LOS
NUEVOS ESPACIOS NO
SON LINEALES POLÍTICAMENTE
Por Alfredo Jorge Carazo
Si la democracia se demostrara apenas por el nivel
de participación en las urnas, en esta parte del mundo
estaríamos abriendo un camino distinto al de las últimas
décadas. Pero no es asi, aunque se pretenda incentivar
la versión formal, en su muestrario partidocrático.
De todas maneras, expresiones populares como la que
permitió revivir la esperanza en el Uruguay de tradición
conservadora y hacia otro modelo en el país oriental,
no puede ser minimizada. Sin que se deba pecar de
exitismo en un proyecto político al que se encasilla
con un sesgo hacia la izquierda, tendrá las variantes
que desafiarán a sus componentes primigenios. También
hubo participación en Chile y en Brasil, y de no haber
mediado la estupidez de la Coordinadora Democrática
(¿) venezolana que primero convocó a la abstención
antidemocrática, en ese país también la gente se hubiera
expresado en mayor proporción.
La
mala noticia para algunos nostálgicos es que no se
trata de una correntada de izquierda a la vieja usanza,
porque en cuanto se enfrentan los problemas cotidianos
de gobierno, la realidad troca la euforia electoralista.
Por eso no son pocos los analistas que miran el nuevo
signo político de estos tiempos, como una socialdemocracia
que ha terminado tiñendo el escenario latinoamericano.
Y eso tiene mucha tela para cortar, porque conviene
recordar el origen de esta expresión un tanto desideologizada,
surgida hace décadas un en Congreso del Partido Socialista
Obrero Español, de la mano de Felipe González.
Tabaré
Vázquez parece haber aprendido de las frustraciones
presidenciales de Luiz Inácio Lula da Silva. Tres
veces candidato, ubicó primero los dos frentes de
mayor conflictividad potencial, como el establishment
y las Fuerzas Armadas. Claro que posiblemente desde
una visión ideológica más acentuada porque así lo
viven los uruguayos. Y porque además el Partido de
los Trabajadores puede ser más o menos contemporáneo
con el Frente Amplio, pero admite sus diferencias.
Lula también lo hizo, pero para llegar al Planalto
se tragó el sapo de aliarse con un sector de la derecha
empresaria y hasta le cedió la vicepresidencia. Luego
calló las consecuencias de la dictadura militar, que
ahora lo están desafiando en un revisionismo histórico
que no lo seduce para nada. Dos decisiones que le
crearon no pocos resquemores al interior de una agrupación
política que amasó durante un cuarto de siglo y que
surgió de una inconclusa renovación sindical.
Por
eso Vázquez intentó tomar el toro por las astas antes
de triunfar, asegurando que el establishment lo va
a apoyar, sin olvidar que cuando todavía la compulsa
electoral era una incógnita viajó más de una vez para
reunirse con la gente del FMI, incluso en medio de
febriles negociaciones del actual presidente Jorge
Batlle. El otro costado tiene que ver con el cumplimiento
a rajatabla que en Uruguay tiene la denominada “Ley
de Caducidad”, y que permitió hasta ahora no revolver
el pasado, como les gusta decir a quienes apoyaron
desde la política las dictaduras de la Seguridad Nacional,
excepción hecha de las desapariciones que debieran
investigarse.
A
Lula también le preocupa el tema de la dictadura.
Sobre todo ahora que surgen las denuncias de torturas
y desapariciones durante el proceso militar que en
1964 derrocó a Joao Goulart y que terminó en 1985,
pero se apuró a aclarar que “vamos a enfrentar esa
cuestión con total cuidado y responsabilidad, porque
eso no se resuelve con gritos de un lado y del otro”.
Y lo inquieta más porque el revés sufrido por el Partido
de los Trabajadores en San Pablo y en Porto Alegre,
a manos de la agrupación que orienta el ex presidente
Fernando Henrique Cardoso y del Partido Popular Socialista,
respectivamente, opacó como era de esperar triunfos
importantes en otras regiones del país, demostrando
además el prematuro desgaste de una gestión que el
presidente reclama, sea observada objetivamente con
una mirada más benigna a todo lo bueno que expresa.
Un dato no menor, es que a excepción de Santiago de
Chile, feudo del derechista candidato presidencial
Joaquín Lavín, en países con gobiernos conservadores,
como México y Colombia, los jefes de Gobierno de sus
capitales, son políticos emergentes surgidos de un
espacio que nebulosamente se da en llamar “progresismo”.
Lo
que emparenta a Tabaré y a Lula, es la carga de lo
social. Y en esto se suma el MERCOSUR ampliado, sin
descartar al resto de América latina. Porque los países
fueron gobernados con un modelo de ajuste fiscal,
fuertemente ligado al neoliberalismo de la globalización,
y las consecuencias tienen el mismo peso en la deuda
social. Por eso el presidente Néstor Kirchner y el
presidente de Chile, Ricardo Lagos –quien revalidó
títulos frente a la derecha- navegan en forma conjunta
y en la misma sintonía con Vázquez y Lula, a la hora
de enfrentar la pobreza y la marginalidad social.
Como le ocurre a Hugo Chávez en la caribeña Venezuela,
que en esta oportunidad no fue un dechado de perfección
a la hora de resolver un nuevo compromiso electoral,
esta vez regional, que fue ganado abrumadoramente
por el chavismo enfrentado a la oposición abstencionista.
Es
prematuro afirmar o negar que con las elecciones el
MERCOSUR tendrá otra cara o que se avanzará más decididamente
hacia la Uniòn Sudamericana, como es la aspiración
un tanto optimista del ex presidente argentino Eduardo
Duhalde. Los países andinos resultan muy vulnerables
y las visiones ideopolíticas no están bien definidas.
El propio peronismo todavía tiene que definir su perfil
ideológico, una apuesta nada fácil si se tiene en
cuenta el escabroso camino que quiere empezar a recorrer
la Unión Cívica Radical, desde siempre ubicada en
la socialdemocracia, a la que según explica el secretario
de Cultura, Torcuato Di Tella, debiera adherir el
movimiento de Juan Domingo Perón, porque “se está
pareciendo cada vez más al Partido Demócrata de Estados
Unidos y tiende hacia la socialdemocracia europea”.
Analogías al margen, no del todo felices, la socialdemocracia
en el mundo no le ha encontrado una alternativa válida
a la agresiva explotación capitalista, por lo que
tampoco la ha podido suavizar. Su Tercera Vía apenas
pudo navegar en formulaciones teóricas, que naufragan
a la hora de articular los desafíos de la Unión Europea,
lo que no parece bueno para clonar. Como tampoco lo
es el escenario de fraude que cae estrepitosamente
sobre la que se visualiza como la democracia más grande
del mundo. Lamentable como paradigma.
Buenos Aires – 30 de octubre de 2004.
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