Inscripto
en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
De
Ayer y de hoy (parte 2)
Los viejos por Luis Tappa
La muerte es algo inevitable, insoslayable, porque siempre está presente
en nuestro pensamiento. Está ahí y no podemos evitar pensar que
un día nos llegará.
A pesar de la inconciencia, propia de la juventud, que muchas veces nos ha hecho
correr riesgos extremos, pienso que es en esta edad cuando más miedo se
le tiene.
En la juventud se suele contar hacia delante, no en lo que hemos vivido, sino
en lo que pensamos que nos queda por vivir, le tememos a lo rápido que
se puedan pasar los años y la vejez nos asusta.
Por el contrario, cuando llegamos a viejos en nuestra psiquis se desarrolla una
especie de autodefensa que nos permite sobrellevar la situación con cierta
holgura y sin demasiados sobresaltos, como que le perdemos el miedo a la muerte,
como que aceptamos con hidalguía lo que nos depare el destino y estamos
preparados para enfrentar lo que venga; ya no miramos hacia delante, miramos hacia
atrás y recordamos con cierta nostalgia los años vividos, los momentos
lindos y también de lo otros, la muerte próxima la esperamos como
a un remanso, como el derecho a descansar que nos hemos ganado.
La “parca” ya no asusta, entramos en confianza con ella y hasta nos
tratamos de “che y vos”, ¡Que se cree esa vieja loca!, ¿Qué
le vamos a tener miedo?
Es otro tema el que nos asusta, es la soledad, la indiferencia, el que ya no cuenta
nuestra opinión, el que mil veces nos dejan con la palabra en la boca porque…
¿Qué puede decir este viejo?, ya no importamos, prácticamente
no existimos, no somos y hasta molestamos, solo perduramos, solo estamos vivos,
aunque no vivimos.
Esta también es otra de las consecuencias del mundo actual, la desvalorarización
del anciano, hoy todo es descartable, desde la maquinita de afeitar hasta la licuadora,
los viejos también.
En épocas pasadas el “viejo” era el jefe de la familia hasta
el mismo día en que dejaba de existir, hasta entonces se le respetaba y
su opinión era santa palabra. Luego, el hijo mayor pasaba a cumplir las
funciones de este, se convertía en “el hombre de la casa”,
pero esto es historia.
En las crónicas policiales y, ante la muerte o heridas causadas por un
accidente de tránsito o por un hecho inesperado que le pueda pasar a una
persona mayor, perdemos nuestra condición de “personas” para
pasar a ser un sexagenario o septuagenario u octogenario, o sea, algo indefinido
que tiene mas de 60 años.
No dicen por ejemplo: un hombre o, una mujer, Fulano/a de Tal, de 65 años,
fue atropellado/a por un automóvil al cruzar la calle,… ¡No!
Se dice un sexagenario, o sea una cosa, no un ser humano, no un hombre o una mujer,
algo impersonal como quien dice, porque sexagenario también puede ser un
ropero.
Me contaban, porque yo no lo conocí, que habiendo fallecido mi abuelo paterno,
mi abuela, una italiana de aquellas de mi flor, se hizo cargo de la familia y
con 14 hijos a cuestas. Con el correr de los años pasó a ser “Il
capo di tutti cappi” de toda la familia hasta el mismísimo día
de su muerte, ya con un “contenedor” de nietos y bisnietos, a los
102 años de edad.
Estoy hablando de mis pagos maragatos; nosotros, mi padre, mi madre y yo, por
entonces vivíamos en Montevideo, pero por razones que no viene al caso
contar yo viajaba constantemente a mi ciudad natal y, hasta pasaba largas temporadas
allá.
¡Pobre de mí! Si cuando llegaba no pasaba por el dormitorio de mi
abuela a rendirle los honores correspondientes y saludarla como es debido; ya
para entonces, luego de una gripe muy severa, había ganado cama para no
levantarse más, pero aún así, seguía siendo “la
prima signora della casa” y exigía y, se le brindaba, el mayor de
los respetos.
Fue cuidada hasta la exageración, convivía con hijas y nietos; luego
de 15 años en cama murió de… ¡Ninguna enfermedad! solo
de vejez, se fue apagando como una velita hasta que, ¡estoy seguro que porque
ella así lo quiso!, simplemente… dejo de respirar.
“Antes”, fue la época en que cuidábamos en casa a nuestros
queridos viejos, con todo cariño, hasta el mismísimo día
en que abandonaban este mundo para convertirse en una venerada foto en la pared
o en un portarretrato encima de una cómoda.
Hoy ya molestan apenas comienzan a dar síntomas de vejez, no son útiles
o, hay que atenderlos con demasiado esmero o frecuencia; comprendo perfectamente
que en la actualidad se vive demasiado apurado y en muchos casos trabajan todos,
comprendo que a veces dan trabajo, pero si hay dinero para una de “esas
casas”, que no son nada baratas, podría haberlo para tener a alguien
que los cuide mientas no estamos, aunque más no sea que para devolverles,
en parte, todo lo que nos dieron.
Es así como, la mayoría, terminan rápidamente sus vidas internados
y solos en las casas de la muerte, en los depósitos de restos humanos vivos;
tétricos lugares donde se consumen hasta morir, vaya uno a saber entre
cuantos recuerdos, angustias y, dolorosos pensamientos.
Hemos copiado tantas cosas de los países desarrollados, o llamados “primer
mundo” que, cuesta creer como vamos, paulatinamente, dejando de lado nuestras
propias y más sagradas costumbres y tradiciones.
Pero es la “onda”, y no la ex empresa de ómnibus precisamente;
con la excusa de la comodidad, sin pudor y con el mayor desparpajo, hemos ido
arriando las banderas de nuestras costumbres y gustos para ir adquiriendo los
ajenos.
Vemos con pena el nacimiento de otro calco, lentamente está comenzando
a hacerse popular dejar a nuestros muertos queridos en depósito, sin velarlos,
solo para concurrir, al otro día, al entierro, una rápida despedida
para quienes nos brindaron tanto amor, tanto cuidado y tanto tiempo.
Yo no se que época fue mejor, pero si puedo decirles, que “antes”
éramos más felices, más humanos y más solidaros; sin
tantas comunicaciones electrónicas vivíamos mucho más comunicados
y más cerca que ahora.
El viento de los tiempos se llevó tangos, zambas, chacareras, milongas,
estilos y vidalitas, para traernos el ruido disonante e insoportable de las bandas
de rock and roll, con sus letras ordinarias y de mal gusto, también “otras
cositas” paridas en tierras del norte.
De la misma amiga que me arrimó la anterior presentación Power Point,
(todas de autor desconocido) hoy les dejo estas otras…
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