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Con calor y sin heladera
por Javier García
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El nerviosismo se ha instalado, definitivamente, en la dirigencia frentista. El discurso dulzón que en materia de seguridad pública apelaba a resolver las causas de la delincuencia adjudicando a la injusticia social su génesis, mutó, radicalmente, en menos de una semana. Se pelean por representar la mano dura. Fernández Huidobro convocó a armarse, mientras su compañero y precandidato Mujica apeló a un discurso de esos que hacía tiempo no se escuchaba con respecto a quienes tienen adicción a las drogas. Hay que encerrarlos y sacarles el vicio a prepo, dijo el senador. No es lo que se dice un giro muy progresista, más bien es cavernícola.
Las encuestas dicen que el Frente Amplio está perdiendo la elección y que la seguridad es uno de los principales reclamos de la gente. Durante cuatro años lo negaron, era pura sensación térmica y un invento de medios y oposición para conspirar políticamente.
Como los resultados son adversos sus dirigentes recurren a entrar a manotazos en los temas que despreciaron antes. A lo loco y sin convicción juegan un triste papel, el de ofrecer grandes frases que eclipsen la inoperancia que en la materia han demostrado.
Ahora aparecen los "sheriff". El senador Cid convoca a la "tolerancia cero", y el otro precandidato, Astori, ha descubierto la tan temida "represión". El tema es no quedarse atrás en la interna.
Surge la inquietud de saber cuánto hay de convicción y cuánto de conveniencia electoral. La imagen corresponde más a lo último.
Cuando desde la oposición se criticaba la falta de respuestas a la inseguridad se nos respondía que era necesario atacar las causas que la generaban, los buenos educan y los malos reprimen. Los buenos obviamente eran los dirigentes frentistas y los malos el resto.
Si la justicia social era el distintivo de la izquierda y la libertad y la seguridad de la derecha, y en ese binomio se quería encerrar el arco ideológico, el ejercicio falló. Son esquemas de otros tiempos y de otros lugares. Aquí los uruguayos somos más simples, menos teóricos y más prácticos. El gobierno, que asumió con la justicia social en la boca, termina convocando a la autodefensa armada y a los "gulags" para los adictos.
La lucha interna en el Frente Amplio ha descubierto una izquierda de derecha. Termina no siendo nada, lo cual es lo peor, o descubre en el mejor de los casos la verdadera cara de lo que se piensa pero se camufla. Entre el "descongestionamiento" carcelario del ex ministro del Interior José Díaz y la torta de dulce de leche que la actual ministra Tourné le prometió cocinar a un adicto a la pasta base, hasta el encierro a "prepo" como política contra las drogas de Mujica, y la invitación al "far west" de Fernández Huidobro la distancia es abismal.
Las dos posiciones salen formalmente de lo que se autodefine como izquierda pero son antagónicas, por lo tanto no pueden simultáneamente pertenecer a la misma categoría. Esto demuestra que en definitiva el Frente vuelve a lo que siempre fue, una cooperativa electoral e ideológica a la cual el ejercicio del gobierno le borró el maquillaje.
El año pasado el presidente de Ancap, Raúl Sendic, en un rapto de soberbia nada recomendable, ironizó y dijo que el Frente Amplio ganaba aunque llevara de candidato a una heladera. Esto confirma aquello de que hay políticos que no resisten un archivo.
En todo caso ya tenemos una explicación de la dura interna frentista, será por los calores que hay que se les hace difícil encontrar la heladera.
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