
La
bandera de la esperanza
Con
éstas palabras, el Dr. Larrañaga asumía
su derrota, dejando por sentado el no Ballotage y
el triunfo en primera vuelta del Dr. Tabaré
Vázquez en las elecciones Nacionales del pasado
domingo 31.
Una
vez más los uruguayos dan una muestra de convivencia
ejemplar en el respeto a las ideas y con más
del 50 % de los votos emitidos, Uruguay recorrerá
una nueva etapa en su política institucional.
Faltando por éstos momentos las cifras oficiales
donde deberán contemplar los votos observados,
es irreversible la tendencia y sumarán o restarán
puntos, pero en definitiva no variará sustancialmente
el veredicto popular.
Hoy
la coalición asume la responsabilidad de cambiarle
la cara a Uruguay y de hecho, su movilización
ya lo hizo antes, durante y en la noche posterior
a la elección. Toda la carne estaba puesta
en el asador y desde todos los rincones del País
se festejaba. Festejaban ilusionados en los cambios
necesarios que deberá imprimirse, intentando
abolir las injusticias que se han sumado en los últimos
50 años.
Los
Uruguayos depositaron las esperanzas en el Dr. Tabré
Vázquez y
EP-FA/NM, para revertir ésta situación
y deberán ahora sumarse al esfuerzo del nuevo
gobierno que se instalará a partir del 1°
de marzo del 2005 . El esfuerzo deberá ser
en conjunto, exigiendo de cada uno de los orientales,
dejar atrás el negativismo y la impotencia,
para imprimir posibilidades de crecimiento individual
y colectivo. Estas, deben crearse desde arriba hacia
abajo y con una fuerte respuesta desde abajo hacia
arriba. De nada valdría que el futuro Gobierno
electo el 31 de octubre se sacrificara por un pueblo
buscando vías de trabajo en las más
diversas áreas o condiciones sociales, sí
la mentalidad del uruguayo común no entiende
que las espinas deben sortearse con callosas manos
y frentes sudorosas. Los gobiernos cometen muchas
veces el error de dar, pero el acertado y genuino
deber de éstos, esta en el crear. Dar significaría
para el nuevo gobierno ''tener'' o de lo contrario
jugar con fantasmas que envilecen a los más
pobres, que terminan machacando la cabeza de quienes
menos tienen. Crear, por el contrario exigirá
buscar horizontes de nuevas oportunidades, la responsabilidad
y obligación no es solamente del Gobierno electo,
es del conjunto de una sociedad que fundamentalmente
perdió hace mucho tiempo la motivación,
por culpa de políticas inadecuadas y por sueños
ilógicos, de recibir sin el gran sacrificio
de dar. Por ello la euforia de éstos días,
mirada desde muy lejos, es un magnífico acto
de felicidad democrática, con ella queremos
seguir consustanciados, con ella queremos convivir
en el exterior y en el interior, apostando fuerte
por nuestro país, sea quien sea el Presidente
electo, por que sé, que su gran esfuerzo será
poner a Uruguay en los lógicos carriles de
la globalización. Sin ser un títere
de las políticas y de los intereses de otros
que por grandes, son demasiado chicos para la mentalidad
de una pequeña nación, sedienta de lo
más elemental que exigen los seres humanos,
'' TRABAJO''.
Trabajo
en el respeto hacia todos. Modernizando la burocracia
de la gestión, diversificando los mercados
y apoyando la penetración de nuestros escasos
bienes exportables. Puertas abiertas a la inversión,
con muy claros marcos regulatorios. Fortalecimiento
de las Relaciones Internacionales potenciando todas
las alternativas de comercio. Un MERCOSUR que respete
nuestra integridad y sin avasallamientos.
Con
la humildad característica de los uruguayos,
deseamos un Gobierno descentralizador y un Parlamento
respetuoso del debate de ideas, para enriquecer los
destinos democráticos de nuestra Nación
Soberana.
''
Dignidad arriba y regocijo abajo '', es la bandera
de la esperanza que flamea en los corazones orientales.