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Año IV - Nº 250
Uruguay,   07 de setiembre del 2007
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Disminución de la Capa de Ozono:
El fraude mediático-científico
desenmascarado una vez más

por Eduardo Ferreyra
 
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Análisis de tres estudios científicos aparecidos en la revista Science sobre disminución del ozono en Groenlandia - y una reciente nota en el diario La Nación (20 Enero, 2003) que pretende mantener vivo al fraudulento mito del Agujero de Ozono de la Antártida.

Los Tres Estudios de Science

            La famosa y respetada revista científica –de ya dudosa seriedad en cuanto se relaciona a temas como el calentamiento global y la destrucción de la capa de ozono– publicó en su volumen 242, del 23 de octubre de 1988, tres artículos consecutivos, desde la página 550 hasta la 561, elaborados por dos equipos de científicos, cuyas referencias provocan una seria dilatación espacio-temporal que hubiese intrigado a Lorenz.

            Los equipos científicos estaban compuestos por:

  1. S. Solomon, G.H. Mount, R.W. Sanders, R.O. Jakoubek, y A.L. Schmeltekopf, quienes escribieron: “Observaciones de la Abundancia Nocturna de OCLO en la Estratosfera Invernal Encima de Thule, Groenlandia”; (pág. 550-555);
  2. G.H. Mount, S. Solomon, R.W. Sanders, R.O. Jakoubek, A.L. Schmeltekopf, con su “Observaciones de NO2 y O3 Estratosférico en Thule, Groenlandia”, (pág. 555-558); y
  3. W.H. Brune, D.W. Toohey, J.G. Anderson, W.L. Starr, J.F. Vedder, E.F. Danielsen, con su “Observaciones In-Situ de Latitudes Medias del Norte de ClO, O3, y BrO en la Estratosfera Baja Invernal”.(pág. 558-561).

            Todos estos científicos son "pesos pesados" de la corporación química ecologista liderada por F. Sherwood Rowland, Paul Crutzen y Mario Molina, (ganadores de un Premio Nobel en Política más que en Química...) y sus estudios forman parte de la biblioteca básica de todo aquel que aún insiste en el absurdo mito. Del análisis de las referencias citadas por los estudios (se citan referencias para apoyar las conclusiones del propio estudio) salta a la vista un problema: se trata del viejo asunto del “Huevo o la Gallina, ¿quién vino primero”. El artículo No.1, además de citarse a sí mismo en la referencia #25 (con número de página y volumen!) cita como referencia #27 a W.H. Brune et al., Science, 242, 558 (1988). Es decir, al momento de escribirse las referencias cita a un artículo que todavía no ha sido publicado, en una edición que tampoco ha sido editada, y además provee el número de página y el volumen de la revista Science donde aparecerá, no sólo el estudio mencionado sino el propio estudio. Toda una hazaña en clarividencia -o un viaje al futuro, quizás?

            Por su parte, el equipo de Bruce et al., hace exactamente el mismo viaje al futuro, y citan a sus amigos en las referencias #15 y #16, dando también el número de página y volumen de Science donde será publicado. Esto me parece, además de una "tomadura de pelo" a los lectores, una falta de ética profesional. Es además una devolución de atenciones a sus amigos que los mencionan en su artículo. “Yo te nombro; gracias por nombrarme; sigamos así y nos haremos famosos, o por lo menos seguiremos en el negocio”.

            ¿Magia?, ¿Videncia por medio de la lectura del Tarot o las tripas del pollo?. Nada de eso. Los equipos científicos involucrados se han puesto de acuerdo previamente, con la complicidad del editor de la revista Science, quien ha salteado el proceso de “peer-review” indispensable para su publicación, al haberles informado a ambos equipos “científicos” –durante la etapa de preparación y redacción de los artículos por parte de los equipos científicos – la aceptación de sus artículos (sin peer-review), y luego la fecha de publicación de los artículos y el número de las páginas donde aparecerán, para que puedan citarse entre ellos y darse mutuamente un apoyo científico “indudable”.

            En realidad, el editor de Science, siguiendo instrucciones venidas de "arriba" (fondos?) se reunió con las cabezas de equipo y se pusieron de acuerdo en la forma en que deberían redactarse los artículos, la posibilidad de citarse mutuamente, dejando en blanco los datos relativos a fecha de publicación, número de volumen y números de páginas, vacío que sería llenado más tarde por los correctores de Science a la hora de terminar la composición tipográfica de la revista y los estudios.

            Dado que en esa época la campaña de terror por el asunto del Agujero de Ozono estaba en franco vuelo estratosférico, resulta muy evidente una pequeña "conspiración" entre los científicos que revoloteaban alrededor del árbol que produce los dulces frutos del dinero gubernamental para la investigación de los "horribles peligros" que amenazan a la humanidad, y las revistas científicas (como Science, Nature, y Scientific American) que se han unido a quienes medran lucrativamente con los dineros públicos y sirven a causas "ambientales" bastante tenebrosas.


Análisis de los Artículos

            Sería muy largo reproducir aquí los artículos mencionados –además de que sería necesario el permiso de la revista Science para publicarlos enteros, cosa que jamás nos será acordada, vista nuestra intención de demostrar su falta de ética– de manera que sólo se reproducirán algunos muy breves pasajes, cosa permitida por la ley, para demostrar nuestra tesis. Además, son tan aburridos y abstrusos que no le recomendaría su lectura ni a mi peor enemigo.

            Primer Artículo: "Observaciones de la Abundancia Nocturna de OClO...", del equipo de S. Solomon y secuaces, las conclusiones finales son las siguientes:

            "...la abundancia nocturna de dióxido de cloro (OClO) era menor que las obtenidas en la Antártida por un factor de 5, pero excedía en un factor de 10 las predicciones de los modelos basados en la fotoquímica homogénea (fase gaseosa).”

            A cualquier científico avispado y honesto, el asunto le habría hecho pensar que los modelos podrían estar equivocados. Después de todo, no sería la primera vez que ello ocurre. Pero nuestros "científicos" bajo la lupa ponen mayor confianza en los modelos computados que en las mediciones y observaciones obtenidas de la vida real. Así, cualquiera puede demostrar la teoría que se le ocurra: sólo es necesario jugar un poco con las cinco millones de constantes y variables que cualquier "modelo" decente tiene incorporado en sus cálculos. Para eso resulta muy útil el "Ojo de Buen Cubero Ecologista".

            Luego, parece ser que la una de las principales conclusiones es esta:

            "El contenido de la columna de ozono (O3) en la Antártida durante la primavera ha disminuido 50% durante la última década. Varios estudios sugieren que esta disminución ... podría estar relacionada con el aumento en la abundancia de las nubes estratosféricas polares (NEP), asociado con la predominancia de temperaturas extremadamente bajas”.

            En la jerga "eco-científica” es normal, diría casi obligatorio, el uso de los tiempos verbales condicionales y potenciales. Esto se manifiesta en el abuso de términos como "sugiere”, "podría”, "es posible”, "quizás”, "se calcula”, "es probable”, "no sería sorprendente”, y una larga serie de declaraciones de muy difícil comprobación.

            La Segunda y gorda conclusión del estudio es nada menos que un reconocimiento de inocencia para la CFCs. Créase o no, léalo:

            "Por consiguiente, se cree que la disminución del O3 Antártico involucra a los siguientes elementos primarios: La formación de NEP (nubes estratosféricas polares) a tempera-turas inferiores a los –80°C, subsecuente química superficial que aumenta los radicales libres del cloro y suprime a las especies reactivas de nitrógeno, y rápidos procesos fotoquímicos que requieren de la luz solar."

            Hasta ahora nadie ha nombrado a los CFCs, aunque la idea ya la tienen en sus mentes desde el inicio del estudio. Pero han dejado escapar el hecho científico que para que exista disminución del ozono es necesario que existan nubes estratosféricas polares, y que hayan procesos fotoquí-micos provocados por el Sol. Este error estratégico les resultará finalmente muy caro. No se distraiga y siga leyendo.

            Otra de las conclusiones del primer artículo es que:

            "Los datos que presentamos sugieren así que la relativamente modesta disminuciones de O3 informadas para las actuales latitudes boreales a fines del invierno podrían estar, en parte, relacionadas con la química de los halógenos. Sin embargo, el estado químico del vórtice ártico descrito aquí probablemente represente un extremo, ya que las temperaturas medias mensuales de la estratosfera del Polo Norte en Febrero de 1988 fueron las más frías observadas desde 1956. Más aún, tal situación es una condición necesaria, aunque no suficiente, para una extensa disminución del O3”.

            De modo que las "modestas disminuciones” podrían estar relacionadas con la química de los halógenos, es decir, de los compuestos de cloro, bromo, flúor, etc. Aquí vuelvo a hacer notar algo curioso pero muy significativo. En estos tres artículos sobre la destrucción del ozono no se hace mención a los cloro fluoro carbonos en ninguna de las secciones técnicas, no se mencionan ni sus concentraciones a distintas alturas, ni su tasa de desintegración por la radiación ultravioleta, ni la cantidad de cloro que aportarían a la química atmosférica. La única mención se hace en el último y muy largo párrafo de las conclusiones del primer artículo, reproducido aquí, en su traducción al Español, por supuesto:

            "Aunque este comportamiento es probable que proteja al Hemisferio Norte de una masiva destrucción del O3 en un futuro inmediato sin tener en cuenta los procesos químicos que ocurren a principios del invierno, para predecir el futuro a largo plazo de la capa de ozono es necesario tomar en cuenta las posibilidades del futuro aumento de la abundancia total de cloro debido a la liberación continuada de clorofluorocarbonos y la disminución de las temperaturas estratosféricas debidas a las emisiones de CO2.”

            Bueno, bueno, bueno...! ¿Y con qué nos encontramos aquí? Dos puntas del iceberg ecologista se asoman, provocando una colisión entre ellos que termina por hundirlos. Parece un "blooper" , una chambonada que ha resultado ser un tiro por la culata. De manera que las emisiones de CO2 enfriarán a la estratosfera. ¿Quién lo hubiese dicho? Entonces, la destrucción de la capa de ozono y el calentamiento global se dan de patadas, contradiciéndose. Según estos "cráneos” de la química atmosférica el CO2 enfriará la estratosfera, y ello llevará a la formación de las nubes estratosféricas polares (NEP) sobre cuya superficie de hielo la fase heterogénea de la química de los halógenos podrá llevar a cabo su acción destructora sobre el ozono.

            Todos estos estudios y esfuerzos para probar una destrucción del ozono por parte del cloro aportado por los CFC, nació de las reglas inamovibles de la química que hablan de las fases heterogéneas y homogéneas de las reacciones fotoquímicas (fase gaseosa, como lo aclararon ellos, recuerda?), donde se comprueba que el cloro (u otros halógenos) no actúan sobre el ozono en la fase gaseosa u homogénea, sino que sólo lo hacen en la fase heterogénea, es decir, sobre superficies sólidas. Vamos a darle crédito (¿después de tantas gansadas, realmente podemos?) a su aseveración de que el único lugar donde el cloro (y otros halógenos) pueden actuar es sobre la superficie de los cristales de hielo de las NEP. Bien, aunque a regañadientes, concedido. El cloro destruye ozono sobre las NEP, pero no lo hace fuera de ellas. Aceptado este hecho propuesto por los eco-químicos pasemos al siguiente punto.

            Conclusión UNO: Si el cloro sólo ataca al ozono sobre los cristales de hielo de las NEP, y las NEP sólo se forman entre los 15 y los 25 km dentro del Vórtice Polar Antártico (único lugar del mundo donde existen las temperaturas tan bajas –sine qua non para su formación), el ozono no está siendo atacado ni destruido por ningún gas en ninguna otra parte del mundo, ya que en ninguna otra parte del mundo se forman las NEP, tal como lo afirman los tres estudios mencionados.

            ERGO, el ozono no está disminuyendo en ninguna parte del mundo –a menos de que los rayos UV lo estén destruyendo masivamente. Pero eso es algo en que los hombres y los CFC no tienen participación alguna, y nada podemos hacer para impedirlo.

            Sin embargo, a pesar de saber que no hay disminución de la capa de ozono fuera del Vórtice Polar de la Antártida, de que el nivel de la radiación UV sobre la superficie de la Tierra aumenta y disminuye en concordancia con la actividad solar, es decir, el número de manchas solares, la prensa continúa con la emisión de la peor y más nociva de las contaminaciones: la desinformación en los medios. Un excelente muestra de ello es la nota aparecida en el diario La Nación, de Buenos Aires, el día 20 de Enero de 2003, y se reproduce aquí, tal cual como fue publicado por la edición digital del diario:

Alerta por la capa de ozono
La Nación
Lunes 20 de Enero de 2003

Los habitantes de la ciudad chilena de Punta Arenas, ubicada sobre el estrecho de Magallanes, se han habituado a vivir pensando en los riesgos determinados por la presencia de desgarros en la capa de ozono. Entre sus muchas medidas precautorias figuran la protección del cuerpo con ropas adecuadas y la utilización de sustancias que los defienden de los peligrosos rayos ultravioletas, potenciales generadores de enfermedades, como el cáncer de piel.

Los problemas de la capa de ozono han dado muchos motivos para la polémica y una intensa discusión en los ámbitos internacionales. Esa capa es una delgada cobertura formada por una variedad alotrópica del oxígeno (O3), que se constituye en un filtro natural contra los rayos ultravioletas provenientes del Sol. El descubrimiento, hace ya más de veinte años, de un agujero en esa capa estratosférica, determinó la aparición de un alerta en defensa de las poblaciones afectadas, particularmente las ubicadas en las zonas próximas a las regiones antárticas, donde el daño es particularmente grave.

Mucho se ha discutido acerca de las causas de esta rotura, pero hay una certeza grande en la comunidad científica acerca de la acción destructiva de sustancias empleadas para la fabricación de aerosoles. Distintas conferencias mundiales intentaron establecer normas para impedir o limitar la expansión de estos gases a la atmósfera, aunque sin lograr un consenso completo de todos los países involucrados en su producción.

La vida de los pobladores de Punta Arenas se ha complicado visiblemente por este problema. Todos, grandes y chicos, se han acostumbrado a prestar atención a las señales de un semáforo que desde los medios de comunicación se encarga de indicar cuándo se hace necesario aumentar las medidas de seguridad. En las escuelas primarias un personaje con forma de pingüino orienta una campaña destinada a enseñarles a los niños la manera de protegerse adecuadamente. En muchos establecimientos educativos se iza una bandera cuando las condiciones son particularmente peligrosas.

Los inconvenientes de esa ciudad austral han determinado el interés de científicos especializados, que se han instalado en ella para estudiar el fenómeno o que viajan periódicamente para seguir las variaciones del fenómeno. Las predicciones que formulan no son coincidentes en cuanto al futuro de este proceso, pero avalan totalmente las medidas de precaución adoptadas.

Por cierto, esa inquietud generada se extiende a otras localidades de la región, incluyendo un buen número de poblaciones argentinas que están a la misma altura geográfica o más al sur todavía.

Este problema es una de las deudas que tiene la comunidad internacional con los habitantes de una buena parte del planeta, pues la falta de un compromiso suficiente podría determinar la expansión del fenómeno, hasta alcanzar a una parte mucho más grande de la humanidad. Sería grave que alguna vez se tuviera que actuar más seriamente, cuando las circunstancias volvieran difícil una acción eficaz para corregir ese fenómeno.

La persistencia de las roturas de la capa de ozono sin que aún se hayan logrado las imprescindibles coincidencias universales que, de una vez por todas, permitan producir y poner en práctica recursos defensivos eficientes, debería ser vista como una oscura mancha que pone en duda la medida de la sensatez de gobernantes y gobernados. Y reitera la acre y molesta sensación de que la mayor parte de los seres humanos, ya fuere por desidia, indiferencia, ignorancia o soterrados intereses, da la impresión de estar empeñada en malograr su porvenir, en especial cuando -éste es el caso presente- atenta contra el medio ambiente sin percatarse o, peor, sin querer advertirlo, que está poniendo en juego su propia subsistencia.

Periodismo Serio... pero no tanto

            Este artículo es una clara muestra de la desinformación a la que nos tienen acostumbrados los medios de prensa y de la muy poca vergüenza de muchos de sus "informadores científicos” que se limitan a copiar el contenido de gacetillas que les entregan algunas organizaciones ecologistas poco escrupulosas. ¿Por qué esa insistencia en tomarnos por ignorantes? Habla el artículo de tonterías científicas tales como "la persistencia de las roturas de la capa de ozono”, destinadas a ser creídas por gente que no sabe nada de nada, cuando lo real es que la capa de ozono "no se rompe”, sólo sufre una disminución momentánea en la concentración de ozono cuando no hay todavía radiación ultravioleta en el Vórtice Polar, y a las pocas semanas de aparecer el sol en la región los niveles de ozono se regeneran totalmente. Demostrando que lo único que influye sobre la destrucción del ozono es la ausencia de rayos UV en la estratosfera de la Antártida, y la llegada del Sol suministra la radiación necesaria para llevar las cosas a su estado natural.

            Para desvirtuar la mentira y el fraude que existe en este asunto de Punta Arenas, sólo es necesario saber que está casi a la misma latitud que la ciudad de Ushuaia, (53°S la primera y 55°S la segunda), donde los ciudadanos Argentinos no toman ninguna clase de medidas de seguridad para protegerse de los efectos del Agujero de Ozono. ¿Por qué? Las razones son tan simples y conocidas que hasta me da vergüenza tener que repetirlas aquí:

  1. La disminución momentánea del ozono sobre la Antártida se produce durante la primavera, es decir, entre mediados de Septiembre y fines de Octubre. Una mirada a un Atlas geográ-fico nos indica que el Sol se encuentra en esos momentos (mediados de Septiembre) a unos 37° sobre el horizonte (hacia el Norte de Punta Arenas), mientras que la disminución del ozono se produce unos 600 kilómetros hacia el Sur (más allá del horizonte de Punta Arenas). Los rayos ultravioleta no pueden provenir desde el sur, ya que el Sol se encuentra hacia el norte. Se trata de una imposibilidad matemática total y definitiva. El largo camino que deben recorrer los rayos del Sol a través de la atmósfera hace que el contenido de rayos UV sea muy escaso, aún para los meses del verano Patagónico. El gráfico lo muestra claramente:

http://www.mitosyfraudes.org/images/LargoCamino.gif
Un Largo Camino
(Fuente: El Fraude del Ozono, Capítulo 2 de "Ecología: Mitos y Fraudes")

  1. Por otro lado, una mirada a cualquier mapa de la NASA, que muestra los niveles y concentraciones de ozono durante la primavera sobre la región, se comprueba que las mayores concentraciones de ozono se producen precisamente sobre la TIERRA DEL FUEGO Y EL SUR DE LA PATAGONIA, donde los niveles de ozono se elevan hasta 450 Unidades Dobson, casi el doble que sobre el Ecuador y otras regiones del planeta, donde lo normal son 275 DU.. Por lo cual las "alertas” de semáforos en Punta Arenas resultan una estupidez insólita e increíble. Y una muestra de hasta donde puede llegar el intento de lavado los cerebros de los niños, que creen cualquier cosa, pobrecitos, que les cuentan los mayores.
  2. Pero la preocupación parece surgir entre los ecologistas cuando transitan sobre Punta Arenas (y también Ushuaia) MINI-AGUJEROS de ozono. Tales eventos fueron estudiados muy a fondo por los investigadores del LAGE (Laboratorio de Geofísica de la Universidad de Buenos Aires) Dres. Ernesto Martínez e Isidoro Orlansky y en sus conclusiones dicen:

            "Los valores típicos de radiación global promedio son de 300 watts/m2 en Buenos Aires; alrededor de 100 a 150 watts/m2 en Tierra del Fuego; y de unos 100 Watts/m2 en la Antártida. Los niveles de radiación ultravioleta directamente debajo del Agujero de Ozono NO ALCANZAN NI LA MITAD de los niveles promedio que hay en Buenos Aires en el mismo momento.”

            No hay nada más que agregar a la cuestión científica. A buen entendedor, pocas palabras bastan. A lo que hay agregar toneladas de papel y tinta es a la cuestión de intereses geopolíticos y económicos que han impulsado al gigantesco fraude del Ozono y la prohibición de los CFC. Tal como lo indica el final del artículo de la Nación, el asunto es únicamente una continuación de la propaganda ecologista. Finaliza diciendo La Nación: "da la impresión de estar empeñada en malograr su porvenir, en especial cuando -éste es el caso presente- atenta contra el medio ambiente sin percatarse o, peor, sin querer advertirlo, que está poniendo en juego su propia subsistencia.”

            Como acaban ustedes de comprobar, EN EL CASO PRESENTE sólo se muestra una enorme ignorancia de los hechos científicos básicos y una super abundancia de una desvergonzada desinformación que intenta mantener con vida un MITO en el que ya muy pocos creen.


Fuente: FAEC

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