzo de 1903
el acuerdo de Nico Pérez. De acuerdo con éste, las Jefaturas
de cinco departamentos serían provistas por el Poder Ejecutivo en consulta
con el Directorio del Partido Nacional. La de San José será provista
con un blanco, pero sin intervención de la autoridad partidaria. El acuerdo
sólo regiría durante la presidencia de José Batlle y Ordóñez. Parece
haber existido además un convenio verbal según el cual el gobierno
se comprometía a no enviar fuerzas militares a los departamentos nacionalistas. Los
blancos consideraban el arreglo de 1903 como una prolongación del de 1897
en todos sus términos, aunque esta vez dotado de un plazo fijo, el año
1907. Pero el Pacto de Nico Pérez sólo en apariencia garantizaba
una paz estable. En los hechos, posibilitó una tregua durante la cual ambas
partes se armaron y se aprestaron para un enfrentamiento inevitable.El
gobierno se prepara para la guerra Durante el año 1903 Batlle
se arma, reorganiza el ejército legal, adquiere cuantioso material de guerra,
fortifica el poder defensivo del gobierno que estaba debilitado frente al poderío
de los blancos y, por tanto, a su merced.
 | El
gobierno preparó un ejército de 30.000 hombres con armas modernas
que había venido comprando sistemáticamente. Para privar de recursos
financieros al posible levantamiento del partido adversario, desde mayo las sucursales
del Banco de la República, en los departamentos blancos, debieron remitir
sus fondos a Montevideo. Pero el gobierno disponía no solamente de dinero
para la adquisición de equipamiento bélico novedoso, sino también
de otros recursos, como el ferrocarril y el telégrafo. Para neutralizar
esas ventajas, los blancos levantarán los rieles y cortarán las
líneas telegráficas: no por | enemigos
del "progreso", sino para debilitar la supremacía técnica
del gobierno.El ejército
revolucionario Los revolucionarios
reunieron 15.000 hombres, mal armados, con envíos que les llegaban desde
las provincias fronterizas de Argentina y Brasil. Eran hombres que acudían
al llamado de la divisa partidaria, impulsados por la emoción de "servir". Era
una masa pronta a enrolarse en cualquier episodio que interrumpiera su miseria.
La actividad política les ofreció el marco de los partidos. A
éstos entraron por el elemento emocional de la adhesión a un caudillo
y el apego a una divisa, que arrastraba multitudes. "Sólo Artigas
anduvo con un pueblo a cuestas como usted, general", le expresó Carlos
Roxlo a Aparicio el 16 de mayo de 1904. El pobrerío accedió a
la revolución: ésta posibilitaba que se cortaran los odiados alambrados
y se quemaran sus postes y, por fin, los más humildes podían hasta
hartarse de carne. La miseria predispuso al pobrerío a la violencia, y
la divisa le dio el empujón para que ésta subiera al rango de revolución
política y tuviera una justificación sentimental, casi ética. Aparicio
Saravia llegó a decir: "Nosotros, con caminar, ganamos". Y el
sorprendido representante diplomático alemán en Montevideo informó
a sus superiores: "Con respecto a la guerra civil del Uruguay se oye decir:
es .cuestión de caballos.", lo que subrayaba la importancia de estos
animales para el movimiento revolucionario. "El
alzamiento armado, escudo de las desesperaciones cívicas" El
doctor Luis A. de Herrera reflexionaba y explicaba la revolución de 1904
de esta manera, en nota fechada en Buenos Aires el 4 de mayo de 1904 (cfr. Desde
Washington, pp. 453 ss): "Cualquier chispa podría provocar el incendio,
porque el señor Batlle y Ordóñez ya estaba listo para la
guerra, y según lo repetía a diario su órgano en la prensa,
el período de las debilidades con .los bárbaros. no se reabriría."
"El
hecho notorio, evidente, inconcuso, es que desde hace la friolera de cuarenta
años el partido colorado tiene las riendas del poder en las manos. Ahí,
en esa monstruosidad republicana y social, yo pongo el origen verdadero de todas
nuestras agitaciones, mirando las cosas con espíritu sereno y por encima
de las divisas." "Es ofensivo para las gentes ilustradas el detenerse
a probar que tan prolongada permanencia en el mando denuncia un gravísimo
desequilibrio interno." "[El Partido Nacional] siempre ha preferido
el recurso de la legalidad y de la conciliación, pero cuando esos esfuerzos
patrióticos han fallado, el alzamiento armado ha
| | sido
el escudo de sus desesperaciones cívicas." "Cuando se quiere
gresca, fácil es producirla, y montada la mina, el asunto de los regimientos
dio origen a la catástrofe". Los elementos de la conflagración
se encontraban listos, y una cuestión menor y absurda la hizo estallar:
un incidente fronterizo con soldados y policías brasileños produjo
que el jefe político de Rivera, Carmelo Cabrera (blanco) pidiera auxilio
al gobierno central. Éste envió dos regimientos a ese departamento
nacionalista, lo que fue interpretado por el Partido Nacional como una injerencia
violatoria del Pacto de Nico Pérez.Una
semblanza del general Aparicio
Saravia era un magnífico jefe de guerrillas. Prolongó por ocho meses
la duración de la guerra. En una ocasión tras otra, superó
con astucia a ejércitos  | del
gobierno, más poderosos que el suyo. Gálvez retrata al general
de esta manera: "En la marcha se multiplica: trata de que su gente no destroce
las chacras; anima a los que se rezagan; vigila a las caballadas y a sus cuidadores;
indica el camino que han de seguir las carretas y observa cómo son conducidas,
sobre todo en los pasos de los ríos; dirige el cruce de los ríos
y arroyos y ve si están bien los enfermos y los heridos. En los campamentos,
asiste a la limpieza de los cañones y el recuento de las balas; dicta notas
y cartas y se preocupa del alimento y del vestido de la tropa. No le faltan
condiciones de organizador y es, además de | jefe
y conductor de hombres, padre de sus muchachos, como gusta llamar a los soldados.
No tiene mucho espíritu militar, ni fuerte sentido de la disciplina y de
la jerarquía. en realidad es un montonero, pero un montonero genial".
(7)La
política durante la guerra Aun
cuando las clases conservadoras pidieron la paz, Batlle las contuvo con energía.
La posición y las medidas que adoptó tendieron a radicalizar las
posiciones y extender la guerra. Estaba decidido a derrotar militarmente la insurrección
para impedir la continuación del dualismo de poder entre Montevideo y El
Cordobés.
 | Batlle
afirmaba: "Los poderes públicos legítimos no deben tratar con
los revolucionarios la coparticipación política, como la trataron
los poderes públicos usurpadores de otro tiempo" (...) "los pactos
de paz rotos por esta guerra deben ser sustituidos por otros pactos, por otros
pactos en los cuales sean partes celebrantes, no los poderes públicos y
los revolucionarios, sino los partidos políticos entre sí."
(8) Consiguientemente, tomó severas medidas. Confiscación
de los bienes de los nacionalistas. Después de la batalla de .ray Marcos
se aprobó, en una sesión secreta de la Cámara, la ley de
interdicción, en virtud de la cual se autorizaba al Ejecutivo a inmovilizar
los | bienes
de los partidarios de la revolución. Batlle puso cientos de nombres en
la lista de interdicción, para evitar que le llegaran fondos a Saravia. Censura
a la propaganda a favor de la paz. Al comienzo mismo de la guerra, Batlle estableció
una estricta censura a los diarios; con ese motivo dejaron de publicarse el diario
del Directorio e, incluso, El Nacional, de Acevedo Díaz. Los legisladores
del Partido Colorado en su inmensa mayoría estaban dispuestos a votar una
paz negociada. Se atacaba a Batlle en su punto legal más débil:
la censura a la propaganda a favor de la paz. Gestión ante Estados Unidos.
"Al ministro del Uruguay en Norte América [Acevedo Díaz] se
le pidió [2.8.1904], hiciera saber al gobierno de ese país, que
el nuestro vería complacido la presencia de buques americanos y la influencia
que estuviera inclinado a ejercer en el Plata, para que los países observaran
la debida neutralidad" (...) "La presencia norteamericana podía
hacer que la Argentina se mostrara menos dispuesta a permitir que llegaran a Saravia
nuevos cargamentos de armas". "El 19 de agosto, el consulado norteamericano
de Montevideo anunció la inminente llegada de un escuadrón naval."
(9)Las
principales batallas Las
acciones militares se extendieron durante los primeros diez meses del año
1904, y fueron las siguientes.
Mansavillagra
(14 de enero), fue la primera victoria parcial del gobierno. Fray Marcos (30 de
enero) fue un triunfo blanco que puso a Montevideo al alcance del bando insurrecto,
pero como su intención no fue tomar la capital, Saravia se retiró
para recorrer la campaña. Paso del Parque (2 de marzo), otro triunfo parcial
del gobierno. Tupambaé (20 de junio), la
| | batalla
más grande y sangrienta de la guerra, donde se enfrentaron 15.000 nacionalistas
(la mitad desarmados) y 5.000 gubernistas armados con 3 cañones y 4 ametralladoras.
Entre ambos bandos se produjeron 300 bajas y hubo más de 1.000 heridos. Masoller
se produjo el 1º de setiembre de 1904. Fue el epílogo de una revolución
triunfante que terminó derrotada, y tiene un triste y hondo significado
de sacrificio y perpetuo dolor. En vísperas de Masoller, Aparicio había
dicho: "Tenemos una paz muy buena: con ella partimos la naranja en dos. Si
peleamos y ganamos la guerra, nuestra posición será idéntica
porque no somos absolu lutistas, creo que debemos conseguir aun mejores condiciones
de paz, más adelante. Incluso tenemos la pasada por el Brasil, para salir
a Rivera sin combatir.". (10) Todos los historiadores coinciden en señalar
que Masoller fue, a la vez, una gran batalla ganada por Aparicio Saravia. Según
José Monegal, "de no haber sido herido allí mismo, quizás,
hubiera hecho la paz que tanto anhelaba, paz que le había sido ofrecida
dos días antes y que él, poniendo un espacio en su resolución,
la dejó para cuando el ejército estuviera asentado sobre bases que
le permitieran firmar una paz ventajosa, o dar una batalla decisiva." Y
continúa: "Está más que comprobado que el General Vázquez
[del ejército gubernista], inició la retirada". (11)Una
bala hirió a Aparicio Saravia Permanentemente,
su preocupación fue: "¡Qué será de mi patria!
¡Qué será de mis compañeros que me han seguido!" En
los días siguientes a la batalla, presa de una fiebre intensamente alta,
se le escucharon nítidamente los gritos enloquecidos, los mismos gritos
de mando, repetidos sin cesar, al frente de sus invencibles escuadrones: "¡A
la carga, muchachos! ¡Por la Patria!" La
triste nueva El emisario
llegó al rancho. Todavía festejaban los paisanos, con acordeones
y con sus guitarras adornadas con cintas blancas y celestes. Una anciana recibió
el mensaje, y pronunció su infausto pregón: "Que pare
el baile! ¡Que naides se ría! Que los que tengan lagrimas que
yoren, porque la Patria está yorando, también! ¡Silensio
pa siempre! ¡Murió el General!" Falleció
el 10 de setiembre de 1904 en territorio brasileño...
 | La
desaparición del caudillo desfibró al ejército nacionalista
y se terminó la revolución. En aquellos instantes angustiosos, un
jefe llegó a pronunciar estas terribles palabras: "Este es un ejército
saravista. Caído Saravia, es imposible mantener su cohesión". La
indecisión y la indisciplina cunden en las filas blancas. Caído
el caudillo, el pánico y la consternación se producen en la masa
guerrera. No sólo se ha | La
desaparición del caudillo desfibró al ejército nacionalista
y se terminó la revolución. En aquellos instantes angustiosos, un
jefe llegó a pronunciar estas terribles palabras: "Este es un ejército
saravista. Caído Saravia, es imposible mantener su cohesión". La
indecisión y la indisciplina cunden en las filas blancas. Caído
el caudillo, el pánico y la consternación se producen en la masa
guerrera. No sólo se ha perdido una batalla: todo se ha perdido. En medio
de un silencio espantoso las bocas no se abrían sino para desesperadas
imprecaciones, todos los ojos estaban nublados de lágrimas. Muchos no
podían creer que el general ya no estuviera y, aún 20 años
después, había blancos que decían de él como se decía
de Facundo: "No, él no ha muerto: volverá".La
paz y las consecuencias de la revolución Después
de Masoller, el ejército blanco se somete. El Partido Nacional renuncia
a sus posiciones inconstitucionales. El gobierno recobra toda su autoridad
y la política de coparticipación quedó abolida. El 24
de setiembre de 1904 se firmó la paz de Aceguá, que puso fin a la
guerra civil, y quedó definitivamente asentado el modelo urbano en Uruguay. La
destrucción material producida por la revolución fue muy importante,
en ganado y alambrados; también se produjo la dispersión de la mano
de obra, una paralización de la refinación del ganado, la baja de
los precios de cueros y haciendas, la detención de tareas del primer frigorífico
y la anulación del crédito bancario para el campo. Pero también
hubo consecuencias institucionales.
 | La
consolidación de la unidad del Estado. El triunfo colorado implicó
la finalización de la política de coparticipación en los
gobiernos departamentales, la consolidación del poder central y la unificación
política y administrativa del país. Terminó la dicotomía
Montevideo-El Cordobés. El afianzamiento del poder del Estado sería
ya definitivo y lo usufructuaría el Partido Colorado, gracias a su victoria
sobre los blancos. Un gobierno excluyente de partido. El vencedor de la guerra
civil y presidente de la República, J. Batlle y Ordóñez,
recogió naturalmente la jefatura de su partido. De acuerdo con sus ideas,
la coparticipación con el Partido Nacional se dejaba completamente de lado:
"Reputo errónea la teoría de la política de coparticipación,
según la cual los ministerios deben constituirse, en parte, con hombres
de opiniones y tendencias contrarias a las del poder ejecutivo", expresó.
(12) | La
reforma electoral. Con la nueva reglamentación electoral de 1904, se aumentaba
de 69 a 75 el número de diputados, y 7 departamentos tendrían un
número de bancas divisible por 3, lo que permitirá el acceso de
los nacionalistas como minoría si lograban el tercio de los votos, en lugar
del cuarto, como se exigía antes. En las elecciones de 1905, en Montevideo
se constató que la vida política del país todavía
estaba en pocas manos: había un diputado colorado cada 593 votos, y un
nacionalista cada 779. Se cumplía el propósito de la reforma, que
era el de aumentar la representación del partido mayoritario y disminuir
la del minoritario.Elogio
del voto por sobre el uso de las armas Las
sucesivas leyes electorales, inmediatas (1905, 1907, 1910), y mediatas a la revolución
que paulatinamente se aprobaron, fueron consagrando legalmente la representación
proporcional, hasta llegar a la institucionalización del acuerdo. Este
alcanzará su punto más alto en la Constitución de 1952, que
establecerá en aritmética proporción (3 y 2) la distribución
de los cargos políticos entre los dos grandes partidos. De esta manera,
se hizo realidad aquella proclama del general en Nico Pérez, el 30 de marzo
de 1903: "No es sólo con la lanza y la carabina con lo que se triunfa;
hay otra arma .la boleta de inscripción en los registros cívicos.
que no debe faltar a ningún ciudadano nacionalista, porque será
así que obtendremos en la paz la victoria completa". Obras
citadas 1.Reyes Abadie, Crónica General del Uruguay,
p. 218. 2.Revista de la Asociación Rural del Uruguay, 15 octubre 1879. 3.Reyes
Abadie, ob. cit., p. 220. 4.Id., ob. cit., 220. 5.Ib., ob. cit., 221. 6.Luis
Mongrell 1911, J. P. Barrán y B. Nahum, Historia social de las revoluciones
de 1897 y 1904. 7.C. Machado, Historia de los orientales, t. II, p. 166. 8.Reyes
Abadie, ob. cit., p. 183. 9.Milton I. Vanger, José Batlle y Ordóñez,
pp. 144-148. 10.Edit. El Nacional, Crónica de A. Saravia, t. II, p.
27. 11.Id., ob. cit., p. 500. 12.B. Nahum, Manual de Historia del Uruguay, t.
II., p. 27. Bibliografía Barrán, J.P. . Nahum, B., Historia
Política e Historia Económica, EBO, Montevideo, 2002. Benvenuto,
L.C., Breve Historia del Uruguay. Economía y sociedad. Arca, Montevideo,
1967. De Herrera, Luis Alberto, Desde Washington, Cámara de Representantes
de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, 1986. Ediciones El
Nacional: "Crónica de Aparicio Saravia", t. I y II, 1989. Gálvez,
Manuel, Vida de Aparicio Saravia, Ed. T.O.R., 1957. Lockhart, Washington, Las
guerras civiles, Enciclopedia Uruguaya, N° 19, Montevideo, 1968. Machado,
Carlos, Historia de los Orientales, t. II, EBO, Montevideo, 1986. Nahum, B.,
Manual de Historia del Uruguay. 1903-1990, t. II, EBO, Montevideo, 1995. Reyes
Abadie, Washington - VÁZQUEZ ROMERO, A., Crónica general del Uruguay,
t. 1, El siglo XX, EBO, Montevideo, 2000. Vanger, Milton I., José
Batlle y Ordóñez, Talleres Gráficos CODEL, Buenos Aires,
1968. Zum .elde, A., Proceso histórico del Uruguay, Arca, Montevideo,
1991. Barrán, J.P. . Nahum, B., Aspecto Social de las revoluciones de
1897 y 1904, EBO, Montevideo. Material
extraído del Almanaque 2004 del Banco de Seguros del Estado |
|