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Año V Nro. 341 - Uruguay, 05 de junio del 2009   
 
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Visión Marítima

 
Darío Acevedo Carmona

El Caballo de Troya
por Darío Acevedo Carmona - (Perfil) - Medellín/Colombia -

 
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         No hay que olvidar de dónde venimos y en qué estamos. Los farianos en manos de Cano y Márquez militarmente no logran recuperar nada, en cambio asustan a más de un calentano con sus ataques sorpresa y dando de baja a soldados que a pocos les duelen. Pero, políticamente, su estrategia les funciona a la perfección. La periferia civil es más fuerte que el núcleo armado. El dúo ha estructurado el plan para no morir: crear confusión en las filas enemigas, léase “establecimiento”, aceitar viejas alianzas, darle vida a estructuras e individuos con consignas humanitarias, utilizar gente inescrupulosa que le vende el alma al diablo con tal de mantener u obtener algún poder, utilizar ingenuos que siguen creyendo que a la guerrilla lo que le ha faltado es oportunidad de ser escuchada y que ha llegado la hora de volver a negociar, revivir la gente del exilio para que hablen de la tiranía que gobierna en Colombia, buscar acercamientos con la oposición moderada, y con todos ellos dar la impresión de estar listos para volver a negociar y a hablar de paz sin cambiar para nada su discurso de guerra.

         Esa estrategia les está dando estupendos resultados. Hasta comunistas recién salidos del closet  y otros que se habían retirado a sus cuarteles de invierno han retornado al escenario político. No faltan quienes desde la academia intentan rescatar el matiz sociológico de la insurgencia. Mientras tanto, los nuevos jefes no dicen nada nuevo sobre dejación de armas ni cese de secuestros. Han convertido el secuestro en delito negociable para aparecer como humanitarios y han logrado engañar a más de uno con el cuento de que es el gobierno el que se opone a la liberación de Moncayo y hasta nos quieren hacer creer, los que siempre han enlodado a la fuerza pública, que les duele la situación de los militares secuestrados.

         Negocio redondo: secuestran, tienen campos de concentración, los mantienen en condiciones humillantes por 8, 10 y 11 años, sus puntas de lanza forjan un movimiento pomposo al que dan un nombre equívoco (como si la mayoría de colombianos no estuviésemos por la paz y el cese de la violencia), miles de intelectuales secundan la campaña y a todo el mundo se le olvida que el cerebro que está detrás de la gran jugada de su vida es el nuevo jefe de las Farc, el mismo que no ha respondido a su demanda inicial de que deben expresamente abandonar el secuestro para justificar la continuidad de las gestiones. ¡Qué pena no poder saber que pensarán los miles de académicos que se quedaron sin respuesta sobre el secuestro como política y frente a la matanza de indígenas Awá, pues su vocería quedó en dos personas que ahora se acercan a escuchar las denuncias de los capos del paramilitarismo y dan fe de creerles, a priori, todo lo que dicen.

         Cano y Márquez saben que es hoy o nunca, y que es así y no de otra manera como pueden dar la vuelta de tuerca a su desesperada situación de derrota militar. Hay que meterle un caballo de Troya al país, pero no para hacer la paz, ni para “buscarle una salida política al conflicto” como dicen los perfumados dirigentes de la fantasmal “sociedad civil” que aún se dejan descrestar por frases zalameras. No, es para retomar fuerzas y aliento, para reocupar espacios. Un caballo de Troya al que se sube todo tipo de gentes (como si fuese una chiva) que no se detienen a mirar quién lo conduce, y quizás ni saben que es un caballo de Troya.

         Ya vienen los conductores del aparatejo con nuevos embuchados fraguados desde las cárceles gringas, con refritos en los que se arrasará con la integridad moral de don Raimundo y todo el mundo. Todo se vale, hasta la alianza con sus viejos y más despiadados rivales, que según dicen los jinetes, fueron víctimas de traición, con tal de aumentar la confusión, desmoralizar la sociedad, enlodar el país en el exterior, quebrar la moral de la fuerza pública, quebrantar la confianza en el gobierno que ha reconstruido la seguridad y, nada raro, armar una Junta de Salvación Nacional que nos libere del tirano. ¡Quien creyera! Hasta el liberalismo ha caído en ese juego en el colmo del sectarismo y en la dislocación del sentido de orientación que les hace ver como amigos a quienes no lo son, mientras por la puerta de atrás se les entra el cuadrúpedo troyano.

         Claro, como olvidamos de dónde venimos y en qué andamos, se nos cuelan como el agua entre las manos. Sin darnos cuenta, la periferia civil astutamente dirigida por camaradas no ya tan clandestinos, se ha dejado venir con todo y está tratando de ganar en los escritorios y en la prensa, por medio de campañas nacionales e internacionales engañosas, lo que están perdiendo en los campos.

         Entonces, cabe recordar que veníamos de una guerra contra una guerrilla que defendía un proyecto totalitario, el comunismo, que la estaba ganando a punta de crímenes de guerra, con articulaciones internacionales, que había humillado al país durante el proceso del Caguán y que el estado, luego de varios periodos de gobiernos débiles e incapaces de enfrentar con decisión lo que sucedía, estaba prácticamente humillado.

         Esta podría ser pues la última batalla si el país reacciona y entiende que la guerrilla ha enviado un caballo de Troya, o podría significar, si nos dejamos llevar por la ingenuidad, el recomienzo del engaño apuntalado desde la periferia civil por obsecuentes militantes o simpatizantes que nos creen tontos y por circunstanciales aliados que van camino al cadalso con los ojos vendados.

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