Miembro de
Proyect Sindicate apdu
       
 
separador                                          Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
              
     
Google Buscar en la

 
Año V Nro. 324 - Uruguay, 06 de febrero del 2009   
 

Visión Marítima

historia paralela

 
Hana Fischer

La imposibilidad del cálculo
económico en un país socialista

por Hana Fischer

 
separador
   
mail
mail Contactos
pirnt Imprimir Artículo
 
 

         “Búsqueda” en su No. 1.489 informa que frecuentemente, millonarias licitaciones convocadas por la actual administración quedan al borde del fracaso. La causa de tal situación es, que las ofertas de las empresas privadas especializadas en obra pública, suelen estar entre 60% y 80% por encima de los cálculos previos del gobierno.

         Según el mismo semanario, esto ha llevado a que surjan las siguientes interrogantes: “¿Qué hay detrás de estas abultadas diferencias? ¿Por qué hay tanta disparidad entre los cálculos de los técnicos estatales y las empresas? ¿Sucede en áreas monopólicas y entonces las empresas ‘se aprovechan’? ¿Los técnicos de la burocracia se equivocan porque ‘están todo el día detrás del escritorio’ ?”

         El presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, Ignacio Otegui, propuso generar un marco tripartito con el objetivo de “investigar” la causa de esas grandes diferencias. Expresó que “Si hay errores en los precios de oficina (estatal) es bueno corregirlos. Si hay exceso en algún precio de empresa es bueno saberlo para prevenir”.

         Simultáneamente, una fuente oficial declaró con contundencia: “(…)  los precios son los precios; los jornales tienen su valor, las horas máquina también, así como los materiales. El análisis precio por precio aterriza las cosas.”

         Debido a la perplejidad que suscita lo que está aconteciendo con las licitaciones, creemos que es oportuno analizar el tema desde una óptica no convencional en el país, como modo de contribuir al debate de las ideas. Y quizás, aportar un grano de arena que contribuya a clarificar dónde reside la raíz del problema.

         A nuestro entender, la confusión comienza con la teoría de “valor” desarrollada por Adam Smith y continuada por David Ricardo. Según esta creencia, el  “precio” de algo está determinado por la cantidad de trabajo contenido en él, a lo que el empresario le agrega la ganancia que desea obtener. Es lo que se llama “valor objetivo”. Para calcularlo, basta con recurrir a las matemáticas.

         Carlos Marx tomó el concepto de “valor objetivo” difundido por la Escuela Clásica inglesa. Como derivación de él, fue que elaboró su concepto de la “plusvalía”. 

         Es indudable que con respecto a este tema, tanto los empresarios como los jerarcas uruguayos toman como paradigma, al clásico-marxista. Y es por eso que lo que está ocurriendo con las licitaciones aludidas, despierta tanta extrañeza en ellos.

         Esta proposición del “valor” tiene muchas debilidades. Por ejemplo, es obvio que cuando compramos algo, no tenemos ni idea de cuántas horas de trabajo llevó y no es ese factor el que determina nuestra elección final. También, que el sueldo de un minero que trabaja largas jornadas es irrisorio comparado con el de un actor de cine.

         Estos hechos evidentes, nos llevan a la teoría del “valor subjetivo” desarrollada por la Escuela  Austriaca. 

         Según esta escuela,  la economía está más emparentada con la psicología que con las matemáticas. El precio que pagamos por determinado bien o servicio, no es objetivo sino algo subjetivo. 

         Es decir, no hay nada que de antemano lo haya establecido. El “valor” de algo surge cuando realizamos una transacción en un mercado libre. Por eso, los precios siempre refieren al pasado y nunca al futuro. En cierta manera se parecen a las encuestas: simplemente son una foto de las preferencias de los consumidores en un momento determinado.

         Una vez establecido el precio que el público está dispuesto a pagar por algo, es que debemos calcular si los costos lo cubren, y encima da lugar a una ganancia. Si la respuesta es afirmativa, entonces significa que esa inversión es rentable; y viceversa. Por lo tanto son los consumidores, y no los empresarios, los que determinan el valor de todo lo que se comercializa. La característica principal de los precios es, que están variando continuamente.

         En su formación, se da exactamente el proceso inverso al sostenido por  la teoría clásica-marxista. Por eso, el cálculo económico sólo es posible cuando se deja a  los mercados funcionar, libres de intromisión estatal.

         Los precios son información dispersa, que guían a los empresarios hacia la aplicación más productiva que le pueden dar a su capital. Cuando los gobiernos manipulan a los precios bajo diversas estrategias,  desorientan a los inversionistas. El resultado es que los capitales van hacia lugares inadecuados. Por cierto, que  ése es el origen de las frecuentes crisis mal llamadas “capitalistas”.  Incluso, la actual.

         Ludwig von Mises [1] expone los siguientes conceptos:

         “(…) bajo el régimen capitalista, si se trata de montar una nueva empresa, fácilmente se puede calcular de antemano su rentabilidad. Supongamos que se proyecta un nuevo ferrocarril; cifrado el tráfico previsto y las tarifas que aquél puede soportar, no es difícil averiguar si resultará o no beneficiosa la necesaria inversión de capital y trabajo. Cuando ese cálculo nos dice que el proyectado ferrocarril no va a producir beneficios, hay que concluir que existen otras actividades sociales que reclaman con mayor urgencia el capital y el trabajo en cuestión; en otras palabras, que todavía no somos lo suficientemente ricos como para efectuar tal inversión ferroviaria.”

         “El capitalismo ha aumentado la producción de forma tan impresionante que ha conseguido dotar de medios de vida a una población como nunca se había conocido; pero, nótese bien, ello se consiguió a base de implantar sistemas productivos de una dilación temporal cada vez mayor, lo cual sólo es posible al amparo del cálculo económico. Y el cálculo económico es, precisamente, lo que no puede practicar el orden socialista. Los teóricos del socialismo han querido, infructuosamente, hallar fórmulas para regular económicamente su sistema, prescindiendo del cálculo monetario y de los precios. Pero en tal intento han fracasado lamentablemente.”

         "Es bien sabido que las empresas nacionalizadas y municipalizadas suelen fracasar; son caras e ineficientes y, para que no quiebren, es preciso financiarlas mediante subsidios que paga el contribuyente.”

         “Desde luego, cuando una empresa pública ocupa una posición monopolista —como normalmente es el caso de los transportes urbanos y las plantas de energía eléctrica— su pobre eficiencia puede enmascararse, resultando entonces menos visible el fallo financiero que suponen. En tales casos, es posible que dichas entidades, haciendo uso de la posibilidad monopolista, amparada por la administración, eleven los precios y resulten aparentemente rentables, no obstante su desafortunada gerencia. En tales supuestos, aparece de modo distinto la baja productividad del socialismo, por lo que resulta un poco más difícil advertirla. Pero, en el fondo, todo es lo mismo.”

         “(…) En el mercado, donde todos los bienes y servicios son objeto de transacción, cabe establecer, en términos monetarios, razones de intercambio para todo cuando es objeto de compraventa. Resulta así posible, bajo un orden social basado en la propiedad privada, recurrir al cálculo económico para averiguar el resultado positivo o negativo de la actividad económica de que se trate. En tales supuestos, se puede enjuiciar la utilidad social de cualquier transacción a través del correspondiente sistema contable y de imputación de costos (…) En la práctica, el sistema funciona siempre y cuando el gobierno no manipule el valor del signo monetario…”

         Como es sabido, en la economía uruguaya en general, y en las obras públicas en particular, suelen tener mayor peso las consideraciones de índole políticas que las económicas. Eso fue dicho explícitamente por el actual ministro de Economía, Álvaro García, al declarar que los “jerarcas pueden ser ‘muy creativos’ y apelar a mecanismos impositivos o de otro tipo” [2], utilizando el poder coercitivo del Estado, para  lograr convencer a los empresarios que se ajusten a sus designios.

         Por todos estos motivos,  el cálculo económico en Uruguay es tan dificultoso. Y es lo que explica la gran divergencia entre las proyecciones de los burócratas y las de los empresarios, con respecto a las ofertas realizadas durante las licitaciones anteriormente mencionadas. La realidad es, que todos calculan “a ciegas”.

[1] Texto de Ludwig von Mises publicado en Viena en 1927, en su obra Liberalismo. Tomado de : http://independent.typepad.com/elindependent/2007/02/la_inviabilidad.html
[2] “Búsqueda” No. 1.491, p. 16.

» Arriba


Fuente: Independent Institute
 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer.
Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
21
 
Estadisticas Gratis