Año II - Nº 103 - Uruguay, 05 de noviembre del 2004
 
- A la luz del resultado electoral
- Puente del Arroyo Valizas
- Los nuevos espacios no son lineales políticamente
- Un pronunciamiento libre y soberano
- Finalmente ocurrió
- Ochocientos mil..... esperanzas.....
- "El avispero oriental"

- Otra vez el tratado

- Autocrítica
- Mi Partido Blanco
- Cuando las negras patean el tablero
- Chairando Ideas: La bandera de la esperanza
- Y abrió Cassis
- Anécdotas Bancarias: La duda
- Deportivísimo
- El pez por la boca muere
- Responsabilidad Ciudadana
- Mientras se escribe la historia
- U.S.A. 2004: Diez claves del triunfo de Bush y una conclusión
- Hurgando en la Web: Vinculación de los charrúas con el Gral. Artigas
- Bitácora Política
- Bitácora Uruguaya
- Información Ciudadana
- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Cartas de Lectores

1 Campaa Mundial Seguridad en la Red

 

 

LOS NUEVOS ESPACIOS NO
SON LINEALES POLÍTICAMENTE


Por Alfredo Jorge Carazo

Si la democracia se demostrara apenas por el nivel de participación en las urnas, en esta parte del mundo estaríamos abriendo un camino distinto al de las últimas décadas. Pero no es asi, aunque se pretenda incentivar la versión formal, en su muestrario partidocrático. De todas maneras, expresiones populares como la que permitió revivir la esperanza en el Uruguay de tradición conservadora y hacia otro modelo en el país oriental, no puede ser minimizada. Sin que se deba pecar de exitismo en un proyecto político al que se encasilla con un sesgo hacia la izquierda, tendrá las variantes que desafiarán a sus componentes primigenios. También hubo participación en Chile y en Brasil, y de no haber mediado la estupidez de la Coordinadora Democrática (¿) venezolana que primero convocó a la abstención antidemocrática, en ese país también la gente se hubiera expresado en mayor proporción.

La mala noticia para algunos nostálgicos es que no se trata de una correntada de izquierda a la vieja usanza, porque en cuanto se enfrentan los problemas cotidianos de gobierno, la realidad troca la euforia electoralista. Por eso no son pocos los analistas que miran el nuevo signo político de estos tiempos, como una socialdemocracia que ha terminado tiñendo el escenario latinoamericano. Y eso tiene mucha tela para cortar, porque conviene recordar el origen de esta expresión un tanto desideologizada, surgida hace décadas un en Congreso del Partido Socialista Obrero Español, de la mano de Felipe González.

Tabaré Vázquez parece haber aprendido de las frustraciones presidenciales de Luiz Inácio Lula da Silva. Tres veces candidato, ubicó primero los dos frentes de mayor conflictividad potencial, como el establishment y las Fuerzas Armadas. Claro que posiblemente desde una visión ideológica más acentuada porque así lo viven los uruguayos. Y porque además el Partido de los Trabajadores puede ser más o menos contemporáneo con el Frente Amplio, pero admite sus diferencias. Lula también lo hizo, pero para llegar al Planalto se tragó el sapo de aliarse con un sector de la derecha empresaria y hasta le cedió la vicepresidencia. Luego calló las consecuencias de la dictadura militar, que ahora lo están desafiando en un revisionismo histórico que no lo seduce para nada. Dos decisiones que le crearon no pocos resquemores al interior de una agrupación política que amasó durante un cuarto de siglo y que surgió de una inconclusa renovación sindical.

Por eso Vázquez intentó tomar el toro por las astas antes de triunfar, asegurando que el establishment lo va a apoyar, sin olvidar que cuando todavía la compulsa electoral era una incógnita viajó más de una vez para reunirse con la gente del FMI, incluso en medio de febriles negociaciones del actual presidente Jorge Batlle. El otro costado tiene que ver con el cumplimiento a rajatabla que en Uruguay tiene la denominada “Ley de Caducidad”, y que permitió hasta ahora no revolver el pasado, como les gusta decir a quienes apoyaron desde la política las dictaduras de la Seguridad Nacional, excepción hecha de las desapariciones que debieran investigarse.

A Lula también le preocupa el tema de la dictadura. Sobre todo ahora que surgen las denuncias de torturas y desapariciones durante el proceso militar que en 1964 derrocó a Joao Goulart y que terminó en 1985, pero se apuró a aclarar que “vamos a enfrentar esa cuestión con total cuidado y responsabilidad, porque eso no se resuelve con gritos de un lado y del otro”. Y lo inquieta más porque el revés sufrido por el Partido de los Trabajadores en San Pablo y en Porto Alegre, a manos de la agrupación que orienta el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y del Partido Popular Socialista, respectivamente, opacó como era de esperar triunfos importantes en otras regiones del país, demostrando además el prematuro desgaste de una gestión que el presidente reclama, sea observada objetivamente con una mirada más benigna a todo lo bueno que expresa. Un dato no menor, es que a excepción de Santiago de Chile, feudo del derechista candidato presidencial Joaquín Lavín, en países con gobiernos conservadores, como México y Colombia, los jefes de Gobierno de sus capitales, son políticos emergentes surgidos de un espacio que nebulosamente se da en llamar “progresismo”.

Lo que emparenta a Tabaré y a Lula, es la carga de lo social. Y en esto se suma el MERCOSUR ampliado, sin descartar al resto de América latina. Porque los países fueron gobernados con un modelo de ajuste fiscal, fuertemente ligado al neoliberalismo de la globalización, y las consecuencias tienen el mismo peso en la deuda social. Por eso el presidente Néstor Kirchner y el presidente de Chile, Ricardo Lagos –quien revalidó títulos frente a la derecha- navegan en forma conjunta y en la misma sintonía con Vázquez y Lula, a la hora de enfrentar la pobreza y la marginalidad social. Como le ocurre a Hugo Chávez en la caribeña Venezuela, que en esta oportunidad no fue un dechado de perfección a la hora de resolver un nuevo compromiso electoral, esta vez regional, que fue ganado abrumadoramente por el chavismo enfrentado a la oposición abstencionista.

Es prematuro afirmar o negar que con las elecciones el MERCOSUR tendrá otra cara o que se avanzará más decididamente hacia la Uniòn Sudamericana, como es la aspiración un tanto optimista del ex presidente argentino Eduardo Duhalde. Los países andinos resultan muy vulnerables y las visiones ideopolíticas no están bien definidas. El propio peronismo todavía tiene que definir su perfil ideológico, una apuesta nada fácil si se tiene en cuenta el escabroso camino que quiere empezar a recorrer la Unión Cívica Radical, desde siempre ubicada en la socialdemocracia, a la que según explica el secretario de Cultura, Torcuato Di Tella, debiera adherir el movimiento de Juan Domingo Perón, porque “se está pareciendo cada vez más al Partido Demócrata de Estados Unidos y tiende hacia la socialdemocracia europea”. Analogías al margen, no del todo felices, la socialdemocracia en el mundo no le ha encontrado una alternativa válida a la agresiva explotación capitalista, por lo que tampoco la ha podido suavizar. Su Tercera Vía apenas pudo navegar en formulaciones teóricas, que naufragan a la hora de articular los desafíos de la Unión Europea, lo que no parece bueno para clonar. Como tampoco lo es el escenario de fraude que cae estrepitosamente sobre la que se visualiza como la democracia más grande del mundo. Lamentable como paradigma.

Buenos Aires – 30 de octubre de 2004.

Material publicado en el weblog del autor