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Año V Nro. 359 - Uruguay, 09 de octubre del 2009   
 
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Fernando Pintos

Corrección política
por Fernando Pintos

 
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         Entre la infinidad de lacras, abominaciones y reverendas inmundicias que pululan, como hiedras venenosas, entre las junglas y pantanos dialécticos de la posmodernidad, ese engendro que ha sido bautizado “corrección política” ocupa un sitial imposible de ignorar. ¿En que consiste la “corrección política” aplicada al lenguaje? Consiste en una acumulación de formulitas estúpidas y muletillas detestables. En apariencia, todo este cúmulo de estupidez verborrágica es la suprema expresión de un pensamiento  ajustado a las normas ideales que deberían regir la vida en sociedad. En la practica, se trata de un lenguaje absolutamente impropio de seres humanos normales. Ahora, si no es ni por asomo la expresión verbal de seres normales… ¿qué es, o pretende ser, el lenguaje “políticamente correcto”?

         Solo podría ser una de dos cosas: a) el lenguaje de seres que están por debajo de lo normal; o, b) el de quienes están por encima de lo normal. Comenzamos por este ultimo.
¿Qué seres podrían estar por encima de lo que es normal en los humanos comunes y corrientes? La contestación es por fuera limitada, y por lo tanto se reduce a unas pocas categorías: genios, mutantes, súper héroes, ángeles, santos ó demonios. Dejemos a los últimos seguir retozando entre las deyecciones de Satán y descartemos la santidad, tan fuera de moda en estos días… sacaremos también de la ecuación a los “súper héroes” (pero, ¿qué carazos vendrá a significar eso?), creación a todas luces inviable de unas mentes harto desquiciadas. Nos quedarían los genios, tan raros que aparecen dos o tres por cada generación; los mutantes, que de haberlos se tornan indetectables por sus características imperceptibles… ¡Y los ángeles, que podrían no tener sexo pero que , definitivamente, si tienen el seso suficiente como para evitar un lenguaje ambiguo y a todas luces estúpido. ¿Ángeles perorando una confusión amariconada? ¡Impensable!

         Nos quedan, en consecuencia, los subnormales… O subhumanos, como mejor cuadre decirles. Ahí si parece que arribamos a buen puerto. Personajes con diferentes clases de taras. Taras que por fuerza deben aflorar en todo cuanto hacen o dicen. Esa sí sería una explicación satisfactoria por la existencia y persistencia de un lenguaje “políticamente correcto”.

         Pero queda una explicación más la más clara y evidente. La irrefutable, es un pequeño conglomerado de vividores, listillos, mitómanos, trepadores y cuenteros de muy variado plumaje, todos imbuídos en la tarea, para ellos sacrosanta, de alimentar sus ruines e inútiles humanidades sin tener que rendir, a cambio de ello, ni siquiera  una hora de trabajo real.

© Fernando Pintos para Informe Uruguay

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