Año II - Nº 95 - Uruguay, 10 de setiembre del 2004
  1 Campaa Mundial Seguridad en la Red
 
 
Martín
Cada Noche te espero
Los Amorosos
Un Instante, nada más
Autonecrología V
- Nosotros creemos que la salud debe estar vinculada a las realidades locales
- Historias del Oratorio
- Orto y sus dos cabezas
- La Frontera: Territorio común para la delincuencia
- ¿Creer o no creer?
- Educación y Democracia: Las claves de Uruguay en estado de tolerancia
- Paradoja
- Militares golpistas y tupamaros

- Descreimiento, conformismo
y otras corruptelas...

- Teatro Solís, Símbolo de Montevideo, "Nuevamente a Escena"
- Los asados, los amigos y las trampas
- Deportivísimo
- Anécdotas Bancarias: Fin de año
- Noticias de España
- Así Somos: El Teatro Solís
- Sin solución al conflicto de la familia Borgogno
- Hurgando en la Web: Arquitecturas Historicistas
- Chairando Ideas: Los ejemplos son masivos...
- El atardecer y los pájaros
- Preocupante solicitud de ayuda
- Bitácora Política
- Bitácora Uruguaya
- Información Ciudadana
- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Cartas de Lectores

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Autonecrología V

Te quiero porque tienes las partes de la mujer en el lugar preciso y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.

Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy la mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.

Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.