AL
PROFESOR PUIG
por
Juan Ramos
Cuando
Gabriela llamó y me dijo --”al abuelo lo internaron en Rocha”…,me supuse que
era la última salida del Profesor, pues tuve la impresión de que también se nos
marchaba otro de los grandes mecenas de Chuy. Y digo mecenas pues quién tuvo
el gran honor de conocerlo, sabe que tipo de ser humano era Don Puig, porqué
Omar Puig, era señor hace muchos años, tantos como los alumnos que pasamos por
sus aulas y sufrimos con su gran pasión: LA MATEMATICAS. Pero ¿porqué? una ciencia
tan rechazada por todos los estudiantes se tornaba agradable?...porqué el Profesor,
como otros tantos educadores de nuestros primeros pasos de vida, no sólo cultivaban
nuestros conocimientos, sino también nuestra calidad y cualidades de seres humanos.
Puig fue de éstos seres humanos que dedicó su vida a educar jóvenes, a que el
liceo de Chuy no fuera tan solo un pasaje por la secundaria, sino también una
lección de vida.
Cuando
supe que mi primer clase en primero A, del año 1964, iba a tener al “famoso”
profesor Puig, por espacio de más de media hora y tres veces por semana¡¡¡ Me
emocioné.
Debería primero
hablar que en mis épocas de Liceo, los alumnos admirábamos mucho a los profesores;
salíamos de la Escuela 28 de pantalones cortos y de pantalones cortos nos recibía
el Liceo. No había un cambio sustancial, radical de niño a hombre, pues en mis
épocas no existían los adolescentes, simplemente éramos ‘’gurises ‘’, los niños
de la Escuela que pasaban a la categoría siguiente consustanciados con las inolvidables
voces de Manolo Iglesias , la sonrisa del Flaco Maqui e inclusive en la profunda
mirada bondadosa del Profesor Puig.
Hombre
grande, más bien delgado, con un caminar rápido de pasos cortos y siempre erguido,
siempre mirando sin vergüenza y eso que en aquella época, ser “comunista”era algo
sumamente extraño, era mala palabra, pero hasta para la fascista de mi madre,
Puig”era un izquierdista bueno, una persona de bien. Ser de izquierda en aquella
época y en Chuy ¡¡¡,era como ser sapo de otro pozo…y el Profesor era un bicho
raro, siempre parco en su conversación, sonreía muy poco y enseñaba mucho; sus
clases eran dadas por el profesor escribiendo todo el pizarron y recorría los
bancos en los escritos, siempre dándote la clareza del padre cuando te da la punta
de la madeja para solucionar algo. El era así, siempre dando una mano al estudiante,
te miraba y sabía si estabas en blanco:”te trancaste?,preguntaba, y salía caminando
lento hacia el banco: donde te trancaste?...era la mano amiga, era el empujoncito
para mandarte el tal escrito.
Cuando
traía los escritos corregidos, veías su sonrisa de satisfacción, pues sus alumnos
le respondíamos a muerte, estudiábamos matemáticas por respeto al amigo, al compinche,
un compinche que no andaba de risitas, ni de chistes, pero que siempre estaba
en las difíciles, cuando más lo necesitabas: donde te trancaste?...
Su
cuerpo muy erecto y su velocidad en el caminar, le daba un aire de timidez que
lo identificaba, repartía buenos días y buenas tardes a granel, pero nunca se
detenía, sería por eso que se te congelaban hasta los pies cuando se paraba y
te hablaba. Teníamos gran respeto al hombre, al hombre honesto, al hombre de ojos
tiernos, que se transformaba cuando salía a pasear sus dos amores: sus hijas,
siempre con su compañera al lado.
Que
yo recuerde, nunca vi a Puig sin pantalones de vestir, ya fueran negros o ya fueran
grises, pero eran pantalones; camisa blanca o celeste y camisa de tartán en el
invierno, completados con sus inolvidables alpargatas Rueda…si¡¡¡ alpargatas”
Rueda”.
Fuera
invierno o verano ,Puig iba a dar clases de alpargatas, y nunca me animé a preguntarle
el porqué del uso de algo que, en aquellas épocas era símbolo de la gente de campo
o como se acostumbraba a decir en aquellas épocas:”zapato del pobrerío”.
Pero
nunca me animé por respeto a ese monstruo sagrado que fue Puig¡¡¡,un hombre que
predicaba con el ejemplo, el hombre que me llevó con 13 años a sentir la curiosidad
por quien era Emilio Frugoni, otro Don como él. Otro de los grandes de este País.
El
segundo día de clases, ya nos nombraba a todos por su nombre, era asombrosa su
memoria y asombrosa su humildad, pues hasta hace poco tiempo, le preguntabas algo
y te decía:”mi memoria está muy mal, pero si mal no recuerdo…” y no erraba una…
Cuando
volví a Chuy, ya hombre, lo encontré casi fuera de su matemáticas y detrás de
un mostrador¡¡¡,el Profesor Puig, vendiendo buzos Burman y medias de lana¡¡¡;me
parecía imposible, pero lo hacía con el mismo cariño con el que nos daba clases,
era asombroso como con su voz suave y pausada, te vendía lo que ibas a buscar.
Te
vendía, te conversaba, para terminar con un muchas gracias, seguido por: Perla,
serías tan amable de cobrar?...”.Era el Puig que me hubiera gustado conversar
cuando niño, con esa bondad que le salía por los ojos y por esa humildad que siempre
lo caracterizó.
Ese
era Puig, simple, amable, sencillo en su vida y en sus quehaceres, y dejó legado
en sus hijas, porque los grandes siempre dejan legados, en sus hijos como en sus
alumnos, porque particularmente me dejó mucho, me dejó un ejemplo de vida.
Y
hoy, antes de que lo lleváramos al campo santo, ese que él tanto negó y con razón
pues la religión “era el opio de los pueblos” y si lo son, me sentí muy reconfortado,
reconfortado de ver muchísimas generaciones acompañándolo a él a Perla, a Raquel
y a Mabel y a todos sus nietos, el mejor de los legados que nos brindó: poder
mirar a sus hijas y acordarnos siempre de él. Es una gracia de Dios, poder lograr
la continuidad de nuestros genes y Puig lo logró.
Hasta
pronto Profesor Puig, si Dios quiere,”ya nos vamo’a encontrar”…