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¿Qué se puede esperar de Arismendi?
por Jaime Mario Trobo
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No me sorprendieron las expresiones de Marina Arismendi sobre la educación privada. Son consecuentes con su aversión a la Libertad, dogmáticamente conducidas por su concepción materialista marxista, y demuestran francamente que para ella y sus camaradas nada ha cambiado.
Lo peligroso, es que sus ideas, llevadas a la práctica, empujen al Uruguay a una trasnochada experiencia socialista.
La filosofía que entraña la concepción de buena parte del gobierno, que no se agota en la Ministro Arismendi, desprecia las disposiciones constitucionales que garantizan la libertad de enseñanza y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. Pero por si esto no fuera grave, deriva en la práctica de una visión totalizadora que los partidarios del estatismo anhelan introducir en Uruguay sobre la cual en los últimos tiempos han avanzado sin pausa.
No es un capricho de Arismendi, ni puede ser interpretado como una gafe, o como un desliz en su elocuencia, es una definición ideológica que lidera los actos de gobierno que ejecuta y las decisiones en las que participa. El peligro que entraña para toda nuestra sociedad va más allá del inaceptable desprecio que expresa sobre la educación privada, su rica historia y su contribución indudable a la educación nacional. Se desentiende de una realidad en la que no solamente hay un sustento constitucional indiscutible e indiscutido, sino que asegura las posibilidades de comparación mutua que en una actividad tan sensible como la de enseñar, educar, debe existir para tender a la elevación del nivel y no a la decadencia monopólica.
Creo que es justo recordar que la educación privada, sea esta laica o confesional debe ser defendida como una opción y una garantía para los padres y las familias; creo también que debe tenerse presente que por su intermedio muchas familias en todo el país cuentan con una opción, que en muchos casos es tomada a costa de un gran esfuerzo económico, que resulta de la valoración que los padres dan a la educación de sus hijos y su evaluación sobre la importancia que tiene esta en el presupuesto familiar. También se debe considerar que muchas instituciones educativas asisten a familias de carente condición económica, ofreciéndoles en muchos casos lo que el sector público no ofrece.
En una sociedad democrática, que convive al amparo de una concepción liberal inmodificable, en la que el ser humano es respetado en sus derechos y su vida social es garantizada por la tolerancia, no debe haber lugar para los dogmatismos y las exclusiones. Sin embargo en la concepción totalizadora que profesa Arismendi y buena parte del Frente Amplio, esta el germen de un cambio estructural que se pretende con nuestro País, a cuya proyección debemos resistir.
No es una declaración liviana, tampoco la gota que derrama el vaso, es otra ocasión en la que los conceptos totalizadores de la conducción ideológica de la izquierda son anunciados, como para que los uruguayos se vayan acostumbrando a su enunciación, sin la más mínima reacción. El primer paso antes de la práctica de medidas que estas ideas justifiquen.
Lo que hay en curso, lo que hay por delante, es un proyecto muy bien elaborado de sustitución de las condiciones de ejercicio de derechos y libertades, por la proyección de un modelo ideológico totalizador, totalitario y centralista que encaja perfectamente en la visión de la izquierda mas rancia, que espera tener otros cinco años en el poder para perfeccionar su proyecto.
He aquí la gravedad de estas declaraciones, y la peligrosa consecuencia de lo que anuncian.
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