Mi
Partido Blanco
Por: Leopoldo Amondarain
No
soy original "descubriendo" que se acabó
una etapa histórica y comienza otra. También
es cierto que se perfila el inicio de un nuevo bipartidismo.
Distinto, pero bipartidismo al fin. Distinto porque
no habría, al menos en lo ideológico,
tantas sustanciales diferencias como las hubo con
el Partido Colorado. Por señalar alguna en
materia internacional, los blancos siempre fuimos
antiimperialistas y el coloradismo en cambio se "recostó"
y "cobijó" debajo de los "alerones"
imperiales. Se llamaran ingleses, franceses, brasileños
o ahora yankis. En lo interno fuimos y somos renovadores
y reformistas en apoyaturas al agro, mientras los
"salvajes" siempre estuvieron de nuca al
interior, soñando con industrializaciones centralizadas
en la capital. Me dirán, y es cierto, que últimamente
no obstante esas y otras diferencias en aras del "acomodo"
partidario de "puestos y carguetes", se
llegó a una casi mimetización a nivel
directriz que aparejó desprestigio y desmoronamiento
ideológico conceptual que hizo perder la confianza
y hasta el sentimiento de algunos casos, de amor y
adhesión por la divisa. Quien venía
sufriendo ese desgaste en forma marcada, éramos
los blancos que más "emocionales y sentimentales"
veíamos que un partido que fundó la
Patria, aboliendo la esclavitud, creando la Universidad,
Contencioso Administrativo, ley de jubilaciones de
Carnelli, el aguinaldo obligatorio, la ley de ocho
horas de Herrera y Roxlo, la estanzuela de Wilson,
etcétera, se batllistizaba, siguiendo vicios
que no eran nuestros y que hasta el propio Oribe había
combatido desde la etapa fundacional. Hay quien sostiene
y con razón, que en momentos críticos
el partido blanco siempre ha tenido esas "reservas"
morales en sus caudillos que rescatan los valores
fundamentales. Alguna vez he dicho que los Cicerón
Marin, los Yarzas, los Basilios Muñoz, los
Saravia, no habían muerto. Entre "ponchos
de nubes" volvían para sacar a "talerazos"
a los "doctores y malandros" que se "vendían"
en "coaliciones indispensables" para repartijas
de ministerios, entes, embajaditas y afines con los
enemigos viscerales de siempre. Y es cierto. Los caudillos
volvieron. Con el simbolismo de un gaucho de la vieja
Heroica, que entró en Masoller a caballo con
una bandera celeste y blanca en ristre al viento,
de golilla y sombrero saravista pero negro por la
fecha luctuosa, y levantando en conductas e ideas
viejas y nuevas al partido blanco, que muchos habían
predicho, estaba muerto. Lo más importante,
sin desconocer tontamente el triunfo o la derrota
posterior de estos comicios, era revivir el "alma"
nacionalista y blanca allí, en medio de las
llanuras y cuchillas donde había entregado
su vida Saravia y sus caudillos.
Habíamos
veteranos, pero estaba lleno de "gurises"
que sorpresivamente habían surgido como hongos,
con golillas y banderas, estandartes, y sobre todo,
concientizados con sentimientos históricos
con sabor a tierra arada de Patria. El Partido Blanco
no estaba muerto. Con los ojos algo empañados,
parado en la cuchilla, me dije "pa'mis adentros";
¡hay blancos pa'rato! Habían vuelto los
caudillos en un partido "emotivo" pero que
no olvidó sabiamente renovarse con el mismo
tipo de sangre de sus viejos adalides, pero con "caritas"
de botijas nuevos. Se dio la batalla. Ahora electoral.
No importa si se pierde. Nos tocó durante 93
años hacerlo y seguimos enteros y orgullosamente
de pie. El contrario, no el enemigo, está festejando
legítimamente aparte. Que lo hagan como corresponde.
Tal vez no tengamos tantas diferencias como antaño
se tuvo con los "salvajes". No hay ningún
blanco asesinado o fusilado cobardemente con una heroica
arrasada por los imperios y traidores asociados. No
hay persecuciones como sufrieron nuestros ancestros
por ser "blanquillos". Nadie ha dicho aún,
que es "preferible el peor de ellos al mejor
de los nuestros". Del otro lado de la cuchilla
hay gente que incluso nació en nuestras tiendas.
Capaz, que tan diferentes no sean. Antiimperialistas
dicen ser, honestos, el futuro lo probará y
por ahora no hay para la duda. Supongo se conversará.
De cualquier manera, en definitiva la "tropa"
está "entera". Las conductas también.
Habrá que esperar el futuro, con los "tordillos"
de la brida siempre armados a guerra. Por si acaso.
Restañar las heridas, que las hay. Sin perder
la mejoría de algunas ofensas canallescas que
se hicieron en publicaciones revisteriles o semanarios
de nivel cloacal. Una cosa es conversar y hasta llegar
a acuerdos programáticos en beneficios patrios
y otra muy distinta es sufrir de amnesia. Hay dichos
que afectan el honor, que no se olvidan. Los blancos
culminan la batalla electoral con sus cuadros reconstruidos
y su jefe natural, candidato y presidente del Honorable
con la satisfacción del deber cumplido y Larrañaga
tomó un partido con un escaso 13% de opinión,
desgastado por coaliciones y baja politiquería
y lo puso al fin de los comicios con más del
35%. Con un staff dirigencial absolutamente joven
y renovado.
Si
se le ocurriese hoy retirarse del escenario político,
lo haría con los honores de un auténtico
gladiador triunfante. Se ha rescatado lo mejor del
viejo cerno partidario como es la moralidad pública
de sus jefes y el respeto y credibilidad en su gente.
Nadie
se ha enriquecido y aunque se le buscó "ensuciar"
denodadamente, en los hechos no se le pudo "rozar
ni con el pétalo de una rosa". Cumplió.
Es un buen blanco. Y en la derrota ocasional, la añeja
colectividad del vasco Oribe no está vencida
ni siquiera debilitada. La lucha recién empieza.
Bien arriba son las banderas de los blancos de esta
tierra. ¡Viva mi muy viejo y querido Partido
Nacional! ¡Carajo! *