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Rocha
Un Departamento amenazado por la violencia
por Julio Dornel
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Cuando recibimos el testimonio de algunos vecinos sobre determinados temas del acontecer fronterizo, justificamos en algunas oportunidades la profunda amargura, el desanimo existencial y el poco significado que tiene para ellos mantener “una lucha” diaria contra la delincuencia.
Muchas familias que soportan estoicamente la violencia, están sumergidas en un estado de depresión que los ubica en un dramático rincón de la existencia humana, sin voluntad para denunciar hechos violentos que deben soportar diariamente.
Por ese motivo en muchas oportunidades estos hechos de violencia no forman parte del noticiario policial, aunque nadie duda de que estamos viviendo situaciones nunca imaginadas.
Los asesinatos, robos, rapiñas y violaciones en los domicilios fronterizos están demostrando que la vida humana sigue perdiendo su valor ante la actitud decidida de quienes están dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias.
Ante esta situación las autoridades, psicólogos y psiquiatras vienen demostrando su preocupación sin encontrar una justificación a tanta agresividad.
Hace algunos años se atribuía esta violencia a la situación socios- económica de los delincuentes, sin embargo en la actualidad se ha comprobado que la violencia criminal parte en algunas oportunidades de los grupos sociales de la clase media.
Dejando de lado el análisis de las causas de la violencia, es evidente que tanto las autoridades policiales y la población en general vienen manifestando su preocupación por el auge delictivo que viene soportando la frontera.
Pese al incremento de vehículos afectados a la policía y que deben estar en perfectas condiciones para cumplir con las tareas requeridas para prevenir o reprimir el delito, también en muchas oportunidades estos vehículos deben estar al servicio de la población para tareas laterales de distinta índole.
Debemos tener en cuenta que el funcionario policial al margen de su tarea especifica de prevenir o reprimir el delito, tiene por encima de todo una función de ciudadano para que la población pueda recurrir a él con la confianza y la seguridad de ser atendido como corresponde.
Por su parte el Jefe de Policía señalaba recientemente su preocupación por un tema que aborda diariamente con sus colaboradores, multiplicando sus esfuerzos para cumplir en primer término con la labor preventiva.
Es evidente además que faltan efectivos y medios adecuados porque el presupuesto de sueldos, gastos e inversiones del Ministerio del interior no puede satisfacer la demanda nacional.
Es evidente que estamos viviendo bajo la globalización del terror donde el miedo a los atracos, rapiñas, actos vandálicos y violación de los domicilios está presente todos los días en los hogares rochenses.
Para el periodista Luis Tappa de INFORME URUGUAY “nadie está seguro y el ciudadano común está en manos de la delincuencia. Es así como andan sueltos montones de asesinos, muchas veces me pregunto como es posible que anden por la calle estos elementos, muchos de ellos con varias muertes en su haber, sin embargo pasaron por la cárcel y al poco tiempo están afuera porque se portan bien, que maravilla!!!! Y lo mismo sucede con rapiñeros y violadores.
El ciudadano está absolutamente indefenso, no se puede defender, mientras ellos entran y salen de los centros de reclusión como Perico por su casa. Si alguien llega a esgrimir un arma para defenderse y evitar un atraco y su segura muerte, y si por esas casualidades se mata a un delincuente en el acto supremo de defenderse, un ciudadano común va preso. O cambiamos el código penal y hacemos que estos asesinos vayan presos para toda la vida o permitimos que el pueblo se arme y se defienda. Estoy harto de tanta perorata científica y conciliadora, estoy harto de tantos derechos humanos para algunos mientras que otros terminan buscando sus derechos bajo tierra. Se tiene que terminar con las salidas, las penas leves y la libertad a media condena de un rapiñero asesino, un violador o un copador de viviendas que no tienen arreglo y son delincuentes terminales, que como el cáncer asolan la sociedad. Esto no tiene nada que ver con la pobreza, se puede ser muy pobre, pero eso no significa que sea un asesino o un ladrón; con ese criterio habría medio país robando y matando gente. Basta, ha llegado la hora de tomar medidas serias para proteger al ciudadano, no es con paños tibios que se puede lograr, porque se habla mucho de los derechos humanos de un delincuente, de un asesino, de un violador, pero nadie habla de los derechos humanos de las victimas. Hay que erradicarlos definitivamente de la sociedad. ¿De que sirve arrestarlos si al poco tiempo andan sueltos de nuevo? ” –dijo finalmente el periodista Luis Tappa en su columna de Informe Uruguay.
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