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Año V Nro. 315 - Uruguay, 05 de diciembre del 2008   
 

Visión Marítima

historia paralela

 

Argentina finalizando el 2008 …¿y después?
por Constanza Mazzina

 
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        Últimamente leer las noticias nacionales en los diarios es una tarea que me deprime. Desde hace años que me preocupo por la ausencia de calidad institucional en nuestro país. Repito y me repito hasta el cansancio que sin instituciones que nos den un marco de previsión y certeza nada funciona en el largo plazo.

        Día a día hemos asistido como impávidos espectadores al espectáculo de abusos y arbitrariedades de quienes gobiernan en nombre nuestro. La República, magullada y ultrajada… sigue esperando. Nuestras instituciones son vapuleadas y avasalladas una y otra vez, y los que detentan el poder abusan de su investidura en la búsqueda de algún rédito personal. Esto es nuestra historia pero también es nuestra realidad. El poder no ha controlado ni limitado al poder sino que lo multiplica, lo refuerza, lo concentra e hiperconcentra.

        Es cierto que estamos en un momento histórico, pero ¿qué quiere decir esto? ¿Qué nunca estuvimos tan mal? Mirábamos para otro lado cuando el (ex?) Presidente Néstor K. firmaba más decretos que Carlos Saúl. Leíamos el diario gratuito esperando que el tren saliera de Retiro mientras se anunciaba la fantástica obra del “Tren Bala”. No quiero pasar revista de lo que sabemos hasta el hartazgo. Cambiemos de canal, esta película me aburre. Me aburre que repitamos la historia aunque la historia nunca se repite.

        En estos días, las decisiones tomadas por nuestros gobernantes no han hecho sino aislarnos más del mundo por ser un país poco confiable en el plano externo (se han apropiado de nuestros ahorros para la vejez, estamos al borde de la expropiación de una empresa española, solo para citar los temas más flagrantes) y, porque, además, los emisarios extranjeros no saben con quién deben dialogar y negociar en nuestro país. Esto es un verdadero problema. Rectificar años de aislamiento en política exterior, recrear la imagen de un país serio y confiable no será tarea sencilla.

        La Señora Presidenta promete y promete. Saca foto sonriente en medio de un discurso cargado de bellas palabras. Admira a Kadafi tanto como a Sarkozy o a Rodríguez Zapatero. Pero después, acá, se hace otra cosa. ¿Será que le falta poder y que nadie la obedece? ¿Se habrá terminado la época del doble timón e ingresamos en una especie de dictadura de hecho? ¿Me pregunto si nos gobierna la persona que ha sido electa por el pueblo o su cónyuge? Creo que las ciencias políticas todavía no tienen un nombre para esta tipología de gobierno. Pero, si fuera así, es triste. Es triste el espectáculo que ofrece la Señora ocupante del cargo de Presidente. Porque presidir un país no se es un cambio de Señor Presidente a Señora President”a”. Hay un principio que, enseñado por Maquiavelo al Príncipe, recorre todas las páginas de la historia de los estados modernos: no basta con llegar al poder, hay que mantenerse en el poder. Porque nada es tan efímero, tan esquivo ni tan advenedizo.

        Mientras tanto, a nosotros, los electores-ciudadanos-espectadores, nos siguen mintiendo: no hay inflación, baja el desempleo, la crisis mundial a nosotros no nos toca, etc. Pero el mundo (si, porque Argentina está en el mundo y no podemos salir de él) no tolera la mentira y el engaño tiene patas cortas. El principio que rige las relaciones entre estados es aquel que sentencia: “los pactos están hechos para ser cumplidos”. Y si no se cumplen, se paga el costo (más político que económico) por incumplimiento.

        La política no se agota en decir e identificar quiénes son amigos y quiénes enemigos. Esta es la política chiquita, el “chiquitaje”. Pero la política tiene, además (ya lo decía Aristóteles), al lado de la faz agonal (de lucha), la faz arquitectónica. La faz que construye, que pone cimientos, que piensa más allá de los cuatro u ocho años que dura una corta gestión de gobierno. Esto supone pensar en la “larga duración”.

        Esperamos la llegada de un nuevo mesías. Algún político superman que nos saque del pozo una vez más. Porque eso hacemos, esperamos que alguien nos salve. Pero sólo en nuestras manos yace la decisión de qué clase de democracia queremos tener. Una saludable o una corrupta. Una democracia que nos ponga en la senda del siglo XXI o una que nos devuelva a lo peor del siglo XX y nos condene a más décadas de ostracismo. Una democracia liberal o una democracia rayana en el despotismo. Algunos deciden, otros acatan. Pocos se juegan.

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Fuente: Fundación Atlas 1853
 
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