| Veta
presidente uruguayo iniciativa para despenalizar aborto |
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Isabel
Villar Cimac
| Uruguay
La voluntad
del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, de
vetar cualquier ley que despenalice el aborto, dificulta avanzar
en el camino del reconocimiento integral de los derechos sexuales
y reproductivos.
No obstante,
un amplio espectro de actores sociales continúa comprometido
con la búsqueda de respuestas preferentemente integrales
pero, en su caso, también progresivas, a este grave
problema de salud y justicia social que se expresa en una
tasa de morbimortalidad materna superior a la prevista, según
revelan los últimos registros del Ministerio de Salud
Pública.
Una muestra
de este consenso resultó del debate convocado por la
Comisión de Salud y el Area de la Mujer y los Jóvenes
de la Vertiente Artiguista
A partir
de mayo de 2004, cuando el Senado rechazó el proyecto
de Ley de Defensa de la Salud Reproductiva que contaba con
la aprobación de los diputados, el debate sobre los
derechos sexuales y reproductivos, que incluía la despenalización
del aborto, salió de la agenda parlamentaria. Y, aunque
socialmente se mantuvo, perdió perfil público.
Cuando el
presidente Tabaré Vázquez anunció su
voluntad de vetar cualquier decisión legislativa que
habilitara la interrupción voluntaria del embarazo
no hubo sorpresa, porque la postura personal del mandatario
era conocida; en cambio, sí hubo mucha preocupación
por las implicaciones en términos de la prometida profundización
de la democracia.
PROCESO
CRECIENTE DE RECONOCIMIENTO
Desde hace
20 años, la ciudadanía uruguaya ha expresado
respecto al aborto una pluraridad de opiniones que sus representantes
actuales no pueden ignorar.
En efecto,
a partir de la recuperación de la institucionalidad
democrática en l985, el proceso de reconocimiento de
los derechos sexuales y reproductivos muestra en Uruguay una
tendencia siempre creciente.
Durante
el debate promovido por la Vertiente Artiguista, la psicóloga
Alejandra López, coordinadora de la Cátedra
Libre de Salud Sexual y Reproductiva de la Facultad de Psicología
de la Udelar y co-coordinadora de Mujer y Salud en Uruguay
(Mysu), recordó que el porcentaje de adhesión
al aborto de la ciudadanía, que durante la década
de 1985 a 1995 fue de 25 por ciento, se incrementó
en 2004 a un 63 por ciento de apoyo al proyecto de Ley de
Defensa de la Salud Reproductiva.
En torno
a los principales ejes del debate, 98 por ciento de personas
se manifestó entonces en favor de la educación
sexual; 95 por ciento, por el acceso universal a la anticoncepción,
y 45 por ciento, por la despenalización del aborto
en los términos de esa iniciativa.
Datos más
recientes provenientes del Proyecto Reproducción Biológica,
Género y Generaciones, en el que coinciden dependencias
gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil e internacionales,
muestran que la liberalización del aborto cuenta con
54 por ciento de adhesiones, y el proyecto de ley, con 66%
por ciento.
Este proceso
está sustentado en un debate social que se caracteriza
por una madurez y complejidad argumentativa contrastante con
la pobreza de las intervenciones legislativas que fundamentaron
los votos en contra de la ley y, en general, con la de los
discursos políticos y religiosos de los sectores más
conservadores de la sociedad.
UN
VETO A CONTRAMANO
La postura
del presidente Vázquez también está confrontada
con la de propia estructura político-partidaria que
lo llevó al poder. El vicepresidente Rodolfo Nin Novoa
explicitó el compromiso de reimpulsar la ley rechazada
en la legislatura anterior, al igual que el presidente del
Frente Amplio, hoy ministro de Educación y Cultura,
Jorge Brovetto.
El Partido
Socialista, en cuyas filas milita el mandatario, fue el primero
en expresar esa voluntad a través de Reinaldo Gargano,
ahora canciller de la República. La reelecta senadora
socialista Mónica Xavier no se cansa de reiterar su
compromiso en el mismo sentido, ni ceja su esperanza de convencer
a Vázquez de que desista del anunciado veto para habilitar
la aprobación de una ley que, en su caso, luego pueda
ser plebiscitada para que se expida la ciudadanía.
Algo bien
distinto es lo que propone el diputado forista Washington
Abdala, autor de un proyecto de ley que opta por convocar
al cuerpo electoral para que manifieste su opinión
sobre si el aborto voluntario debe ser castigado penalmente.
Esta iniciativa,
que López no dudó en calificar de tomada
de pelo a la madurez y profundidad del debate social
en la materia, no sólo parece olvidar que el aborto
practicado en condiciones de riesgo es en Uruguay la primera
causa independiente de morbimortalidad materna, sino que deja
la respuesta al problema a una decisión ciudadana no
vinculante que, a diferencia de un resultado plebiscitario,
puede ser desconocida posteriormente sin consecuencias.
¿DE
QUE DERECHOS HUMANOS ESTAMOS HABLANDO?
La senadora
Percovich advierte los fallos de construir una agenda política
que no incluya como temas los factores culturales que afectan
el desarrollo social, pues las políticas públicas
así concebidas no serán eficientes ni
eficaces.
Para contextualizar
el tema, la legisladora llama la atención sobre la
extensión de los derechos humanos que la izquierda
se comprometió a transversalizar en su gestión:
¿Quiénes son sus titulares? ¿Las
niñas y niños lo son o no? ¿Las mujeres
no son personas a la hora de decidir sobre su capacidad reproductiva,
pero sí lo son para asumir después toda la responsabilidad
de su prole? Nadie discute que el embrión es vida,
pero, ¿es una persona social?
Sin perjuicio
de instar a seguir trabajando por la salud sexual y reproductiva,
incluso explorando pasos aproximativos, Percovich prefiere
no arriesgar proyectos legales que fracasen de entrada
y queden archivados por toda una legislatura`, inclinándose
por asegurar al menos los votos en una de las cámaras
antes de reactivar la iniciativa rechazada por el Senado el
año pasado.
El doctor
Leonel Briozzo, médico ginecólogo, coordinador
de las iniciativas sanitarias para la prevención del
aborto practicado en condiciones de riesgo y de la clínica
que para tal efecto funciona en el Hospital Pereira Rossell,
es enfático: Ante los derechos avasallados, hay
que dejar de contemplar y pasar a la práctica.
Tras identificar
la morbimortalidad materna por aborto inseguro como el emergente
sanitario principal, y sin perjuicio de reconocer la coherencia
del actual Ministerio de Salud Pública en la concepción
e instrumentación de servicios para ampliar la aplicabilidad
de los derechos sexuales y reproductivos, advierte sobre el
surgimiento de lo que llama neohipocresìa, sintetizable
en el silogismo: Sin ley no se puede hacer nada; la
ley no va a salir, entonces no se puede hacer nada.
UN
ESTADO AL SERVICIO DE LA GENTE
Briozzo
propone explorar también caminos alternativos, como
el de intentar liberalizar el aborto por causales, y prioriza
la meta de disminuir el número de abortos. Lilián
Abracinscas, co-coordinadora de Mysu y reconocida militante
por los derechos sexuales y reproductivos, contrapone disminuir
el número de embarazos no deseados, promoviendo la
maternidad y paternidad responsables, que es ni más
ni menos el objetivo integral del proyecto de Ley de Defensa
de la Salud Reproductiva.
Queremos
que al actual gobierno le vaya bien, pero no a costa de decir
amén a las decisiones de Tabaré Vázquez,
aclara Abracinscas, abundando sobre la pretensión del
mandatario de imponer su voluntad y sus creencias personales
al conjunto de la ciudadanía, lo cual choca con los
desafíos de la fuerza política de izquierda
en materia de libertad, autonomía de poderes, justicia
social y solidaridad.
A su juicio,
más allá del aborto, la postura de Tabaré
Vázquez supone iguales riesgos para cualquier otra
expresión de profundización de la democracia.
http://www.cimacnoticias.com/noticias/05sep/05090703.html